SpellBound
Fanfic Yaoi
Capítulo 7- Small Gestures
Hikaru llegó a la casa, yendo directamente a su habitación a pesar
de que su madre le contaba no sé qué cosa. Descolgó la mochila por
encima de su hombro, lanzándola al piso y tumbándose sobre la cama
buscando bajo esta el libro que había dejado allí la noche anterior.
Inari saliendo de su cuarto al escucharlo y entrando después de
llamar aunque sin haber obtenido permiso aún, sabía que igual podría
estarlo esperando de por vida sin obtenerlo -¿Qué tal tu primer
día?
El chico se giró, pensando en Akuba, pero pasando de contarle.
– Como todos los primeros días, aburrido...
El moreno se sentó en la silla que había en el escritorio frente
a la cama y la giró para verlo mejor, cruzando los brazos y sonriendo
aunque su hermano parecía igual de antisocial que siempre. –No digas
eso… deberías estar disfrutando de esta etapa de tu vida, cuando
veas que está acabando la echarás de menos…
- ¿Sintiéndote melancólico, Inari? – sonrió un poco, por ver si
lo molestaba. – No sé qué le ves de divertido a ir a la escuela.
Bueno... - se sentó, observándolo. – Suenas como un profesor ¿lo
sabías?
-Bueno… pues gracias… - se rió pensando que sí se sentía melancólico
y se apoyó las manos en las rodillas estirándose un poco el pantalón
–Encontrarías le escuela divertida si no te preocupases de no agradarle
a nadie… porque de verdad que estás haciendo un gran esfuerzo… ¿has
ido así? Con esas uñas y esos ojos…
- No, me arreglé en cuanto llegué a casa, sólo por molestarte a
ti – frunció el ceño, pensando que ya iba con eso de nuevo. – No
me esfuerzo por nada, así es como soy y si a los demás no les gusta,
no es mi problema. No voy a fingir para hablar con gente con la
que ni siquiera me interesa hablar.
-No, ya sé que no te esfuerzas por nada… - le sonrió y bajó la
cara un poco, alzándola de nuevo y apartándose el flequillo de los
ojos con cierta ceremonia. –Al contrario que un chico que conocí
hoy en el club de volley ball, que por cierto… deberías apuntarte
a un club este año ¿no crees? Es importante en tu currículo y te
ayudará a conocer gente… ¿Por qué no te apuntas conmigo?
- Ya te he dicho que no quiero... no me gustan los clubes. – lo
miró, en realidad preguntándose cómo podía ser tan persistente.
– Además no me agrada la gente. ¿Nunca te cansas de todo eso?
-¿De qué? ¿De ser una persona normal? No… - lo miró suspirando
con fuerza y aguantándose lo mucho que le molestaba el tono con
el que le hablaba -¿No te cansas tú de pintarte las uñas como si
fueras una niña?
- Bah... no se puede hablar contigo sin que salgas con algo así.
– se dejó caer en la cama de nuevo molesto. – Ese es un pensamiento
anticuado, ¿lo sabías? Porque lo es.
-¿Y si yo me las pintase? ¿No sería ridículo?- se levantó con las
manos en los bolsillos, mirándolo acostado en la cama -¿Y pintarse
los ojos? ¿También soy anticuado con eso?
- ¡No es lo mismo! Tú no... No entiendes nada – protestó sin mirarlo.
Sólo le hablaba para eso, era fastidioso.
-Es lo mismo… ¿crees que es diferente cuando lo haces tú? Me da
vergüenza que te pintes… ¿sabes lo que me preguntaron hoy mis amigos?
¿Si seguías igual de loco?
- ¡Y a mí que me importa! ¡Son tus amigos, no los míos, no me interesa
lo que piensen! – lo miró, aún más molesto porque le dijera esas
cosas. – ¡Y si tanto te avergüenzo, no me hables! – le lanzó una
almohada para que se fuera.
-Tus amigos no te lo dicen porque no tienes ¿crees que merece la
pena? ¿Tener ese aspecto? ¿Te hace feliz? ¿Te ayuda en algo? No
me voy a ir… a no ser que vayas a pegarme o algo así…
- No voy a pegarte, sólo vete... – murmuró, dándole la espalda
de nuevo. – Sí tengo un amigo...
-¿Ah sí?- el moreno se sorprendió realmente, aunque ya se imaginaba
que sería un “pintas” como su hermano.
-¡Niños! ¡Ya ha llegado papá, bajad a cenar!
Inari se giró un poco hacia la puerta –Vamos… querrá saber cómo
nos fue.
Hikaru permaneció sin moverse, tentado a no ir. Lo que menos quería
era que le cayera su padre encima también. Finalmente se puso de
pie, siguiendo a su hermano, igual lo reñirían si no bajaba.
El moreno se sentó a la mesa, tras saludar a su padre. -¿Has tenido
un buen día, papá?- le preguntó más que nada porque lo veía demasiado…
“no serio” para ser un lunes.
-Sí… un buen día…- miró a su otro hijo poniéndose un poco más serio
-¿Así has ido a clase? ¿Con esos ojos y esas uñas? ¿Quieres dejar
esas tonterías?
-Oh… vamos… déjalo, sólo es una moda… hay muchos niños que lo hacen
ahora…- la mujer puso la bandeja en la mesa y sujetó los hombros
del menor para que se sentase a la mesa -¿Verdad que sí, Inari?
