.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Epílogo 3
You Were Right All Along

Noche.
Miércoles 15 de Junio

Daniel dejó de reírse, moviendo el bastón enfrente de sí, para encontrar la puerta. – Creo que mi madre confía más en ti que en mí ahora. – metió la llave en la cerradura, entrando en el adosado, preguntándose si no estaría haciendo mucho ruido.

–No debería…– el moreno entró después de él y suspiró levemente. –Tu madre habla mucho.

– Y tú no hablas nada. Le pone nerviosa el silencio. – le explicó, tomando su mano y dejando el bastón junto a la puerta. – Pero está haciendo el esfuerzo. Mi padre también. Y me alegro.

–Es que no tengo nada que decirles…– lo miró y apretó un poco su mano. –Aquí podrías ser tú.

El rubio sonrió, pensándolo y decidiendo complacerlo. Sus ojos tornándose de aquel azul profundo, las alas desplegándose a su espalda. – Sabes que debo acostumbrarme a este lugar. O cuando mis padres vengan a visitarnos, habré olvidado cómo sentir las cosas. Además, no quiero olvidarlo. – sonrió, tocándole el rostro, aunque podía verlo perfectamente ahora. –No te preocupes, no tienes que convencerlos a ellos.

–Pero yo quiero verte como eres…– el moreno se mordió un poco el labio inferior para no sonreír y bajó la cabeza. –Aunque no me gusta que me veas…

– ¿Por qué no? Eres hermoso, Ashram. Ya podía verte cuando era ciego. – le alzó el rostro, deseando ver su sonrisa en realidad. Pero el moreno estaba serio de nuevo y apartó un poco la mirada, incómodo.

Le sujetó la mano y se lo llevó con él hacia el salón, sentándose en el sofá y girándose para recostarse en sus piernas. – ¿Qué es lo que más te gusta de ver de nuevo?

– ¿En serio tienes que preguntar eso? – se rió, recogiendo sus piernas, acurrucado. – Pero lo segundo que más me gusta ver... es el cielo.

–Me gustaba volar, podríamos volar… por la noche cuando nadie nos pudiera ver…– le dijo, cogiendo su mano y rozándose los labios con ella.

– No se supone que abuse de mis poderes, pero... Sí, supongo que podemos. Hagámoslo. – le sonrió, entusiasmado ahora. – Buscaremos un lugar tranquilo. Un lugar al que sólo podamos llegar tú y yo. ¿No te gustaría eso?

–Me gustaría…– le contestó, observándolo y luego su mano. –Podría… enterrar mi katana allí. ¿Crees que podría?

– Si quieres hacerlo, sí. – sujetó su mano una vez más, pegándola contra su pecho. – ¿Realmente quieres hacerlo?

–No lo sé, estoy confundido…– suspiró de nuevo, observándolo y soplándose el flequillo de delante de la cara. De nuevo no se cortaba el cabello.

– Bueno, no tienes que hacerlo si no quieres. Es parte de tu historia. – se giró para mirarlo a los ojos. – No necesitas volver a usarla, pero no tienes que deshacerte de ella.

–Entonces me la quedaré, por si acaso…– se tumbó en el sofá a su lado, aunque estaban al contrario y ahora pensaba que debía de haberse tumbado hacia allá. Le acarició una pierna y cerró los ojos, pensativo.

Daniel sonrió un poco, pensando que le encantaba aquella inocencia que jamás perdía, pasase lo que pasase. Se giró él para su lado, abrazándolo. – Soy muy feliz, Ashram.

–Yo también… – lo miró a los ojos, enrojeciendo un poco porque él sí se había girado. Lo besó con suavidad, abrazándolo también y deslizando la mano por una de sus alas como quien no quiere la cosa.

– Puedes tocarlas. No me molesta. – el ángel tocó su rostro, acariciándolo y bajando la mano lentamente por su cuello. En un principio no se suponía que se enamorase, pero tal vez lo había amado desde antes de conocerlo.

–Vale…– susurró, sintiéndose descubierto y aproximándose más para que lo cubriese con ella. –Los ángeles dan calor…

– ¿Lo crees? – le preguntó intrigado, apartando el cabello de su rostro a la vez que lo cubría con el ala. – ¿Quieres...? Puedes tocarme... Si quieres.

– ¿Por qué? – le preguntó, después arrepintiéndose y metiendo las manos bajo su camiseta para acariciarle el pecho. Sus dedos rozando los pezones del rubio y aproximándose para besarlo. Lo cierto es que últimamente lo había dibujado desnudo muchas veces.

– Porque... me gusta cuando me tocas. – le respondió de todos modos, algo rojo. – Te quiero, Ashram. – Se pegó más a él para besarlo, permitiendo que el moreno hiciese lo que deseaba.

–Yo también te quiero…– le subió la camiseta, observándolo y bajando un dedo por su abdomen, rodeando su ombligo con él y bajándole los pantalones para quitarle la ropa, se sentía un poco cohibido. Por no decir muy cohibido, el hecho de saber que podía verlo no le ayudaba.

