.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 88
Prophecies and Signs

Amanecer, La cima del monte.
Martes 22 de Junio

El cielo se colmó de vientos huracanados. La mano de Forneus se alzaba azotando los cielos hasta que de los mismos descendió una estrella que atravesó las nubes haciendo arder todo a su paso.

La misma se estrelló en las aguas de los ríos que descendían a lo largo de la montaña y estos se tornaron auténtico veneno con los fragmentos de Ajenjo.

..........

Kaigan subió el volumen de la televisión, escuchando lo que decían. Había pasado meses sin encenderla siquiera y ahora la veía todos los días religiosamente. – Hay varias personas en los hospitales... No sé a quien se le ocurre pescar peces muertos... – comentó, más bien contrariado por no saber nada de Adamo en esas circunstancias.

–No subestimes la estupidez de la gente… – el detective, que ya estaba cansado y necesitaba dormir un poco, se atiborraba a cafés en la clínica del siquiatra. –He encontrado esto en la biblioteca, pero no sé de qué nos serviría…– murmuró con la copia de una supuesta Biblia negra falsa en las manos. –Sin embargo describe estos sucesos tal y como ocurren. Como si se tratase de una profecía…– miró al albino de soslayo y se llevó el cigarro a los labios.

– Una profecía... – repitió el albino tomando el libro de sus manos y revisándolo. – Pero la fecha de publicación es muy antigua. No pudieron ser ellos. – se refutó a sí mismo, como si el pelirrojo pudiese leer su mente. – ¿Cree usted que ellos estén allí? ¿Qué sepan exactamente en donde va a ocurrir el próximo fenómeno?

–Estoy seguro de ello…– le dijo el pelirrojo, suspirando con fuerza y mirando el libro como si se lo fuese a quitar. Tengo una buena noticia y una mala. ¿Cuál quiere saber primero?

– La mala. –lo miró serio, devolviéndole el libro al notar su mirada.

–El libro no está completo, así que no sabemos que pasa al final, tal vez ya no tenía ganas de seguir escribiendo como íbamos a morirnos todos…– se rió entre dientes y pasó las páginas. Mostrándole el dibujo de un ángel con una venda en los ojos. –Aún vive un ángel.

– Muy significativo. – Kaigan observó la ilustración atentamente. – Daniel, ¿no? Tendría sentido. ¿Acaso dice qué le sucede a ese ángel?

–Nah…– el detective le lanzó el libro a las piernas para que lo comprobase él mismo y llamó a Aki mientras tanto.

– ¿Sí? ¿Sabe algo de Azrael y Kiyoshi? – preguntó el chico como si fuese psíquico, pero en realidad, le hubiera preguntado eso a cualquiera que llamase en ese momento.

–Quiero cinco millones de libras mañana en la puerta de mi casa… – le contestó el detective, que obviamente trataba de no decirle estúpido o algo peor. –No, pero hemos encontrado algo interesante que creo que los incluye. Puede parecer estúpido… es una Biblia antigua, pero habla de mazmorras donde los humanos se reservaban como sacrificios. Creemos que esos tarados están siguiendo lo que esta Biblia cuenta. Se habla de un ángel ciego que todos sabemos quien es. Todo coincide, obviamente porque ellos lo han hecho coincidir.

– ¿Un ángel ciego? ¿Sacrificios? No... – el pelirrojo suspiró apartándose el flequillo de la frente con el ceño fruncido. – No es momento de bromas, detective Sven. Dios, quiero matarlos... – tembló, sacudiendo la cabeza. – Pero están vivos, ¿no? Eso significa que están vivos.

Sven respiró con fuerza, llevándose la mano a la cabeza y quitándose las gafas. – ¿Crees que estoy de broma, niño? Tsk… Escucha, vuelve a casa, no los vas a encontrar. Todo lo que le has dicho a Ashram sobre encontrar a Daniel… haz el favor de aplicártelo y regresa ahora mismo.

– Pero ¿qué vamos a hacer? No puedo perderlos. No puedo dejar que los maten, ¿entiende? – insistió con voz temblorosa, no quería ni pensar en eso. Sabía que tenía razón, él no podría hacer nada, pero estaba desesperado.

–Yo haré algo, te lo prometo, pero vuelve a casa ya, o sólo ganarás ser víctima de lo mismo. Venga… A casa. – cortó la comunicación, frunciendo el ceño ligeramente y mirando por la ventana impaciente.

............


– ¿Qué sucede? – le preguntó Adan, que por si fuera poco estaba desesperado porque Ashram se había ido a buscarlos ayer por la noche y aún no había regresado.

– Dice que regresemos a casa – lo miró, bajando su móvil. – Ha encontrado un libro con un ángel ciego. Habla sobre sacrificios... que están en una mazmorra. Él cree que aún están con vida.

Adan negó con la cabeza sin comprender esa explicación horrible. – ¡Claro que están con vida! – se pasó una mano por la cara, agobiado, mirando a su alrededor desesperado. –Volvamos, necesito que me lo explique. – le dijo. Rodeando sus hombros y dirigiéndose de vuelta a casa.

............

 

–Espere aquí, ellos vendrán ahora, cuando Aki llegue, dígale que fui a buscar a su hermano…– le dijo Sven, cogiendo su gabardina y saliendo por la puerta. Acababa de tener una idea y estaba seguro de a donde habían ido ese par de cabeza huecas.

