Capítulo
87
The Birth of Forneus
Madrugada, Calabozo del Retiro.
Martes 22 de Junio
Kiyoshi alzó la cabeza al escuchar el sonido de pasos. No
tenía idea de donde estaba ni de donde se hallaba Azrael.
Sólo se había despertado allí entre sonidos
de llantos y quejas, vestido de aquella manera. Estaba temblando.
¿Y si pensaban matarlo? Recordaba muy bien las descripciones
de aquellos asesinatos. Se puso de pie al escuchar el ruido de la
puerta al abrirse, a la defensiva.
El chico rubio platino sonrió ampliamente al verlo y pasó.
Cerró la puerta a su espalda y dejó escapar un resoplido
después. –Acabo de adoptarte y ya me causas molestias…
– se revolvió el cabello con las manos, señalándolo
después. – ¿Te gusta esa ropa? La hizo Adramelek
para Abaddon, pero le convencí para que me la diera, ya no
le vale.
– Es...es... – el rubio lo miró confundido.
Recordaba cómo lo había estrellado contra aquellas
piedras. Se llevó la mano a la cabeza notando sorprendido
que estaba bien. – ¿Qué quieres? ¿Dónde
está Azrael?
–Quiero que me contestes a lo que te he preguntado. ¡No
seas pelma! Por tu culpa he tenido que dejar de jugar, aunque no
lo he hecho por ti, fue por mi hermano. – lo miró de
soslayo un momento y sus ojos grises se tornaron rojos tan solo
un instante. – ¿Te gusta? – le preguntó
sonriendo de nuevo.
– ¡Sí! Sí... son bonitas... – asintió,
aunque sólo había alzado la voz por miedo. Dios, si
parecía un chiquillo. – Me gustan...
–Vale…– lo abrazó cariñosamente
y lo miró a los ojos, alzando la cara un poco y poniendo
labios de beso.
El rubio se quedó mirándolo confundido, besándolo
luego brevemente. No quería que lo hiciera arder o quien
sabe qué.
Asbeel se rió un poco y se sujetó de su cuello para
besarlo profundamente. – ¿Qué te crees? No soy
un niño. Sólo lo parezco.
– Eres... ¿Qué eres? –le preguntó
observándolo, rojo. Quería preguntar por Azrael de
nuevo, pero estaba asustado a pesar de lo inverosímil de
la situación.
–Asbeel… soy un ángel… ¿No se nota?
– se rió, empujándolo a la cama y sentándose
en sus piernas. –Uno caído…– le aclaró
luego, riéndose de nuevo. – ¿Estás asustado?
Deberías…
– Lo estoy... – le contestó con sinceridad. –
¿Por qué no me mataste? ¿Vas a matarme? –
preguntó de pronto por si lo tomaba como una petición.
–No… si decides portarte bien te dejaré vivir.
Pero tendré que gustarte. No te preocupes, yo te ayudaré.
– lo acostó en la cama y se recostó sobre él.
Cruzó los brazos en su pecho y lo miró a los ojos,
serio. –Aunque quisiste pegarme.
Kiyoshi miró sus ojos sin comprenderlo. ¿Quería
que fuera su compañero de juegos o algo así? No, no
era un niño, pero le era difícil asimilarlo. Se comportaba
como tal. – Porque creí que habías matado a
Azrael. Él está bien, ¿verdad? No está...
–Hum… estaba con mi hermano antes… así
que seguro que está muy contento. – se rió,
aunque en realidad estaba atento a como fuese a reaccionar.
– ¿Por qué? – el rubio negó con
la cabeza, preocupado, por lo menos estaba vivo. Quería verlo.
– Un momento ¿antes? ¿Dónde está
ahora?
–Cómo tú, en un cuarto…– le sujetó
las orejas y se las acarició con los dedos. Sonrió
aún más y pegó la nariz a la suya. –Te
voy a tocar un poco antes... – le besó los labios y
se rió.
