Capítulo
86
Sitri
Noche, Habitación de Sitri.
Lunes 21 de Junio
–Hum…– el moreno se llevó una mano a la
cabeza. Lo último que recordaba era haber recibido un golpe
por atrás, pero no le dolía nada y era de noche. Sin
duda había sido una pesadilla. –Kiyoshi…–
murmuró, volteándose y por poco cayéndose por
el otro lado de la cama con la fuerza que se echó hacia atrás.
– ¿Y Kiyoshi?
– Hum... ¿Kiyoshi? Olvídate de él. No
vale la pena. – sonrió el chico que se encontraba acostado
a su lado, sin contestarle realmente. En vez de eso, se acercó
un poco más, tocando su pecho desnudo.
–Claro…– le dijo cómplicemente. –
¡Y una mierda! Tarado…– se levantó de la
cama, girando el pomo de la puerta para irse de donde quiera que
estuviese. Meneándola un poco. ¿Es que lo tenía
ahí encerrado?
–No me llames eso, me lastimas... – se puso de pie,
acercándose y arrinconándolo contra la puerta. –
Kiyoshi huyó. En cuanto te vio allí tirado, salió
corriendo, abandonándote. Fui yo quien te trajo aquí
y curó tus heridas...
– ¿Sí? – lo miró a los ojos, sintiéndose
un poco incómodo por su proximidad. Vale que estuviera bueno,
pero lo estaba notando excesivamente. –Mientes, recuerdo perfectamente
tenerlo encima… – lo empujó, alejándolo
de él y golpeando la puerta con el hombro para tratar de
abrirla. Sí, estaba asustado y mucho. Pero pensar en lo que
había visto no iba a ayudarle a salir de allí y encontrar
a Kiyoshi.
– Huyó luego... – se rió, sujetándolo
por un brazo y atrayéndolo hacia él. – Deja
eso... ¿Acaso no has pensado en lo que pueda haber detrás
de esa puerta?
– ¿No? Prefiero pensar en ello después de
salir…– trató de apartar su brazo, pero el chico
era inexplicablemente más fuerte que él a pesar de
su aspecto delicado. Se apoyó con la espalda contra la puerta
de golpe y lo miró. – ¿Vas a decirme tú
que hay detrás?
– No... Pero te diré que no conseguirías llegar
muy lejos. – le sonrió encantadoramente, aproximando
sus labios a los del chico. – ¿Qué sucede? No
te maté, curé tus heridas. No me digas que no te agrado...
–Si quieres no te lo digo…– apartó la
cara ligeramente y se guardó las manos en los bolsillos de
los jeans. Apartándose y sentándose en la cama. –
¿Qué hacíais en la playa? Es… ¿Un
rollo del fin del mundo?
– Es... un rollo. – se sentó a su lado, apoyándose
en él de todas maneras. –El mundo acabará y
nosotros tendremos el control. ¿No prefieres estar en mi
lado?
–No, prefiero al de mi novio… ¿No te importaría
devolvérmelo? – le preguntó, mirándolo
de cerca y sonriéndole también. –Y aunque seas
un calienta pollas eso no te servirá de nada, Kiyoshi me
tiene satisfecho y es… bueno. Te da mil vueltas, por si no
te habías fijado…
– Parece un ángel. Pero creo que extrañas a
los chicos malos. Te vi en África. Te he visto antes... –
se rió, sentándose sobre sus piernas. – Oh,
Azrael, soy muuucho más que un calienta pollas. Y cuando
hablan de mí, la palabra hermoso siempre está en sus
mentes.
–Joder, esa palabra nunca está en la mía…–
apoyó las manos tras de sí en la cama, observándolo
sin poder evitar fijarse en su cuerpo. –Estás muy bueno,
vale… ¿Tengo que follarte para que me devuelvas a Kiyoshi
y pueda irme a morirme en otro lado? Total qué más
os da que me muera aquí o donde me dé la gana, si
el mundo va a acabarse seguro que puedes encontrar algo más
interesante que yo.
