.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 87
The Birth of Forneus


Madrugada, Calabozo del Retiro.
Martes 22 de Junio

Kiyoshi alzó la cabeza al escuchar el sonido de pasos. No tenía idea de donde estaba ni de donde se hallaba Azrael. Sólo se había despertado allí entre sonidos de llantos y quejas, vestido de aquella manera. Estaba temblando. ¿Y si pensaban matarlo? Recordaba muy bien las descripciones de aquellos asesinatos. Se puso de pie al escuchar el ruido de la puerta al abrirse, a la defensiva.

El chico rubio platino sonrió ampliamente al verlo y pasó. Cerró la puerta a su espalda y dejó escapar un resoplido después. –Acabo de adoptarte y ya me causas molestias… – se revolvió el cabello con las manos, señalándolo después. – ¿Te gusta esa ropa? La hizo Adramelek para Abaddon, pero le convencí para que me la diera, ya no le vale.

– Es...es... – el rubio lo miró confundido. Recordaba cómo lo había estrellado contra aquellas piedras. Se llevó la mano a la cabeza notando sorprendido que estaba bien. – ¿Qué quieres? ¿Dónde está Azrael?

–Quiero que me contestes a lo que te he preguntado. ¡No seas pelma! Por tu culpa he tenido que dejar de jugar, aunque no lo he hecho por ti, fue por mi hermano. – lo miró de soslayo un momento y sus ojos grises se tornaron rojos tan solo un instante. – ¿Te gusta? – le preguntó sonriendo de nuevo.

– ¡Sí! Sí... son bonitas... – asintió, aunque sólo había alzado la voz por miedo. Dios, si parecía un chiquillo. – Me gustan...

–Vale…– lo abrazó cariñosamente y lo miró a los ojos, alzando la cara un poco y poniendo labios de beso.

El rubio se quedó mirándolo confundido, besándolo luego brevemente. No quería que lo hiciera arder o quien sabe qué.

Asbeel se rió un poco y se sujetó de su cuello para besarlo profundamente. – ¿Qué te crees? No soy un niño. Sólo lo parezco.

– Eres... ¿Qué eres? –le preguntó observándolo, rojo. Quería preguntar por Azrael de nuevo, pero estaba asustado a pesar de lo inverosímil de la situación.

–Asbeel… soy un ángel… ¿No se nota? – se rió, empujándolo a la cama y sentándose en sus piernas. –Uno caído…– le aclaró luego, riéndose de nuevo. – ¿Estás asustado? Deberías…

– Lo estoy... – le contestó con sinceridad. – ¿Por qué no me mataste? ¿Vas a matarme? – preguntó de pronto por si lo tomaba como una petición.

–No… si decides portarte bien te dejaré vivir. Pero tendré que gustarte. No te preocupes, yo te ayudaré. – lo acostó en la cama y se recostó sobre él. Cruzó los brazos en su pecho y lo miró a los ojos, serio. –Aunque quisiste pegarme.

Kiyoshi miró sus ojos sin comprenderlo. ¿Quería que fuera su compañero de juegos o algo así? No, no era un niño, pero le era difícil asimilarlo. Se comportaba como tal. – Porque creí que habías matado a Azrael. Él está bien, ¿verdad? No está...

–Hum… estaba con mi hermano antes… así que seguro que está muy contento. – se rió, aunque en realidad estaba atento a como fuese a reaccionar.

– ¿Por qué? – el rubio negó con la cabeza, preocupado, por lo menos estaba vivo. Quería verlo. – Un momento ¿antes? ¿Dónde está ahora?

–Cómo tú, en un cuarto…– le sujetó las orejas y se las acarició con los dedos. Sonrió aún más y pegó la nariz a la suya. –Te voy a tocar un poco antes... – le besó los labios y se rió.

– To... ¿tocar? – sonrió nervioso, moviéndose un poco hacia atrás. No le gustaba aquello, por más que lo dijese de aquella manera tan inocente.

–Sí, tocar… haría más, pero ahora no tengo tiempo. Abaddon me dijo que me iba a llevar con él. Así que… sólo te voy a tocar un poco. – empujó su camiseta con un dedo, subiéndola poco a poco hasta su cuello como si fuera un gusanito. – ¿Entiendes?– se rió como si fuese una pillería y lo miró atento.

