Epilogo 1
You’re so Good at Being Bad
Mañana.
Miércoles 15 de Junio
Adamo se volteó en la cama y observó al albino que
dormía plácidamente a su lado. Ya casi había
pasado un año desde el día en el que la humanidad
por poco perdía cualquier oportunidad de redención.
Era extraño… pensar en todo lo sucedido. Asimilar su
propia naturaleza y a la vez esconderla para que no creyesen que
estaba loco. No podía hacerse a la idea de lo que aquello
había sido para Ashram. Sin nadie, absolutamente nadie que
lo creyese.
–Hashimoto… – lo llamó, pasándole
la mano por la cintura bajo la camisa del pijama.
– Inspector... – sonrió el albino, girándose
para que lo dejase dormir un poco más. Pero aún así
tirándose de su mano contra su cintura. – ¿Qué
tanto piensas a esta hora?
–Cosas mías…– le contestó, sintiendo
que hasta recién despertado lo estudiaba. Le besó
la nuca y se aproximó a él. – ¿Tienes
sueño?
– En realidad... ya me despertaba. Pero me gusta permanecer
así, contigo. – le aclaró, ya que desde que
vivían juntos había dejado de levantarse tan temprano.
Descansaba más ahora. Intentaba disfrutar más. –
¿Ya tienes que ir a la oficina?
–Dentro de media hora, me han despertado los putos vecinos
de arriba… Hmph… el otro piso era menos ruidoso. –
resopló, desabrochándole la camisa ágilmente.
– Adamo... – se giró de nuevo, observándolo.
– No pensabas en eso, ¿verdad? Te conozco.
–No… pensaba en otras cosas. Esto no me hace falta
pensar para hacerlo…– le separó la camisa y observó
su pecho suave.
– ¿En qué pensabas entonces? – le tocó
el rostro, pensando que nunca se estaba quieto. – Deberías
comer algo antes de irte.
Adamo dibujó una sonrisa en sus labios. –Doctor…
¿Cómo puede decirme algo así a mí en
la cama? – le dijo, evitando el tema y besándole el
pecho.
– Encuentro fascinante su manera de relacionar el sexo con
la comida. Me pregunto por qué será. –sonrió
el albino, metiendo los dedos por entre su cabello.
–Porque está bueno, doctor… y siento un hambre
muy distinta ahora mismo…– lo tumbó mientras
se acostaba sobre él. Besando sus pezones, sus ojos tornándose
plateados. Sonrió mientras bajaba por la línea de
su abdomen. Se preguntaba si iba a pecar haciendo eso.
– Ah... No es justo... – protestó el albino,
respirando pesado ya. Había notado aquellos ojos. –
Debemos tener... otra sesión esta tarde.
–Los demonios no somos justos, eso es cosa de Dios. –
deslizó la lengua por su sexo, succionándolo con fuerza
y alzando la vista para observar cómo disfrutaba. Jamás
le hablaría de sus infidelidades. Él también
había visto a otros humanos caer bajo su propio poder de
seducción. No creía que hubiese sido infiel realmente.
–Abra las piernas, doctor…
El albino hizo lo que le pedía sin ser capaz de negarse.
No sólo era por sus poderes, ni siquiera intentaba rehusarse.
Lo amaba y tenía aquella seguridad ahora que tanta falta
le había hecho antes. – Ex demonio. Has sido perdonado,
¿recuerdas? Dios... – gimió, no precisamente
por motivos religiosos.
Adamo sonrió, deslizando la lengua dentro de su cuerpo
y arrastrándola en su interior. Sus alas haciéndose
visibles a medida que se excitaba. –Ya me condenará
de nuevo…– murmuró, pasándose la mano
por la quijada.
–No... O te condenaré yo... – sonrió,
enrojecido por el deseo, arqueando la espalda. Extendió las
manos para tocar aquellas alas. A veces se preguntaba si no se habría
vuelto loco y se estaba imaginando todo aquello. Lo cierto es que
si así era... no le parecía tan desagradable.
–Eso no…– le sujetó el cuello suavemente
mientras se inclinaba a besarlo, entrando en su cuerpo de forma
lenta. Empujándose y alzando más su espalda con un
brazo. Entreabrió los labios contra los suyos y jadeó.
–Apriétame…
– Cómo no hacerlo... Inspector. – Kaigan jadeó
contra aquellos labios, aquel aliento caliente. Se abrazó
al moreno con todas sus fuerzas. – Chico malo...
