.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

SpellBound Fanfic Yaoi

Capítulo 13- From the Smallest Ripple to the Biggest Wave

Akuba se apoyó en el borde de la piscina, sacudiendo la cabeza un poco y salpicando a los lados de sí mismo. Se había ido al otro lado de la piscina para que lo dejasen en paz, pero aún así le llegaban sus estúpidos comentarios, se preguntaba dónde estaba Togashi que no lo veía a pesar de que ya faltaba poco para que acabase la clase.

Kiken se bajó las gafas, riendo un poco con otro de sus compañeros. Pero ya le bastaba de descanso. Se lanzó al agua sumergiéndose antes de resurgir, practicando su braceado. En esos momentos lo que más le interesaba era nadar. Se detuvo al llegar al otro lado, observando a Akuba en silencio, secretamente complacido de que no hubiese renunciado. Intercambió una mirada con él como retándolo y se sumergió de nuevo, en dirección contraria.

El moreno sumergiéndose casi de inmediato y mirándolo mientras nadaba, tocando el borde aunque nadie los estuviera cronometrando, era simple… siempre veía ese maldito culo respingón y eso le indicaba que seguía tras él, casi sentía que le hervía la sangre.

Se bajó un poco más las gafas, sin notar que ahora se arremolinaba bastante gente alrededor de ellos y tocó el otro lado de la piscina antes que él ¡–Ja!- sonrió ampliamente, saliendo del agua y sujetándose el paquete.

- Sólo fue una vuelta – murmuró el rubio, herido en su orgullo, y ni qué decir ante aquel gesto tan vulgar. Volvió a sumergirse sin más, en realidad pensando que ahora tendría que practicar el doble. No iba a dejarse ganar por él, si hasta había salido con unos segundos de atraso.

-No llores tanto preciosa… una vuelta es una vuelta… - se rió volviendo hacia los vestuarios y cruzándose con Togashi que entraba con el bañador puesto y la toalla en el hombro sonriendo ampliamente.

-¿Dónde vas tan feliz, meado?

El moreno lo miró de soslayo, lo cierto es que se iba ya porque no quería que después le ganase de nuevo y estropear la sensación… ¿pero cómo sabía él lo que había estado pasando? Imaginaba que lo llamaba meado porque no se atrevía a seguir nadando con él.

Entró en los vestuarios, mirando su ropa en el suelo, completamente cubierta de… ¿meados? – ¡Togashi! ¡Hijo de puta!- el moreno salió del vestuario y el pelirrojo se apartó de milagro antes de que le pegase un puñetazo. El entrenador sujetándolo contra él con fuerza por los brazos.

-¿Qué haces loco?

- ¡Cabrón! ¡Espérate a salir!

- ¡Si le golpea usted fuera, seguirá siendo un alumno de este instituto que ha cometido un delito, señor Burei!- le advirtió el hombre.

Kiken salió de la piscina, subiéndose las gafas, y acercándose para observar la conmoción. – Ne, Togashi, ¿qué sucede? – le preguntó al pelirrojo que le sonrió haciendo gesto de estar meando tras el profesor. El rubio negó con la cabeza, murmurando de todas maneras. – El entrenador tiene razón, la violencia no es bien vista en esta escuela.

- ¡A la mierda! ¡A la mierda todos y a la mierda esta jodida escuela!- el moreno le escupió a Togashi en la cara y el chico se limpió con cara de querer matarlo, desde luego controlándose sin hacer nada más que limpiarse con su toalla.
El moreno se metió en los vestuarios y cogió la ropa de Togashi, poniéndose los pantalones y la camisa a pesar de que le apretujaba completamente y ni siquiera se la podía abrochar y salió del baño dejando ahí su uniforme, eso ya no se lo pondría nunca más, eso seguro.

Kiken se rió sin poder evitarlo, aunque en un tono bajito, tanto por cómo se veía el chico así como por su solución. Por lo menos, era ocurrente. Le apoyó una mano en el hombro a Togashi previniendo. – Lo siento...

- ¡Será cabrón!... - dio dos pasos y el entrenador lo sujetó por el pecho.