Se levantó para cogerlo en brazos y lo llevó a la cama, el rubio dejándose acostar, observándolo.

Cerró los ojos, comprendiendo la expresión de su rostro. – ¿Quieres que regrese a ser humano? No me importa, me gusta sentirte.

–No, no quiero. Así está bien, tú eres un ángel, no un humano. – lo miró a los ojos aún nervioso. – ¿Tú quieres?

– No, no si tú no quieres... – abrió los ojos de nuevo, sonriendo y sacándole la camiseta para acariciar su pecho, sus hombros.

Ashram observó como lo tocaba, sintiendo calor de nuevo y bajando la cara un poco para no observarlo directamente. – ¿Seguro que los ángeles pueden hacer estas cosas? – bajó la mirada al sexo del chico, observándolo palpitar.

Daniel asintió serio para que le creyese. – Demostrar tu amor nunca es malo, Ashram. Nuestros cuerpos también fueron creados por Dios. –Lo besó, entrecerrando los ojos y abrazándolo contra él, su sexo reaccionando con naturalidad.

El moreno respiró profundamente, quitándose los pantalones y la ropa interior para sentir su piel. Lo abrazó mejor y besó sus labios de nuevo, rozándose contra su cuerpo con suavidad. –Pero la Biblia dice que el sexo es para la procreación…– le dijo, ahora sonriendo levemente porque bromeaba.

– La Biblia dice muchas cosas... Y es distinto para los ángeles además. – Bajó las manos por su espalda, tocando sus nalgas. – Esto es natural. – le aseguró, aunque sabía que estaba bromeando. Amaba esa sonrisa.

Ashram se tensó un poco, pero no dijo nada. Cerró los ojos y le besó el cuello, tocando una de sus alas con la mano y apretando su sexo contra el del rubio. La verdad es que sus manos se sentían bien, en cualquier parte de su cuerpo. Le besó los pezones, observando cómo se ponían erectos y succionándolos. Le gustaba su tacto y el color que tomaban al chuparlos.

Daniel dejó escapar un gemido, su respiración haciéndose más pesada. Bajó una mano entre ellos, sujetando ambos sexos y acariciándolos con delicadeza. Todo aquello se sentía cálido y especial.

El moreno apoyó la frente contra su pecho, observando lo que hacía y disfrutando del tacto de su mano. Mirándolo un instante a los ojos antes de arrodillarse entre sus piernas y besar su sexo. Notó cómo el rubio gemía y probó a lamerlo.

Su lengua se deslizaba caliente y ansiosa sin que él hubiese pensado en poder necesitar aquello. La piel era suave, el olor dulce y agradable se concentraba aún más en la punta de su sexo. Era rosada y estaba muy dura. La lamió también, dejando que Daniel la empujase en su boca, aunque le había sorprendido ligeramente en un principio.

– Ashram... mhm... – el rubio se movió contra él, sintiendo aquella calidez invadirlo. Era increíble, la manera en la que lo hacía vibrar, su sexo pulsaba duro dentro de la boca del moreno. Pasó las manos por su cabello, apartándolo para observarlo.

Ashram cerró los ojos, notando que lo observaba. Acarició sus piernas, cerrándoselas contra su rostro suavemente, acariciándose con ellas y rozándose al bajar la cara. Observó sus testículos y los besó también, lamiéndoselos y succionándolos. No estaba muy seguro de lo que hacía, pero deseaba probar todo su cuerpo y observar sus reacciones. Provocarle más placer aún.

El ángel desplegó sus alas, sonriendo, su rostro sonrojado por el placer, sus ojos llenos de amor. Abrió las piernas un poco más, alzándose, ofreciéndose. Sabía que aquello era más nuevo aún para Ashram. –Te amoh...

–Yo también te amo…– observó cómo se alzaba su sexo y lo sujetó con la mano, acariciándolo y observando entre sus piernas. Su propio sexo reaccionaba al ver su ano palpitando, contrayéndose al tiempo que su pene pulsaba. Lo besó también, dubitativo. Aún recordaba muy bien lo que le habían hecho a él, pero Daniel parecía estárselo pidiendo. Lo tocó con la lengua, arrastrándola después por él al sentir un golpe de calor. Le gustaba hacerlo, lamerlo de ese modo.

– Puedes hacerlo, Ashram, no tengas miedo... – jadeó el chico como si pudiese sentir lo que detenía al moreno. Y de hecho podía notar cuando algo extraño le sucedía. Se estremeció deseoso, excitado. Quería tenerlo dentro de su cuerpo. Experimentar aquella unión.

– ¿Tú quieres que lo haga? – le preguntó un poco preocupado, subiendo sobre él y besándolo porque le costaba dejar de tocarlo. No le gustaba no poder controlarse, pero sus manos acariciaban las nalgas de Daniel, apretándolas.

– Sí, quiero que lo hagas. –le contestó, sonriendo y besándolo entre palabras, acariciando su cabello, su espalda, pegándolo a su cuerpo.