– No deberías hacer esto. Tengo novio... – intentó detenerlo, nervioso, aunque no creía que fuese a funcionar.

–Bueno… Pero eso a mí no me importa, no soy celoso… – apoyó un dedo de cada mano en sus pezones y se los acarició. –Además… tu novio ya estuvo con mi hermano. – le dijo, observando lo que hacían sus dedos.

– ¿Qué? – el chico enrojeció, retrocediendo de nuevo. No quería hacer eso y se había puesto algo celoso. – ¿No prefieres... tocar a otro demonio o algo así?

– ¡Que no!– lo miró serio, sujetándole la cara para que lo mirase a los ojos, trepándose un poco más sobre su cuerpo encima de la cama. –Escúchame… Tú quieres que yo te quiera tocar a ti, porque si no quisiera tocarte ni siquiera estarías vivo. Te habrían sacrificado como a los demás. Yo te he curado y ahora te protejo. Y mi hermano protege a tu novio. Él fue inteligente y supo que era mejor tener a Sitri contento. – suspiró con fuerza, los humanos lo desesperaban. – ¡Te gustará!… Soy muy bueno… ¿Sabes?

– Sí... sí... Seguro que eres muy bueno... – Kiyoshi se encogió un poco, sintiéndose cobarde. Pero no era para menos, no después de lo que había dicho. No después de lo que había visto. Además, Azrael estaba bien. – Di...dime tu nombre... ¿quieres?

– ¡Asbeel! ¡No me estás prestando atención! Ya te lo había dicho… – dejó escapar un resoplido y le mostró sus alas, una blanca y la otra roja, las abrió tan solo un poco para que viese relucir aquellas enormes plumas. Sus ojos se habían vuelto rojos de nuevo y no parecían para nada los de un niño ya. Se inclinó hacia él y observó los suyos, indagando en su pasado y riéndose después. –Mi hermano me pidió que te dejase ir con tu novio, le cayó bien, pero ya no quiero, eres un idiota, ni siquiera recuerdas mi nombre…– salió de encima de él pegando un saltito y regresando a su aspecto humano. –Tal vez tu novio sea salvado por mi hermano cuando pasen los cinco días, tú sin embargo… le diré a Abaddon que eres un regalo, y él… te va a devorar…– se rió de nuevo y se apoyó contra la puerta. –Ah, no es una metáfora. – salió, cerrando la puerta y esperando tras esta a ver qué hacía.

El rubio parpadeó, corriendo hacia la puerta luego, sin siquiera pensarlo. – ¡Espera! ¡Lo siento! Estoy nervioso... Dios... – suspiró apoyándose contra la misma. No tenía idea de qué hacer, seguro que iba a morir. Por lo menos quería ver a Azrael de nuevo.

Asbeel entreabrió la puerta y lo observó por una rendija. – ¿Vas a portarte bien?

– Sí, haré lo que me pidas. – asintió Kiyoshi, intimidado ante aquel chico, observándolo amedrentado.

–Vaale…– entró en el cuarto de nuevo y cerró la puerta a su espalda, apoyando las manos tras sus propias nalgas y observándolo. –Te dejaré pasar la noche con él… pero recuerda que eres mío.

– Sí, soy tuyo... – le sonrió, a pesar de que aquélla sonrisa no llegaba a sus ojos, estaba preocupado. –Gracias.

–Mientes…– se rió sin enfadarse. Le parecía normal y no le importaba, era suficiente con que no le contrariase. –Tu novio es muy grande…– comentó como distraído. – ¿Es como te gustan?

– Sí... – asintió sincero, esperando que no se fuera a enfadar por eso y volviendo a sentarse en la cama.

–Pero yo puedo ser así…– se envolvió con las alas de nuevo. Su cuerpo creciendo hasta alcanzar el aspecto de un adulto bien trabajado. Escondió las alas de nuevo y su cabello platino cayó largo a la espalda. Su voz se había tornado madura al igual que sus rasgos. –Y podría hacer que te enamorases de mí…– le aseguró, extendiendo la mano hacia él y bajando un poco la cara mientras el cabello se deslizaba sobre uno de sus ojos.

– No... lo dudo. – sonrió el chico por no contradecirlo, echándose un poco hacia atrás por reflejo, sorprendido. – ¿Cuál es tu verdadera apariencia?