- ¡Se ha propasado usted! ¡Mucho! Sígalo y me veré obligado a abrirle un informe…

-Pero…

-Se le dejará ropa de gimnasia y ahora ¡vaya a entrenar!

......................

Hikaru salió de la biblioteca, alborotándose el cabello y un poco somnoliento la verdad. Tampoco tenía muchas ganas de volver a su casa, en lo que concernía a Inari no pensaba dirigirle la palabra. Se detuvo al ver al chico que salía del área donde quedaba la piscina, se veía extraño. Lo reconoció enseguida, pero se preguntaba por qué iría vestido así. – ¡Akuba! – lo llamó acercándose y tocándole el brazo para que se detuviera. - ¿Qué te sucedió?

-¿Qué?- el moreno se volteó de golpe sujetándose un poco la camisa y relajándose al ver que era él aunque igual hubiera preferido no encontrárselo en ese momento. Sintió que se ponía un poco rojo por la humillación añadida al cabreo que llevaba encima. –Pues que me han meado el uniforme…

Hikaru frunció el ceño, cabreado y mirando hacia el área de donde había venido. Estaba harto de esos tíos. – Pero eso no es tuyo ¿verdad? – le preguntó refiriéndose al uniforme que llevaba puesto imaginando que alguien se lo habría prestado. – Te ofrecería mi ropa de gimnasia pero... creo que no te quedaría mucho mejor.

-Prefiero no ponerme tus shorts teniendo en cuenta que no llevo ropa interior… sería un poco heavy- sonrió levemente sin poder evitar tomárselo de mejor modo ahora. De haber estado solo, habría ido flechado a su casa con cara de asesino y no se le habría pasado en horas. –Es de Togashi… se lo quité, que se joda… aunque parezco Hulk transformándose…

Hikaru se rió, relajándose también. – Qué va, te ves mucho mejor. Al menos aún no estás verde. Quisiera ver a Togashi irse a casa en bañador... – bromeó, aunque imaginaba que alguien le prestaría algo.

-Seguro que a él le prestan algo… a mí no me dijeron nada, al entrenador le importa una mierda que me jodan la vida… - frunció el ceño pagándola con una papelera y arrancándola de la barra. –Uy… estaba floja… - se rió recogiéndola y apoyándola a un lado, pensando que era un desastre, tratando de controlarse. Se le saltó un botón de la camisa y suspiró con fuerza. -¿Me dejas el jersey?

El chico dejó su mochila en el suelo un momento para sacárselo, extendiéndoselo. – Toma... Togashi es un imbécil. Y de todos modos, es una tortuga nadando. A lo mejor por eso te jode tanto.

-Gracias…- se lo puso aunque le venía apretado. –Ahora parezco un chapero… - se rió un poco colgándose de nuevo la mochila del hombro –y sí…es un lento… y además… que sepas que la tiene así… no exagero… - alzó la mano mostrándole su dedo índice. –Seguro que por eso también me odia…- se rió abiertamente olvidándose un poco del aspecto tan deplorable que llevaba.

- Seguro, pero no necesitaba saberlo... – se rió, enrojeciendo un poco porque no había podido evitar mirar a la entrepierna de Akuba. Además, así como iba vestido era difícil no verla. – No vale para nada.

-No, ni para eso…- el moreno se rió y lo miró mientras caminaba a su lado -¿Quieres acompañarme a mi casa a que me cambie? Luego te dejo en la tuya…

- Sí, claro. De todos modos nunca tengo ganas de regresar. – se encogió de hombros, colocándose mejor la mochila.

-A esta hora… no hay nadie, mi abuela está con las amigas cotilleando… Si me ve con este aspecto…me mata…- suspiró pensando que igual lo iba a matar cuando le dijese que necesitaba un uniforme nuevo.

- Si te mata.... ¿quieres quedarte por aquí de todos modos? Me aburriré si no... – bromeó, alborotándole el cabello.

-Claro, seré el fantasma de las duchas…- se rió y se pasó la mano por el cabello, tratando de recolocárselo un poco aunque igualmente nunca se peinaba. –Bueno… al final sí conseguí el cabello ese…

- ¿Cabello? – preguntó, mirándole la cabeza sin comprender. – ¡Ah! Lo del pijo... – se echó a reír recordando. - ¿Aún quieres que lo haga, entonces?