– To... ¿tocar? – sonrió nervioso, moviéndose
un poco hacia atrás. No le gustaba aquello, por más
que lo dijese de aquella manera tan inocente.
–Sí, tocar… haría más, pero ahora
no tengo tiempo. Abaddon me dijo que me iba a llevar con él.
Así que… sólo te voy a tocar un poco. –
empujó su camiseta con un dedo, subiéndola poco a
poco hasta su cuello como si fuera un gusanito. – ¿Entiendes?–
se rió como si fuese una pillería y lo miró
atento.
– No deberías hacer esto. Tengo novio... – intentó
detenerlo, nervioso, aunque no creía que fuese a funcionar.
–Bueno… Pero eso a mí no me importa, no soy
celoso… – apoyó un dedo de cada mano en sus pezones
y se los acarició. –Además… tu novio ya
estuvo con mi hermano. – le dijo, observando lo que hacían
sus dedos.
– ¿Qué? – el chico enrojeció,
retrocediendo de nuevo. No quería hacer eso y se había
puesto algo celoso. – ¿No prefieres... tocar a otro
demonio o algo así?
– ¡Que no!– lo miró serio, sujetándole
la cara para que lo mirase a los ojos, trepándose un poco
más sobre su cuerpo encima de la cama. –Escúchame…
Tú quieres que yo te quiera tocar a ti, porque si no quisiera
tocarte ni siquiera estarías vivo. Te habrían sacrificado
como a los demás. Yo te he curado y ahora te protejo. Y mi
hermano protege a tu novio. Él fue inteligente y supo que
era mejor tener a Sitri contento. – suspiró con fuerza,
los humanos lo desesperaban. – ¡Te gustará!…
Soy muy bueno… ¿Sabes?
– Sí... sí... Seguro que eres muy bueno...
– Kiyoshi se encogió un poco, sintiéndose cobarde.
Pero no era para menos, no después de lo que había
dicho. No después de lo que había visto. Además,
Azrael estaba bien. – Di...dime tu nombre... ¿quieres?
– ¡Asbeel! ¡No me estás prestando atención!
Ya te lo había dicho… – dejó escapar un
resoplido y le mostró sus alas, una blanca y la otra roja,
las abrió tan solo un poco para que viese relucir aquellas
enormes plumas. Sus ojos se habían vuelto rojos de nuevo
y no parecían para nada los de un niño ya. Se inclinó
hacia él y observó los suyos, indagando en su pasado
y riéndose después. –Mi hermano me pidió
que te dejase ir con tu novio, le cayó bien, pero ya no quiero,
eres un idiota, ni siquiera recuerdas mi nombre…– salió
de encima de él pegando un saltito y regresando a su aspecto
humano. –Tal vez tu novio sea salvado por mi hermano cuando
pasen los cinco días, tú sin embargo… le diré
a Abaddon que eres un regalo, y él… te va a devorar…–
se rió de nuevo y se apoyó contra la puerta. –Ah,
no es una metáfora. – salió, cerrando la puerta
y esperando tras esta a ver qué hacía.
El rubio parpadeó, corriendo hacia la puerta luego, sin
siquiera pensarlo. – ¡Espera! ¡Lo siento! Estoy
nervioso... Dios... – suspiró apoyándose contra
la misma. No tenía idea de qué hacer, seguro que iba
a morir. Por lo menos quería ver a Azrael de nuevo.
Asbeel entreabrió la puerta y lo observó por una
rendija. – ¿Vas a portarte bien?
– Sí, haré lo que me pidas. – asintió
Kiyoshi, intimidado ante aquel chico, observándolo amedrentado.
–Vaale…– entró en el cuarto de nuevo
y cerró la puerta a su espalda, apoyando las manos tras sus
propias nalgas y observándolo. –Te dejaré pasar
la noche con él… pero recuerda que eres mío.
– Sí, soy tuyo... – le sonrió, a pesar
de que aquélla sonrisa no llegaba a sus ojos, estaba preocupado.
