Capítulo
90
This is Not Happening
Tarde, La ciudad devastada.
Martes 22 de Junio
Sven se bajó del coche y le hizo una seña a Aki
para que lo siguiera. –Tuvieron que venir a esta playa…–
le dijo, aunque en realidad sólo lo había hecho salir
de casa porque sabía que tenía que estar haciendo
algo. Al igual que Adan y Hashimoto habían ido a ayudar con
los derrumbes de edificios y demás accidentes.
– Dios, es que... ¿por qué? –preguntó
retóricamente, siguiéndolo y metiéndose las
manos en los bolsillos. Lo cierto es que se sentía mejor
así. No soportaba quedarse en casa a esperar, se estaba volviendo
loco.
–Porque sí…– el mayor suspiró,
caminando con él por la playa y cogiendo una petaca de whiskey
del bolsillo interior de la gabardina, pegándole un trago
largo y ofreciéndosela antes de pasarle el brazo por los
hombros.
El pelirrojo bebió un trago, quitándosela de la
boca y tosiendo un poco luego, aunque se sentía bien hacer
aquello. – Gracias. Me alegro de que esté aquí.
–Olvidaba que eras un niño de teta aún…–
se burló, torciendo una sonrisa y apretándole el hombro.
–No puedo creer que toda esa gente realmente piense que esto
es el final del mundo…– suspiró con fuerza, llevándose
el cigarro a los labios.
Durante el viaje habían visto a muchas personas congregadas,
rezando a Dios. Las iglesias estaban llenas, nunca había
visto algo así ni en días de fiesta.
– ¿Usted no lo cree? Yo no sé ni qué
creer. – miró al cielo, pensando que tenía miedo,
pero eso no era algo que quisiera decirle al pelirrojo.
–Nah… creo que sólo… es el fin de la
raza humana. Las cucarachas seguirán aquí. –
alzó una ceja y lo miró de soslayo. –No lo sé,
pero sé que esto no es obra de Dios, creo en Él, pero
esto… me parece ridículo achacárselo. Nunca
he creído en las estupideces que pone la Biblia… –
murmuró, dejando salir el humo y mirando adelante, una mancha
negra que se movía despacio caminando por la playa, aunque
aún estaba muy lejos. –Ashram…– le señaló
al pelirrojo.
– ¿Eh? ¿Dónde? ¡Ashram! –
lo llamó, girándose y alzando una mano para llamar
su atención. – No sé... si tiene que ver con
la Biblia, pero es igual si todos a los que quieres mueren, ¿o
no? –agitó la mano con más desesperación,
echando a correr hacia él finalmente.
–Aki…– el detective trató de detenerlo,
pero el chico seguía corriendo.
Ashram lo observó ir hacia él y se quedó
parado sin saber si aproximarse o huir de algo que ni siquiera comprendía.
Alzó la vista al escuchar como el aleteo de un gran pájaro
y algo cayó sobre la arena a gran velocidad.
La misma se levantó a su alrededor como una polvareda y
el moreno observó el cuerpo frente a él, completamente
vestido de blanco, aquel cabello rubio y ensangrentado. Abrió
la boca, pero no le salieron las palabras.
Se cayó de rodillas en la arena y giró su cuerpo,
la cara estaba completamente destrozada e irreconocible a causa
de golpes incesantes. –Da… niel…– susurró
sólo con un hilillo de voz. – ¡Daniel! ¡Aaaaaahg!
– no sabía si estaba llorando o gritando, pero no podía
detenerse. Se sentía desesperado, asfixiado. – ¡Daniel!
– le sujetó la ropa, sacudiéndolo un poco contra
la arena.
– ¡Ashram! ¡Ashram! – Aki llegó
a su lado, sobresaltado al escucharlo gritar de esa manera. Contuvo
el aliento, observando aquel cuerpo ensangrentado, arrodillándose
a su lado. – Ashram... – lo abrazó contra sí
antes de que tuviese tiempo de escapar de nuevo, intentando protegerlo.