– Tenga cuidado. – terminó de contestar el albino, a pesar de que el hombre ya no estaba. Todo estaba hecho un lío. Esos chicos desaparecidos, no había noticias de Adamo y aquellas predicciones bíblicas. No sabía qué pensar y eso lo desesperaba aún más.
– ¡Doctor! ¿Dónde está...? – preguntó Aki casi corriendo al cruzar la puerta seguido por Adan.

– Ha ido a buscar a Kiyoshi y Azrael, acaba de salir.

– ¡¿Y nos dice que regresemos?! – se quejó Adan desesperado. – ¿Usted sabe que demonios está sucediendo?

El albino comenzó a explicarle mientras Sven se subía al coche para ir en busca de los chicos o por lo menos de alguna pista de ellos.

............

 

Al cabo de una hora y media se había recorrido casi todas las playas de la zona, imaginando que habían sido tan estúpidos de querer ver aquello. Las calles estaban desiertas, no se permitía coger los automóviles a nadie que no fuese policía u otros casos especiales, pero él tenía los contactos necesarios incluso para pasar por los controles sin aguantar preguntas. No había encontrado nada.

Abandonó la última playa y se dirigió por la carretera de vuelta. Su pie se hundió en el acelerador al encontrarse con un coche de frente al girar una curva y se golpeó la frente contar el volante. –Aj… ¡Dios! ¡Me cago en la puta! – maldijo mientras se bajaba con el revólver en la mano. Se acercó a la parte del conductor. No había nadie, las llaves aún estaban puestas. Cogió el teléfono y llamó a Aki de nuevo para preguntarle la matrícula del coche de Azrael. Colgó inmediatamente después sin darle opción a molestarlo.

– Creo que encontró el coche de Azrael... – avisó el pelirrojo, frunciendo el ceño y llamándolo de vuelta, aunque ahora no contestaba. Aún así, insistía en llamar una y otra vez.

Kaigan lo observó, pensando en detenerlo, pero seguramente era algo que necesitaba hacer. Tenía un rostro muy decidido, pero no se necesitaba a un genio para comprender lo que se ocultaba detrás de ese gesto. Y en cuanto a Adan, tampoco lo estaba llevando bien. Era de comprender. – Todos deben estar bien en este momento. Si seguimos lo que dice el libro... – intentó tranquilizarlos.

– ¿Qué? Por Dios, Aki… si hubiera alguien aquí ya me habría matado con tu insistencia. – Sven suspiró con fuerza. –Intento investigar algo y no puedo estar hablando contigo por el móvil mientras… tanto…– se agachó, alzando la mirada después hacia delante. –Creo que algo los obligó a bajarse del coche, esos estúpidos fueron a la playa. – le explicó.

– ¡Los voy a matar! Dios... Lo siento, necesito saber. Me voy a morir aquí sin hacer nada. Debió esperarme. – contestó el chico al otro lado del teléfono.

–No, bastante incordio eres así…– el moreno cogió el revólver antes de entrar en la cueva. No había nadie y no era profunda. Se giró de golpe hacia fuera al escuchar unas ramas y un conejo pasó saltando a toda prisa lejos de allí. Respiró con fuerza, negando con la cabeza y guardándose el revólver en la cintura del pantalón. –Estuvieron aquí. Tengo el móvil de tu hermano creo, hecho papilla en el suelo. – se levantó con él en la mano. –Hay sangre… – le explicó sincero, caminando afuera de nuevo y fijándose en ese rastro.

– ¿Sangre...? –preguntó con la voz claramente temblorosa mientras Kaigan colocaba una taza de té enfrente suyo, entregándole otra a Adan.

– ¿Cómo que sangre? – Adan sintió que le iba a dar un infarto. – ¿Dónde está? ¿Dónde…?

–Sí… aunque no la suficiente… – le dijo a pesar de haber visto la piedra con la que seguramente le habían golpeado la cabeza a uno de ellos. Ajá, si fuera un demonio no le machacaría la cabeza a la gente con piedras, eso desde luego. Pensó para sí. – ¿Recuerdas cómo iba vestido Kiyoshi? – le preguntó, recogiendo las ropas del suelo a pocos metros de allí.

– Llevaba jeans, un jersey rojo oscuro, creo que llevaba una camiseta debajo. ¿Por qué?

–Lo desnudaron, también está la camiseta de Azrael. – le explicó. Levantándose y llevándose la ropa, siguiendo el rastro de sangre apenas ya perceptible, se perdía de pronto en la carretera. –Creo que se los llevaron en un coche.

– Dios. – murmuró el chico, cubriéndose la boca, sintiendo que se le empañaban los ojos. No quería ni pensarlo, no quería. Alzó la mirada hacia Adan, extendiendo la mano para que la sujetase.

Adan le sujetó la mano, notando cómo temblaba y apretándosela. Quería saber ya qué sucedía, pero comprendía que no podía hablar aún.

–Te llamaré si averiguo algo más, no te muevas de ahí… los encontraré. Te lo juro, te los voy a llevar de vuelta…– le aseguró. Colgando el teléfono y guardándoselo en el bolsillo.

– ¿Qué pasa, Aki? – le preguntó Adan, abrazándolo y aguantándose las ganas de llorar. Nunca había tenido tanto miedo.


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