Capítulo
85
And the Water turned to Blood
Anochecer, Playa.
Lunes 21 de Junio
–Me dirás que estoy loco… pero… ¿Por
qué no vamos a ver lo que sucede? – Azrael miró
a Kiyoshi, entrelazando sus dedos con los del chico mientras regresaban
de casa de Adan y Aki, y pese a la insistencia de ambos en que pasasen
la noche allí.
De hecho no habían podido disuadirlos, pero al menos los
habían dejado salir con la excusa de ir a buscar ropa y los
libros.
– Yo no creo que estés loco. Creo que Ashram se debe
estar volviendo loco, sólo sentado allí... hablando...
– suspiró, pensando en cómo estaría él
si Azrael hubiese desaparecido. – Siento no haber venido antes,
no creí que fuese algo serio. Pensaba que a lo mejor Daniel
estaba resfriado o algo así.
–Ven, vamos a coger el coche y a dar una vuelta por las
playas cercanas… a ver si vemos el agua sanguinolentaaaa.
– se burló un poco ya que a él todo eso le sonaba
a “cuento chino” probablemente era por algo raro del
cambio climático, o a saber qué cosa de esas que hablaban
tanto en los informativos. –Si vemos a un demonio tocando
una trompeta le pediré un autógrafo…–
le dijo reído.
El rubio se rió mirándolo. – Ahora sí
pienso que estás loco. – meneó la cabeza pensando
en la cara de Ashram. – Quisiera poder hacer algo. Me siento
mal.
–No podemos hacer nada, ya sabes que las cosas de Ashram
son demasiado complicadas, sólo nos ganaríamos palmar
o a saber qué. De todos modos esto no es el Apocalipsis y
puede que Daniel… simplemente aparezca, no quiero pensar en
otra cosa salvo en esa. – abrió el coche y se metió
en el mismo, esperando a Kiyoshi.
– Ya, me refería a algo que lo haga sentir mejor,
pero supongo que tampoco es posible. – el chico se acomodó
el cinturón de seguridad, suspirando.
–A mí nada me haría sentir mejor si tú
desaparecieses, sólo que regresases. Así que no, no
hay nada que pueda hacerlo sentirse mejor, eso no es posible…–
hizo una mueca con los labios y suspiró levemente.
– No, me pasa igual. – asintió Kiyoshi, mirando
por la ventana y luego a Azrael. – Entonces... vamos a la
playa a ver eso, ¿no?
–Claro. – el moreno lo miró de soslayo. –
¿Qué quieres hacer, estar todo el día lamentándote
y llevándote las manos a la cabeza con pensamientos apocalípticos?
Prefiero pensar que todo irá bien y ya me preocuparé
cuando no quede más remedio.
– Por eso me gustas, Azrael. – le sonrió, ya
que siempre le levantaba los ánimos. – No, si no podemos
hacer nada, no podemos hacer nada. Sólo podríamos
ir a donde ya sabes, pero Aki me dijo que Ashram pasó toda
una noche allí, así que dudo que haya algo más
para encontrar.
–Hum… creí que te gustaba porque soy guapo
y sexy. Además de increíblemente simpático…
maldita sea…– bromeó y le apretó una pierna,
pasando por delante de la playa más cercana. No había
nada y mucho menos gente, de hecho era extraño ver personas
por la calle después del incidente de ayer. Había
muchas cosas quemadas, incluso coches. Se preguntaba como podían
hacer ellos dos para actuar como si nada. No, la mayoría
de la gente estaba actuando así. Probablemente por el miedo.
–Aquí no hay nada, iremos a Playa Blanca a ver…
y si no hay nada, tengo otros modos de levantar tu ánimo.
– Los tienes aunque haya algo. Ashram dijo que era la primera
señal, lo de anoche, así que aún nos queda
tiempo. – se rió, sintiéndose superficial de
pronto, pero no podía hacer nada más.
Azrael se rió y tomó un desvío por la carretera.
–El mundo no va a acabarse, sólo porque nosotros vivamos
en una sociedad cristiana y estemos acostumbrados a escuchar cosas
de la Biblia, eso no lo convierte en verdadero, además…
si el mundo va a acabarse ¿por qué estos fenómenos
sólo ocurren aquí?
