.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

SpellBound Fanfic Yaoi

Capítulo 2- The Best Friendships are Born Over Lunch


Yûsei se bajó del bus, pasándose la mano por el cabello, y alborotándoselo ligeramente. No podía salir de casa sin que su madre se lo aplastase, era un poco molesto. Pero sabía que no lo hacía por maldad.

Echó a caminar, sin querer correr a pesar de que iba un poco tarde, porque tampoco quería llegar todo sudado. Quería causar buena impresión. De todos modos, el primer día nunca se hacía nada. Bueno, así era en la primaria, ahora sería distinto, ¿no? Pero no podía ser mucha la diferencia.

Aunque lo cierto es que tenía muchas esperanzas. Aquel lugar se veía interesante y mucho más divertido que su escuela anterior. Tenían clubes para todo, aunque finalmente se había decidido por el club de volleyball, lo mismo que había jugado en la primaria. No era un campeón ni mucho menos, pero a él le divertía.

Se detuvo frente a la fachada del edificio, maravillado ante su tamaño, y entrando por fin. Suponía que debía darse prisa pero no podía dejar de detenerse en cada esquina, examinándolo todo. La biblioteca de ese lugar debía ser increíble, pero claro, dudaba que tuvieran las cosas en las que estaba pensando.

- ¿Puedo ayudarte? – le preguntó el profesor que llevaba algunos minutos viéndolo allí afuera y preguntándose si no sería un alumno de su grupo.

- Oh... sí, disculpe. Es que tengo clase en... esta aula. – sonrió, notando el letrero con el número y algo cohibido de que se hubiese quedado como pasmado frente a su salón.

- Su nombre... – preguntó el profesor revisando la libreta de nuevos ingresados.

- Yûsei... Ikeda – contestó el chico de cabello malva blanquecino, algo nervioso, el hombre suspirando y dejándolo pasar.

- Ikeda-kun, llega muy tarde. Que no se vuelva a repetir. Puede sentarse allí, hay una silla vacía. – le mostró, dejando que el chico se aproximara a su puesto, mientras él se giraba para seguir con la lección interrumpida.

Un chico con el pelo engominado, apoyó la mano en la puerta para que no se la cerrasen en la cara, preguntándose si era transparente o qué. –También llego tarde…- aclaró por si no era obvio. Más que nada, para ver si con suerte se ahorraba que le echase la misma bronquita que al otro.

-Pues a ver… siéntese… ¿Cómo se llama?

-Aiken Ajina…- susurró mientras ya se iba para las sillas del fondo. Sentándose una silla más allá del otro chico sólo porque no se atrevía a sentarse a su lado.

-Pues hagan el favor de estar a su hora, esto es su camino… el futuro, no crean que pueden ser tan irresponsables.

Aiken resopló por lo bajo, mirándolo desde atrás de la chica que tenía justo delante, pensando que era aún mas pesado que los de la primaria.

..................

- Ajina-kun, ¿puedo sentarme contigo? – le preguntó Yûsei, acercándose y esperando a que le contestase. Ya era la hora de recreo, y sinceramente se sentía un poco agobiado de tanta información que les metían allí. Su otra escuela no había sido tan exigente.

-¿Eh? Sí… claro…- apartó sus cosas rápidamente como si fuera a huir si tardaba en sacarlas de allí, preguntándose si ahora debería hablarle o algo, la verdad es que se le daban fatal esas cosas. -¿Vas a almorzar? Podemos ir afuera… no he visto el… - “como sea que se llame la parte de afuera” se puso rojo y apartó la mirada ¿y a él que le importaba lo que él no había visto?

- ¿Qué cosa? ¿El jardín? – le preguntó curioso, pero asintiendo. – Vale, vamos afuera. Me llamo Yûsei por cierto. – se presentó, por si no se acordaba. Se veía un poco nervioso, a lo mejor era por eso.

-Y yo Aiken… - lo miró pensando que ya se acordaba y diciéndole el suyo sólo por si lo que pasaba era que no se acordaba de su nombre. Cogió su cajita del almuerzo de la mochila y se levantó, tropezándose un poco entre la silla y la mesa. Enrojeciendo de nuevo y pensando que era un desastre. – ¿Vamos?

