Capítulo
84
If the World Should Come to an End
Tarde, Comisaría.
Lunes 21 de Junio
– Sí, muchas gracias. –sonrió el albino
despidiéndose del oficial que lo había llevado hasta
allí y tocando en la puerta de la oficina, sorprendido. –
Detective... ¿O debería decir inspector? – Lo
miró sin poder evitar sonreír un poco sólo
al ver su rostro.
–Inspector, pero puedes llamarme detective si eso te gusta…–
sonrió levemente y se levantó de la mesa, aproximándose
a él y besándolo al amparo de la puerta. Le acarició
la nuca y lo miró a los ojos. – ¿Ves qué
suerte tienes? Ahora no me queda más remedio que usar traje.
Kaigan meneó la cabeza. – Nunca tuve problemas con
su forma de vestir. “He estado preocupado. Me dijeron que
tu antiguo jefe sufrió un accidente.”
–Sí… chocó contra un conductor borracho.
– se alejó un poco de él, regresando a su mesa
y apoyándose en ella. –No hay micrófonos aquí,
lo he comprobado. Así que si venías a decirme algo…
adelante.
– Ashram... me ha dicho que hay un piso en donde se reunía
con Abaddon luego de matar. Allí debe haber sangre y ropa.
– Lo miró a los ojos, pensando que estaba bastante
relajado. Le extrañaba en esas circunstancias. – También
hemos llegado a algunas conclusiones. Bueno, son teorías...
Adamo, ¿estás seguro de que fue un accidente?
–Claro, yo mismo estuve allí, en el lugar de los
hechos. El conductor también falleció, tenía
alcohol como para tumbar a un burro…– le facilitó
un papel para que escribiese la dirección del piso. –Verás…
me gustaría saber a qué conclusiones habéis
llegado Ashram y tú.
– Creemos... que tiene que ver con el Apocalipsis. –
pasó a explicarle, sintiéndose un poco traidor, pero
no era su decisión el decirle o no aquello. Le contó
todo lo que podía, incluyendo la presencia de aquellos chicos
extraños.
–Increíble que sólo vosotros dos llegaseis
a esa conclusión. Supongo que Sven Ashel no tiene nada que
ver en eso a pesar de que estuvo contigo ayer… – frunció
el ceño e inclinó la cabeza a un lado ligeramente
mientras cogía un cigarro. –Eso significa que no confías
en mí, no olvides dónde estoy y con quienes, puedo
saber todo lo que haces. Como yo sí confío en ti…
te diré algo. Allí sucede algo muy extraño,
esas personas no son como nosotros, no son humanos…
– ¿Cómo que no son humanos? Adamo... son una
secta. – Kaigan suspiró, molestándose un poco,
aunque prefería no demostrarlo. – Confío en
ti. Pero el mismo Sven Ashel me pidió que no revelase su
presencia. Y no tengo derecho a delatarlo. – se pasó
la mano por el cabello, mirándolo, intentando tranquilizarse.
Estaba demasiado alterado. –Lo siento, no han sido días
fáciles... Dímelo, por favor.
–Sí…– se tocó las sienes sin comprender
por qué se había puesto así y le sujetó
la corbata con una mano, aproximándolo un poco y tocándole
la mejilla. –Lo siento, has hecho bien, esto está resultando
más difícil de lo que pensaba. – bajó
la mano por su pecho, estaba agotado mentalmente. –Sé
que hoy pensaban ir al mar… no comprendí muy bien la
conversación, pero ahora sí… Puedes tener la
constancia de que ellos son los autores del granizo de ayer y de
lo que sea que ocurra hoy. No sé como… y no lo comprendo.
– suspiró con fuerza. –Me siento como drogado
a veces cuando estoy con Damian… – le dijo sin querer
concretar.
– Ten cuidado. No sería extraño que te estuviesen
administrando alguna sustancia. Tal vez es así como logran
ese grado de fanatismo por parte de sus seguidores. – lo miró
a los ojos, preocupado. –Ambos estamos alterados. Yo tampoco
comprendo cómo puede ser esto. Soy una persona racional y
sin embargo... creo que todos tienen razón.
