Capítulo
89
Lust Not Love, Love not Lust
Noche, Retiro.
Martes 22 de Junio
El moreno alzó un poco más las alas a su espalda
mientras resoplaba entre dientes al correrse. Sus dedos estrujaron
los hombros del chico bajo él hasta hacerlos papilla. Escuchó
los gritos y sonrió extendiendo una lengua desmesurada, lamiendo
su nuca y apartándose de él. Era el tercero, pero
aún no había sido suficiente.
Desvió la mirada al ver entrar a Damian en la mazmorra
y dejó que el agua de una cañería lo limpiase
por completo, observándolo bajo el chorro y apartándose
para sacudirse el agua de encima.
– ¿Cómo te encuentras? Disfrutando de nuestros
beneficios, ya veo... – sonrió, observando al chico
que se retorcía en la cama y acercándose para clavar
sus dedos en la garganta del mismo como si fuese algo de lo más
normal. Le molestaba tanto ruido. Retiró sus dedos, lamiendo
la sangre. – Te dije que te gustaría.
El moreno le sujetó la muñeca y lamió la
sangre que restaba en sus dedos, enroscando la lengua entre ellos
y observando sus ojos, sonriendo ligeramente antes de apartarse.
–También dijo eso Dios antes de mostrarnos el paraíso…
– Pero yo te he mostrado el paraíso, el verdadero.
– le sonrió el chico, sin sentir ningún temor
ante él, por supuesto. – Aquí puedes ser libre,
satisfacer todos tus caprichos y deseos. No hay principios estúpidos
deteniéndote. Sólo tu propio poder...
–Ya lo sé… deja de tratarme como si fuera tu
bebé. – torció una sonrisa en los labios y le
hizo una seña para que guardase silencio mientras atendía
la llamada en su teléfono móvil. Lo recogió
del suelo y contestó. –Diga…
– ¿Adamo? – el albino suspiró al otro
lado del teléfono, aliviado de escuchar su voz. – Estás
bien, he estado intentando localizarte. Azrael y Kiyoshi fueron
secuestrados. Ashram desapareció... Supongo que ya sabes
todo esto. – sonrió ligeramente, dándole un
momento.
–No lo sabía. Estaba ocupado… – sonrió,
observando a Damian. –No te preocupes por los chicos, ahora
bajaré a verlos…– le aseguró, apretando
el teléfono en su mano y haciéndolo trizas.
El rubio se rió, imaginándose la sorpresa del albino,
pero continuando con su conversación. – ¿Cómo
quieres que te trate, Forneus? Me encanta... ese cambio en ti.
–Cómo prefieras… ¿Cómo quieres
tratarme?– le preguntó, aproximándose a él
y lamiendo su cuello.
– ¡Eh! ¡No! Damian… dijiste luego…
¡Ahora es luego! ¡Pero conmigo, no con él! –
Asbeel los señaló, llamando su atención escandalosamente.
El rubio colocó una mano sobre el rostro de Forneus, sintiendo
cómo su lengua se metía entre sus dedos de todas maneras.
– Tranquilo, Asbeel, sólo vine a ver cómo estaba
nuestro nuevo compañero. No faltaré a mi promesa.
–Tranquilo, Asbeel… – le reiteró el moreno,
lamiendo la mejilla de Damian y su cuello de nuevo. Besándolo
profundamente y mirando al chico de soslayo.
–Damian…– Asbeel se pegó a él,
llamando su atención y sujetándose a su cuello, girándole
la cara para que rompiese el beso y le diera uno a él.
El rubio besándolo apasionadamente y abrazándolo
contra sí, sonriendo luego a pesar de que el moreno no dejaba
de lamerlo. Era tentador... – Asbeel, ¿por qué
no le prestas tu juguete a Forneus? Así podré estar
sólo contigo. Y luego veremos si Forneus se nos quiere unir
de nuevo.
– ¡Vale! – el rubio asintió entusiasmado
por el cambio de parejas. Sujetando la mano de Forneus y dándole
un tironcito para apartarlo de Damian. –Es para mí
hoy… te llevaré con el humano, seguro que eres su tipo.
– murmuró un poco envidioso.
– ¿Otro humano? – preguntó el demonio,
bajando la cabeza para no golpearse y descendiendo por las mazmorras.
Asbeel abrió la puerta donde estaba la pareja y llamó
a Kiyoshi con una mano. Azrael se la sujetó.
El rubio la apretó de vuelta, temeroso, pero la soltó
finalmente, con tristeza. No quería ponerlo en peligro ni
arriesgarse a morir por necedad. – “Volveré pronto...”
–Claro…– el moreno no pudo soportarlo y lo sujetó
de nuevo. – ¿Qué le pasará?
– ¿Tú… qué… crees? –
le preguntó Forneus, sujetando su mano y apretándosela
tanto que el moreno escuchó sus dedos traquetear al borde
de dislocarse. Soltó a su novio y se sujetó una mano
con la otra. –Tranquilo, te lo devolveré satisfecho…
Asbeel le sonrió, mostrándole una nalga antes de
salir del cuarto.