–Gracias.
–Mientes…– se rió sin enfadarse. Le parecía
normal y no le importaba, era suficiente con que no le contrariase.
–Tu novio es muy grande…– comentó como
distraído. – ¿Es como te gustan?
– Sí... – asintió sincero, esperando
que no se fuera a enfadar por eso y volviendo a sentarse en la cama.
–Pero yo puedo ser así…– se envolvió
con las alas de nuevo. Su cuerpo creciendo hasta alcanzar el aspecto
de un adulto bien trabajado. Escondió las alas de nuevo y
su cabello platino cayó largo a la espalda. Su voz se había
tornado madura al igual que sus rasgos. –Y podría hacer
que te enamorases de mí…– le aseguró,
extendiendo la mano hacia él y bajando un poco la cara mientras
el cabello se deslizaba sobre uno de sus ojos.
– No... lo dudo. – sonrió el chico por no contradecirlo,
echándose un poco hacia atrás por reflejo, sorprendido.
– ¿Cuál es tu verdadera apariencia?
Asbeel sonrió, aproximándose a él y sujetando
su rostro. –Esa era mi apariencia humana. Todos los ángeles
tenemos una cuando somos enviados a la tierra, aunque también
tengo otra…– se rió abiertamente. –Que
no querrás ver…
– Te tomo la palabra. – se rió aún nervioso
pero decidiendo que era mejor así. No podía hacer
nada, no podía luchar contra él y no podía
escapar.
El ángel caído se inclinó hacia él
y lo besó suavemente. Deslizó la mano por su cabello.
Lo miró a los ojos intrigado por saber si caía en
sus redes o no.
El rubio no apartó la mirada, sintiéndose confundido
de pronto, deseando ser abrazado. Estaba asustado y solo como nunca
lo había estado antes. Y ese chico era el único que
estaba a su lado. No tenía sentido, era su captor y sin embargo,
deseaba aquel consuelo.
Asbeel lo abrazó con fuerza sin dejar de besarlo. –Yo
te protegeré…– le aseguró, aunque tal
vez sí, tal vez no, pero eso no importaba. Trataba de dominar
su mente y susurró en su oído palabras cálidas
que lo tranquilizasen. –Sólo tienes que estar a mi
lado… – le aseguró, observando sus ojos después
y tocando sus labios con un dedo, gesto que lo salvó de cometer
una tontería, ya que había estado a punto de protestar.
En vez de eso, cerró los ojos, suspirando. – Sí...
No lucharé más...
–Me dan ganas de pegarte…– le dijo, suspirando
y volteándose. Caminando de nuevo con su aspecto real. A
pesar de su mentira. Sujetando su mano y llevándolo con él.
Kiyoshi se dejó llevar, sonriendo con naturalidad a pesar
de todo. Era un demonio que había estado a punto de matarlo.
No comprendía qué le pasaba. – Yo creo... que
no eres tan terrible después de todo.
–No, sólo he matado a toda esa gente y destrozado
todas esas cosas con una lluvia de granizo y fuego, pero tienes
razón. – sonrió ampliamente y lo miró
a los ojos. –No soy tan terrible como otros…
– Quise decir... tu personalidad. – continuó
sonriendo, aunque se veía un poco más tembloroso.
– Pensé que eras dulce, pero... es la primera vez que
conozco a un demonio.
El chico se rió. –Que tontería. ¿Y
Belial? Lo conoces muy bien. – entrecerró los ojos
y lo miró directamente. Adentrándose después
en una zona más oscura donde los llantos y gritos de desesperación
inundaban todo. – Qué pesados.
– ¿Quieres que se callen? Tienen miedo... es natural.
– le contestó, bajando la mirada luego y preguntándose
si no habría hablado demasiado. – No sé quien
es Belial. Ah, Ashram... No es un demonio de verdad... ¿Verdad?
