.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 91
From the Darkness, Into the Light


Noche, Mazmorras.
Martes 22 de Junio

Kiyoshi se había quedado tranquilo, reposando en los brazos de Azrael, aprovechando cada momento que tenían. Estaba cansado de pensar en un plan. Tan sólo quería sentirlo a él por unos minutos. Sin embargo, el sonido de la puerta al abrirse perturbó su superficial calma. Se sentó asustado, echándose hacia atrás, pero no había nadie en el umbral. Era como si se hubiese abierto sola. – “Azrael...”

–No te fíes…– le dijo Azrael, que no comprendía por qué motivo podría haberse abierto. Le sonaba más bien a una burla de Asbeel. Se levantó despacio con el chico a su espalda y empujó la puerta con un pie. Afuera no había absolutamente nadie. Tan sólo unas cuantas personas más de aspecto perdido. Sujetó la mano de Kiyoshi, tirando de ella y corriendo escaleras arriba. –Vamos, sé que es por aquí…

– ¿Qué hay de Daniel? ¿Crees que esté...? – el rubio lo siguió, mirando a todos lados mientras era empujado por varias personas que intentaban escapar también. Y ¿si era una trampa? ¿Si intentaban guiarlos como ganado?

–Lo encontraremos…– empujó a un hombre y lo empotró contra la pared para escaparse entre ellos hacia arriba. ¿Es que eran imbéciles? Con aquel escándalo hasta un sordo los escucharía.

Una sombra comenzó a asomarse por la luz al otro lado del estrecho pasillo. La salida estaba por completo cerrada por el cuerpo del demonio que con las alas extendidas sonrió, relamiéndose los labios. Destrozando a su paso a cuanto ser vivo caía en sus manos.

La gente comenzó a huir y a correr en sentido contrarío. Azrael sujetó a Kiyoshi contra él y lo apoyó contra la pared, dejando que la marabunta chocase contra su espalda mientras buscaba una ruta de escape. –Por allí…– le señaló, empujando a la gente ya sin importarle a quien hacía daño, colándose por uno de los pasillos transversales.

El rubio corrió a toda velocidad, espantado, pero sin decir nada. No tenía ni idea de hacia donde iban, pero tal vez hubiese otra salida. Tal vez pudiesen esconderse hasta que todo aquello pasara. Se adentraron aún más por los pasillos que cada vez parecían ir más profundo en vez de llevarlos a una ruta de escape. – Azrael... – el chico le sujetó la mano de pronto, señalando hacia el interior de una de las celdas.

El moreno corrió entre los barrotes de las otras y se acercó sin creer lo que veía pese a todo lo observado hasta ahora. Era precioso, irradiaba luz y calidez a pesar de su estado deplorable. Le costó dirigirle la palabra. – ¿Daniel?... – preguntó sobrecogido. No podía creer que todo aquel tiempo Ashram hubiera estado en lo cierto.

El rubio levantó el rostro, aquellos ojos anteriormente velados, ahora profundamente azules, intensos. Sonrió aliviado. Estirándose un poco a pesar de que las cadenas se lo impedían. – Azrael, Kiyoshi, estáis bien.

– Creímos que estabas... – Kiyoshi lo dejó allí sin querer entrar en detalles. De todos modos, estaba alucinado por aquella visión.

–Eres… un ángel…– el moreno, que no podía creerlo, miró atrás al escuchar los sonidos y luego a Kiyoshi. – ¡Tranca la puerta! ¡Deprisa! – Cogió una barra metálica, tratando de hacer aplacan con ella y romper el cerrojo de la celda.

– ¡Esperad! – el chico se movió de nuevo, adolorido como estaba. – Dejadlo pasar.

– ¿Estás loco? No lo sabes... Nos matará a todos. Y no sólo... – protestó Kiyoshi, aunque algo cohibido por estarle contestando así a un ángel.

– Sigo siendo Daniel. – refutó el chico como si pudiera leerle la mente. – Y sí lo sé. Sé quien es y lo que es. Y lo necesito. Vosotros no podréis liberarme. Además, se ha vuelto parte de mi misión.

– ¿Y qué misión es esa? – Azrael lo miró, observando después por la rendija de la puerta los ojos plateados del demonio que los observaba desde afuera.

– ¿Creéis que una puerta puede detenerme? – preguntó, acto seguido tumbándola.

– ¡Joder! – Azrael sujetó a su novio y corrió con él sin ver más salida que encerrarse ellos mismos en una celda.

El demonio estaba empapado por la sangre y las tripas de quienes había matado y sujetó los barrotes, doblándolos con las manos como si fueran plástico derretido. –Unos barrotes tampoco pueden hacerlo…

– ¡Forneus! – lo llamó Daniel, con un tono de voz imperativo. – Aléjate de ellos.

El demonio se giró hacia él, aproximándose a las verjas y sonriendo. – ¿Quién me lo ordena? Un ángel patético y vejado… humillado y convertido en… ¡Despojos! Debería entrar ahí y acabar lo que comencé… – sujetó los barrotes, observándolo entre las barras de hierro y deslizando la lengua por una.

