Capítulo
92
Open Your Eyes and The World is New
Madrugada.
Miércoles 23 de Junio
Dante alzó la mano para observar su reloj, ya era de madrugada,
Abaddon podía al fin invocar su plaga y nadie podría
detenerlos. Daniel se vería obligado quisiera o no. La sangre
bajó por la comisura de su boca y se rió.
Adamo bajó la vista al suelo para observarlo, le apretó
el cuello con la suela de su bota, pero el demonio se reía.
No parecía sentir nada ni importarle. Se alejó, él
mismo estaba herido y no se sentía con fuerzas para asesinar
a alguien más. Lo dejaría allí y si Dios quería
que muriese lo haría.
Alzó la vista al cielo y observó el vuelo de Daniel
junto a Belial. ¿Cómo era posible todo aquello? Observó
a su alrededor. La ciudad estaba destruida, la gente muerta por
las calles. Las alarmas no dejaban de sonar. ¿Cómo
regresaría aquello a la normalidad?
El rubio bajó la mirada con tristeza. En ese momento hubiera
agradecido permanecer ciego. Pero ahora lo comprendía todo,
lo que realmente debía ver. Lo que era importante. Descendió
junto a Adamo, observándolo, sabía que llegaría
a tiempo. – Regresa a casa, te están esperando. Lo
has hecho bien... – le sonrió, expresando en ese simple
gesto, los trazos de un amor eterno e incondicional.
–Sí…– el moreno lo observó, sonriendo
levemente, esperanzado sólo con ver su sonrisa. Sus alas
desapareciendo a la espalda y su aspecto regresando al normal. Debía
regresar con Hashimoto. Aunque jamás sería capaz de
contarle lo realmente sucedido.
–Vamos. No debemos esperar…– le pidió
Ashram a Daniel. Fijándose de pronto en el demonio que aún
vivía. –Debería matarlo… – dijo.
– No, Ashram... Debes aprender a perdonar. – le contestó,
sujetando su mano y alzando el vuelo. El tendría que matar
probablemente, no era algo que le agradase, la posibilidad de arrebatarle
la vida a alguien. Sólo quería detener aquello.
Adramelek se rió. –Patético…–
susurró. – ¿Así piensas matar a Abagh…?
Ashram clavó la katana en su pecho y luego miró
al rubio. –Yo no soy un ángel…– le aclaró.
Acabando con su vida, puesto que era lo que merecía después
de tanta muerte y alzó el vuelo de nuevo.
–No... pero debes dejar de ser un demonio... – comentó
el chico siguiéndolo, pensando que no se rendiría
con él.
............
Abaddon se giró frente a aquel abismo, inmenso que se abría
a sus pies. Era como si alguien lo hubiese llamado. Lo presentía,
no, en realidad lo presentía desde lo más profundo
de su ser. Adramelek no volvería a su lado.
–Ahí está, y ya ha comenzado a abrirse el
vacío… – le dijo Ashram a Daniel, señalando
el horizonte donde en la mitad del cielo, como si fuera algo sólido
bajo los pies de Abaddon, se cernía un abismo negro de aspecto
infinito. Todo era absorbido por él como en un torbellino.
La gente, los coches, todo.
– ¡Abaddon! – el ángel lo llamó,
aquella voz retumbando en el cielo como si se tratase de un relámpago.
Agitó las alas, lanzándose hacia él, el demonio
haciéndose a un lado, las uñas de una mano creciendo
como pequeñas espadas.
– Lo has matado. Voy a acabar con este mundo, con todo. Y
luego seguirá el cielo, devoraré a todos y cada uno
de los ángeles. – le sonrió a Ashram de manera
demente, psicópata.
Belial se lanzó hacia él también, usando
su katana para defenderse de sus ataques. Aquellas uñas eran
como el acero. El filo no podía con ellas. Le pegó
una patada en el estómago, tratando de hundirlo en su propio
abismo.
Pero el rubio se echó a reír, las sombras mismas
del abismo ayudándolo a impulsarse contra el moreno, como
si las comandase.
Daniel se interpuso entre ambos, una espada de luz apareciendo
en sus manos y chocando contra aquellas uñas, rechazándolo.
Ashram trató de atacarlo por detrás, pero el rubio
era demasiado rápido para él. Consiguió tan
sólo cortar su camisa y apenas rozarle la piel.
– Belial, ¡maldito inútil! ¡Traidor patético!
–se burló Abaddon, de aquella manera desquiciada. Los
odiaba a todos.
Daniel se lanzó contra él una vez más, intentando
detenerlo, su espada cruzándose con el cuello del chico.
Pero Abaddon se dejó caer hacia atrás, hacia su propio
abismo, sorprendiendo al ángel. ¿Acaso se había
rendido ante el dolor?