- Vamos, podemos compartir si quieres. Mi madre pone demasiada comida siempre. – le comentó, siguiéndolo a través de las puertas. - ¿Te estoy molestando? No querías estar solo, ¿O sí? – le preguntó, pensando que a lo mejor esa era la razón por la que estaba tan rojo y no se atrevía a decirle.

El chico de pelo rojizo negó con la cabeza, sujetándole el brazo un poco. –No… no me molestas… - le sonrió levemente, soltándolo de nuevo al notar que lo estaba agarrando sin ningún motivo realmente, sólo que no quería que huyera de pronto, aunque seguro que esa no era la mejor técnica. -¿Conoces a alguien de aquí? Alguien… de tu otra escuela por ejemplo…

- No, soy nuevo. Bueno, todos lo somos.... – se rió cohibido pensando que había dicho una tontería. – Quiero decir que todos mis compañeros fueron a escuelas públicas. ¿Y tú?

Aiken sonrió. –Hay algunos de mi colegio aquí… pero no los conozco mucho… - bajó un poco la vista, en realidad es que no los soportaba. Si no se los encontraba, mejor que mejor. De hecho, casi se moría de alivio al ver que no iban en su clase.

- Oh, es casi lo mismo entonces. – se encogió de hombros, observándolo. – Pero no tienes que comer solo, puedo comer contigo. A mí tampoco me gusta estar solo, es aburrido, ¿no crees?

-A veces está bien… - lo miró pensando que era simpático pero le tenía todo el aspecto de alguien sociable. A él esa clase de personas no le duraban cerca ni dos días, primero decían eso de ¿y si vamos con los otros chicos? Y luego él… se iba distanciando lentamente. Bajó las escaleras con el chico y sonrió levemente, tampoco tenía que estarse tomando las cosas de ese modo, ahí apenas lo conocía nadie, tal vez tendría suerte.

Casi se le congeló la sangre al escuchar a dos chicos que estaban hablando y subiendo las escaleras en ese mismo momento. Apenas lo miraron pero uno de ellos sonrió codeando al otro después y acercándose un poco a ellos. -¿Dónde vas Aiken? ¿Ya sabe tu nuevo amiguito lo raro que eres?- se rieron y le pegaron un golpe a la cajita del almuerzo haciendo que se le cayese todo por el pecho.

El chico respiró con fuerza, mirándose el uniforme hecho un desastre y agachándose para recoger lo que podía y tirarlo.

-Y aún lo recoge el muy imbécil… - se rió el otro mientras se iban.

Yûsei los miró, molesto y agachándose junto al chico, ayudándolo. – No les hagas caso, son unos idiotas. – le sonrió ligeramente para darle ánimos. – Ya te dije que podías compartir del mío de todos modos.

-Gracias… es igual, si ya estoy acostumbrado… - limpió un poco la cajita y se fue hacia el baño para ver qué podía limpiarse. –Por eso te decía que conocía a algunos pero no mucho… no quería espantarte… - confesó mientras se limpiaba, de todos modos ahora ya peor no podía quedar.

- No me espanta, son ellos los que actúan mal. – le ofreció un pañuelo algo arrugado pero el menos estaba limpio. – ¿Sucede mucho este tipo de cosas?

-A mí sí… a ti no creo… aunque si sigues mucho conmigo tal vez empiecen a hacerlo… - lo miró de soslayo, cogiendo el pañuelo. –Gracias… - se le estaba mojando mucho la camisa la verdad.

- Pues no voy a dejar de hablarte por eso, es estúpido. Además me pareces agradable. – le sonrió, comprendiendo ahora por qué tanto nerviosismo.

-Eso dices ahora… - lo miró y sonrió levemente. –Tu pelo es genial ¿sabes? ¿No te matan tus padres?

- Gracias... Y no – se rió, tocándoselo un poco rojo él ahora. – No... no les importa demasiado siempre y cuando estudie. ¿Tus padres no dicen nada de eso? – le preguntó, señalando el piercing en su oreja.