– No... Tú no quieres hacer eso realmente, Adamo Drago. Despierta, puedes redimirte. Dios te ha perdonado. – le habló el ángel, con voz suave, amable ahora.

– ¿Redimirme? No me hagas reír…– el moreno se paseó por delante de las barras inquieto. Deseaba callarlo de una vez, pero por otra parte no podía dejar de recordar cómo aquellas alas habían salido de su espalda mientras trataba de violarlo y cómo él mismo se había detenido sin ser capaz de herirlo siquiera.

– Es lo que deseas, lo que siempre has deseado. Puedo verlo. – lo miró a los ojos, inclinándose un poco hacia él. – Es por eso que no les fue fácil convencerte. Por eso llevabas ese rosario...

–Ya no lo llevo…– sonrió con superioridad, como demostrando su rechazo a Dios. Recordando a quién y cómo se lo había entregado. Por qué estaba allí. Observó sus propias manos ensangrentadas y enfureció de nuevo. – ¡No me digas que Dios me ha perdonado después de masacrar a toda esa gente! – sujetó la puerta como si fuera hojalata y la lanzó contra las verjas al otro lado. Le sujetó el cuello con sus manos, observando sus ojos y dudando.

Azrael apretó a Kiyoshi, apartando la mirada contra su cabello. No podría ver eso, lo que deseaba era huir, pero estaba demasiado aterrorizado.

El rubio lo abrazó de vuelta, asustado, temblando. Ni siquiera podrían ayudarlo de todas maneras.

– Dios lo entiende. Yo lo entiendo. Por eso me envió aquí. – Daniel continuaba mirándolo a los ojos, sin miedo. Sabía que Él lo protegería. – No es tu culpa, fuiste atrapado, confundido... No llevas el rosario porque se lo diste a quien amas, para que lo protegiese.

–Lo amo…– el moreno aflojó sus manos ligeramente. –Pero lo he traicionado también... Esto es lo que soy, ella tenía razón. Soy un asesino… un monstruo…

– No. Eres un buen hombre que se siente afligido por las cosas malas que ha hecho. Que quiere ser perdonado incluso por aquellas sobre las que no tenía control. Pero sólo ves parte de la verdad. – sonrió ligera y dulcemente. – ¿A cuantos has salvado a través de tu trabajo? ¿A cuantos has protegido? ¿No cuenta eso también?

–No cumplí mi penitencia después de confesarme. Ni siquiera eso…– soltó su cuello sintiendo una extraña calidez y arrodillándose a sus pies cansado. –Ya no sé quien soy…

– Eres Forneus, antiguo demonio. Pero también eres Adamo Drago. Es quien eres ahora. – estiró su mano para acariciar su cabello, a pesar de que las cadenas le causaban dolor. – Ayúdame, ayuda a salvar este mundo y aquellos a los que quieres. Por favor...

–Sí… Eso es lo que vine a hacer…– el demonio partió las cadenas, no soportaba la vergüenza de sus propios actos. Le hubiera gustado olvidarlos, pero era fuerte y sabía recomponerse. –Adramelek y Abaddon fueron al centro de la ciudad, allí es donde se invocará la quinta plaga…

Azrael sujetó la mano de Kiyoshi, saliendo un poco menos temeroso, aunque aún no comprendía nada de lo que ocurría.

–Gracias. – sonrió el chico, acariciando sus muñecas ensangrentadas y poniéndose de pie, abrazándolo de pronto con fuerza. – Vosotros... debéis regresar con Adan y Aki. Allí estaréis a salvo. Os acompañaré hasta que no haya peligro. –les indicó a Azrael y a Kiyoshi, aunque notaba el temor aún en ellos. – No ha sido tu culpa...

...............



En medio de la oscuridad absoluta en la que Belial había sumido la ciudad, sombras más oscuras que la noche se extendían por las calles. Se escucharon gritos desgarradores y los llantos de quienes perdían a sus seres queridos como aquejados de una enfermedad violenta o el mordisco de una serpiente letal.

La gente caía desplomada sin motivo ni señal. Aquel era el terror en el que Adramelek sumía a la tierra.

Abaddon se reía a su lado, observando desde la azotea de aquel edificio. Era toda una obra de arte. – Quiero hacerte el amor sobre una montaña de cadáveres. –comentó, cruzando las piernas, sin siquiera presentir las muertes de sus compañeros.

–Podrás hacerlo en varias…– el moreno se rió apenas concentrado en lo que hacía ya que no le era necesario para desatar su poder.

Sus ojos se aguzaron de pronto, incluso en aquella oscuridad podía vislumbrarlo. –Daniel… – murmuró, frunciendo el ceño y enfureciendo por completo al observar a Forneus con él. – ¡Debimos matarlo! ¡Maldito débil! – saltó del edificio, desplegando unas alas como las de un dragón, enormes y negras. – ¡Date prisa, ve al lugar e invoca pronto la siguiente plaga! ¡Yo llevaré de vuelta a ese estúpido ángel y lo obligaré si es necesario!