El moreno miró a su madre y luego a su padre que lo miraba con
cara de que no mintiese. –Diría que no- sentenció después –Itadakimasu…
El menor suspiró, con la cabeza gacha, absteniéndose de responder
aunque le estaba hirviendo la sangre por dentro. A veces, le hubiera
gustado nacer en otra familia. – Itadakimasu... – susurró, casi
ininteligiblemente, dejando que el cabello le cubriese un poco el
rostro.
-¿Puedes apartarte ese pelo de la cara al menos para comer? Vas
como una…
-Papá- Inari le interrumpió, sintiéndose un poco mal por cómo le
decía las cosas su padre. –Hoy en el club conocí a un chico nuevo
bastante interesante…
-¿Interesante?- preguntó el hombre sonriendo un poco de nuevo al
notar que le cambiaban de tema, pensando que su hijo era el capitán
del equipo.
-Sí… es un niño de primero, los chicos y yo la tomamos con él porque
tenía el cabello teñido horrendo…- le explicó como queriendo hacerle
ver que había cosas peores, aunque el hombre miró a su hijo menor
con cara de “horrendo como mi hijo” – De malva…
- ¡¿Malva?!- preguntaron la madre y él a la vez.
Inari se rió. –Sí… pero ya le dije que se lo tiñese de negro… era
muy agradable y muy educado pese a su aspecto…
- Pese a su aspecto... – murmuró el menor, sin poder contenerse.
No lo aguantaba más. - ¿Cómo juzgas a la gente por cómo se ve? ¡¿Eso
qué tiene que ver con nada?! Si te agrada, te agrada...
- Hikaru... por favor... – lo reprendió su madre, previniendo un
poco, por la cara que tenía su padre.
- Lo siento, no tengo hambre... – murmuró el chico poniéndose de
pie y alejándose a toda prisa, haciendo caso omiso de los gritos
de su padre de que volviese inmediatamente.
Inari suspiró con fuerza. –Lo siento, mamá… no pensaba que se fuera
a poner así…- miró hacia atrás escuchándolo subir por las escaleras.
No había quien lo comprendiese, trataba de ayudarlo… -¿Puedo llevarle
la cena?
-Llévasela- sentenció el hombre volviendo a su comida mucho más
molesto de lo que había venido.
-Vale…- el moreno se levantó con el plato, cogiendo algunas cosas
más y llamando a la puerta al notar que estaba cerrada –Ábreme anda…
- ¡¿Qué quieres?! – le gritó desde adentro, sin moverse de la cama.
No pensaba recibir otro sermón, bastante mal se sentía ya.
-Te traigo la cena… venga… abre, no voy a rayarte más… - el moreno
sonrió levemente. No podía evitarlo, pese a todo sólo le parecía
un niño acomplejado y… terriblemente cute… sin maquillaje.
Hikaru miró hacia la puerta suspirando, y levantándose por fin,
abriendo la puerta y tomando el plato de comida. – Gracias...
-¿No me dejas pasar?- el moreno apoyó un pie en el marco de la
puerta para que no le cerrase y se metió dentro igual.
- ¿Qué quieres ahora? – le preguntó el chico a sabiendas de que
no podía echarlo, y se sentó sobre la cama dejando el plato a un
lado para luego.
Inari se sentó a su lado en silencio por un buen rato, pensando
muy bien lo que quería decirle. -¿Por qué no dejas de ir así a clase?
O al menos te limpias al llegar a casa… papá ya no te diría nada
mas… y podrías seguir haciéndolo… aunque yo lo odie…
El chico miró a su hermano de soslayo, pensándolo, aunque no quería
ceder, de todos modos murmurando. – Tú no entiendes... ¿Por qué
tengo que esconderme? No estoy haciendo nada malo.
-¿Pero por qué lo haces? Necio… es que no lo entiendo… es raro…
y es de niña… ¿Por qué?- lo miró a los ojos de veras deseando comprenderlo
-¿Te gustan los niños?
El moreno le sostuvo la mirada aunque con cara de espanto por unos
momentos. – ¡No seas tonto! ¡No es de niña! ¿Hasta cuando te lo
voy a decir? Sólo es algo que me agrada... La escuela no es el mundo
entero.
-No me grites… yo no te estoy gritando ¿verdad? – suspiró suavemente
sin saber qué hacer. -¿Y de qué es? ¿Por qué no me lo explicas ya
de una vez?
- Soy gótico, ¿sabes lo que es eso? – le preguntó, bajando la voz,
reconociendo que tenía razón, pero no iba a disculparse. Ya le era
difícil hablarle así. - Es algo de música y... mira.. – se estiró
un poco sobre la cama, sacando una revista y mostrándosela.
-Oh… - el moreno hojeó la revista pensando que si le gustaba eso
al menos no se estaba vistiendo de ese modo, era mucho más moderado
que todos aquellos chicos. Cerró la revista y sonrió levemente.
–Me parece que van disfrazados… ¿es así tu nuevo amigo?
- No... no creo que... – sonrió un poco, deteniéndose antes de
decirle que no se esforzaba demasiado en esas cosas. Ya sabía que
su hermano no lo vería igual que él. – No, es otro tipo de persona.
-Ya… - le pasó la mano por el pelo y se levantó dándole unas palmaditas
en la cabeza. No sabía qué hacer con él.
- Inari... gracias por traerme la comida. – murmuró, aún con la
cabeza gacha porque no sabía qué más decirle. No podía negar que
le agradaba cuando se comportaba así con él, aunque luego se sintiera
estúpido.
Inari le sonrió en la puerta –Cómetelo todo… - le susurró antes
de cerrarla. Mejor le preguntaba a alguien qué demonios hacían esos
góticos además de llevar tremenda pinta.

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