SpellBound
Fanfic Yaoi
Capítulo 27- Violence Escalating
Katsuro le dio un codazo al moreno que iba con él para advertirle
del chico que pasaba delante de ellos, parecía estar distraído por
completo para variar, seguramente venía del baño. El pelirrojo lo
sujetó por detrás tapándole la boca y llevándolo con él hacia los
baños.
-¿Eh? ¿Seguro que lo jodemos de nuevo? Después de lo que nos dijo
tu hermano…
-Calla… me importa un nabo lo que diga mi hermano…
Yûsei se revolvió tratando de liberarse, asustado y quejándose
cuando sintió que lo soltaban golpeándose el trasero. – ¡No voy
a dejar el club! – les gritó neciamente, por ver si desistían, aunque
lo dudaba mucho.
-No lo dejes…- el pelirrojo se rió y lo encerró en uno de los baños
con ellos, el moreno comenzando a animarse también.
-¿Qué vas a hacer?- se rió intrigado por conocer sus intenciones
esta vez.
-No sé… es muy mono…- le levantó la camiseta apretándole los pezones
con los dedos y tirándole de ellos mientras el moreno lo sujetaba
por detrás.
-No sabía que te gustaba esto…
-No me gusta… es divertido…
– No... ¡suéltenme! – protestó el chico pataleando, aunque no llegaba
a hacerles daño. - ¿Qué hacen?
-Nada... – se rió el moreno, entremetiendo una de sus piernas para
sujetar la del chico y que no se moviera tanto.
Katsuro le bajó el pantalón y la ropa interior observando su sexo
y tocándolo con las yemas de los dedos. –Mira… pues aún tiene polla…
con lo enano que es…- se rió apretándosela con fuerza.
-Pero quítale todo…- el moreno se rió también, sujetándolo mientras
el otro chico lo desnudaba. –Qué palo de tío…
Que no... – protestó, tratando de soltarse de nuevo, entre avergonzado
y asustado. Estaba jadeando, pero no precisamente porque estuviese
excitado. – ¡Auxi...! – trató de gritar, siendo ahogado por la mano
del moreno.
Shhhh... podemos hacer esto por las buenas o por las malas... Igual,
si yo creía que ibas a tener un coño... – se rió, el pelirrojo acompañándolo.
-Y tiene uno…- se rió el moreno levantándole una pierna. El pelirrojo
levantándole la otra y riéndose.
-A ver…- se giró un poco como rebuscando y acabó cogiendo la escobilla
del bater, pasándosela entre las piernas y abriéndole las nalgas
un poco mientras empujaba el cepillo dentro de su cuerpo. –Dios…
cómo traga… de veras es un coño…
- ¡Mmm! – protestó el chico tratando de pedir ayuda aún, las lágrimas
bajando por sus mejillas. No sólo se sentía ultrajado, si no que
le dolía. Le dolía mucho, demasiado. Abrió la boca como reflejo,
mordiendo la mano del moreno
¡Ah! ¡Hijo de puta! – gritó el chico, soltándolo por un momento,
casi dejándolo caer, momento que aprovechó Yûsei para pedir ayuda
de nuevo, ni siquiera sabía si habría alguien cerca.
Aiken se detuvo en el pasillo porque le había parecido escuchar
pedir ayuda. La verdad es que no estaba muy seguro y además, tenía
miedo de lo que pudiera pasar si ayudase a quien fuera. Por otra
parte, había salido a buscar a Yûsei porque le parecía que tardaba
mucho ¿y ahora no se atrevía a moverse de la puerta del pasillo?
-Agárralo bien, imbécil...- el pelirrojo le pegó un toque en la
cabeza a Salz y este sujetó mejor la boca del chico aunque tenía
un nuevo mordisco. El pelirrojo le levantó más la pierna observando
cómo salía y entraba aquello en su cuerpo. –Me están dando ganas
de follármelo…
-Si tú nunca te has follado a nadie…- el moreno protestó porque
él también hacía tiempo que estaba pensando en lo mismo.