-No sé… no estoy muy seguro…porque es un idiota y aunque lo admiro en ciertos aspectos… - se rió de pronto y lo miró -¿Por qué demonios me lo estaré tomando como si fuera a funcionar?

- ¿No tienes fe en mis habilidades? – se rió de nuevo. – No sé, tal vez funcione, ¿quién sabe? Ya me dirás si te hace ojitos luego....

-Pero hay otra persona que me está empezando a gustar en serio… y no porque tenga un culo que te cagas- se rió rascándose la nuca.

- ¿De veras? ¿Puedo saber quien es? – le preguntó, observándolo de soslayo, ligeramente serio.

-No, es un secreto…- se rió frotándose un poco la nariz y mirando abajo porque estaba un poco roj.o –Ya sabes quien… ¿para qué me molestas?

- No, no lo sé, mis poderes no se extienden a la adivinación... – lo continuó mirando de ese modo, quitando la mirada luego porque notaba que se sonrojaba un poco él también.

El moreno lo miró y le dio con un codo. –Calla… - se rió sacándose las llaves del bolsillo y usándolas en uno de los portales que había cerca de una plaza. –Vivo aquí…

Hikaru alzó la mirada observando el lugar, sonriendo. – Parece un sitio agradable... – murmuró con toda sinceridad, siguiéndolo.

-Gracias… - el chico lo sujetó de la mano para llevarlo con él a su cuarto y se paró empujándolo con suavidad y sentándolo en el sofá del salón. –Mejor espera, que olvidaba que no llevo gallumbos…- se rió y le apoyó la mano en la cabeza –No tardo nada.

- Vale, te espero... – asintió dejando la mochila a un lado y siguiéndolo con la mirada a pesar de todo, sonrojándose después, y decidiendo mirar para otro lado.

El moreno lo llamó al poco rato con unos jeans desastrados y una camiseta puestos. – ¡Puedes venir si quieres! Sólo estoy poniéndome unos calcetines…- abrió el armario buscando una chaqueta mientras se los ponía y miró de soslayo hacia el salón. Enrojeciendo un poco y pensando que era idiota ¿y a él por qué le daba vergüenza ahora que entrase en su cuarto?

- Vale, ya voy – se puso de pie, acercándose. Lo cierto es que le agradaba su casa, se sentía acogedora. Se detuvo en la puerta, observando al chico en medio del desordenado cuarto. Nunca lo había visto en otra cosa que no fuera el uniforme. Apartó la mirada de nuevo, sentándose en su cama antes de que se diera cuenta de cómo se le había quedado mirando. – Ojalá pudiera quedarme aquí...

-Puedes quedarte cuando quieras, a mis abuelos no les importaría- lo miró, girándose mientras se cerraba un poco la sudadera. -¿Te dejan tus padres?

- Sólo si les miento... – le sonrió con complicidad, imaginándose que su hermano se encargaría de ponerlos en contra de Akuba.

Akuba se rió y se sentó a su lado en la cama. –Hazlo… aunque durante la semana trabajo… tendría que ir a buscarte a casa más tarde… o si quieres esperar al fin de semana… - se quedó callado, pensando que parecía ansioso.

- Sí, creo que sería mejor esperar, así tendremos más tiempo. Les diré que estoy estudiando o algo así... – le sonrió, empujándolo ligeramente medio en broma.

-Qué mentira más gorda… yo no estudio nada… - se rió un poco nervioso. Quería besarlo… Se levantó del golpe al notar que alguien entraba en la casa y se quedó mirando a su abuela rojo.

-¿Ya estás aquí? Pues ayúdame con estas bolsas… ¿o crees que tiene que llevarlas tu abuela?

El chico sonrió levemente. –Ya voy, abuela… - le cogió las bolsas y le besó la frente llevándolas después a la cocina.

-OH… estás con alguien… hola- le sonrió acercándose como si necesitase pasarle una revisión. -Ah… eres del colegio… ah bueno…

- Mucho gusto, me llamo Hikaru... – se puso de pie, presentándose, un tanto cohibido por lo súbito de la interrupción.