-Mi madre… me deja hacer todo lo que quiera, ella también tiene en… varios sitios… - se puso rojo también sólo de acordarse de cuando se los había mostrado porque estaba borracha.–Es muy moderna… y le da igual que estudie o no…

- Se oye divertida – le sonrió el chico de nuevo. – Quisiera que mi madre fuera así... pero vale, no se puede tener de todo...

-Pero casi no me hace caso… - le explicó después mientras salían hacia el jardín. Cerrándose la chaqueta del uniforme para que no se viera lo desastroso que iba. –Trabaja… y cuando no trabaja, sale con sus amigas… o con sus novios…

- ¿Te sientes solo? Tampoco es bueno cuando te prestan mucha atención, luego no te dejan hacer nada. Creo que es mejor tener libertad, ¿no? ¿Estoy hablando mucho? – le preguntó, un poco rojo y deteniéndose de pronto.

-No, a mí me agradas… - lo miró confuso y se rió de que estuviese rojo aunque él también se había puesto así ahora. -¿Son tus padres muy plastas? Mi madre a veces se pone pesada… conque si la quiero… - se sentó bajo un árbol en el jardín cerca de la pista de tenis -¿Te gusta aquí?

- Sí, es agradable. – se sentó a su lado, colocando su cajita frente a ambos y abriéndola. - ¿Ves? Te dije que pondría mucha. – se rió, pensando que ni loco podía comerse todo eso él solo. – Mis padres son... normales supongo, lo mismo que cualquiera, pero a veces molestan, ya sabes... Le da como una temporada de “vamos a ser responsables con Yûsei”.

-A mi madre le dio una vez la temporada “vamos a pasar tiempo juntos” y fue horrible… - se quedó mirando la comida de veras pensando que se había pasado mucho su madre. Aún así, él tenía un hambre horrible, si no estaba comiendo aún, era porque le daba algo de vergüenza empezar antes que él a comerse su comida –Luego encontró otro novio y se le pasó… me compró un ordenador nuevo… porque pensó que me enfadaría…

- Pero te debes de haber puesto contento – se rió, tomando sus palillos y empezando a comer. – Adelante... – le indicó al otro chico por si le daba vergüenza. – Eres muy vergonzoso, ¿no?

-Sí… - admitió enrojeciendo porque se lo preguntase y cogiendo sus palillos para comerse un trozo de sushi. –Está bueno… a nosotros nos cocina una señora extranjera… e igual mi madre sólo viene a la cena… ¿te has apuntado a algún club?- preguntó al escuchar a alguien hablar al lado de la pista de tenis.

- Al de volleyball, ¿y tú? – miró a la cancha de tenis, preguntándose si jugaba eso. – Solía jugar en mi otra escuela, por eso...

-No, yo a nada… se me dan fatal los deportes… ya lo verás… en gimnasia… - se puso rojo por adelantado, mirando adelante mientras comía y pensando en lo malo que era en educación física, todos los años tenía pesadillas con esa clase, la odiaba a muerte.

- Bueno, no puede ser tan malo. Además, no a todo el mundo le gusta... Yo no sé si lo hago bien, sólo lo hago por divertirme... – se rió, algo cohibido y tomando otra pieza metiéndosela a la boca.

-Yo soy de esos que siempre queda el último cuando corres… que siempre se cansa antes y que cuando le tiran la pelota siempre se le cae… - se rió rojo también mirando abajo con un trozo de salchicha entre los labios. Se sentía agradable estar con aquel chico, aunque estaba incómodo porque no había confianza aún. Por otra parte… le gustaría ser su amigo.

- Alguien tiene que serlo... – se rió, metiéndole otra salchicha a la boca para que no pensara que se burlaba de él. – No tiene nada de malo... que no estamos en las olimpiadas.

-Vale… pero me da vergüenza- se rió mordiendo la salchicha y luego se quedó mirando a una pareja que pasaba, los dos teñidos de rubio y muy morenos de piel -¿Tienes novia?

- No, me dan vergüenza las niñas... – se rió, enrojeciendo. – Y mis padres dicen que estoy muy joven. ¿Tú tienes?