Asbeel sonrió, aproximándose a él y sujetando su rostro. –Esa era mi apariencia humana. Todos los ángeles tenemos una cuando somos enviados a la tierra, aunque también tengo otra…– se rió abiertamente. –Que no querrás ver…

– Te tomo la palabra. – se rió aún nervioso pero decidiendo que era mejor así. No podía hacer nada, no podía luchar contra él y no podía escapar.

El ángel caído se inclinó hacia él y lo besó suavemente. Deslizó la mano por su cabello. Lo miró a los ojos intrigado por saber si caía en sus redes o no.

El rubio no apartó la mirada, sintiéndose confundido de pronto, deseando ser abrazado. Estaba asustado y solo como nunca lo había estado antes. Y ese chico era el único que estaba a su lado. No tenía sentido, era su captor y sin embargo, deseaba aquel consuelo.

Asbeel lo abrazó con fuerza sin dejar de besarlo. –Yo te protegeré…– le aseguró, aunque tal vez sí, tal vez no, pero eso no importaba. Trataba de dominar su mente y susurró en su oído palabras cálidas que lo tranquilizasen. –Sólo tienes que estar a mi lado… – le aseguró, observando sus ojos después y tocando sus labios con un dedo, gesto que lo salvó de cometer una tontería, ya que había estado a punto de protestar.

En vez de eso, cerró los ojos, suspirando. – Sí... No lucharé más...

–Me dan ganas de pegarte…– le dijo, suspirando y volteándose. Caminando de nuevo con su aspecto real. A pesar de su mentira. Sujetando su mano y llevándolo con él.

Kiyoshi se dejó llevar, sonriendo con naturalidad a pesar de todo. Era un demonio que había estado a punto de matarlo. No comprendía qué le pasaba. – Yo creo... que no eres tan terrible después de todo.

–No, sólo he matado a toda esa gente y destrozado todas esas cosas con una lluvia de granizo y fuego, pero tienes razón. – sonrió ampliamente y lo miró a los ojos. –No soy tan terrible como otros…

– Quise decir... tu personalidad. – continuó sonriendo, aunque se veía un poco más tembloroso. – Pensé que eras dulce, pero... es la primera vez que conozco a un demonio.

El chico se rió. –Que tontería. ¿Y Belial? Lo conoces muy bien. – entrecerró los ojos y lo miró directamente. Adentrándose después en una zona más oscura donde los llantos y gritos de desesperación inundaban todo. – Qué pesados.

– ¿Quieres que se callen? Tienen miedo... es natural. – le contestó, bajando la mirada luego y preguntándose si no habría hablado demasiado. – No sé quien es Belial. Ah, Ashram... No es un demonio de verdad... ¿Verdad? – preguntó ahora confundido de nuevo.

–Verdad, verdadera…– se rió, observando sus ojos y apoyando un dedo sobre su sexo. – ¿Te desconcentré?

– ¿Eh? Sí... – lo miró, enrojeciendo pero sin apartarse. Era extraño, seguía comportándose como un chiquillo luego de decir todas esas cosas. – Pero yo quiero mucho a Ashram. No me importa si es un demonio.

–Bueno, pero eso no quita que lo sea… y Belial es alguien muy cruel. Ya lo verás…– sonrió y se sujetó de su cuello de nuevo, poniéndose de puntillas para besarlo y empujando la puerta con un pie como quien no quiere la cosa.

El moreno en el interior que ya se desesperaba por el tiempo transcurrido, los observó, haciendo amago de acercarse y deteniéndose antes de cometer una estupidez. Desvió la mirada y se echó a un lado.

Kiyoshi resistió los deseos de apartar a ese chico, sintiéndose como aquella vez, apretando los párpados. – Belial o Ashram... seguirá siendo mi hermano... – contestó con voz suave y sin ánimos de ofender.

–Y yo seguiré siendo tu dueño, mientras no prefieras morir…– lo empujó adentro y cerró la puerta, sonriendo y correteando por el pasillo, golpeando las puertas de los demás para molestarlos. – ¡Damian!

............



–Kiyoshi…– el moreno lo abrazó, pegándolo contra él y estrujándolo contra su cuerpo. – ¿Estás bien?

– Estoy bien, ¿y tú? – le preguntó, abrazándolo de vuelta, besándolo desesperadamente antes de que contestase. – Te amo, lo que viste...