– Tienes razón... Seguro es algo meteorológico
y esos tíos sólo son unos chiflados, aunque Ashram
no. Él sólo tiene sus creencias. – corrigió,
porque no le gustaba hablar mal de su familia. Además, siempre
había admirado a Ashram, y seguía haciéndolo,
aunque no tan fantasiosamente. – Pero sabes, si el mundo se
estuviera acabando... Seria bueno por lo menos saber usar una katana.
– se echó a reír sólo de imaginar la
cara de Adan.
–Lo que sería bueno es tener súper poderes
o un revólver, una uzi… no una katana… –
el moreno se rió y aparcó en la parte empedrada de
la playa, bajándose para ir sobre las dunas. Sujetó
su mano y corrió un poco entre las enormes montañas
de arena, buscando observar de una vez el mar.
– Dije “por lo menos” ¿no? – le
dio un empujoncito, dejándose llevar luego. Lo del día
anterior había sido increíble. Pero no esperaba realmente
que ocurriese nada ahora. Sólo estaban jugando, distrayendo
sus mentes. – De todos modos, no creo que un arma detuviese
a un demonio.
– ¿Quién sabe? Con balas de plata o alguna
cosa sin sentido de esas…– se rió entre dientes
y lo detuvo entre las dunas, riéndose un poco. –Espera…
que me parece que no somos los únicos que creen que pasárselo
bien antes del fin del mundo es necesario…– le dijo,
señalando a un chico que corría con otro de la mano.
Kiyoshi se detuvo, observándolos intrigado, los chicos correteando
como si no tuviesen una preocupación en el mundo.
................
– Allí están... Los veo. –anunció
el chico mayor, soltando a su hermano sólo en el último
momento para dejarse caer en brazos de Dante, suspirando. –
No llegamos tarde, ¿verdad?
Damian le tocó la cabeza, haciéndolo ponerse recto
de nuevo. – ¿Dónde estabais?
–Jugando…– Asbeel se rió, abrazándose
a Damian y sujetándose a su cuello para que lo besase. Mirándolo
a los ojos mientras juntaba los labios.
El rubio suspiró, besándolo finalmente. –Estas
cosas tienen un tiempo y un lugar.
Dante alzó al otro chico en brazos y se lo llevó
con él más hacia el fondo de la playa. –Hay
una cala por aquí cerca, es el lugar… – les dijo,
sonriendo ampliamente.
– ¿Vas a venir conmigo? Ven conmigo... – le
insistió Sitri, rodeando su cuello con los brazos. –
Abaddon no se molestará.
– ¿Y eso cómo puedes saberlo tú? –
Dante se rió, divertido por su comportamiento y susurrando
en su oído después. –“No importa si se
molesta… también es delicioso entonces.” –
le lamió la mejilla como si hablase de él y luego
se la besó.
–No se molestará porque ya está molesto…–
Asbeel se rió, sujetando su mano y haciéndolo correr
un poco con él. –Yo también quiero ir, Sitri…
..........
–Que tíos más… raros. ¿No? –
Azrael miró a Kiyoshi, desde allí no podía
distinguir sus caras pero… – ¿Y si rodeamos el
bosque y vemos qué hacen en la cala?
– Hagamos eso. ¿No te da la impresión de haberlos
visto antes? Al que estaba esperando... –meditó ya
que probablemente era algo en su manera de moverse.
–No lo sé, están demasiado lejos…
...........
– Adramelek, ¿Por qué le sigues el juego a
Sitri?– preguntó el rubio, caminando a su lado, observando
a los otros dos corretear más adelante como si fueran unos
chiquillos.
– ¿Por qué no? Me resulta encantador…
y tú no deberías molestarte, me excita… y no
es un momento adecuado. – se rió, ignorando que estuviese
molesto.
Asbeel saltando sobre Sitri y tirándolo a la arena más
adelante.
El chico se rió, haciéndole cosquillas y abrazándolo
contra sí luego. – ¿Quieres quedarte a mi lado?
Como si lo hiciéramos juntos. “Abaddon se molestó.”
–“Siempre se molesta…”– le dijo
el chico, compartiendo confidencias. –“Me quedo contigo.”