– Puedo hipnotizarte, ¿sabes? Hacer que te vuelvas
loco por mí, que no puedas pensar en nada más que
en mi cuerpo desnudo. –sonrió, jadeando salvajemente,
pegándose más a él y en efecto, poniendo esas
imágenes en su mente para retirarlas después. –
Pero me gusta que te resistas, es divertido. Olvídate de
Kiyoshi, tal vez lo veas cuando Asbeel se aburra. Pero por más
que lo menciones, no lo verás hasta entonces.
– ¡¿Qué le está haciendo ese enano?!
– lo sujetó por la camiseta, pegándolo ahora
sí a él, pero no precisamente por los mismos motivos.
– Está jugando... Y más vale que tu novio sea
bueno con él... – sonrió el chico, besándolo
sin sentirse amenazado para nada.
Azrael apretó la mano más en su ropa, por un segundo
echándose hacia atrás, su lengua rozando aún
la del chico sobre él y lamiéndola de pronto, succionándosela
y empujando la suya profundamente en su boca. –Noh…–
lo separó de él, sacudiendo la cabeza. Eso era una
locura… ¿Realmente era un demonio y por eso estaba
así? Lo empujó al colchón y se levantó
de nuevo. Mirando por la ventana y comprobando si podría
saltar desde allí. Era… un salto largo. Lo más
probable era que se partiese las piernas y en todo caso la escena
de celebración que estaba viendo abajo tampoco le seducía.
Sitri se rió, abriendo las piernas en la cama, seguro de
que regresaría. No era tan tonto como para saltar desde allí.
Y si lo era... no había problema tampoco. – Pedí
esta habitación por la vista. Me gusta observar las fiestas
así. Mírame, Azrael. –su tono de voz cambió
casi por el de una orden a pesar de lo seductor que sonaba.
Él lo miró, observando sus ojos y después
sus labios entreabrirse. Su garganta tragar saliva. Se sentía
como si los segundos pasasen lentamente y el sonido hubiera desaparecido
del cuarto, sólo sustituido por la respiración excitante
de aquel moreno y su voz sensual. Tragó saliva, su mano apoyándose
en su propio pecho desnudo y bajando por su abdomen hasta la cintura
de los jeans. Tenía tanto calor que le parecía haber
regresado a la sabana.
Sitri abrió la boca, sonriendo y extendiendo una mano hacia
él. Más no quería que se acercase aún,
quería verlo tocarse, desnudarse para él. –Me
pregunto si al igual que aquel por el que te nombraron... serás
el último en desaparecer...
Azrael observó sus labios moverse al hablar, no tenía
ni idea de qué quería decir con eso. Sentía
el sudor correr por la línea de su pecho y su mano acarició
su propio sexo por dentro de los jeans, endureciéndolo antes
de abrirse los botones uno a uno y bajarse el pantalón ligeramente
por las caderas. –No… ya casi me muero dos veces…
– le dijo, aunque no tenía ni idea ya de lo que estaba
hablando.
Su sexo goteaba un líquido transparente y sus jeans resbalaban
por las bien musculadas piernas. –Para ser un chico malo…
no te estás portando muy mal…
– ¿No? Estoy disfrutando de ti... – sonrió
el chico, desabrochando sus propios pantalones y poniéndose
de pie. – Me gusta mirar... antes de atacar. – le tocó
el pecho, deslizando la mano por el mismo mientras lo iba rodeando,
permitiéndole ver la punta de un ala antes de abrazarlo por
la espalda, sujetando su sexo con ambas manos, relevándolo.
El moreno bajó la cabeza, observando aquellas manos en
su sexo. Seguro de que estaba delirando por el golpe. Pero se sentía
muy bien, no quería despertarse. Una de sus manos cubrió
la del chico con suavidad, acariciándola y pasando el otro
brazo hacia atrás, sujetando una de sus nalgas y sintiendo
el sexo del otro contra su piel. –No me vayas a matar…
que tengo que escribir vuestros nombres en mi libro antes. –
susurró, riéndose excitado. –Seguro que los
demonios que te follas normalmente no tienen una polla como la mía…
porque parece que te gusta…
– Me gusta, eres justo mi tipo... – se dio la vuelta,
colocándose delante y besándolo. – Me gustan
los chicos fuertes. Pero no querrías escribir mi nombre en
tu libro. No una vez que me hayas tenido... –se rió
divertido, lamiendo su cuello y su pecho.