Kiyoshi se dejó llevar preocupado, mirando hacia atrás.
No pasaría nada, había dicho que lo devolvería.
No iba a matarlo. O por lo menos se aferraba a aquella esperanza.
No le ayudaba para nada el hecho de que no había vuelto a
escuchar a Daniel. No le parecía haber vuelto a escuchar
su puerta y por más que lo llamasen, no había respondido.
– Se tomaron su tiempo... – comentó Damian desde
arriba, ya que se había adelantado a ambos.
– ¡Ya voy, Damian! – el rubio correteó
escaleras arriba, lanzándose a los brazos de Abaddon y besándolo
mientras adoptaba una forma adulta para agradarle más.
.......
El demonio por su parte sujetó la ropa de Kiyoshi, arrancándole
la camiseta sin sujetarlo. Por él podía huir o lo
que quisiera, no le importaba. Sabía que podía hacerlo
morirse de placer sólo con tocarlo.
El chico se cubrió con los brazos, retrocediendo. Estaba
asustado, no era como con Asbeel. No creía que pudiese convencerlo
de nada. Miró a su alrededor, con el primer instinto de huir,
pero pensando en Azrael luego.
– ¿Huirás como un conejito asustado? ¿Vas
a divertirme tanto? – le preguntó, el cabello oscuro
balanceándose sobre su rostro mientras se acercaba reído.
Apareció a su espalda y le sujetó el cuello con la
mano, susurrando dentro de su mente y arrastrando la lengua tras
su oreja. –
¿Sabes qué es lo mejor? Sentir el increíble
placer de ser poseído por mí y que a la vez tus sentidos
sigan estando tan despiertos para seguir odiándome. Pero
tu cuerpo no te obedecerá… Me odiarías y sin
embargo morirías por seguir sintiendo el placer que te brindo.
Rogarías…– le aseguró.
El rubio respiró pesadamente, agitado. Se sentía
caliente quisiera o no, tan sólo con escuchar su voz. No
quería hacerlo, no quería fallarle a Azrael de nuevo.
– No... huiré...
–Ni siquiera puedes… estás deseando que te
tome… Tal vez debimos quedarnos en aquel cuarto para que tu
novio lo viese…– le dijo jadeando, su mano bajó
por el cuerpo del chico y tomó su sexo acariciándolo
entre dos dedos muy suavemente, observando los fluidos que manaban
de él. –Seguro que se ponía cachondo…
– No... No quiero... –protestó necio, temblando
por cómo se sentían aquellos dedos en su piel, su
sexo reaccionando instantáneamente, irguiéndose. Dejó
escapar un gemido, quisiera o no, cerrando los ojos.
–Claro que quieres… lo estás deseando…
eres un hijo de puta… Tú hermano está llorando
porque cree que has muerto… y tú estás caliente
como una perra en celo… ¿Sientes lo miserable que eres?
– le preguntó, susurrando en su oído y besándolo
profundamente, hundiendo la lengua en su boca y deslizándola
más allá de esta por su garganta de forma asfixiante.
Kiyoshi sintió que se asfixiaba, las lágrimas rodando
por sus mejillas, su cuerpo entero temblando. Aún así
le respondía, deseaba que lo tocase más, incluso aquella
lengua que lo ahogaba... Se sentía terrible, a pesar de que
su mente sabía que no tenía razón, no podía
evitar sentirse así, despreciable.
–Debimos subirte esta mañana con Daniel… hubierais
hecho una buena pareja de escorias…– el demonio lo empujó
al suelo, tumbándolo y pasándole un pie por encima
del cuerpo, masajeado su sexo y observándolo desde arriba.
–Mira… disfrutas de que te humille… no te preocupes,
tu novio te escuchará gemir muy pronto… Creo que no
es la primera vez que sabe que estás en manos de otro…
– No... Por favor... – le pidió, revolviéndose
un poco, deseando que se detuviese. Pero a la vez, deseaba que lo
siguiera tocando, que lo llevase al clímax. Se cubrió
el rostro, intentando controlarse, intentando pensar, pero se le
hacía difícil. – ¿Daniel...?– preguntó
de manera dudosa. Quería saber si estaba bien.
–Está muerto…– el moreno sonrió
observándolo. –Y ahora tú… vas a ir al
cielo… – le aseguró, cogiéndolo del suelo
y ensartándolo en su sexo, haciéndole albergarlo por
completo y besándolo de nuevo mientras lo movía sobre
su miembro, sus manos sujetándole las nalgas y hundiendo
las uñas en su carne suave. –Como Ashram cuando lo
sepa…
– No...No... Ah...– empezó a gemir sin poder
evitarlo, el calor extendiéndose por su cuerpo desde su ano,
su propio sexo creciendo a pesar de el horror y la tristeza que
asomaban en su nublada mente. Muerto... No podía ser.
– ¡Kiyoshi! – Azrael no pudo evitar escucharlo
y golpeó la puerta salvajemente. Escuchó el ruido
de la risa del demonio allí afuera. Sus gemidos y los de
Kiyoshi entremezclados.