–Vamos…– Dante los apresuró, ya que habían
llegado tarde y sujetó a Asbeel de una pierna, levantándolo
en el aire y llevándolo de ese modo por un rato hasta que
comprobó que se reía sin parar y no era efectivo como
castigo.
– Devuélvemelo y lo hago... – amenazó
Sitri, riéndose y moviéndose sinuoso en la arena.
– Lo harás de todas maneras. – le indicó
Abaddon, sonriendo ligeramente, pero dándole un empujoncito
al menor para que fuese junto a su hermano, el chico trazando un
hexagrama en el suelo.
Se colocó en el centro, alzando los brazos, completamente
serio ahora mientras el viento se alzaba furioso a su alrededor,
las olas rompiendo contra la playa. –“Lucifer, lucero
de la mañana, padre de los demonios. Permíteme hacer
tu voluntad, otórgame tu poder... Envía el fuego y
la sangre...”
Asbeel se abrazó a él a pesar de que Dante había
tratado de agarrarlo para que no interrumpiese, pero el niño
se rió, mirándolo de soslayo, sus ojos tornándose
rojos entre aquel fuego que levantaba arena y gotas de agua alrededor
de ambos.
La tierra tembló y el mar se levantó bravo, las
olas alzándose y chocando contra las rocas de forma furiosa.
..........
El mar comenzó a enrojecer y el humo empezó a surtir
de las olas, el vapor y el agua hirviendo cuando el magma surtía
desde el fondo del océano.
Sitri se echó a reír, abrazando a Asbeel contra sí
y alzándolo un poco. – ¿Te gusta, te gusta?
Quisiera nadar en él... – celebró mientras el
agua se iba tornando roja. Seguro que cualquier humano que cayese
allí moriría al instante. – ¿Aún
estás enfadado, Abaddon?
– No, ya no. – sonrió el rubio, pegándose
a Adramelek como si fuese lo más romántico que hubiese
visto nunca, a la vez que se escuchaba un estruendo, una enorme
explosión de agua y magma alzándose frente a ellos.
Adramelek le acarició la espalda, observando la dantesca
escena como si fuera increíblemente hermosa. Olía
a azufre, roca derretida y muerte. –Has hecho un buen trabajo,
Sitri…– le felicitó, acariciando su cabello con
una mano aún y cuando segundos después de comenzar
a hacerlo ya estaba besando a Damian.
– ¿Y yo? – Asbeel se quejó, aunque en
realidad bromeaba y se escondió tras su hermano para que
Adramelek no fuera a amonestarlo. –Al agua, al agua…
– comenzó a molestar, tirando de sus manos y tambaleándose
un poco con una nueva explosión, el agua salpicándolos
caliente y haciéndole reírse.
– Al agua... – se rió el chico, acercándose
al borde, pero sujetando a su hermano contra sí para protegerlo
de la nueva salpicada.
El rubio se rió, ya que sabía que sólo jugaban
y saltó abrazándose incluso con las piernas, besando
a Dante de manera salvaje mientras el moreno sujetaba su cabello
con una mano y sus nalgas con la otra, devolviéndole la misma
pasión.
.........
– “A... Azrael... tal vez...” – Kiyoshi
tiró de su mano, temblando. No quería hacer el menor
ruido a pesar de que estaban lejos y de que con todo lo que estaba
sucediendo era imposible que los escuchasen.
–Tal vez deberíamos irnos de aquí cuanto antes…
– le dijo el moreno, sujetando su mano y corriendo con él
hacia el coche. –Irnos y contarle esto al detective Sven y
a Ashram, ellos… harán algo. – le dijo, a medida
que iba pensando en ellos percatándose de que eso no era
muy probable.
– Sí... – Kiyoshi casi se lanzó dentro
del coche, suspirando a medida que se alejaban. – ¿Y
si... si se está acabando el mundo?
...........
Sitri alzó la mirada, sonriendo de manera distinta. –
¿Escuchaste eso, Asbeel? Creo que no estábamos solos.
–Hum… no, ya lo sabía. – el chico se
rió juguetonamente. Y le sujetó la cintura. –Tal
vez… deberíamos ir a jugar con ellos. – se rió
un poquito porque sabía que no le dejarían.
– Id. – intervino de manera sorpresiva el rubio, sonriendo.
– Os lo habéis ganado.
Sitri se acercó, besándolo en los labios, casi mimoso.