-No… ni siquiera tuve amigas nunca… además también me dan vergüenza… - se rió apoyando los brazos sobre las rodillas y la cabeza contra el tronco de un árbol –Aquí hay muchas mayores… son más interesantes… al menos…

- ¿Por qué piensas eso? – le preguntó, mirando a su alrededor a ver si veía una. – No lo sé... ¿te gusta alguna?

-¡No! No me gusta ninguna… - se quedó rojo y movió un poco la cabeza –Son unas raras y no entiendo ni a mi madre, menos a otra… - se rascó el cuello y lo miró. –Las mayores… parecen más inteligentes…

- Pues no lo sé, son distintas, supongo, pero no conozco a muchas. – esta vez fue él quien se metió una salchicha a la boca, recostándose contra el árbol luego. – Yo creo que tú tendrías éxito con las chicas, te ves como... así.

-¿Tú crees?- lo miró sorprendido en realidad, aunque las chicas eran las únicas que no lo habían tratado mal nunca a pesar de todo. –Seguro que con chicas como mi madre… pero esas no me gustan… si tuviera una novia… escogería a una como esa… - señaló a una chica morena que estaba leyendo sentada sola bajo otro árbol más allá, se la veía de lo más corriente y normal -¿Y tú?- se rió, sólo fantaseaba un poco. Por entretenerse.

- ¿Yo? ¡No sé! No preguntes... – se rió, cubriéndose la cara, y luego mirándolo de nuevo, sintiendo que se portaba infantil. – No, en serio no sé.... Supongo que una que sea graciosa.

-Graciosa…- se rió pensando que nunca se había parado a valorar eso en una chica –Sí, supongo que estaría bien que lo fuera, y guapa y lista…

- Inteligente, sí... – se rió Yûsei de nuevo pensando que parecía que creasen a la mujer perfecta.

-No y guapa también, nadie quiere besar a una fea…- se rió y lo miró, hasta se le había olvidado ya lo de su almuerzo -¿Has besado a alguna chica?

- No, aún no. ¿Y tú? – dejó la cajita a un lado, sin cerrarla por si Aiken deseaba comer más. – Me pregunto cómo será.

-Como lamer una lengua supongo… - lo miró a los ojos y luego la cajita –No voy a comer más… - le sonrió como meditando algo. –Una vez besé a mi prima en los labios pero no con lengua… no cuenta… además fue por accidente…

- ¿Por accidente? – tomó la cajita comiéndose una pieza más de sushi antes de cerrarla. - ¿Cómo besas a alguien por accidente?

-Cuando vas a darle dos besos… los dos se giran y la besas en los labios… Me dio asco… pero no dije nada…- lo miró fijamente –Pero con tu pareja no da asco…

- No, imagino que no, porque si así fuera, la gente no lo haría. – sonrió, pasándose la mano por el cabello. – Pero tampoco sé cómo sabes que debes besar a alguien. Digo, parece haber un momento...

-Cuando tienes ganas y te dejan… supongo… o cuando te mira mucho rato como en las películas…- se rió pensando que era la conversación más raras que jamás hubiera tenido, solía tomárselo todo de forma mucho más objetiva.

- Pero yo me empezaría a reír si alguien me mira así, ¿tú no? Es raro... – contestó, pensando que de veras le agradaba. Se alegraba de habérsele acerado.

-No creo que dé risa si la persona que te gusta te mira muy seria… pensarás que va a besarte y te quedarás penoso…- se quedó pensando y luego lo miró de nuevo –Igual tendrás que besarla tú seguramente… así que si te da la risa, creerá que eres baka…- se rió, aunque estaba un poco preocupado de que le molestase que lo llamara baka.

- Pues será que lo soy... – se rió el chico, alzando el rostro al escuchar el timbre que anunciaba el final del recreo. – Tenemos que regresar... – murmuró sin muchas ganas.

-Sí… - se levantó sujetando su cajita vacía y le ofreció su mano al chico –Vamos… a ver si no me duermo ahora…

- No hagas eso.... mejor piensa en cómo besar – se rió, tomando su mano y poniéndose de pie.

-Me pondría rojo en clase y me llevarían a la enfermería… - se rió.

 

 


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