– preguntó ahora confundido de nuevo.
–Verdad, verdadera…– se rió, observando
sus ojos y apoyando un dedo sobre su sexo. – ¿Te desconcentré?
– ¿Eh? Sí... – lo miró, enrojeciendo
pero sin apartarse. Era extraño, seguía comportándose
como un chiquillo luego de decir todas esas cosas. – Pero
yo quiero mucho a Ashram. No me importa si es un demonio.
–Bueno, pero eso no quita que lo sea… y Belial es
alguien muy cruel. Ya lo verás…– sonrió
y se sujetó de su cuello de nuevo, poniéndose de puntillas
para besarlo y empujando la puerta con un pie como quien no quiere
la cosa.
El moreno en el interior que ya se desesperaba por el tiempo transcurrido,
los observó, haciendo amago de acercarse y deteniéndose
antes de cometer una estupidez. Desvió la mirada y se echó
a un lado.
Kiyoshi resistió los deseos de apartar a ese chico, sintiéndose
como aquella vez, apretando los párpados. – Belial
o Ashram... seguirá siendo mi hermano... – contestó
con voz suave y sin ánimos de ofender.
–Y yo seguiré siendo tu dueño, mientras no
prefieras morir…– lo empujó adentro y cerró
la puerta, sonriendo y correteando por el pasillo, golpeando las
puertas de los demás para molestarlos. – ¡Damian!
............
–Kiyoshi…– el moreno lo abrazó, pegándolo
contra él y estrujándolo contra su cuerpo. –
¿Estás bien?
– Estoy bien, ¿y tú? – le preguntó,
abrazándolo de vuelta, besándolo desesperadamente
antes de que contestase. – Te amo, lo que viste...
–Ya lo sé… no importa, no… necesito que
me lo cuentes. – lo apretó con fuerza también,
alzándolo del suelo incluso, necesitaba sentir que podía
protegerlo, aunque supiese que no. Le sujetó la cara con
las manos y lo miró a los ojos. –Tenemos que sobrevivir…
como sea, sólo quedan cinco días. Sitri me lo dijo…quiero
convencerlo de que salve a Aki, a Ashram y a Adan.
– ¿Crees que podrás? Yo... pensé lo
mismo, pero ni siquiera sé si puedo salvarme yo. Y no quiero...
no sin ti. No puedo creerlo... – negó con la cabeza,
aferrándose a sus brazos. – Dice que Ashram es un demonio
también. – se sobresaltó al escuchar un golpe
fuerte en la pared, la voz de Daniel escuchándose a través
de la misma.
– ¡¿Kiyoshi?! ¡¿Eres tú?!
El rubio abrió los ojos, sorprendido. – ¡¿Daniel?!
Soy yo... – bajó la voz, preguntándose si no
sería un truco.
– ¡¿Estás bien?!¡¿Te han
hecho algo?!
– Estoy... ¡Estoy bien! – gritó el chico
con voz cansada. – ¡No deberíais estar aquí!
¿Dónde está Ashram? ¿Está bien?
– ¡Está triste y preocupado! ¡Pero está
en casa! – Kiyoshi le contestó, esperando luego en
el silencio.
–Creo que está en el cuarto de al lado…–
le dijo Azrael, acercándose a la pared y golpeándola
con el puño. – ¿Estás aquí?
– Sí. – contestó el chico echándose
a reír, pero no era una risa alegre. Más bien era
un sonido cansado, desesperado y aliviado a la vez.
– ¿Quién te raptó? ¿Lo sabes?
– Adramelek. Ese hombre... Dante. – les aclaró
por si lo conocían con aquel nombre. Lo había visto,
dentro de su cabeza, había visto su verdadera forma.
– Vamos a salir de aquí, Daniel, todos. Encontraremos
la manera... – lo animó Kiyoshi a pesar de no estar
convencido él mismo.
– No... Si lográis escapar, huid. No miréis
atrás.