–Vale…– tomó aire como si el mismo le faltase, besándolo de nuevo. No recordaba haber estado tan nervioso nunca. Sujetó su propio sexo, abrazándolo después mientras entraba en su cuerpo, jadeando contra sus labios y cerrando los ojos mientras lo besaba enfebrecido por el placer.

– Ah... Ashram... – gimió con suavidad, esperando que pasase aquel dolor, pero sin demostrarlo. No quería que se asustara. En vez de eso le sujetó el rostro, besándolo una y otra vez, aferrándose a su cuerpo luego, mientras la incomodidad iba desapareciendo poco a poco.

Ashram se dejaba besar, moviéndose en su cuerpo con suavidad, amando cada segundo de aquellos momentos. Deslizó la mano por su cabello rubio, estrujándolo un poco y alborotándoselo. La apoyó luego contra la almohada para distanciarse un poco y observar su rostro. – ¿Te duele? – le preguntó asustado.

– Ya no... – sonrió, mirándolo a los ojos completamente feliz. – ¿Te... gusta?

–Me gusta mucho…– jadeó el moreno, empujándose algo más fuerte en su cuerpo y besándolo de nuevo. Bajó la mano a su sexo y lo sujetó, apretándolo con intensidad sin poder evitarlo.

– Ashram... – el rubio empezó a moverse con más fuerza, gimiendo con suavidad al sentir aquel calor. Era casi como si sus almas se unieran en ese momento. Las puntas de sus alas se enroscaban ligeramente. – Quiero ver... las tuyas...–le pidió, casi sin aliento.

El moreno las desplegó a su espalda, casi rozaban el techo y las dobló sobre ellos creando un velo oscuro. Se sentía mejor así. Como si sólo ellos existiesen en aquel momento. Su cuerpo se arrastró contra él y entrelazó los dedos de ambas manos con los suyos. Ayudándose para moverse y besándolo de forma profunda. –Te amo, Daniel… – susurró contra sus labios.

–Y yo te amo a ti, Ashram... – le contestó, desplegando sus alas por dentro de aquel velo en una especie de abrazo especial. Se estremeció una vez más, sonriendo. – Me siento... No...No puedo más...

Ashram besó su cuello, liberando sus labios para escucharlo gemir, apretando sus manos y soltándolas después para sujetar su cintura, haciéndolo curvar la espalda mientras eyaculaba en su interior. Le era imposible contenerse observando aquellos gestos y sintiendo las contracciones de su cuerpo al correrse.

Jadeó contra sus labios antes de besarlo, rozando su sexo contra el de Daniel y estremeciéndose involuntariamente. Estaban empapados por el semen del rubio.

– Ashram... –gimió nuevamente, luego de que se rompiera aquel beso, sus manos bajando de su cuello, por su pecho, sus ojos nublados por la emoción. – Te amo, te amo, Ashram. Te amo... – repitió como si no pudiese dejar de decirlo.

–Te amo…– le respondió, abrazándolo con fuerza porque lo sentía necesitado. Besándole una mejilla y apretándolo más contra sí. Sus ojos empañándose por culpa de observar los de Daniel así.

– No llores... es por la emoción. – sonrió el rubio, acariciándole una mejilla. Amaba su voz, sus ojos, su corazón, absolutamente todo en él. – No estoy triste, me haces feliz...

–No lloro…– se acostó a su lado, girándolo un poco hacia él y abrazándolo igualmente. –Saldremos a volar y te sentirás más feliz…
– Hagámoslo. – se rió de manera sincera, cristalina. – Me gusta cuando sonríes, Ashram. Se ilumina todo tu rostro.

–A mí no me gusta, me da vergüenza…– le tocó los labios. –Pero me gusta verte a ti…– sonrió levemente, contagiado. – ¿A dónde iremos para estar lejos de todo el mundo?

– No lo sé, aún tenemos que buscar un lugar. – le echó el cabello para atrás, cerrando los ojos y sintiendo sus labios con los dedos. De aquella manera, lo inscribía en su corazón. – Primero elijamos una dirección y volemos hacia allá...

–Vale… pero tenemos que vestirnos…– se rozó la cara con la almohada. Sentía un poco de sueño pero imaginaba que se le pasaría ante la perspectiva de salir a volar.

– ¿Seguro que quieres hacerlo ahora? – abrió los ojos de nuevo, observando cómo se revolcaba.

–Cuando me despierte…– susurró, observándolo fijamente.

– Cuando despertemos entonces. – le sonrió, acariciando su rostro y abrazándolo contra sí, mientras sus alas desaparecían y cerraba los ojos.

–Yo tenía razón… – le dijo, cerrando los ojos después y atrayéndolo más hacia sí.

– Claro que tenías razón. Tenías razón y yo estaba equivocado. – le concedió, sonriendo y abriendo los ojos en la oscuridad. No era posible ser más feliz.

–Todos lo estaban…– murmuró, abriendo los ojos también porque sentía que él los tenía abiertos. Le besó los labios y tiró de una sábana para taparse.

– Sí, todos. – se rió ante su necedad, pero tenía derecho luego de lo que había sufrido.

FIN


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