–Hum… a ver si es cierto…– jadeó,
apoyándole la mano en la cabeza para que se ocupase de su
sexo. –Busca por ahí abajo… o mejor… ¿Por
qué no me la comes y lo dejamos para otro día?
Pero el chico sólo le dio una lamida, pasando sus manos
por el interior de los muslos y poniéndose de pie, utilizando
aquella voz encantadora de nuevo. – No, mejor me la comes
tú... para empezar.
–No… yo sólo me arrodillo para comérsela
a mi novio… no voy a arrodillarme para comértela…–
susurró, tocando su sexo con la mano y jadeando, bajando
la cara para ver su sexo. Lo cierto es que sí tenía
ganas de lamer aquella polla tan caliente. Sus dedos buscaron entre
las nalgas del chico con la otra mano.
– No, tú ya no piensas en tu novio. ¿Qué
importa él? Yo estoy aquí... – le tocó
el rostro, excitado, sonriendo. – Hazlo, quieres hacerlo.
–No… lo que quiero es metértela hasta el fondo…–
sus dos manos pasaron al trasero del chico y sus dedos se internaron
en él con ambas manos. Torció una sonrisa y lo levantó
contra sí mientras lo exploraba por dentro. Lo rozó
contra la punta de su sexo, estremeciéndose y mordiendo sus
pezones al verlos frente a su rostro. Empujando su sexo dentro de
él y apretando más los dientes en su piel. –Oh…
Dios… – jadeó, nunca había sentido algo
así. ¿No se habría muerto tal vez?
– Bueno, mientras te concentres en mí... –se
rió el chico, empezando a gemir, aferrándose al él
y echando su cabeza hacia atrás. – Hasta adentro...
más profundo. Sé que puedes...
Azrael lo separó de él, sonriendo y haciéndolo
recostar la parte superior de la espalda en la cama. Se aferró
a sus caderas, permaneciendo de pie y lo siguió penetrando
de aquel modo, observando su sexo rebotar una y otra vez, su piel
estaba pringándose de fluidos y su propio pene se inflamó
más, deseándolo.
– Ah...ah.... ha...– sonrió el chico, con cara
de estarse divirtiendo, sus ojos cambiando por un momento. Alzó
los brazos haciendo que Azrael se alzase sobre él y recogiendo
sus piernas para darle más espacio al depositarlo sobre la
cama.
El moreno lo miró a los ojos, apoyando las manos a los
lados de su cabeza y moviéndolo bajo su cuerpo en la cama.
– ¿No eras un chico malo? A mí me pareces dócil…
Como todos…
Sitri dejó escapar una risita, finalmente echándose
a reír a carcajadas. – ¿Quieres que sea malo?
– le sostuvo los hombros, sacándolo de adentro de su
cuerpo y reteniéndolo allí mirándolo a los
ojos. – Los humanos... nunca saben apreciar lo que tienen.
Azrael le sujetó los brazos, tratando de apartarlos para
seguir haciéndoselo. –Podemos seguir con esa conversación,
pero eso ya no es tan divertido… – se apartó
y le tiró de una pierna, inclinándose sobre él
y lamiendo su sexo. Girándolo un poco sobre sí mismo
en la cama y hundiendo la lengua en su dilatado ano mientras lo
ordeñaba con la mano.
Sitri rió de nuevo, gimiendo y jadeando. – Tú
sí eres un chico malo. ¿No? Te gusta someter... Me
gusta eso. – continuó hablando sin importarle lo que
dijera el chico, moviéndose contra aquella lengua y haciéndolo
excitarse aún más. Le encantaba ver ese cuerpo sudoroso
y agitado.
–Hum… estás muy bueno… – el moreno
le estrujó las nalgas, sumido completamente en aquella fantasía,
totalmente hipnotizado por aquel demonio. Abrió su ano con
los dedos, empujando la lengua más adentro y subiéndose
un poco sobre él, frotando su sexo contra la cara del chico
que comenzó a lamerlo, entrecerrando los ojos.