–No, eso no podríamos perdonárnoslo. –
el moreno suspiró, sujetando a Kiyoshi y sentándose
en el suelo con él sobre sus piernas. –He tratado de
tirar la puerta, pero parece de hormigón, nunca había
creído en la existencia de Dios y ahora… ahora sigo
sin hacerlo, pero está claro que el diablo sí existe.
– El diablo no puede existir sin Dios. No es posible. Esos
niños... realmente eran ángeles. – le explicó
Daniel, apoyándose contra la pared, sentado en el suelo del
otro lado. – No podrás romper la pared ni las puertas.
Vuestra única oportunidad está en esperar a que os
saquen de aquí.
–El demonio que estuvo conmigo me dijo que tal vez podría
salvarme, creo que le agradé, incluso me dejó permanecer
con Kiyoshi aquí. – le explicó Azrael. –Deberías
tratar de convencer a ese Dante.
– No, él no será convencido, está enfocado
y no tiene... Es imposible. –sonrió, cerrando los ojos
en aquella oscuridad. Se sentía extraño, cada vez
se sentía más extraño. – Si lográis
escapar... decidle a Ashram que lo amo. No me importa lo que sea,
lo amo.
– ¡Que no nos vamos sin ti! Deja eso... – se
desesperó Kiyoshi, pensando que era un necio.
–Tranquilo…– le susurró Azrael para que
no le gritase. Estaba desesperado y lo sabía, pero seguramente
Daniel más, además de estar solo. –Eh…
Daniel. Él ya lo sabe. Le pediré a Sitri que te deje
pasar la noche con nosotros mañana. ¿Vale?
– Gracias, pero... Gracias. – finalizó, prefiriendo
no explicar. Dudaba mucho que se lo permitiese. – Tened cuidado
con esos demonios... – se quedó callado de pronto al
escuchar los pasos en el pasillo. No quería que lo descubrieran
hablando y lo enviasen a otra habitación.
Azrael se quedó también en silencio con el mismo
motivo. Escuchó que abrían la puerta y un hombre sujetó
al rubio, cogiéndolo sobre un hombro para no tener que molestarse
en guiarlo. –Posiblemente ya me echabas de menos…
La voz congeló la sangre de Azrael, a pesar de que no la
reconocía para nada, pero era una voz oscura y helada a pesar
de su tono amable.
Kiyoshi también permaneció en silencio, temblando,
sin poder controlarse. Era un temor incomprensible.
Mientras, Daniel se dejaba llevar de esa manera,
sin contestar. No tenía sentido, no le escucharía
y no serviría de nada. Además, ellos le estaban hablando
de nuevo.
........
Dante lo dejó de pie en medio de una sala fría y
llamó con una mano al angelical rubio que estaba sentado
sobre las piernas de Abaddon, balanceando las propias impaciente.
– ¿Es este? – preguntó el chico que
aún no había podido verlo. Le fue quitando la ropa
poco a poco, sonriendo ligeramente. –No es tan humillante
cuando no se ve nada, qué injusto.
– ¿No? – Sitri observó al chico y a cómo
intentaba cubrirse en vano, bajando el rostro. – Yo creo que
debe ser más atemorizante, el hecho de no saber quien, cómo
ni cuando... – se rió Damian, acariciando su cabello
como si fuera un chiquillo.
–No lo había pensado así…– el
chico se rió. –Nunca había visto un ángel
de Dios tan cerca.
Dante sujetó las muñecas del chico y se las prendió
en cruz de las cadenas que colgaban por cientos en el techo. Asegurándose
de que la sujeción fuera dolorosa. –Pronto dejará
de serlo…– le aseguró.
– ¿Puedo tocarlo? – preguntó el chico,
apretando uno de sus pezones con un dedo.
–Haz lo que quieras… – le indicó el moreno,
observando como el chico de inmediato deslizaba sus manos por el
cuerpo del rubio, tocando cada rincón como si investigase
algo. –Es un pervertido…– le dijo a Sitri, riéndose.