– Pero sed discretos. No hagáis nada que pueda dañaros.
–continuó el chico, tumbándose por completo
en la arena. Él y Dante tenían otros planes.
–Nada puede dañarnos…– Asbeel le echó
la lengua y sujetó la mano de su hermano, observando cómo
Dante y él se ponían a jugar. Se rió juguetonamente
un momento y abrazó a su hermano de nuevo.
..........
–Tal vez deberíamos llamarlos ahora mismo… Coge
tu móvil y llama a Aki, que le diga a Sven lo que está
pasando aquí. – le indicó Azrael a Kiyoshi.
– ¿Y qué esta pasando, aquí? –
preguntó Asbeel, abrazando al rubio desde el asiento de atrás
y cogiéndole el móvil de la mano, lanzándolo
por la ventana y riéndose. –Sí aún está
por pasar…
El chico gritó, luchando por liberarse. No tenía
ni idea de cómo podían estar allí. –
¡Azrael!
– ¡Yo me encargo! Nunca dejo que mi hermanito viaje
solo. – sonrió, asomándose por la ventana del
conductor, guindado del techo como si fuese perfectamente natural.
Colocó una mano sobre el volante, haciendo que el coche patinara
sobre el asfalto.
Azrael trató de manejarlo, pero los temblores de tierra
no ayudaban mucho, pegó un volantazo y trató de atizarle
con el codo para sacarlo del techo. Mientras tanto Asbeel tiró
de los brazos de Kiyoshi hacia atrás, juntándolos
y haciéndolo gritar al borde de rompérselos.
–Si mi hermano se cae… a lo mejor me molesto. –
dijo, a pesar de que le daba igual que se cayese o no, ya que nada
le ocurriría.
El moreno pegó un frenazo y el chico sobre el tejado salió
despedido a la carretera. Se giró sacando al otro de encima
del rubio ya que tenía las manos ocupadas sujetándolo.
– ¡Vete! – le dijo a Kiyoshi en cuanto lo hubo
soltado, luchando como podía contra aquel crío que
no dejaba de reírse y finalmente lo soltó a él
también, dejándolo huir con su novio.
Sitri se rió, poniéndose de pie y sacudiéndose
el polvo de la ropa, extendiendo una mano hacia Asbeel. –
Vamos... que piensen que han escapado.
Mientras, Kiyoshi continuaba corriendo despavorido, aferrado de
Azrael, jadeando. Le dolían los brazos aún. –
¿Tienes tu móvil? ¿Aún lo tienes?
–Estoy en ello…– le dijo el chico que no quería
decir nada, pero ya estaba pensando que seguir corriendo no era
una opción para él. Lo sujetó en la mano, pasándolo
porque él ya tenía suficiente con respirar, buscando
mientras tanto algún lugar para esconderse. –Una…
una cueva…– le dijo señalando una cueva marina
entre las rocas a lo lejos en la playa colindante.
–No son normales... – susurró el chico temblando,
mientras se dirigían a la cueva. Tenía miedo, sólo
quería regresar a casa. Allí podrían encontrarlos.
–Eso… ya lo he visto. – el moreno entró
en la cueva, respirando un poco fatigado y caminando hacia el interior
de la misma. Se escuchaban gotitas caer desde el techo de la misma
y no le pasaban desapercibidas las pulgas de agua encaramadas a
las paredes junto a gusanos de mar. No pudo evitar pensar que a
Ashram le daría algo de estar allí. –Hace calor…
aquí dentro…
El chico esperó a que hubiese sacado su móvil, acercándose
de manera felina por detrás y quitándoselo de las
manos. – No me gustan estas cosas modernas. Interrumpen la
diversión... –se rió, dejándolo caer
al suelo y apartándose al ver que Kiyoshi se lanzaba contra
él.
Azrael lo sujetó, pero el chico se reía, soltándose
como si no tuviera ninguna fuerza. Dio un paso atrás al recibir
un tirón del tobillo y escuchó el crujido de su única
esperanza aplastada por su propio pie. –Mierda…–
murmuró. Apoyando una mano en el suelo para levantarse y
ayudar a Kiyoshi.
Asbeel saltó sobre su espalda de golpe. – ¡Mira,
Kiyoshi! – le dijo, pegándole con una piedra en la
cabeza después a Azrael, que se cayó al suelo de nuevo
con la sangre bajando por su frente.