- ¡Mmm! – se sacudió con más ahínco el chico, aunque ahora el moreno
le estaba casi clavando los dedos de lo fuerte que lo sujetaba.
Intentaba abrir la boca y morderlo de nuevo, quisiera que no, sobre
todo al ver cómo Katsuro empezaba a bajarse los pantalones con una
mano, aunque no dejaba de mover eso dentro de él. Yûsei pataleó,
mordiéndolo de nuevo, aunque no con suficiente fuerza, pero sí la
necesaria para que aflojase el agarre un poco. Apenas si consiguió
a lanzar un grito inarticulado antes de que se la tapara de nuevo.
-Mierda…- Aiken entró en el baño y los chicos en el interior se
quedaron callados, tapándole la boca a Yûsei al notar que había
alguien allí. ¿Y ahora qué hacía? ¿Preguntar si había alguien? Eso
sería estúpido. Observó los pies por debajo de la puerta, moviéndose
un poco y la abrió aunque tenía miedo. Estaba trancada. -¿Yûsei?-
preguntó notando que le temblaban las manos, seguro que le caía
una paliza de nuevo… Cerró un poco los ojos acobardado y de pronto
recordando lo que había sucedido en el tejado el día anterior, cómo
lo habían tocado. – ¡Abrid! ¡Si no abrís voy a ir buscar a los profesores!
Katsuro miró al otro chico esperando. –“Que vaya… y cuando salga,
salimos de aquí cagando leches…”- le susurró al moreno para que
no se pusiera nervioso e hiciera algo, pero Aiken no tenía la intención
de irse y sin pensarlo casi, se apartó un poco de la puerta, cerrando
una de las de los baños para que pensasen que salía.
El pelirrojo dejó caer a Yûsei y le hizo una seña al otro para
que lo siguiese, saliendo rápidamente del servicio. Aiken los miró,
parado en la mitad del pasillo y observó la sonrisa del pelirrojo.
–Ah… sólo era este imbécil…- murmuró saliendo de todos modos. El
chico abriendo la puerta del baño de donde habían salido.
-¿Yûsei?...
- Aiken... – murmuró el chico, tratando de cubrirse un poco, sus
mejillas mojadas por las lágrimas. Le daba vergüenza que viera eso,
pero estaba aliviado de que hubiese llegado. Pateó la escobilla
del baño para alejarla de sí, como si la misma tuviera la culpa.
El moreno se agachó a su lado aunque estuviera en esas circunstancias,
cerrando el pestillo. –Tranquilo…- se quedó mirándolo, sintiéndose
furioso además de inútil y egoísta por no haberlo ayudado antes.
–Lo siento… debí llegar antes…- susurró ayudándolo a ponerse la
camisa y abrazándolo con fuerza a pesar de que seguía medio desnudo.
- No eres adivino... – sonrió débilmente, y finalmente abrazándose
también al chico, llorando avergonzado, y sin parecer que fuera
a soltarlo.
Aiken se quedó en silencio, sin decirle nada del miedo que había
tenido, porque pensaba que sólo lo haría sentir peor y lo cogió
mejor para sentarlo sobre sus piernas y que no estuviera en aquel
suelo tan sucio. Lo apretó más contra él sin saber qué decir o hacer,
se le estaba empañando la mirada. –Te quiero mucho… - le susurró
de todos modos aunque sabía que eso no era un consuelo pero le había
salido solo.
- Gracias, Aiken. Yo te quiero a ti... – susurró recostándose en
su pecho, comprendiendo lo que intentaba hacer. Suponía que debía
ir a la enfermería o algo, pero por ahora no quería moverse de allí,
además de que le dolía aún. – No voy a poder ir al club de nuevo...
-Lo siento…- lo abrazó más fuerte, acariciándolo sin hallar consuelo.
-¿Y si yo voy contigo? Soy patético pero…
- No digas esas cosas, no lo eres... – lo miró, suspirando, aún
abatido. – Lo digo porque me duele un poco. No pensaba fallar...