– “Deteneos...” –susurró el chico,
rogando a pesar de que era consciente de lo inútil de su
situación.
– ¿Por qué? Asbeel es el más amable
de nosotros. ¿No lo sabes? – se burló Damian,
cruzando las piernas y permitiendo que Sitri fuera con su hermano.
– Dios no te debe querer mucho... – añadió
a la vez que el moreno le lamía una mejilla, molestando,
aunque cuidándose de no interferir con Asbeel.
–Eso… Damian te comerá si no haces lo que debes.
– el chico se rió, toqueteando su sexo con las manos
y acuclillándose para examinarlo de cerca. –Te la estoy
mirando…– le informó para avergonzarlo, canturreando
y colándose entre sus piernas, separando sus nalgas y observando
también. – ¿Será virgen?
–Sí…– le aseguró Dante que lo
había estado observando. Sujetó sus tobillos de otras
cadenas para facilitarle a Asbeel las cosas. El chico se rió,
besándole una mejilla al moreno.
– Tiene miedo, pobre angelito. ¿Te preocupa el dolor?
– preguntó Sitri tocándole la quijada para mirarlo.
Le llamaba la atención que pudiese hacer lo que quisiera
frente a su rostro y él no lo vería.
El chico intentó liberarse, sintiendo que los dedos se clavaban
más en su rostro, forzándolo a continuar así.
“No estás solo, Daniel.” “Sé fuerte.”
Podía escuchar aquellas voces de nuevo, se estaba volviendo
loco.
Asbeel comenzó a meter los dedos dentro de él, rebuscando
en su interior y jugueteando con su sexo mientras lamía sus
nalgas. –Mira, Damian…– lo llamó entusiasmado
antes de morder su carne hasta que la sangre manó abundantemente.
Dante sonrió levemente, siempre le causaba gracia que el
chico se esforzase en llamar la atención de Damian. Acarició
el cabello al rubio, empujándolo un poco para que fuera con
él. –Voy a buscarlo…– le dijo.
– No se resistirá. Estoy seguro de que su naturaleza
triunfará. Y si no lo hace... – Damian lo besó
profundamente, riendo al escuchar los gritos de Daniel una vez más.
– Asbeel, sigue así y te daré un premio luego.
– Y ¿a mí no? Qué malo, Abaddon... –
protestó Sitri, bromeando y acariciando a su hermanito.
–Tú no quieres su premio…– le dijo el
chico riéndose, arrodillándose para lamer el sexo
de Daniel y cerrando los ojos al recibir sus fluidos mientras su
mano tocaba el de Damian, esperando a ver cuando lo reñía
y disfrutando mientras. Su otra mano se deslizó por el de
su hermano, en realidad todos le gustaban.
Daniel se mordió el labio inferior para no gemir, no quería
otorgarles aquello. Se sentía sucio, avergonzado.
–Luego... con dos tienes por ahora. – lo detuvo Damian,
alejándose con Dante. Sitri gimiendo en voz alta sin ningún
control, extendiendo sus alas para flotar ligeramente.
Asbeel se rió, no se molestaba en frustrarse, al menos
le había dicho luego. Succionó el sexo de su hermano
y cambió la mano hacia Daniel. –Sitri…–
sonrió mientras estrujaba los testículos de Daniel
con demasiada fuerza. – ¿No dicen los humanos que los
ángeles no tienen sexo? Y ya que a los ángeles les
gustan tanto los humanos.
– Tal vez deberíamos hacer realidad sus fantasías...
¿no? – sonrió en complicidad con el chico, sujetando
el cuello de Daniel de manera dolorosa. – ¿Tú
qué crees? Contesta.
– No... Por favor, no... –jadeó, sudando adolorido
al sentir la mano de Asbeel apretando cada vez más. –
Deteneos... ¡Ahhh! – gritó sin poder aguantarse
más, Sitri riéndose con su hermano.