– ¡No! ¡Déjalo! – El rubio se lanzó
hacia él con la intención de protegerlo, sintiéndose
halado hacia atrás, la mano de Sitri en su cuello, ahogándolo.
– ¿Por qué eres así? Sólo estamos
jugando... ¿Quieres jugar con nosotros? ¿O te va a
salvar tu guapo y fuerte novio? – apretó un poco más
su agarre, lanzándolo luego sobre el moreno.
Asbeel se trepó sobre ambos ahora, riéndose y besándole
los labios mientras sujetaba su cara con las dos manos. Apartándose
un poquito y sonriendo. Usando una de las manos con la que aún
lo sujetaba para pegarle un golpe contra la pared de rocas. –Pum…–
dijo, riéndose después, Kiyoshi lanzando un grito
apagado y quedándose quieto.
– ¿Te gusta? – sonrió su hermano, sentándose
y observando al moreno, acostándose a su lado para poder
mirar su rostro. – ¿Sigues despierto? –se rió,
pasándole un dedo por el reguero de sangre que bajaba por
su cabeza.
–Que te jodan…– le contestó el moreno
con los ojos entreabiertos, aunque lo veía todo borroso,
y finalmente los cerró.
Asbeel se rió, le había parecida divertida su respuesta.
–Me gusta este. – le dijo, abrazándose al inconsciente
rubio. –Se parece un poco a Damian… de mala calidad.
– aclaró, dejando escapar una carcajada y apoyando
su cabello rubio contra el del chico. – ¿Me lo puedo
quedar?
– Sí, yo me quedo a este. Es fuerte, para ser un humano.
– se rió también, tocándolo de nuevo.
– Si le dices a Damian que te gusta, te dejará tocarlo,
pero... no, prefiero que no te muerda.
–Hum… – Asbeel se rió entre dientes.
–No le intereso, a él le gustan los hombres mayores…
– Cogió a Kiyoshi en brazos y le miró la cara.
–Voy a tener que curarlo, así no se ve bien…–
le dijo a su hermano.
– Pero no te pases, no quieres que huya ¿o sí?
– sonrió ya que era imposible que ese chico pudiera
defenderse contra Asbeel. – ¿Siempre tienen que ser
rocas? – protestó ligeramente, alzando el rostro de
Azrael. – Llevémoslos a casa, tengo ganas de algo caliente,
¿quieres?
Asbeel asintió con la cabeza enérgicamente, sonriendo.
–Quisiera poder hacer como Damian, y que se enamorase de mí…
un ratito. Después que me siga odiando.
Sitri lo miró enternecido, como si hubiera dicho algo hermoso.
– Puedes hacerlo, sabes que puedes. Además, ¿quién
te va a decir que no con ese rostro? – extendió la
mano hacia él a manera de cariño. –Puedo ayudarte
un poco, pero después... tengo que convencer a este.
–Para ti es fácil, para mí sería mucho
más fácil convencer a Damian. – se rió
entre dientes. –Podría convencer a Adramelek para ti,
pero luego me pegaría… – sacó la lengua
y dejó al chico un momento en el suelo.
Le quitó la camiseta y los pantalones junto con los playeros.
Sujetándolo de nuevo en ropa interior. –Eso no lo quiero,
luego le pondré algo bonito…
– No quiero que me coman, Adramelek es de Abaddon, aunque
supongo que podríamos jugar... –se rió, revisando
dentro del pantalón de Azrael. –Puedes hacerlo, eres
poderoso, Asbeel. ¿Ves? No necesitaste de mis poderes ni
siquiera. – bromeó, observando al chico desnudo. Rubio,
de ojos azules, como un ángel, justo el tipo de su hermano.
Y el suyo, moreno, alto, luchador. Habían tenido suerte.
–Pero no se me dan bien los humanos, siempre me desesperan
y les tengo que atizar…– le dijo, sonriendo ligeramente
como si fuera una broma.
– Pues ya sabes qué hacer si te desespera este...
– se puso de pie, levantando a Azrael como si no pesara nada,
a pesar de que era más grande que él y extendiendo
la mano hacia su hermano. – Vamos, luego puedes dormir conmigo.

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