No podía ser. Nada tenía sentido.
–No… no me toques…– El moreno se giró
hacia él, empujándolo para apartarlo como habría
hecho tiempo atrás. Se levantó con los ojos cubiertos
de lágrimas, observando al cielo y buscando al autor de aquello.
– ¡Te mataré! – le gritó.
– ¡Ashram! – Sven corrió hacia ellos.
Tratando de controlarlo, aunque sabía que iba a ser inútil,
nadie lo habría controlado a él en esa situación.
– ¡No! ¡Lo has matado! ¡Me quiero morir!–
le gritó el chico al cielo, como si así Dios pudiera
oírlo. El sol comenzó a ocultarse dando paso a una
oscuridad total. –Pero antes los mataré a todos…
– aseguró, mirando a Daniel como si aún pudiese
escucharlo.
Sven se quedó como petrificado al observar los ojos magenta
del chico, ambos brillantes, oscuros al igual que las seis alas
que parecían haberse hecho visibles a su espalda, a pesar
de que el chico o las ignoraba o no le parecían extrañas.
Saltó en el aire y se elevó, volando por el cielo
mientras estallaba una tormenta. La lluvia caía con furia,
los truenos y relámpagos eran la única luz en el cielo.
– ¡Ashram! – Aki le gritó asustado, mirando
a Sven luego como si quisiera que le explicase aquello. Que le dijese
cómo era posible.
Mientras, en el cielo, Sitri se había girado, sonriendo
al escuchar el grito de Ashram, todo estaba saliendo a la perfección.
Abaddon estaría contento. Agitó las alas, acelerando,
como jugando en aquella oscuridad.
Belial lo siguió por el aire, veloz tras él. Le
lanzó el arma que llevaba a la cintura, pero esta sólo
le arrancó varias plumas de un ala y cayó al oscuro
vacío. Le sujetó un tobillo, tirando de él
hacia atrás y lanzándolo a la playa, estrellándolo
contra la arena y bajando a por él.
– ¡¿Qué demonios?! – Sven sujetó
a Aki contra él y se echó hacia atrás, imaginando
que un arma no serviría de nada en esos momentos. ¿Cómo
era posible? Aquel era el ser más hermoso que jamás
había visto.
El chico se levantó riendo como si nada y sacudiéndose
la arena del cuerpo. Dirigió su mirada a los dos humanos
que acababan de apartarse asustados. Pero aunque fue Aki quien se
puso pálido como un fantasma, el moreno sólo le lanzó
un beso a Sven, saltando hacia atrás para evitar otro ataque
de Ashram. – Cuidado... No quieres dañar este cuerpo.
–Está muerto…– le contestó Ashram.
– ¡Así no es él! – le gritó
de nuevo. El moreno descendió sobre la arena también,
alzando una gran polvareda de nácar y corriendo hacia él,
atacándole con la katana que aún llevaba a la espalda.
La misma cubriéndose de la electricidad que manaba de su
cuerpo. Cortándole en el brazo.
– ¡Ah! Mira lo que has hecho... – Sitri se miró
el brazo como si no pudiese creerlo, alzándolo luego y haciendo
que el viento mismo golpease al otro demonio. – Está
muerto porque debía morir. Era un ángel. Y tú
eres un demonio, actúa como tal.
Ashram se cubrió con sus alas, extendiendo las otras para
proteger a su hermano. –No creo que digas lo mismo cuando
te arranque el corazón… ¡Desearás que
no sea lo que soy! – se lanzó sobre él volando,
sujetándolo por el cuello y sintiendo algo caer a su espalda.
Un bulto pesado, un niño que lo sujetaba por el cuello, estrangulándolo
y congelando su piel.
– ¡Suéltalo! ¡Suelta a Sitri!–
le gritó.