– Pues deberías dejar de ser un ángel... Y
ya no hay peligro. ¿Sabes que Asbeel puede hacer crecer su
sexo hasta donde quiera? ¿Te imaginas eso? Ser empalado así...
por lo menos mueres contento.
Asbeel se rió, gateando hacia delante y besándolo
mientras gritaba de dolor. –Deberías pensarte mejor
esto de ser ángel. No te ha servido de mucho. ¿Verdad?
– sujetó su cabeza contra su pecho, acariciándole
el cabello como consolándolo. Sólo tienes que decirlo,
sólo di que renuncias a Él… Prueba a decir.
“Yo re…” verás que pasa.
– No... No soy un ángel... – protestó
a pesar de estar temblando y jadeando por el dolor, las lágrimas
bajando por sus mejillas. – Y no quiero... ser un demonio.
– Pues sí que estás en estado de negación...
– murmuró Sitri, colocándose detrás de
él y arañándole la espalda con cara de no hacer
nada especial. – Elige lo que más te convenga.
–Pero deberíamos premiarlo por decir que no es un
ángel y renegar de ello… – le soltó un
tobillo, estaba completamente amoratado por las cadenas. –Tengo
la mano en tu otro tobillo Daniel… y estoy esperando a que
lo digas. Reniega de Él. ¿Crees que está de
tu lado?
Daniel tembló nuevamente, apretando la mandíbula,
escuchando sus voces de nuevo. “No estás solo, Daniel”
“No lo hagas...” De pronto podía verlo, aquel
hermoso lugar lleno de verdor, flores... Ashram estaba allí,
de pie, mirándolo. Tampoco estaba solo.
– “Dilo... Dilo y el dolor termina...” –
le susurró Sitri, sonriente, con una voz que casi acariciaba
por la dulzura.
– No... – contestó el chico debatiéndose.
No quería estar allí, quería permanecer en
ese lugar dentro de su mente. – No... Yo creo en Dios.
– ¡Estúpido! – Asbeel se desesperó
por un momento y se llevó las manos a la cabeza, estrujándose
el cabello ligeramente.
–Yo también creo en Dios. ¡Cree en Él,
pero no estés de su lado, pues Él no está del
tuyo!
–Daniel… el Apocalipsis enviado por Lucifer ya ha
comenzado. Del cielo han llovido piedras de hielo y bolas de fuego.
El mar se ha convertido en lava ardiente… Y Él…
no está haciendo nada para salvar a todos los que han muerto.
– la voz de Dante era la que sonaba ahora, acompañado
por Damian que iba del brazo de Drago.
– ¿Qué sucede? – preguntó el
hombre que no daba crédito a lo que veía y no pudo
frenar el instinto de ir a soltarlo.
Asbeel se quedó mirando cómo lo soltaba. –
¿Qué hace?
– ¿Detective... Drago? ¡Detective! – gritó
el chico desesperado, sin comprender lo que sucedía, pero
absurdamente buscando su ayuda.
Damian se rió, apoyándose en el moreno. – Te
llama. Te estaba esperando, Adamo... él es tu prueba. Tu
compromiso con nosotros, por así decirlo.
–Mi compromiso no tiene nada que ver con esto. – soltó
sus cadenas y lo sujetó en brazos.
– ¿Seguro que quieres estar de su lado, Drago? Te
explicaré tus opciones… o mejor… las sintetizaré.
Puedes estar del lado de Daniel o del lado de Hashimoto. Sólo
puedes salvar a uno.
El moreno se estaba quitando la camisa y le ayudaba a ponérsela
a Daniel sin prestar atención, realmente dado lo alucinado
que estaba por la situación, hasta que escuchó el
nombre de su amante.
El rubio sollozando ligeramente, sujetando aquella camisa, por
el momento aliviado contra toda esperanza. – Detective...
– susurró al escuchar lo que acababan de decir, notando
cómo las manos del moreno aflojaban tan sólo un poco.