Estaba hinchado, grande... justo como le gustaban. Succionó
sus fluidos, empapándolo de saliva. – ¿Quieres
entrar en mí de nuevo? ¿Me lo pedirás? –preguntó
contra su sexo, volviendo a lamerlo.
–No…– sonrió y succionó su sexo
con fuerza, dejándolo rebotar contra su abdomen y tomándolo
de nuevo, follándose su boca a la vez. –Te la meteré
sin permiso… – se rió, apartándose de
su boca y acostándose en la cama, sujetando su sexo para
izarlo –Mejor así… ¿Por qué no
te sientas de espaldas a mí? Quiero ver como entra y sale
de esas cachas… por… ¿Favor? – se rió,
aquello era hilarante. Nunca había tenido un sueño
tan vívido.
– Así está mejor... – sonrió de
manera traviesa, dándole la espalda, una vez más permitiéndole
aquella breve visión de sus enormes alas pero no el suficiente
tiempo como para que el chico estuviese seguro de lo que acababa
de ver. Introdujo dos dedos en su ano, incitándolo.
Azrael sonrió, observando lo que hacía, excitándose.
– ¿Eres un demonio que va a acabar con el mundo? –
preguntó jadeando y bromeando, sujetando sus caderas y sentándolo
de una vez sobre él. Tensándose un poco y estirando
el cuello ligeramente hacia atrás un momento. Sus brazos
haciendo fuerza para que se moviese sobre su sexo. Observando cómo
entraba y salía del chico.
Se irguió un poco sin poder contenerse y lo tumbó
en la cama bajo él, haciéndoselo salvajemente y jadeando
con fuerza, lamiendo la saliva y el sudor de sus propios labios.
– Oh… apriétame más…
– Lo haré... –contestó sin aclarar si
se refería a aquello o acabar con el mundo. Empezó
a gemir bulliciosamente como si quisiera que todos se enterasen,
aunque probablemente ya lo sabían. Los humanos de aquel culto...
seguramente se excitarían sólo con escucharlo. Les
estaba haciendo un favor. – Hazme tener un orgasmo... Inúndame
con tu semen, Azrael...
–Ah… sí…– el moreno tomó
su sexo para ayudarlo, golpeándose dentro de él con
fuerza y jadeando, aguantándose los gemidos que a pesar de
todo salían entre sus dientes apretados mientras se corría
abundantemente dentro de él. –Ah… joder…
–Ah...ah... ¡Sí! –gritó el chico,
riendo, corriéndose también de manera abundante, demasiado
para ser normal en realidad. – Ah... Azrael...
–Hum… estoy cansado…– susurró,
pensando que era extraño para estar soñando, saliendo
de él y estremeciéndose, acostándose boca arriba
en la cama. Tocándose la cabeza de nuevo, obviamente todo
había sido un sueño, pero por algún motivo
le era imposible despertar.
– Sonríe... Sé que te gustó. Con gusto
lo harías de nuevo si yo quisiera. – se rió
el chico, poniéndose de pie y asomándose a la ventana
sin molestarse en cubrirse, observando a los participantes de aquella
celebración que se había ido tornando más caótica.
El moreno lo miró, a medida que se alejaba de él,
aquel calor abrumante disipándose. Era extraño, hasta
las sábanas lucían ahora de tela más burda
y áspera. –Esto no es un sueño…–
murmuró serio. ¿Qué más podía
ser?
–Claro que no lo es. –se giró, sonriendo, desplegando
sus alas ahora sí por completo, disfrutando del gesto en
su rostro. – Pero fue agradable, ¿no? Tal vez lo repitamos
en otra ocasión. Eres gracioso.
–Creo que no…– el moreno cogió sus jeans
y se los puso sin apresurarse ya que sabía que no podía
huir. Por otra parte el golpe con la realidad era demasiado al igual
que aquellas alas. – ¿Por qué… no dejas
que simplemente me vaya? ¿Eh? Déjame ir con mi novio,
nos largaremos de aquí y haremos que jamás hemos visto
eso…
– Y yo voy a creer eso... Eres afortunado de seguir con vida.
–se rió el chico batiendo las alas para molestar. –
No sé si Asbeel ha terminado con ese chico, tal vez quiera
conservarlo. Es capaz de convencer a los ángeles, ¿sabes?