–Ya lo sé… no importa, no… necesito que me lo cuentes. – lo apretó con fuerza también, alzándolo del suelo incluso, necesitaba sentir que podía protegerlo, aunque supiese que no. Le sujetó la cara con las manos y lo miró a los ojos. –Tenemos que sobrevivir… como sea, sólo quedan cinco días. Sitri me lo dijo…quiero convencerlo de que salve a Aki, a Ashram y a Adan.

– ¿Crees que podrás? Yo... pensé lo mismo, pero ni siquiera sé si puedo salvarme yo. Y no quiero... no sin ti. No puedo creerlo... – negó con la cabeza, aferrándose a sus brazos. – Dice que Ashram es un demonio también. – se sobresaltó al escuchar un golpe fuerte en la pared, la voz de Daniel escuchándose a través de la misma.

– ¡¿Kiyoshi?! ¡¿Eres tú?!

El rubio abrió los ojos, sorprendido. – ¡¿Daniel?! Soy yo... – bajó la voz, preguntándose si no sería un truco.

– ¡¿Estás bien?!¡¿Te han hecho algo?!

– Estoy... ¡Estoy bien! – gritó el chico con voz cansada. – ¡No deberíais estar aquí! ¿Dónde está Ashram? ¿Está bien?

– ¡Está triste y preocupado! ¡Pero está en casa! – Kiyoshi le contestó, esperando luego en el silencio.

–Creo que está en el cuarto de al lado…– le dijo Azrael, acercándose a la pared y golpeándola con el puño. – ¿Estás aquí?

– Sí. – contestó el chico echándose a reír, pero no era una risa alegre. Más bien era un sonido cansado, desesperado y aliviado a la vez.

– ¿Quién te raptó? ¿Lo sabes?

– Adramelek. Ese hombre... Dante. – les aclaró por si lo conocían con aquel nombre. Lo había visto, dentro de su cabeza, había visto su verdadera forma.
– Vamos a salir de aquí, Daniel, todos. Encontraremos la manera... – lo animó Kiyoshi a pesar de no estar convencido él mismo.

– No... Si lográis escapar, huid. No miréis atrás.

–No, eso no podríamos perdonárnoslo. – el moreno suspiró, sujetando a Kiyoshi y sentándose en el suelo con él sobre sus piernas. –He tratado de tirar la puerta, pero parece de hormigón, nunca había creído en la existencia de Dios y ahora… ahora sigo sin hacerlo, pero está claro que el diablo sí existe.

– El diablo no puede existir sin Dios. No es posible. Esos niños... realmente eran ángeles. – le explicó Daniel, apoyándose contra la pared, sentado en el suelo del otro lado. – No podrás romper la pared ni las puertas. Vuestra única oportunidad está en esperar a que os saquen de aquí.

–El demonio que estuvo conmigo me dijo que tal vez podría salvarme, creo que le agradé, incluso me dejó permanecer con Kiyoshi aquí. – le explicó Azrael. –Deberías tratar de convencer a ese Dante.

– No, él no será convencido, está enfocado y no tiene... Es imposible. –sonrió, cerrando los ojos en aquella oscuridad. Se sentía extraño, cada vez se sentía más extraño. – Si lográis escapar... decidle a Ashram que lo amo. No me importa lo que sea, lo amo.

– ¡Que no nos vamos sin ti! Deja eso... – se desesperó Kiyoshi, pensando que era un necio.

–Tranquilo…– le susurró Azrael para que no le gritase. Estaba desesperado y lo sabía, pero seguramente Daniel más, además de estar solo. –Eh… Daniel. Él ya lo sabe. Le pediré a Sitri que te deje pasar la noche con nosotros mañana. ¿Vale?

– Gracias, pero... Gracias. – finalizó, prefiriendo no explicar. Dudaba mucho que se lo permitiese. – Tened cuidado con esos demonios... – se quedó callado de pronto al escuchar los pasos en el pasillo. No quería que lo descubrieran hablando y lo enviasen a otra habitación.

Azrael se quedó también en silencio con el mismo motivo. Escuchó que abrían la puerta y un hombre sujetó al rubio, cogiéndolo sobre un hombro para no tener que molestarse en guiarlo. –Posiblemente ya me echabas de menos…

La voz congeló la sangre de Azrael, a pesar de que no la reconocía para nada, pero era una voz oscura y helada a pesar de su tono amable.

