Capitulo
3
Secrets Hidden in Plain Sight
Araiso se sentó detrás de su escritorio, tarareando.
Estaba de buen humor. No había tenido percances en todo el
día y eso ya de por sí era algo difícil en
una clínica. Incluso podía salir un poco más
temprano. Y se le había ocurrido una idea. Tomó el
teléfono, marcando el número de Masamitsu y esperando
a que contestase.
–Que sea rápido, estoy ocupado –el moreno que
por el sonido estaba caminando por la calle apresuradamente le contestó
al otro lado.
–¿Ocupado? Sólo llamaba por ver si te gustaría
encontrarte conmigo esta noche. Una salida entre amigos... –sonrió,
aunque le había molestado un poco su manera de hablarle,
pero luego de tantos años de conocerlo, debería estar
acostumbrado a aquello.
–Estoy de camino a una reunión, ahora mismo no estoy
en la ciudad, así que me será imposible. Te llamaré
cuando regrese –le aseguró, colgando el teléfono
antes de entrar en el edificio.
Araiso exhaló, harto. No tenía por qué colgarle
así. Se preguntaba si no le estaría mintiendo. Le
había dicho que se iba de viaje, ¿pero no estaba durando
demasiado ese viaje?
Llamaron a la puerta y al rato entró Kotaro, por el contrario
sonriendo levemente y sentándose en una de las sillas frente
al rubio.
–Te veo tenso… y yo que venía a preguntarte si
habían hecho ya el electro de mi paciente…
–Oh... sí, sí, ya está –se retiró
un poco hacia atrás, sacando la carpeta de un cajón
y entregándosela –. No pasa nada, sólo estoy
cansado.
–Vaya cara… –ojeó la ficha y le tocó
la mano con la carpeta de cartulina –¿Por qué
no me acompañas esta noche? Tomamos unas copas y vamos a
hacer el calavera…
–No lo sé... Estoy un poco... –suspiró,
preguntándose si sería inapropiado y frunciendo el
ceño al darse cuenta de que estaba pensando como Masamitsu
–Sí, salgamos, hoy me voy más temprano después
de todo. No tiene sentido regresar a casa.
–Bien –el moreno se levantó, sonriendo complacido
–. Tú también tienes derecho a divertirte, doctor…
Estás tenso… –le apretó los hombros y
el cuello. Y tanto que estaba tenso.
El rubio movió el cuello sintiéndose mejor con aquel
masaje.
–Gracias... deberías dedicarte a masajista.
–Cobro más con la traumatología –sonrió.
Observándolo y pensando que era atractivo. Claro, no le hubiera
invitado a salir con él si no –. Debo volver con mi
paciente, recuerda no irte sin mí esta noche.
–No lo haré. Ya te dije que no tengo ganas de regresar
a casa –le sonrió, inconscientemente deseando que alguien
los viera y se lo dijera a Masamitsu. Se lo merecía por colgarle
de esa manera. Y eso que él sólo le había sugerido
ir a conversar a algún lado.
–Vale –cogió su carpeta y salió de la
oficina del doctor. Entrando acto seguido en su propia consulta
y pasando por detrás del enfermero que le habían asignado
no hacía mucho tiempo.
Le entregó a este la carpeta, sujetándole la cintura
por detrás.
–Búscale una fecha para la operación al señor
Katsuhiro –le dijo, mirando después al paciente que
se había volteado hacia ellos ligeramente como esperando
un veredicto. El doctor apretó su mano contra una de las
nalgas del chico delante de él, por supuesto sin cambiar
para nada su gesto –. Todo está perfecto…
El hombre sonrió aliviado.
–¿Entonces será pronto?
–Sí, desde luego. En cuanto este chico le confirme
la fecha –le dijo el hombre, ahora sonriendo ligeramente y
apartándose para sentarse tras la mesa.
–Eh... sí –asintió el chico, enrojeciendo
ligeramente, aunque sin decir nada al respecto. No era profesional
y además no quería problemas. Miró en la agenda
en donde tenía apuntadas las operaciones –. El 28 de
junio a las diez. ¿Eso estaría bien? –sonrió
un poco para no poner nervioso al paciente.
–Estará perfecto –el moreno decidió
por él, sonriendo ampliamente.
–Claro… sí –el paciente hizo una pausa
de espera, y luego se levantó, estrechando la mano del doctor.
–Bien, tendrá una cita con el cirujano antes de la
operación. Muestre este papel en la recepción y le
darán una fecha.
–Sí, gracias, hasta luego –el hombre sonrió
al enfermero también antes de salir. Acto seguido, Kotaro
cruzó las piernas sobre la mesa, observando al chico con
el cual se había quedado a solas.
–¿Necesita algo más, Kotaro doctor? –preguntó
el moreno, un tanto nervioso por cómo lo miraba. Siempre
le hacía sentir escalofríos cuando se quedaban solos.
–No te pongas tan nervioso. No voy a comerte –sonrió
ligeramente y lo llamó con un dedo –. Esta noche he
quedado con el doctor Fujiwara –le dijo, mirando a un lado
como si estuviera distraído.
–No estoy nervioso –mintió el chico, acercándose
y mirándolo con aquellos ojos dorados –. ¿Necesita
que me encargue de algo?
–No lo sé, tal vez sí… –sujetaba
una pluma con los dedos y la giraba entre los mismos sin cesar –.
He pensado que no te importaría organizarme las fichas para
mañana, ya que yo saldré antes de lo normal.
–Oh, claro, con gusto, Usui doctor –Kaze sonrió,
mucho más tranquilo. Seguro que estaba exagerando. Alzó
los brazos para abrir el archivador en donde estaban las fichas
de los pacientes.