Las manos del demonio se extendieron como implorando, pero en vez
de eso, de ellas surgieron cadenas, las cuales envolvieron el cuerpo
de Ashram, arrastrándolo consigo a la oscuridad.
– ¡Daniel! – el moreno lo llamó sin poder
evitarlo, luchando por liberarse. Era imposible en aquel agarre.
Las cadenas lo hundieron en aquellas tierras yermas y ardientes.
Sintió cómo se iban apretando cada vez más,
al borde de partir sus huesos. Gritó por el dolor pese a
que intentaba no hacerlo. Sus alas comenzaron a crujir.
– ¡Ven a buscarlo, angelito! Aquí abajo, sólo
reino yo... – se rió el rubio, estrellando a Ashram
contra unas piedras. – ¡Esto es por Adramelek! ¡Y
por Sitri! ¡Asbeel! ¡Adrameleeeeeeeeek! – gritó
con una voz dolorosa en medio de todo aquello.
Daniel lo alcanzó por fin, cortando las cadenas con su espada.
Sin embargo aquellas grandes lenguas de fuego empezaban a envolverlo
como si tuviesen vida propia. – ¡Tú los mataste!
¡Aún no era tu tiempo, Abaddon!
Ashram se soltó de las cadenas, levantándose en
medio del fuego y la tierra. Los cuerpos caían al vacío
a su alrededor e incluso los golpeaban entre aquel ensordecedor
batir del viento huracanado. – ¡Yo no maté a
Adramelek, Drago lo mató y tú lo llevaste allí,
lo convertiste en un demonio! ¡Yo sólo le di algo de
dignidad a la muerte de tu amante! – le dijo Ashram, ya que
tanto le gustaba manipular a la gente, dándole algo de su
medicina mientras trataba de encontrar un modo de acabar con él.
Pero dudaba poder luchar contra un demonio mayor que él.
Se acercó a Daniel pese a la resistencia del viento y lo
cubrió con sus alas para alejar el fuego de él y que
pudiese luchar. El infierno no podía hacer arder a Belial.
–Yo te protegeré…
– ¡No podrás! ¡Ambos moriréis!
¡Y luego mataré a cada uno de vuestros familiares!
Los devoraré eternamente...
– Tú no decides eso... –Daniel lo interrumpió,
asintiéndole a Ashram por su ayuda y lanzándose de
nuevo. Sintió aquellas cadenas extenderse a su alrededor,
una rozándole el rostro y haciéndole un corte. La
otra apretando su brazo con tal fuerza que parecía que se
lo fuese a arrancar. Sin embargo su espada continuaba firme y veloz
como un rayo. Atravesó el pecho del demonio que abrió
la boca sorprendido, las llamas consumiendo su herida.
Ashram alzó la vista y observó el cielo a través
del agujero que comenzaba a cerrarse. Estaba amaneciendo, de nuevo
había luz, pero… – ¡Rápido o nos
quedaremos encerrados aquí!
Daniel alzó el vuelo, presuroso, llevando a Ashram de la
mano y volando hacia aquella rendija de luz. Las cadenas de Abaddon
se alzaron en un último intento, aferrándose a los
tobillos de Daniel. Pero el ángel las cortó con facilidad,
resurgiendo al otro lado junto con el moreno.
–Ha vuelto a amanecer…– le dijo Ashram en el exterior.
Observando de soslayo la sangre en su piel. Le hubiera gustado no
ver aquello nunca. –Luché a tu lado por vosotros, no
por Dios. – le aclaró.
– Pero Dios ha luchado por ti. –le sonrió el
chico, comprendiendo aquella forma de hablar. Le parecía
el día más hermoso de la historia y besó al
moreno en los labios, abrazándolo. – No sé cómo
les voy a explicar esto a mis padres...
–No creo que debas hacerlo. O creerán que estás
loco…– lo besó también, sonriendo. Acarició
su cabello, pensando en lo miserable que se había sentido
al pensar que había muerto y lo contento que se sentía
ahora. –Creen que estás muerto. Deberías ir
a verlos…
–Lo haré. Los he preocupado mucho. Y a ti... –le
acarició de vuelta, observando su rostro. – Siempre
te amé, Ashram. Todo ese tiempo, pensaba en ti. ¿Te
molestará... que vuelva a ser ciego? Delante de mis padres,
del resto del mundo.
–Nunca me importó. Aunque creo que deberías
permitir que el mundo viera un ángel después de tanta
destrucción, hay mucha gente que hoy necesita un motivo para
creer que existe Dios…– Ashram bajó la mirada
porque sentía la vista empañada y no sabía
por qué.
Pero Daniel le acarició el rostro, preguntándose
si era cierto. – Pero entonces no puedo mentirle a mis padres.