– Y estamos siendo comprensivos, ¿no lo crees? Considerando
que no debías ver a ese hombre de nuevo...
Sitri se acercó un poco, uniéndose a Damian y a Dante,
lo hubiesen invitado o no. – ¿Realmente va a sacrificar
a su amante por este chico?
–No, no lo hará. No es tan estúpido…–
Dante sonrió ligeramente y pasó una mano por los hombros
de Sitri. –Ya le debe demasiado, ya le ha fallado demasiado.
Casi lo matan por su culpa en dos ocasiones, le ha sido infiel repetidas
veces… le miente… y lo traiciona continuamente.
– ¡Cállate! – se atrevió a gritarle
Adamo, que notaba aquella voz como un veneno.
– ¡Incluso lo ha dejado solo en estos momentos tan
duros por propio egoísmo!… ¡Morirá solo
y traicionado, porque él quería salvar a un chiquillo
inútil!– lo siguió acosando, acercándose
frente a él. –Tú siempre lo has sabido, no eres
de los buenos, así que deja de fingir y haz lo necesario.
¿No es esa tu forma de pensar? Siempre has hecho lo necesario…
matar, robar, prostituirte… ya eres basura, un cargo más
en tu conciencia no pesará.
– No les escuche, detective. No es cierto. Por favor... –
le pidió aterrorizado el chico. No sabía lo que tenían
en mente, pero aquello sólo lo asustaba más.
Damian le sujetó la quijada, echándole la cabeza hacia
atrás y soltándola tan sólo por el movimiento
del moreno. – ¿Y tú, Daniel? ¿Tan egoísta
eres? ¿Quieres que muera Hashimoto? ¿Qué alguien
muera por ti? Sí, eso deseas... Renuncia ya.
–No lo matareis…– Drago apretó el brazo
de Daniel demasiado fuerte sin percatarse.
–Claro que sí… – Adramelek se rió.
– ¿Crees que a nosotros nos afecta matar a mil o a
todos los humanos de este planeta? De todos modos morirá
en cinco días al igual que ese chico que tienes entre tus
brazos. Elige a quien le otorgas esos cinco días. ¿A
quien se los debes, Adamo?
–Basta…– el moreno sentía crecer aquella
ira que había notado durante los últimos días
en su interior. No se sentía capaz de controlarse y lo lanzó
lejos de él con una fuerza que no identificaba como suya.
–Te convertirás en un Dios…– le dijo
Asbeel. –Seguro que Damian te permite salvar a Hashimoto si
así lo deseas, sólo tienes que…– apoyó
un pie sobre el cuello de Daniel en el suelo, pisándolo.
–Obsérvalo, incluso Dios lo odia, Él lo castigó
con esos ojos…
– Nog... no es ciertoh... – jadeó adolorido,
sintiendo que se ahogaba, sujetando el pie del rubio, pero no lograba
quitárselo de encima.
Drago se llevó la mano a la cabeza, apretándose
las sienes y sintiendo un dolor insoportable. Sabía que era
uno de ellos quien proyectaba esas imágenes en su mente,
no dejaba de ver a Hashimoto morir de las formas más terribles,
odiándolo. Pero no lo soportaba, no podías matar a
una persona para salvar a otra, eso… ya lo había padecido
antes.
– ¡Mátalo! – le gritó Asbeel,
desesperado de nuevo por aquel humano. Soltando a Daniel y zarandeando
al confundido hombre que suficiente tenía con soportar su
propia confusión. – ¡Mátalo! – siguió
gritando de forma incesante hasta que el moreno lo apartó
de sí de un golpe.
Asbeel se estrelló contra la pared, riéndose y observando
las alas visibles a la espalda de Drago.
–Forneus, mátalo…– le dijo Adramelek.
El moreno se subió sobre Daniel en un solo movimiento y
sujetó su cabello, golpeando su cara contra el suelo una
y otra vez.

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