–Qué obediente eres –susurró, levantándose
y parándose frente a él. Era un chico interesante.
Habría sido más agresivo en sus acosos de no ser porque
disfrutaba del camino hacia una entrega completa. Pero estaba seguro,
muy seguro de que eso deseaba, e iba a presionarlo hasta comprobar
sus límites –. Te quedarás aquí, esperando
a que regrese, supongo que a las tres o así ya habré
acabado.
–¿A las tres? –lo miró, pensando que era
muy tarde. Así no dormiría nada, era un poco injusto.
Desvió la mirada a las fichas, nervioso porque se molestase
–. Sí, sí, claro, aquí estaré.
–Claro que sí –bajó la mano a su cintura
por debajo de la carpeta, y tiró del hilo del pantalón
blanco haciendo que el mismo resbalase al suelo.
–¡¿Qué hace?! Usui doctor... –el
chico se agachó para sujetarse el pantalón. Estaba
completamente rojo.
El moreno le apoyó la mano en la cabeza, pegándole
la cara contra sus genitales.
–No grites, no queremos eso.
–Usui doctor. No debería... –el chico protestó,
pero su voz sonaba extraña, jadeante. Cerró los ojos,
tragando saliva. Se sentía débil.
–Tú no puedes decirme lo que yo debo hacer o no…
Cuando desee saber tu opinión sobre lo que debería
hacer, ya te la pediré – le reprendió, acariciando
su cabello no obstante –. Discúlpate por haberme alzado
la voz.
–Lo... lo siento. No debí alzarle la voz, Usui doctor
–se disculpó, aún rojo y con los ojos cerrados.
Esto estaba mal, se iba a meter en problemas.
–Te disculpo por esta vez. Levántate –le ordenó,
apartando la mano para liberarlo –, y bájate la ropa
interior.
–Pero, Usui doctor... –lo miró a los ojos por
un momento, desviando la mirada inmediatamente. No le parecía
alguien a quien debiese contrariar por más vergonzoso que
fuese aquello. Se puso de pie, haciendo lo que le pedía,
vigilando la puerta de soslayo.
El moreno le sujetó la cara, girándosela hacia delante
con brusquedad y bajándole ligeramente la cabeza.
–¿Te interesa más la puerta que yo? –
le preguntó, observándolo fijamente por si volvía
a mirarlo a los ojos –No quiero dudas cuando te doy una orden,
¿comprendes? –le preguntó, acosándolo
un poco con su cercanía y hablándole con dureza.
–No... No, doctor. Lo siento. Sólo estoy nervioso
–se disculpó sin alzar la mirada, aunque escuchaba
una voz en su mente decirle que no fuera tan dócil. No podía
evitarlo.
–No me interesan las excusas, sólo tus disculpas.
Así sé que al menos te arrepientes de ser tan inapropiado
–deslizó un dedo entre sus testículos, apretándoselos
después ligeramente –. Cuando regrese espero que estés
desnudo y no se te haya ocurrido usar ninguno de los muebles para
sentarte. ¿Has comprendido? –le preguntó, rozando
con los labios su oído ahora, a pesar de que no susurraba.
–S... sí –asintió, incluso sintiendo
que sudaba a pesar de que no hacía calor. Seguro que era
su imaginación, por los nervios –. Usui doctor, ¿puedo
cerrar la puerta? –le preguntó, ya que no sabía
si alguien más se quedaría trabajando hasta tarde.
–Yo la cerraré con llave cuando salga. Tú apagarás
la luz, y me esperarás aquí sin desobedecerme en nada.
Porque cuando llegue te preguntaré, y tú no podrás
mentirme –le dijo, pasando por su lado y deslizando la mano
por sus nalgas. Se las golpeó una única vez, con fuerza,
haciéndolo moverse un poco hacia delante. Se alejó
de él y abrió la puerta desconsideradamente, observándolo
y dejándolo pasar el temor de ser visto.
–Doctor... –miró hacia la puerta, preguntándose
si lo había olvidado o si regresaría para cerrarla.
No estaba seguro de qué debía hacer. Seguramente a
él tampoco le convendría que le vieran así,
pero estúpidamente no se atrevía a desobedecerle.
El moreno se alejó por el pasillo. Recogiendo los archivos
para el día de mañana en la secretaría, y regresó
a paso tranquilo, a pesar de que la gente circulaba por el pasillo.
Entró de nuevo, observando su gesto angustiado y dejando
los informes en la mesa tras haber cerrado la puerta.
–Esto también debes organizármelo para mañana
–le indicó. Se quitó la bata médica y
la colgó en un perchero –. Sujeta esto –le ordenó,
haciéndolo abrir la boca para que sujetase sus llaves mientras
se ponía la cazadora de color negro, al igual que el resto
de su ropa. Extendió la mano para que dejase las llaves en
ella y suspiró con fuerza.
El chico soltó las llaves con gesto consternado, preguntándose
qué demonios estaba haciendo. Eso era más de lo que
debía aguantar por un trabajo. Lo peor de todo era que le
había provocado una erección, no lo comprendía
y tampoco podía ocultarla.
–Que tenga buenas noches, doctor –se despidió
enrojecido, mirando hacia un lado.
Kotaro observó su sexo descaradamente, y le quitó
la camisa. Dejándola caer al suelo. Le tocó el pecho
con la mano y se alejó de él, apagando la luz y cerrando
la puerta con llave.
–Fujiwara… Vamos. Ya estoy listo.
–Usui... Ya me estaba cansando de esperar –bromeó
el rubio, saliendo de la clínica con él, sin tener
la menor idea –. ¿Conduces tú?

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