– ¿Quieres que sea malo? – Adamo se tumbó
sobre él por completo entonces y comenzó a hacérselo
de forma salvaje. Su lengua arrastrándose por su cuello,
su boca mordiéndolo suavemente. Sujetó sus muslos
con las manos para mantenerle las piernas separadas – ¿Así
de malo?
– Así... de maloh... Adamo... – jadeó
el albino, sudando, su sexo completamente erguido y su ano pulsando
contra el sexo del moreno, apretándolo por completo.
La lengua de Adamo bajó por su cuerpo y se deslizó
por el sexo pálido de Hashimoto, envolviéndolo. Estaba
seguro de que hacerlo con él de ese modo era una visión
de otro mundo, de que si no fuera por el efecto que causaba provocaría
una reacción muy distinta. Lo besó profundamente otra
vez, su sexo creciendo dentro del cuerpo del doctor hasta sentir
que lo abarcaba por completo.
Se volteó en la cama para dejarlo sobre él, aunque
no lo dejó separarse ni un milímetro, sólo
quería manejar sus nalgas mientras lo hacían. –Hashimoto…
– Inspector...– le sonrió el albino, agitado
al borde de correrse, el sexo de Adamo entrando profundamente dentro
de su cuerpo, haciéndolo temblar. Se inclinó sobre
él, besándolo con pasión y sintiendo que no
aguantaba más. Era la consecuencia de que usara sus poderes.
–Venga…– le animó, hablando contra sus
labios y sujetando sus nalgas con una sola mano para que la otra
tomase su sexo. El propio derramándose dentro del albino
y haciéndolo rugir entre dientes para contenerse, ahogando
los gemidos en la boca del albino después, mientras este
se corría contra su cuerpo.
Cerró los ojos, volviendo a abrirlos enseguida, gimiendo
más quedamente a medida que se le pasaba el orgasmo. –
Adamo...
– ¿Qué?... – el moreno se pasó
una mano por el cabello, echándoselo hacia atrás y
mirando de soslayo la hora para segundos después regresar
a los ojos del albino.
– ¿Qué? Sólo decía tu nombre,
Adamo. Hum... ¿podría ser que tengas algún
atisbo de culpabilidad? – sonrió ligeramente el albino,
aún sintiéndose en un estado placentero.
–Follar no me hace sentir culpable…– empujó
su sexo en él para desconcentrarlo. – ¿Por qué
me preguntas eso?
– Mhm... Por la misma razón por la que haces eso...
– se rió, abrazándolo contra sí. –
Tenemos que levantarnos de la cama...
–Habría que ducharse y comer algo, voy a llegar tarde
pero… pf… me importa una mierda.
– Sabe, inspector, habría que hablar de eso. El hecho
de que seas un demonio, no te da permiso para ser irresponsable.
– comentó de manera casual, mirándolo a los
ojos.
–No, pero sí el hecho de ser el inspector jefe…
y si quiero llegar tarde lo haré. De todos modos siempre
hay tiempo para una pila de papeleo.
– Puedes delegar. – le recordó, pensando que
no le iba bien el papeleo. Adamo era un hombre de acción,
aunque a veces lo desesperase aquello. – Vamos, nos ducharemos
juntos.
–Ya… estoy en ello, diré que no sé quien
me recomendó, pero que estoy harto de suplir el puesto de
Hermida, quiero que me devuelvan mi puesto. Estoy hasta los cojones,
de todos modos creo que ellos también están hasta
los cojones de mí…– se levantó con él,
cogiendo la ropa para ir al baño.
– Puedo escribirte una recomendación. Decir que tu
puesto te está ocasionando demasiado estrés. Luego
de lo ocurrido el año pasado, no creo que parezca extraño.
Y estoy seguro de que hay muchos que envidian tu puesto.
–Por mí que se lo metan por el culo…–
lo rodeó por detrás, acariciándole el abdomen
mientras se calentaba el agua. –Pero no digas que me estresa,
era lo que faltaba. Di que me frustra o qué sé yo.
Eso es un trabajo para viejos, no para mí.
– Bien, bien, no te enviaré a descansar. No te preocupes.
Cuando tú descansas, me estresas a mí. – bromeó,
sujetando sus brazos contra su cuerpo.