Le será fácil con un humano. – le explicó,
sintiéndose orgulloso de su hermanito.
Azrael apretó las mandíbulas ligeramente y luego
sonrió. No iba a darle ese placer. –Espero que Kiyoshi
no se haya dormido teniendo que soportar a ese crío encima.
Me consuela saber que lo convenció, ¿Sabes? No me
hubiera gustado que lo pasase mal…
– No me tienes miedo, ¿verdad?– el chico escondió
sus alas, observándolo atento. – No empiezas a comprender
lo que somos. Me pregunto si sigues pensando que soy dócil...
–Sí, lo pienso y lo siento, soy un cabeza hueca.
Aunque tengas alas y me digas que soy un demonio tengo una gran
capacidad de negación… ya ves… Así que
no me pidas que me preocupe el fin del mundo, porque ahora mismo
sólo me interesa sacar mi culo y el de mi novio de aquí
sanos y salvos. Lo demás me la trae floja…
Antes de que pudiese terminar la última palabra, el chico
estaba contra él, sosteniéndolo por el cuello con
fuerza, sonriendo de una manera muy distinta a la de hacía
un momento. – Muy mal... Me estás empezando a irritar,
¿ves? Si realmente quieres salvar a tu novio, ambos debéis
rendiros... porque es la única oportunidad que tenéis,
si es que tenéis alguna.
Azrael lo miró a los ojos, sintiendo que se ahogaba y sujetando
sus manos a la del chico. – ¿Rendirnos? – le
preguntó sin casi poder articular. –Vale, nos rendimos…–
le dijo, aunque no tenía ni idea de qué lucha se suponía
que libraba. Sólo sabía que esa mirada le estaba acojonando
aún más que la antinatural fuerza de su mano. Le hubiera
dado una patada, pero habría sido inútil y no quería
saber las consecuencias.
El moreno sonrió un poco más, alzándolo en
el aire y dejándolo caer luego con violencia. – No
te has rendido, aún no conoces el significado de esa palabra.
Pero lo harás o morirás... o las dos cosas. –
se rió, aunque seguramente perdería interés
en el chico en cuanto hubiese salido de su vista.
El moreno se quejó al caer al suelo, pensando que sería
un demonio o lo que quisiera. A él sobre todo le parecía
un loco psicópata. ¿Se tiraba a un tío y luego
le pegaba una paliza? –Vale, sí, lo que tú quieras…
No es necesario que me pegues una paliza…– se levantó,
apartándose de él ligeramente. Lo cierto es que le
daba igual, sólo quería regresar con Kiyoshi y ver
que estaba bien, se negaba a creer otra cosa.
– Hum... tengo ganas de hacerlo de nuevo, pero le prometí
a Asbeel que dormiríamos juntos. – se quedó
mirándolo, sopesando las dos cosas y sentándose en
la cama. – Mañana será... vamos. – se
puso de pie nuevamente, saliendo de la habitación.
El moreno lo siguió, tocándose el cuello aún
adolorido y fijándose en la gente que había por el
pasillo, aparentemente normales. Pero no lo eran. Lo veían
salir sólo con unos jeans sucios de ese cuarto y ni siquiera
le prestaban atención salvo para si un caso reírse
con malicia. Le tocó el brazo para que le prestase atención.
– ¿Y si hago todo lo que me dices? ¿Sobreviviré
al fin del mundo?
– No tengo ni idea... Creí que todos los humanos morirían.
Pero creo que sería aburrido para mí. –le contestó
sinceramente. Para Abaddon y Adramelek podía estar muy bien
eso, pero él necesitaba juguetes.
–Pero tú eres un demonio importante. ¿No?
Estabas invocando eso en la playa…
– Oh, sí, ¿no te he dicho quien soy? Seguro
no tienes idea de todos modos... Soy Sitri, príncipe del
infierno con sesenta legiones bajo mi comando. Y nadie, nadie, se
me resiste. – Se rió, mirándolo, convencido
de que era la primera vez que escuchaba su nombre. Los humanos habían
perdido muchos conocimientos con los años.