No debería mentir... Ashram, fui enviado aquí porque
estaba perdiendo mi fe. Tú me la devolviste.
–Y tú me devolviste la vida, no mentirás…
Pero la gente no está preparada para comprobar la existencia
de un ángel como un hecho. Sólo deja que te vean en
el cielo. Los que así lo deseen y necesiten creerlo, creerán
que eres un ángel. Los otros… dirán estupideces
para negarlo. – le tocó la cara con ambas manos, besándolo
de nuevo. –Tus padres no quieren saberlo en realidad. Sólo
cuida de ellos, a veces no decir la verdad es un bien… Yo…
debo regresar con Aki, y te estaré esperando. Para que regreses
conmigo.
– Y lo haré. No sólo soy un ángel, Ashram.
Soy tu ángel. Y debo cuidar de ti. Hasta el fin de nuestras
vidas humanas. Y entonces, habrá un lugar para ambos en el
cielo. – le aseguró sonriendo, contento por verlo así,
tan seguro, tan fuerte. – Anda, ve con Aki. Creo que ahora
me tiene miedo.
–No es miedo, es respeto…– sonrió ligeramente,
pensando en Aki. –Te amo…– le dijo, besándolo
una vez más antes de separarse de él. Bajando al suelo
y corriendo para regresar a casa.
El ángel permaneció observándolo por un momento,
antes de alzar el vuelo, su rostro hacia el cielo mientras susurraba.
–“Gracias.” – Batió las enormes alas.
Sobrevolando el área para alejarse un poco después.
Esa noche, las noticias seguramente reportarían el último
de los aquellos fenómenos extraños.
............
Adamo por fin llegó a la casa, Ashram había pasado
como una exhalación por delante de él hacía
unos diez minutos. Pero él se sentía demasiado cansado,
y el peso de lo sucedido era increíblemente grande.
No sabía cómo iba a explicar nada de eso y mucho
menos por qué estaba medio desnudo. Pero seguramente ese
iba a ser el menor de sus problemas a partir de hoy. Alzó
una mano al observar al albino a través del reflejo de la
ventana y se detuvo en la calle.
–Adamo... – Kaigan corrió hacia la ventana,
pensando que eso era ilógico luego, y saliendo a la calle
para abrazarlo. – ¿Dónde has estado? Adamo...
Ese chico me dijo, el ángel, dijo que te traería.
–Me he traído yo solo…– torció
una leve sonrisa y lo abrazó, apretándolo contra sí.
– ¿Dónde he estado?... Espero que tengas hora
libre para mí, porque esto va a necesitar cuidados intensivos…–
le aseguró. Riéndose ligeramente sin poder evitarlo.
Se ahorraría los detalles.
– Tengo meses libres para ti. Tengo meses para mí.
– se rió aliviado, apretando los ojos para no permitir
que las lágrimas resbalasen. – Sesiones de sesiones.
–Los siquiatras no lloran, Hashimoto…– el moreno
se burló y alzó una ceja, besándolo profundamente
y apretando su cabello con la mano. –Hay algo que deberías
saber, soy un mal chico. Comprobado… lo soy. – se rió.
– Lo sé, inspector. – alzó una ceja como
respuesta a su gesto, más que nada porque se burlase de él.
– No crea que he olvidado cómo cerró el teléfono.
Y me tuvo preocupado.
–No me acuerdo. – confesó sincero. –Esto…
va a ser muy largo de explicar. – entró en la casa
con el albino y miró a Kiyoshi un momento. Echándole
una mirada asesina a la pareja después.
–Detective Drago… veo que la policía ha cambiado
mucho en cuanto a uniformes se refiere…– le dijo Sven
por burlarse de su aspecto.
–Ah… sí, voy a empezar a despedir gente mañana.
– murmuró Drago.
–Azrael. Vamos a comer algo – sugirió Kiyoshi,
a quien se le habían puesto los pelos de punta con esa mirada.
– Si algo interesante ha salido de esto... algo interesante
dentro de lo lógico, claro... ha sido conocer al hombre que
te inspiró, Adamo. – intervino el albino sin que se
le pasase la huída de los otros, preguntándose si
no tendría que hablar con ellos en otro momento.
–No me digas que ahora vas a sicoanalizarme en base a su
influencia en mí… – protestó el moreno.
–Mi trabajo aquí se ha acabado…– el detective
se levantó y le dio la mano a Hashimoto y a Adamo. –Aki…
– ¡Espere! – Aki salió corriendo, ya que
estaba en el umbral de la puerta hacia la cocina, riñendo
a Azrael y Kiyoshi. Se abrazó al pelirrojo, le gustase o
no, apretándolo contra sí. – Gracias... No lo
hubiera logrado sin usted. No sé...