Kiyoshi también permaneció en silencio, temblando, sin poder controlarse. Era un temor incomprensible.

Mientras, Daniel se dejaba llevar de esa manera, sin contestar. No tenía sentido, no le escucharía y no serviría de nada. Además, ellos le estaban hablando de nuevo.

........

Dante lo dejó de pie en medio de una sala fría y llamó con una mano al angelical rubio que estaba sentado sobre las piernas de Abaddon, balanceando las propias impaciente.

– ¿Es este? – preguntó el chico que aún no había podido verlo. Le fue quitando la ropa poco a poco, sonriendo ligeramente. –No es tan humillante cuando no se ve nada, qué injusto.

– ¿No? – Sitri observó al chico y a cómo intentaba cubrirse en vano, bajando el rostro. – Yo creo que debe ser más atemorizante, el hecho de no saber quien, cómo ni cuando... – se rió Damian, acariciando su cabello como si fuera un chiquillo.

–No lo había pensado así…– el chico se rió. –Nunca había visto un ángel de Dios tan cerca.

Dante sujetó las muñecas del chico y se las prendió en cruz de las cadenas que colgaban por cientos en el techo. Asegurándose de que la sujeción fuera dolorosa. –Pronto dejará de serlo…– le aseguró.

– ¿Puedo tocarlo? – preguntó el chico, apretando uno de sus pezones con un dedo.

–Haz lo que quieras… – le indicó el moreno, observando como el chico de inmediato deslizaba sus manos por el cuerpo del rubio, tocando cada rincón como si investigase algo. –Es un pervertido…– le dijo a Sitri, riéndose.

– “Deteneos...” –susurró el chico, rogando a pesar de que era consciente de lo inútil de su situación.

– ¿Por qué? Asbeel es el más amable de nosotros. ¿No lo sabes? – se burló Damian, cruzando las piernas y permitiendo que Sitri fuera con su hermano. – Dios no te debe querer mucho... – añadió a la vez que el moreno le lamía una mejilla, molestando, aunque cuidándose de no interferir con Asbeel.

–Eso… Damian te comerá si no haces lo que debes. – el chico se rió, toqueteando su sexo con las manos y acuclillándose para examinarlo de cerca. –Te la estoy mirando…– le informó para avergonzarlo, canturreando y colándose entre sus piernas, separando sus nalgas y observando también. – ¿Será virgen?

–Sí…– le aseguró Dante que lo había estado observando. Sujetó sus tobillos de otras cadenas para facilitarle a Asbeel las cosas. El chico se rió, besándole una mejilla al moreno.

– Tiene miedo, pobre angelito. ¿Te preocupa el dolor? – preguntó Sitri tocándole la quijada para mirarlo. Le llamaba la atención que pudiese hacer lo que quisiera frente a su rostro y él no lo vería.

El chico intentó liberarse, sintiendo que los dedos se clavaban más en su rostro, forzándolo a continuar así. “No estás solo, Daniel.” “Sé fuerte.” Podía escuchar aquellas voces de nuevo, se estaba volviendo loco.

Asbeel comenzó a meter los dedos dentro de él, rebuscando en su interior y jugueteando con su sexo mientras lamía sus nalgas. –Mira, Damian…– lo llamó entusiasmado antes de morder su carne hasta que la sangre manó abundantemente.

Dante sonrió levemente, siempre le causaba gracia que el chico se esforzase en llamar la atención de Damian. Acarició el cabello al rubio, empujándolo un poco para que fuera con él. –Voy a buscarlo…– le dijo.

– No se resistirá. Estoy seguro de que su naturaleza triunfará. Y si no lo hace... – Damian lo besó profundamente, riendo al escuchar los gritos de Daniel una vez más. – Asbeel, sigue así y te daré un premio luego.

– Y ¿a mí no? Qué malo, Abaddon... – protestó Sitri, bromeando y acariciando a su hermanito.

–Tú no quieres su premio…– le dijo el chico riéndose, arrodillándose para lamer el sexo de Daniel y cerrando los ojos al recibir sus fluidos mientras su mano tocaba el de Damian, esperando a ver cuando lo reñía y disfrutando mientras. Su otra mano se deslizó por el de su hermano, en realidad todos le gustaban.