– Sé cuidadoso. – le pidió el rubio, desplegando las suyas, llenas de plumas como las de un ángel, pero las mismas eran rojas como la sangre. Elevó el vuelo, presuroso. Con el ceño fruncido. Una vez acabado todo aquello, se comería a ese ángel por completo.

– ¡Rápido! ¡Llévalos a un lugar seguro! – Forneus detuvo el paso de Adramelek, tirándose contra él. Ambos comenzando una lucha que hacía temblar los cimientos de los edificios.

Daniel abrazó a Kiyoshi y a Azrael, también alzando el vuelo, aunque más bien parecía que se transportasen de alguna mágica manera. Tenía que regresar y detener a Abaddon.

..........

 

Al cabo de unos minutos que para los dos humanos parecieran horas, el rubio los dejó en el suelo. Entraron en la casa con un tremendo estrépito.

– ¡Aki! – Azrael abrazó al pelirrojo que estaba justo allí, de pie como si fuera a coger algo. –No lo vas a creer… Daniel es…– observó a Ashram tendido en el sillón con un aspecto deplorable. – Un ángel. – Remató su frase. – ¿Qué le sucede a Ashram? – Preguntó asustado.

Adan escuchándolos y corriendo desde la planta de arriba donde buscaba unas pastillas. – ¡Kiyoshi! Dios… ¿estás bien? – le preguntó, examinándolo de arriba abajo y abrazándolo.

– ¿Daniel? – preguntó el moreno que ardía de fiebre.

– Estoy bien. ¿Qué le sucedió a Ashram? – preguntó, sin saber ni qué hacer, aclarando luego. – Daniel nos trajo. Es un ángel y puede ver. Va a…detener esto... ¿Aki?

– Ashram está herido, pero va a estar bien. –le pasó la mano por el cabello a Azrael, sin atreverse a soltarlo, como si fuese a desaparecer de un momento a otro. – Siempre estuvo en lo correcto... ¡Ah! – lanzó un grito al ver a Daniel de pie frente a ellos, irradiando luz.

Pero el chico sólo se acercó al moreno lastimado, arrodillándose a su lado. – Ashram... lo lamento. – sonrió, pensando en que no había planeado aquello. Hubiese querido protegerlo mejor.

Ashram lo miró incrédulo y sonrió. –Sólo un poco más, y me moriré también.

–No vas a morir. – le dijo Sven, que por otra parte mantenía las distancias con el ángel.

–Pues… me mataré… – trató de gritarle enfadado Ashram, aunque no pudo. Le tocó la cara a Daniel y cerró los ojos porque estaba cansado. –Yo tenía razón…

– La tenías. – le sonrió el chico, sujetando su mano. – Y no morirás... – colocó su otra mano sobre la herida, sanándolo.

Ashram le sujetó la mano, renegando. –Pero no quiero… ¿Por qué? – preguntó angustiado, incorporándose a medida que se recuperaba. –No quiero seguir sin ti…

– No lo harás. Estoy contigo, Ashram... – le tocó el rostro, consolándolo. – Estoy vivo. Y regresaré tan pronto pueda.

– ¿Regresarás? ¿A dónde vas? – le preguntó Aki que no soltaba a Azrael. Estaba más confundido que nunca.

– Tengo que detener esto.

Ashram se levantó. No comprendía nada. ¿Es que había resucitado o es que aquel chico muerto ni siquiera era Daniel y lo habían hecho adrede para engañarlo? –Yo hice oscurecer el cielo porque me enfadé, creí que habías muerto y maté a otros dos demonios… ¿Cuántos quedan? ¿Tres, dos?

– Dos, sólo dos. Dos a los que hay que detener. – le aclaró por si se confundía. – Dios me protegió. Y los protegió a ellos. – señaló a los dos chicos que había traído con él.

–Iré contigo…– Ashram se acercó. Las seis alas surgiendo de nuevo a su espalda. Se acercó a Aki y le besó los labios. –Y regresaré bien… – le dijo antes de sujetar la mano de Daniel con fuerza.

– ¿Estás loco? Acabas de recuperarte... – negó el pelirrojo, al borde de un ataque ya, si es que no lo estaba antes, pero Daniel intervino, tranquilizándolo.

– Yo lo protegeré. Y si resulta herido, volveré a sanarlo. Es parte de su camino. – le aseguró, notando que el chico lo miraba como si le fuera a sacar el alma. Sonrió, dirigiendo su mirada ahora hacia el albino que había permanecido en silencio todo ese tiempo. Podía sentir su confusión, su preocupación. – También traeré de vuelta a Adamo Drago. Sano y salvo.


Continua leyendo!

 
 

Tambien puedes dejar tus comentarios y opiniones en la sección de este fic en el foro, solo tienes que presionar en Hansa.

foro yaoi

   

yaoi shop, yaoi t-shirts, uke t-shirts, wings on  the back