Pero tal vez deba ir de todas maneras...
-Puedes ir… a mirar sólo… - se levantó y lo levantó con él quisiera
que no. –Oye… vamos a la enfermería… podría ser serio… ¿te duele
dentro?
Bueno, es que... – sonrió sin muchas ganas – Nunca he hecho nada,
así que... a lo mejor es normal.
-Claro… no sé… si quieres te miro yo… aunque no sea un médico para
ver si tienes una herida, por lo menos no será tan humillante…-
lo miró a los ojos y le pasó la mano por el pelo.
Yûsei asintió, aunque seguía dándole vergüenza todo eso, pero tenía
más confianza con Aiken, que con cualquier médico. Además, no quería
decirles a todos lo que había sucedido. Se apartó los pantalones
con los que se cubría, enrojeciendo un poco y Aiken se agachó, separándole
las nalgas para mirar entre estas, tratando de hacerlo sentir lo
menos incómodo posible, tenía aquello muy rojo y algo escocido.
-Tienes como una rajita pequeña… - se quedó agachado aunque ya
había dejado de tocarlo. –A mí me pasó una vez… y me tuve que poner
yodo todas las noches hasta que se me curó…
-Odio el yodo... – se quejó, aunque aliviado. - Pero lo haré...
¿Quieres acompañarme a la enfermería? De todos modos, voy a ver
si me dejan acostarme un rato. No quiero ir a clases ahora...
-Claro… vamos…- se levantó y le pasó la mano por el cabello. –Nos
harán un bono en la enfermería ya… socios vip…
Yûsei se rió un poco, apoyándose en él. – Eres un baka, y mucho,
pero me alegro. – se subió los pantalones, reacomodándose el uniforme,
para no verse tan fatal.
-No te dejaré a solas nunca más… ¿vale?- lo peinó un poco porque
tenía esa manía por culpa de su madre.
-No exageres... – se rió, aunque asintiendo. – Vale, pero no si
tienes que hacer otra cosa.
-Bueno pues no te acompaño… - se quedó rojo pensando que lo había
dicho por ayudar ni que le hiciera ilusión.
- No te molestes, es... que no quiero estorbar... – suspiró, preguntándose
si se había enfadado. Lo cierto es que sí le hubiera gustado que
lo acompañase.
-No me molestas… ni que tuviera algo que hacer… tengo tanta vida
social…- murmuró hablando en tono irónico. Lo miró de soslayo y
suspiró levemente. –Oye… cuando te vi… y se me levantó… al entrar…
no es como que yo estuviera… ya sabes… fue sólo…
- No me di cuenta... – lo miró, confundido. – Ya sé que no fue
eso... No eres un pervertido, Aiken.
-Oh… pues si no te habías dado cuenta…- frunció el ceño ahora sí,
super rojo, bajando la vista y riéndose un poco pensando que nunca
se callaba nada. –No… no soy nada pervertido… ya podía serlo un
poco… normalmente pervertido…- siguió murmurando en parte para distraerlo
con otra cosa.
- Ya podrías dejar de menospreciarte todo el tiempo. – sonrió,
sintiéndose mejor sólo de estar hablando con él. – Eres muy cool,
Aiken. Y no hay manera de que me hagas cambiar de opinión.
-Vale… yo no dije que quiera que pienses que no lo soy… no comprendí
mi propia frase… pero más o menos… algo se entendió ¿no?- se rió
en bajito aún un poco rojo. –Es sólo que tengo mis complejos…
- Lo sé, todos... supongo. Pero yo te los quitaré de la cabeza
– sonrió, ahora apoyándose en él de nuevo. – Vamos... ya estoy listo.
Sólo les diré que me siento mal, ¿eh? – le advirtió por si pensaba
decir algo.
-Vale, como quieras. De todos modos, yo no voy a decir nada, sólo
me quedaré a hacerte compañía… - sonrió levemente, entrando en el
cuarto de la enfermería y pensando en lo baka que era que ni cuenta
se daba de lo que decía.

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