Daniel se mordió el labio inferior para no gemir, no quería otorgarles aquello. Se sentía sucio, avergonzado.

–Luego... con dos tienes por ahora. – lo detuvo Damian, alejándose con Dante. Sitri gimiendo en voz alta sin ningún control, extendiendo sus alas para flotar ligeramente.

Asbeel se rió, no se molestaba en frustrarse, al menos le había dicho luego. Succionó el sexo de su hermano y cambió la mano hacia Daniel. –Sitri…– sonrió mientras estrujaba los testículos de Daniel con demasiada fuerza. – ¿No dicen los humanos que los ángeles no tienen sexo? Y ya que a los ángeles les gustan tanto los humanos.

– Tal vez deberíamos hacer realidad sus fantasías... ¿no? – sonrió en complicidad con el chico, sujetando el cuello de Daniel de manera dolorosa. – ¿Tú qué crees? Contesta.

– No... Por favor, no... –jadeó, sudando adolorido al sentir la mano de Asbeel apretando cada vez más. – Deteneos... ¡Ahhh! – gritó sin poder aguantarse más, Sitri riéndose con su hermano.

– Pues deberías dejar de ser un ángel... Y ya no hay peligro. ¿Sabes que Asbeel puede hacer crecer su sexo hasta donde quiera? ¿Te imaginas eso? Ser empalado así... por lo menos mueres contento.

Asbeel se rió, gateando hacia delante y besándolo mientras gritaba de dolor. –Deberías pensarte mejor esto de ser ángel. No te ha servido de mucho. ¿Verdad? – sujetó su cabeza contra su pecho, acariciándole el cabello como consolándolo. Sólo tienes que decirlo, sólo di que renuncias a Él… Prueba a decir. “Yo re…” verás que pasa.

– No... No soy un ángel... – protestó a pesar de estar temblando y jadeando por el dolor, las lágrimas bajando por sus mejillas. – Y no quiero... ser un demonio.

– Pues sí que estás en estado de negación... – murmuró Sitri, colocándose detrás de él y arañándole la espalda con cara de no hacer nada especial. – Elige lo que más te convenga.

–Pero deberíamos premiarlo por decir que no es un ángel y renegar de ello… – le soltó un tobillo, estaba completamente amoratado por las cadenas. –Tengo la mano en tu otro tobillo Daniel… y estoy esperando a que lo digas. Reniega de Él. ¿Crees que está de tu lado?

Daniel tembló nuevamente, apretando la mandíbula, escuchando sus voces de nuevo. “No estás solo, Daniel” “No lo hagas...” De pronto podía verlo, aquel hermoso lugar lleno de verdor, flores... Ashram estaba allí, de pie, mirándolo. Tampoco estaba solo.

– “Dilo... Dilo y el dolor termina...” – le susurró Sitri, sonriente, con una voz que casi acariciaba por la dulzura.

– No... – contestó el chico debatiéndose. No quería estar allí, quería permanecer en ese lugar dentro de su mente. – No... Yo creo en Dios.

– ¡Estúpido! – Asbeel se desesperó por un momento y se llevó las manos a la cabeza, estrujándose el cabello ligeramente.

–Yo también creo en Dios. ¡Cree en Él, pero no estés de su lado, pues Él no está del tuyo!

–Daniel… el Apocalipsis enviado por Lucifer ya ha comenzado. Del cielo han llovido piedras de hielo y bolas de fuego. El mar se ha convertido en lava ardiente… Y Él… no está haciendo nada para salvar a todos los que han muerto. – la voz de Dante era la que sonaba ahora, acompañado por Damian que iba del brazo de Drago.

– ¿Qué sucede? – preguntó el hombre que no daba crédito a lo que veía y no pudo frenar el instinto de ir a soltarlo.

Asbeel se quedó mirando cómo lo soltaba. – ¿Qué hace?

– ¿Detective... Drago? ¡Detective! – gritó el chico desesperado, sin comprender lo que sucedía, pero absurdamente buscando su ayuda.

Damian se rió, apoyándose en el moreno. – Te llama. Te estaba esperando, Adamo... él es tu prueba. Tu compromiso con nosotros, por así decirlo.
–Mi compromiso no tiene nada que ver con esto. – soltó sus cadenas y lo sujetó en brazos.