–Entonces para ti no será nada conservar la vida
de unos cuantos humanos… ¿A dónde me llevas?
– le preguntó nervioso.
– A donde están los demás. No vas a pasar la
noche conmigo después de todo. Y no trates de convencerme.
–se rió, deteniéndose y mirándolo a los
ojos. – Aunque tal vez funcione, tengo una pequeña
tendencia a encariñarme con mis esclavos.
¿A dónde estaban los demás? Entonces seguramente
Kiyoshi también estaba allí. ¿Es qué
tenían un harem o algo así? Sonrió ligeramente
y le tocó el pecho con una mano. – ¿Y mañana?
Yo soy muy cariñoso… ¿sabes? – No tenía
idea de dónde se estaba metiendo, pero necesitaba sobrevivir
hasta que saliesen de allí. Si es que salían…
El caso es que tratar de luchar con un demonio por más que
no fuese capaz de asimilar su naturaleza… era estúpido.
–Ya veremos, no insistas. –lo miró serio, despreciativo,
sonriendo luego. – Bromeo... – bajó por unas
escaleras que estaban en la parte de atrás, escaleras a las
que no se podía acceder desde ninguna otra parte del retiro.
– ¿Qué hacíais en la playa? ¿Os
lo dijo Ashram?
– ¿Ashram? Nos dijo algo sobre unas trompetas. No estaba
prestando mucha atención…– lo siguió escaleras
arriba. Se había asustado un poco al principio con esa bromita.
¿De qué conocía a Ashram? Supuestamente el
demonio que Ashram decía era Abaddon, no Sitri o como fuera.
–Dijeron que el agua se convertiría en sangre y fuimos
a echar un vistazo… ¿Conoces a Ashram?
– No en persona, pero sí. Sé quien es. –
sonrió enigmático sin dejar de descender. –
¿Te sorprende? No te sorprendió que te hubiese visto
a ti antes.
–Ah… estaba pensando con la polla antes, ahora ya
no. Oye… ¿Cómo es ese sitio a donde me llevas?
¿Un calabozo o algo así donde tenéis humanos
para… algo?
– Para... algo... No podemos dejar que anden por allí
correteando. ¿O sí? – se rió nuevamente,
deteniéndose por fin ante una puerta y empujándola
para abrirla con facilidad. Lo cierto era que ningún humano
podría moverla siquiera. Pero en contraste, el lugar era
bastante moderno a diferencia del calabozo de la edad media que
se hubiese podido esperar.
Azrael miró adentro y pasó despacio, sin fiarse demasiado.
Correteando… ni que fueran animalillos. – ¿Es
un harem?
–No... Es un calabozo. Pero tú no serás un
sacrificio, no te preocupes. Te quiero conservar por el momento.
– se adentraron un poco más, empezando a escucharse
llantos y gritos, el moreno sonriendo como si aquello le hiciera
feliz. Abrió la puerta de una de las habitaciones, dejándolo
pasar. –Buenas noches...
–Sí… seguro serán buenísimas…–
le sujetó la mano antes de que saliese. – ¿Puedo
preguntarte algo?
– Claro. Aún no mato a nadie por una pregunta. –
Le sonrió, pensando que era él quien se comportaba
dócil ahora. Pero eso estaba bien.
– ¿Cuántos días quedan para el final
del mundo?
– Cinco. – le contestó serio, mirándolo
y pensando en Asbeel por un momento. – Le diré a mi
hermano que traiga a tu novio aquí.
–Gracias…– Azrael lo miró a los ojos
sin poder creérselo y le acarició la mano con suavidad.
No podía creerse eso, simplemente no podía asimilarlo.
¿Cinco días? Soltó su mano despacio.
El moreno suspiró, sonriendo resignado y negando con la
cabeza. – Puedo estarte mintiendo... – se rió,
alejándose incómodo por su propio momento de sensiblería.
Asomándose de nuevo antes de salir a pesar de todo. –
Pero no miento.
Azrael asintió con la cabeza, conciente de que no mentía.
–Te estaré esperando mañana…– le
dijo como despedida. Podía resultar miserable, pero le daba
igual, iba a intentar sobrevivir de ese modo y salvar a la gente
que quería.

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