-Encantada… estos son los niños que tienes que conocer… y ¡no esos con los que vas!- la mujer le pegó en la espalda al moreno que se rió y volvió con el chico.

–Que sí, abuela… - se inclinó un poco para susurrarle al chico. –“No le gusta que vaya con los obreros de la construcción”- se rió y lo sujetó de la mano. –Pero ya nos íbamos… ¡ciao!

-¿No se queda a cenar? ¿No te quedas a cenar, Hikaru?

-No abuela… hoy no, el viernes se queda a dormir…

-Vale… vale… pero eso se avisa con tiempo….- se quedó quejándose en el salón.

- Sí, disculpe... – murmuró el chico, pensando que era simpática. – “Es la primera vez que alguien me pone como ejemplo, de veras deben ser terribles...” - le susurró a Akuba, riendo bajito luego.

-Son maleducados… y beben mucho… - se rió el chico una vez afuera. –No quiere que les siga el ejemplo… ni siquiera quiere que esté trabajando… - sonrió, mirándolo de soslayo. –Bueno… te acompañaré a casa… pero el viernes te quedas…

- Definitivamente – asintió, sonriendo. - ¿Puedo preguntarte algo, Akuba?

-Lo que quieras… luego veré si lo contesto…- sonrió levemente y lo miró jugando con las manos dentro de la sudadera para coger un cigarro aunque estaba tratando de dejarlo.

- Sólo es curiosidad, no vayas a pensar otra cosa. – lo miró, pensando que estaba actuando desacostumbradamente cortés. - ¿Te gusta trabajar? ¿Hay algo que desees hacer aparte de eso?

-Está bien… tengo dinero para gastar… y la verdad… me agrada trabajar… pero creo… últimamente estoy empezando a pensar que debería estudiar en serio… para al menos hacer algo que me guste… y no acabar como mi abuelo… ¿y tú? ¿Te gusta algo?

- Pensarás que es tonto.... Me gusta escribir, escribo poesía... – confesó, mirando a otro lado serio por si acaso. – Podríamos estudiar juntos en serio, si quieres, pero no este viernes... – se rió un poco por su propia aclaración.

-No, este viernes no vamos a aburrirnos… - se rió y lo miró interesado –Hagámoslo…lo de estudiar juntos… así no me arrepentiré en dos días- sonrió levemente pensando –La verdad… soy un poco bruto para leer poemas, no entiendo de eso… pero aún así… quisiera leer algún un día de estos… ya imagino que es algo muy personal…

- Esté bien, puedo mostrártelos a ti... – sonrió, nervioso, pero tratando de que no se le notase. – Haremos eso entonces.

-Vale…- encendió el cigarro por fin. Bajando la mano para guardarse el mechero, y rozó la suya con un dedo con todo el propósito. Le parecía que ardía, se la sujetó con suavidad, mirándolo de soslayo.

- Akuba.... – murmuró el chico apretándole la mano para que no se la fuese a soltar, y mirándolo del mismo modo.

-Shh…- el moreno apartó la mirada, enrojeciendo levemente, con el corazón bastante alterado y tragando saliva nervioso, aunque fumar le tranquilizaba, sonrió y le apretó la mano acariciándosela con suavidad –Me gustas mucho…- se rió un poco por los nervios más que nada –pero no te lo quería decir con esa pinta que llevaba…

Hikaru se rió en bajito para no afectarlo, negando con la cabeza. – Yo creo... que te veías bien aún así. – lo miró un poco más directamente. – A mí también me gustas.

Akuba se mordió un poco el labio inferior, para no sonreír como un bobo. El caso es que ahora no quería llevarlo a casa, aunque no había mucho más remedio con la hora que se había hecho. –Estoy nervioso… creo que no voy a poder decir nada inteligente hasta mañana…

- No importa, yo tampoco así que tendremos una conversación pareja... – bromeó apretando más su mano. – Akuba.... ¿aún quieres que te haga ese hechizo?