–Está bien, ya sabes donde estoy…– le
apoyó la mano en la cabeza, sintiéndose un poco incómodo
con la muestra de afecto, sobre todo porque él también
lo sentía por Aki. Le apretó la nuca ligeramente y
lo apartó. –Cuidaos…– le pidió,
encendiendo un cigarro y alzando la mano a modo de despedida.
– Usted también. – asintió el chico sonriendo,
un tanto emocionado de más, pero sabía que lo vería
de nuevo. Además, esta vez pensaba mantenerse en contacto,
aunque protestara. Se giró sonriendo. – Voy a hacer
té para los adultos... y partir un pastel para... todos...
– se rió porque él también quería.
– ¡Adan!
– ¿Qué?... – preguntó el moreno
sonriendo levemente, aunque le daban ganas de aplaudir la partida
de Sven. –En realidad yo estaba pensando en ir a ayudar con
las tareas de escombros y los heridos… ¿Me odiarás
si lo hago? – le preguntó discretamente para que los
demás no escuchasen la conversación.
– No, me preocuparé, pero no te odiaré...–
sonrió pensativo. No quería dejar a los chicos solos,
pero también quería retribuirle a Adan. Sabía
que había tenido que soportar mucho y había sido tan
comprensivo... – Iré contigo, puedo filmar un poco…
Y si aún existe mi trabajo, ganaré puntos.
– ¿Vamos con ellos? – le preguntó Azrael
a Kiyoshi. –Yo debería ir, pero no sé si quiero
que veas esas cosas.
–Sí, nosotros también deberíamos, pero
antes… Yo debería vestirme, así que si nos disculpáis…
Kaigan alzó una ceja, cayendo en cuenta de pronto. –
Adamo, ¿me puedes decir por qué estás “vestido”
de esa manera?
–Te lo contaré por el camino… – lo sujetó
por los hombros, suspirando y pensando que necesitaba un cigarro.
–Unas fans enloquecidas me arrancaron la ropa…
– Hum... ya veo que has empezado a tener alucinaciones. Bueno,
debe ser un síntoma del trauma psicológico... –sonrió
ligeramente, observándolo. Ya lo averiguaría. –
Llamé a Akira... Quedamos en que vendrá en diciembre,
dependiendo de cómo esté la ciudad, claro.
–Claro, para entonces ya estará todo en condiciones.
Estoy seguro… – Adamo lo observó de soslayo y
pasó la mano por su cabello. – ¿Por qué
los humanos se recuperan tan fácilmente de las adversidades?
– ¿Por qué? Hum... ¿No eres tú
un humano? – sonrió por la manera en la que hablaba.
– La verdad es que no lo hacen, Adamo. No es tan fácil.
Pero encuentran maneras de sobrellevarlo, y así pueden ir
sanando poco a poco. Yo aún no sé cómo voy
a continuar con mi trabajo luego de haber visto lo que vi.
– ¿No lo sabes? Lo harás como siempre, porque…
necesitamos tu ayuda. Eso es todo. Además de eso también
necesito un cigarro. – suspiró con fuerza y sonrió
ligeramente. –No soy humano, soy un demonio…–
se rió, haciendo que bromeaba. –Creí que lo
sabías…
– No... – contestó serio, con cara de confusión
y suspirando luego. –No lo sabía. Esto... Supongo que
tendré que cambiar un poco tu historial.
– ¿Me tomas el pelo? No te habrás creído
eso…– lo miró de soslayo y luego alzó
la vista a los edificios. Preguntándose si aún tendría
casa.
– ¿Por qué no? Hay un demonio allí atrás.
– le hizo una seña con la cabeza, refiriéndose
a Ashram. –Y su novio es un ángel. Y eso... es lo de
menos. Hace poco preguntaste “¿Por qué los humanos
se recuperan tan fácilmente?” No te incluiste, Adamo.
–Parece que no puedo ocultarte las cosas fácilmente…
supongo que ahora ya no tendré por qué explicarte
lo que sucedió a mi ropa… – se pasó la
mano por el cabello, echándoselo hacia atrás.
– Sigues siendo Adamo. Supongo que no importa, a menos que
haya algo más que deba saber. – le preguntó
de manera sutil, ya que no tenía ni idea de si las cosas
iban a cambiar ahora. No quería separarse de él, eso
era lo único seguro.
–No, nada más… nada que no pueda superar con
unas cuantas sesiones extraoficiales. – sonrió levemente
y le acarició una nalga. Lo cierto es que se sentía
bien ahora, tal vez había sido Daniel. Se sentía como
si todo el peso de las cosas que había hecho mal en el pasado
hubiera desaparecido.

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