–Se pregunta por qué no gimes así cuando es
él quien te folla…– su sexo se inflamó
de forma antinatural, llenándolo por completo, entrando y
saliendo de él costosamente debido al escaso espacio. Su
lengua se extendió, lamiéndole los pezones y bajando
entre estos hasta el sexo del chico.
El chico gritaba más que gemía, casi no podía
soportar las sensaciones, se estaba volviendo loco. –Az...rael...
– murmuró entre aquellos agudos gemidos, sudando, su
sexo goteando a punto de correrse. Lo odiaba, era cierto, lo odiaba
por hacerlo sentir así.
– ¡Kiyoshi! – el moreno cerró un puño,
golpeando la pared y sintiéndose completamente inútil.
– ¡Te amo! – le gritó después, seguro
de que debía confirmárselo.
–Qué ridículo…– murmuró
el demonio, relamiéndole los labios y limpiando la saliva
que mojaba incluso su cuello. Su sexo golpeando el interior del
chico sin pausa, estaba chorreando y notaba cómo su ano lo
apretaba deseándolo. Le mordió el cuello con fuerza
mientras sus movimientos se desataban dentro del chico. Soltándolo
para rugir más que jadear. Corriéndose dentro de él
de forma abundante y lamiendo de nuevo su sexo sin dejar de follárselo.
– Te... ah amoh.... –jadeó el chico contestando,
su rostro bañado en lágrimas a pesar de que estaba
rojo por la excitación. Sentía que iba a morir del
placer a pesar de que por dentro se sentía traicionero. Se
sujetó a los hombros del demonio, aferrándose sin
poder controlarse y corriéndose, gimiendo cada vez más
alto.
Forneus deslizó la lengua por su abdomen, lamiendo el semen
de este y pasándole después por una de sus mejillas.
Abrió la puerta de la celda y Azrael tuvo que apartarse de
detrás.
Observó cómo aún estaba dentro de su cuerpo,
parecía salido de una pesadilla horrible. El demonio lo levantó,
lanzándolo después contra él y saliendo.
Azrael lo apretó contra sí con fuerza, estrujándolo
y sintiendo el semen de aquel monstruo por todo su cuerpo. –Oh…
Dios…– susurró aguantándose las lágrimas.
Tiró de una sábana rápidamente para taparlo.
– No... No me toques, Azrael. Estoy asqueroso... –
sollozó el chico, recogiéndose y sujetando aquella
sábana contra su cuerpo. Se sentía peor que nunca,
ni siquiera se atrevía a levantar la mirada.
–No… Estás bien… no te pasa nada…–
el moreno le acarició la cara, besándole los labios
superficialmente y abrazándolo con más fuerza.
– No... Azrael... – el rubio empezó a llorar
descontroladamente, necesitando su consuelo a pesar de todo. –
Me dijo... que Daniel está muerto. Lo mataron, Azrael...
– ¿Qué?... – Azrael lo miró a
los ojos, no se lo podía creer. No era que no los viese capaces,
era la idea de que el chico hubiera dejado de existir. –Sería…
una mentira para hacerte sufrir…
– No lo creo... No me dijo... ninguna mentira. – contestó,
pensando que todo aquello se sentía cierto. Incluso aquellos
insultos, deseaba desaparecer. – No volvió... No volvió
a su celda.
–Pero Sitri me dijo que tal vez me haría dormir con
él… a lo mejor está con alguno de ellos…
y cualquier cosa es mejor que… pensar que está muerto…
– le acarició la espalda con las manos, besándolo
de nuevo. –Tú estás bien…
Kiyoshi negó con la cabeza, ocultando su rostro. –
No, nada está bien. Es como... Soy una mierda y los demás...
No quiero que el mundo se acabe.
– ¡No eres una mierda!... Es… esto… Yo
también lo hice con Sitri… ¿Y qué? Tenemos
que sobrevivir… y a los demás… los salvaremos.
– le besó la frente, cerrando los ojos un momento y
llevándolo en brazos. –Te voy a lavar… –
le dijo, entrando en el baño y abriendo el agua de la ducha.
– ¿No... me odias? – le preguntó sintiéndose
infantil y egoísta por preocuparse por eso en un momento
así. No podía evitarlo. – Me escuchaste gemir...
de esa manera.
Azrael lo miró a los ojos y apartó la vista para
dejar correr el agua con más fuerza, quitándose los
jeans y metiéndolo con él en el agua. –No te
odio, no es tu culpa… – deslizó los dedos por
la marca en su cuello.
– Azrael... – el rubio se abrazó a él,
sollozando de nuevo. – Te quiero, te quiero sólo a
ti. No quiero ser tocado por nadie más.
–Lo sé. Te quiero…– le besó los
labios de nuevo, sin dejar de abrazarlo contra él. –Saldremos
de aquí…– le aseguró pese a que lo dudaba.
– Saldremos de aquí... – repitió el rubio
como intentando convencerse, pero estaba temblando de nuevo.

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