Belial lanzó a Sitri a lo lejos, rodando por la arena y
alzó las manos para deshacerse del chico sobre él.
Tirándolo al suelo y bajando la espada con ímpetu,
cortando una de sus alas y arrancándole un grito terrible.
Varias esferas de fuego cayeron del cielo quemando entonces su
piel. – ¡Huye Aki! – le gritó Ashram, cubriendo
al detective y a su hermano para que corriesen. Recogiendo el cuerpo
de Daniel y entregándoselo a Sven por más destrozado
que estuviese. –Lleváoslo de aquí…–
les pidió, como si aún se pudiese hacer algo con él.
Sitri se levantó inestable, la sangre manando abundantemente
de sus heridas.. – Asbeel... ve a decírselo a Abaddon...
– le ordenó serio, jadeando. Movió una mano,
apartando la arena y enviando una ráfaga de viento cortante
como una cuchilla, hacia los dos humanos que huían.
– ¡No! ¡No voy! – el niño se aferró
a su hermano, llorando. Una de sus alas colgando rota a su espalda.
– ¡Al suelo! – Les gritó Ashram, tirándose
sobre ellos y dejando salir un grito al notar como rajaba su costado.
Los alzó él mismo en el aire, aunque le era difícil
sujetar tanto bulto. Pero sabía que no podían seguirlo
si volaba. Los dejó sobre el capó del coche y regresó
en medio de aquella oscuridad hacia la playa.
Bajó por detrás de ellos sin hacerse evidente y
atravesó al más pequeño con su espada por el
vientre. La subió poco a poco. El rubio mirando el filo y
notando como le caía sangre por la boca.
– ¿Sitri?…– lo llamó como si no
comprendiese lo que le ocurría.
– ¿Asbeel? –el moreno lo miró horrorizado,
sus ojos nublados. Por eso lo había enviado con Abaddon.
Le sonrió un poco a pesar de todo, intentando consolarlo,
abrazándolo contra su cuerpo y girándose con rapidez
para atacar a Ashram, el viento tornándose en fuego con su
furia.
El moreno hizo lo posible por cubrirse con sus alas, aunque las
plumas se abrasaban. – ¿Lloras? Compórtate como
un demonio, como yo…– Belial lo observó entre
sus alas, abriéndolas de golpe para lanzarse contra él
como un kamikaze, sintiendo el sonido de su propia carne al abrirse
su estómago. Su katana atravesando la frente de Sitri a la
vez.
Se sujetó el vientre con una mano, deteniendo la sangre
y tambaleándose hacia atrás, cayendo en la arena de
espaldas.
– ¡Ashram! –Aki gritó al verlo caer y
hubiese corrido a su lado de no ser porque Sven lo había
sujetado.
El demonio se había quedado de pie, como observando algo
detenidamente, pero ahora cayó en la arena con un golpe seco,
su cuerpo completamente inerte.
Sven soltó al pelirrojo, metiendo a Daniel en el coche,
cubriéndolo con su gabardina.
Ashram observó a Aki aproximarse y alzó la mano
hacia él. –Me muero… – susurró,
tosiendo un poco y notando la sangre agolparse en su garganta, tosiéndola
para poder respirar.
– No, no vas a morir. Tú no... – negó
el chico con lágrimas en los ojos, sujetándolo y finalmente
quitándose el jersey para intentar detener la sangre. Miró
por un momento a los demonios, espantado. – Va... vamos a
un hospital...
Sven llegó hasta ellos y lo sujetó en brazos. –Los
hospitales están atiborrados, llama a Adan y que busque ayuda.
Él tiene contactos…– le pidió Sven, que
tampoco podía soportar verlo así.
Ashram miró a su hermano y le dio la mano aún así.
Sus alas desapareciendo como si nunca hubieran estado allí.
El pelirrojo asintió, sacando su móvil y llamando.
No lograba asimilar nada. – Tranquilo... Ya nos vamos...

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