– ¿Seguro que quieres estar de su lado, Drago? Te explicaré tus opciones… o mejor… las sintetizaré. Puedes estar del lado de Daniel o del lado de Hashimoto. Sólo puedes salvar a uno.

El moreno se estaba quitando la camisa y le ayudaba a ponérsela a Daniel sin prestar atención, realmente dado lo alucinado que estaba por la situación, hasta que escuchó el nombre de su amante.

El rubio sollozando ligeramente, sujetando aquella camisa, por el momento aliviado contra toda esperanza. – Detective... – susurró al escuchar lo que acababan de decir, notando cómo las manos del moreno aflojaban tan sólo un poco.

– Y estamos siendo comprensivos, ¿no lo crees? Considerando que no debías ver a ese hombre de nuevo...

Sitri se acercó un poco, uniéndose a Damian y a Dante, lo hubiesen invitado o no. – ¿Realmente va a sacrificar a su amante por este chico?

–No, no lo hará. No es tan estúpido…– Dante sonrió ligeramente y pasó una mano por los hombros de Sitri. –Ya le debe demasiado, ya le ha fallado demasiado. Casi lo matan por su culpa en dos ocasiones, le ha sido infiel repetidas veces… le miente… y lo traiciona continuamente.

– ¡Cállate! – se atrevió a gritarle Adamo, que notaba aquella voz como un veneno.

– ¡Incluso lo ha dejado solo en estos momentos tan duros por propio egoísmo!… ¡Morirá solo y traicionado, porque él quería salvar a un chiquillo inútil!– lo siguió acosando, acercándose frente a él. –Tú siempre lo has sabido, no eres de los buenos, así que deja de fingir y haz lo necesario. ¿No es esa tu forma de pensar? Siempre has hecho lo necesario… matar, robar, prostituirte… ya eres basura, un cargo más en tu conciencia no pesará.

– No les escuche, detective. No es cierto. Por favor... – le pidió aterrorizado el chico. No sabía lo que tenían en mente, pero aquello sólo lo asustaba más.

Damian le sujetó la quijada, echándole la cabeza hacia atrás y soltándola tan sólo por el movimiento del moreno. – ¿Y tú, Daniel? ¿Tan egoísta eres? ¿Quieres que muera Hashimoto? ¿Qué alguien muera por ti? Sí, eso deseas... Renuncia ya.

–No lo matareis…– Drago apretó el brazo de Daniel demasiado fuerte sin percatarse.

–Claro que sí… – Adramelek se rió. – ¿Crees que a nosotros nos afecta matar a mil o a todos los humanos de este planeta? De todos modos morirá en cinco días al igual que ese chico que tienes entre tus brazos. Elige a quien le otorgas esos cinco días. ¿A quien se los debes, Adamo?

–Basta…– el moreno sentía crecer aquella ira que había notado durante los últimos días en su interior. No se sentía capaz de controlarse y lo lanzó lejos de él con una fuerza que no identificaba como suya.

–Te convertirás en un Dios…– le dijo Asbeel. –Seguro que Damian te permite salvar a Hashimoto si así lo deseas, sólo tienes que…– apoyó un pie sobre el cuello de Daniel en el suelo, pisándolo. –Obsérvalo, incluso Dios lo odia, Él lo castigó con esos ojos…

– Nog... no es ciertoh... – jadeó adolorido, sintiendo que se ahogaba, sujetando el pie del rubio, pero no lograba quitárselo de encima.

Drago se llevó la mano a la cabeza, apretándose las sienes y sintiendo un dolor insoportable. Sabía que era uno de ellos quien proyectaba esas imágenes en su mente, no dejaba de ver a Hashimoto morir de las formas más terribles, odiándolo. Pero no lo soportaba, no podías matar a una persona para salvar a otra, eso… ya lo había padecido antes.

– ¡Mátalo! – le gritó Asbeel, desesperado de nuevo por aquel humano. Soltando a Daniel y zarandeando al confundido hombre que suficiente tenía con soportar su propia confusión. – ¡Mátalo! – siguió gritando de forma incesante hasta que el moreno lo apartó de sí de un golpe.

Asbeel se estrelló contra la pared, riéndose y observando las alas visibles a la espalda de Drago.

–Forneus, mátalo…– le dijo Adramelek.

El moreno se subió sobre Daniel en un solo movimiento y sujetó su cabello, golpeando su cara contra el suelo una y otra vez.


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