-No…- lo miró serio y respiró con fuerza. –No quería que me gustases, eres mi amigo… por eso… no sé… pero me gustaste desde el primer día, quisiera yo que no…- entrelazó los dedos con los suyos con cuidado, pensando que cualquier roce era excitante. -¿Hay alguno para que no deje de gustarte nunca?

- Sí, pero voy a necesitar que te desnudes y algo de tu sangre... – lo miró serio, riendo después por la cara que tenía el chico. – No es necesario, también me gustaste desde el primer día, no suelo hablarle a nadie. Y siempre como solo...

-Vale… porque la desnudez y la sangre no son cosas que lleve muy bien juntas…aunque quien sabe…- se rió aún un poco espantado aunque no le creía nada -¿Vives cerca?

- Por allá, vengo a la escuela caminando... igual que Inari pero yo siempre salgo después – se rió, ya que lo hacía a propósito.

- Comprensible… nadie quiere ir escuchando discusiones sobre el futuro justo cuando sales de clase…- se rió y le dio una calada al cigarro apretándole la mano y acariciándosela con el pulgar. -¿Aún quieres quedarte a dormir igual?

- ¿Tú qué crees? – le sonrió, mirándolo ahora a través del cabello, ya anticipando que estaría nervioso.

-Creo que… yo quiero que vengas- se rió y lo miró de soslayo –aunque voy a ser bueno… todo lo bueno que esté en mi mano…

- No lo seas, yo no lo seré – se rió el chico. – No me acerqué a ti por bueno...

Akuba lo miró riéndose aunque estaba un poco rojo. –Vale… ya arruinaste toda mi fuerza de voluntad…

- Por mí, no hay problema. – bromeó, aunque un poco rojo, señalando al frente de pronto. – Allí, esa es mi casa.

-Vaya… podría estar más lejos…- se rió y le soltó la mano aunque no tenía nada de ganas. –Nos vemos mañana… - lo abrazó contra él y le olió el cabello apretándolo con fuerza antes de aflojar. –Hasta mañana…- lo soltó por fin dando unos pasos atrás y sonriendo levemente. Lo hubiera besado, pero no era tan estúpido como para hacerlo frente a su casa.

- Hasta mañana – le sonrió pensando besarlo también y en que debió haberlo hecho unas calles atrás. Se sentía como un idiota. – Nos vemos, entonces... – se despidió, girándose para abrir la puerta, tratando de poner el rostro serio antes de entrar.

Inari se quedó mirándolos incrédulo, un poco más a lo lejos. No había sido su intención espiarlos ni mucho menos, pero simplemente se los había encontrado delante y por más que se había detenido para evitarse él mismo el enfadarse de más… le temblaban las manos. ¿Pero que se había creído ese patán?

Akuba se volteó sonriendo y rápidamente se quedó completamente serio al ver a Inari y la cara que tenía. Dio un paso a un lado para apartarse de su camino esperando que con eso se solucionase, ignorándose, pero el moreno le apoyó la mano en el pecho. Se quedó quieto. Mirándolo de soslayo. –No voy a dejar de estar con él.

-¿Qué demonios fue eso? ¿Eh?- Inari lo miró incrédulo - ¡¿Cómo... cómo se te ocurre tratarlo asi?!

-… tu hermano me gusta… y no voy a dejar de verlo…

- ¡¿Qué te gusta?!- el moreno le pegó un puñetazo, no podía creérselo ¿L e estaba diciendo que su hermano era un marica? -No lo toques… no te vuelvas a acercar a él…

Akuba se rió un poco, aunque le había dolido y le sangraba el labio, pero se pasó la mano por la mandíbula sintiendo que hasta le crujía, devolviéndole el puñetazo. Inari se llevó la mano a la cara como alucinado, tocándose el labio. -¿Qué? ¿Es tu sangre?... a lo mejor te creías que los puñetazos no dolían… ahora no podrás decirles que te pegué… así que a ver qué te inventas para que te crean ese labio partido que llevas… reina…

Inari permaneció allí observándolo con cara entre furiosa y anonadada, no se creía que le hubiera pegado a alguien y tampoco que se la hubieran devuelto. Se giró airadamente, limpiándose con un pañuelo y entrando en la casa todo lo calmado que podía.

 

 


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