– ¿Tienes miedo de que te ataque de nuevo y no poder
resistirte? – le besó el cuello, jugando. –Pues
ya no podías antes…
– Porque ya conocía tu naturaleza psicológica.
– negó suspirando, pensando que era un necio. –
Inspector, puede atacarme de nuevo si lo desea, pero sólo
le aumentaré el número de sesiones oficiales. Y sí,
prefiero “detective.”
–Hum…– Adamo se rió, girándolo
hacia él y besándolo mientras lo hacía entrar
con él en la ducha. –No te gusta que me porte bien…
–No me gusta que te portes mal sin mí... – especificó,
sonriendo y rodeando su cuello para besarlo de nuevo.
–No lo hago…– murmuró, pasando las manos
por su cabello empapado y echándoselo hacia atrás.
Le encantaba el color de este. –Demasiado…
– Sólo lo haces para que yo te riña... Chico
malo. – se rió, por su parte echándole el cabello
hacia delante. No se había sentido tan relajado en años.
Drago se sacudió el cabello para apartárselo de
delante. – ¿Cómo lo sabes?
– Soy tu siquiatra. Te conozco mejor de lo que piensas...
Mucho mejor. – lo miró con otro tipo de sonrisa, haciéndole
comprender que sabía que aún le ocultaba algo. Pero
no iba a presionarlo.
–Me conoces… tan bien como creo. No olvides que soy
detective. – lo miró a los ojos fijamente. –Se
hace tarde…– le dijo, sonriendo y cerrando el agua.
– Te conozco. Te conozco. – insistió el albino
sonriendo y envolviéndose con la toalla.
–Déjalo…– le pidió, frunciendo
el ceño y saliendo, aunque le daba la risa.
– Lo dejo, a cambio de que vengas a comer conmigo y Akira
hoy. Y luego... te quedes para tu sesión. – sonrió,
revelando sus verdaderas intenciones.
–Ah… sabía que no sería tan simple…
– el moreno comenzó a afeitarse al descuido, con el
ceño fruncido. –No sé para qué quieres
eso, sabes que acabarás enfadándome…
– Pero te sentirás mejor luego. – le recordó,
observándolo en el espejo. – Llegará el momento
en el que no te enfades. Y podremos dejar de hacer esto.
–Y tú que lo sueñes…– el moreno
limpió la cuchilla una vez y siguió a lo suyo. –Lo
haré si te pones un kimono y no te pones ropa interior.
– Me pondré el kimono, lo demás no lo puedo
prometer. – se rió, meneando la cabeza. – Dime
la verdad, ¿tanto te molestan nuestras sesiones?
–Hum… sí. – se lavó la cara y
luego lo miró mientras se secaba con una toalla. –Pero
sé que lo necesito.
Kaigan permaneció mirándolo por un momento, casi
como si lo estuviese apreciando simplemente. – Nos detendremos
si llega a ser demasiado. Es más importante tu felicidad.
– sonrió, apartando la mirada luego. –Voy a poner
el café.
–Kaigan…– Adamo lo sujetó, volteándolo
y abrazándolo antes de besarlo con suavidad. –Te amo.
–Lo sé. Yo te amo a ti, Adamo. – sonrió
contra sus labios, abrazándolo de vuelta y besándolo
una vez más.
–Pues llévame al trabajo…– le pidió,
sonriendo un poco.
– Pues déjame beber café... – sonrió,
tocándole la frente.
–Está bien, yo también necesito. – le
dio una nalgada antes de soltarlo. –Voy a llegar tarde…
– No es culpa de nadie. Se nos pinchó una rueda, qué
mal... –comentó, caminando hacia la cocina. –
Tendremos que llegar tarde los dos.
–Vaya, qué pena…– se rió, pasándose
la mano por el cabello. –Eres un chico malo Hashimoto, te
estoy pervirtiendo…
– No, soy un chico bueno al que le gusta pretender que es
malo... porque le gusta un chico malo que en realidad quiere ser
bueno.
–Doctor… los acertijos entran mejor después
del desayuno.
– Está bien, no necesita comprenderlo, inspector.
Sólo vivirlo. – se rió, colocando una taza frente
al moreno para que se sirviera cuando estuviese listo el café.
–Lo había comprendido…– alzó una
ceja sintiéndose retado.
– No lo dudo... –alzó una ceja como respuesta,
apoyándose contra la encimera.

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