–Tengo todo el cuidado posible en esas circunstancias…–
negó un poco con la cabeza y se llevó el cigarro a
los labios. –Al menos voy a reconocer una cosa, si salgo de
allí con vida… no me va a llegar con una hora de consulta
a la semana. – se rió, aunque posiblemente era un humor
un poco negro.
– Apartaré tantas horas como necesites. Pero saldrás
de allí con vida. – le sujetó los brazos en
lo que más parecía un ruego que una afirmación.
Estaba perdiendo el control, no le gustaba estar así, pero
se sentía desesperado. – ¿Has sabido algo de
Daniel? ¿Aún está vivo? – expresó
por fin en voz alta lo que había estado preguntándose
y evitando mencionar frente a Ashram.
– ¿Daniel? No sé nada de él y he visto
casi todo el complejo. Damian me ha hecho el tour completo. También
he visto su cuarto así que no sé donde podrían
tenerlo. Lo siento, no está allí…– negó
con la cabeza, mirando al suelo y pensando en ese chico. Ciego,
estuviera donde estuviese debía tener mucho miedo. –Llamaré
a su familia.
– Sí, será lo mejor. No es justo mantenerlos
en la ignorancia. – suspiró, meneando la cabeza. –
Ashram ya no me escucha. Pero puedo comprenderlo. Si no hubiese
sido por ese hombre, aún estaría quien sabe donde
buscándolo.
– ¿Sven? – Adamo lo miró a los ojos.
–No le digas donde están, sé que se lanzaría
sin pensarlo… arrastraría a Ashram y sería un
suicidio para ambos. Para mí incluido ya que no podría
evitar ayudarlos.
– Creí que confiabas en él. Ambos... –
Sonrió, pensando que se parecían en realidad. Claro,
Adamo era mucho más amable, aunque no hubiese esperado decir
eso hace unos días. – No se lo diré. Confío
en ti y no te arriesgaría, lo sabes. Pero tengo miedo de
que hagas una tontería de esas tan descuidadas.
–Confío en él, pero su forma de hacer las cosas...
Entrar y cargarse un monasterio sólo con la ayuda de un niño
mal de la cabeza… No es mi idea de hacer justicia, ¿comprendes?
No quiero parecer extraño o infantil. Pero no quiero que
le suceda nada. Ya sabes. Es cómo cuando publicaron la muerte
de superman, lo compró mucha gente y sin embargo yo no he
querido jamás leer ese número… – torció
un poco la boca, tocándole la quijada y tratando de hacerlo
sonreír. Se sentía culpable, seguramente estaba tratando
de compensarle lo que hacía con Damian.
El albino efectivamente sonrió, tocándole el pecho.
– Haré lo posible por frenarlo. A mí tampoco
me parece lo indicado. Y no sé si todo esto está revirtiendo
el progreso de Ashram. Pero no es el momento de presionarlo. –
bajó la mirada, deseando mantenerlo consigo. Sabía
que estaba retrasando el momento de partir. – ¿Hay
algo más que puedas decirme? ¿Sabes a qué playa
irán? Algo que no sepamos... ¿Has visto a esos chicos
en el retiro?
–No, no sé de quienes hablaban ni a dónde
irán. Sólo dijeron al mar, pero no vayas, quédate
en un lugar seguro. – apoyó la mano sobre la suya y
miró abajo por no observar sus ojos. –Te amo…
puedo decirte eso. No puedo dormir bien sin ti.
– Yo tampoco duermo bien sin ti. – apretó su
mano, alzándole el rostro con la otra. –No haré
nada que te cause preocupaciones, puedes estar tranquilo. Adamo...
recuerda que sólo eres humano.
–Ya lo sé…– sonrió levemente.
–Uno que comete muchos errores, y que no hace caso a los consejos
de los curas cuando va a confesarse…– se rió,
girándose un poco para apagar el cigarro y abrazarlo.
– Tampoco hace caso a su siquiatra. – Le abrazó
de vuelta, cerrando los ojos, intentando capturar su aroma, aquella
sensación. – No tienes que cargarlo todo sobre tus
espaldas, no estás solo. Y eres un inspector ahora, no hagas
cosas innecesarias.
–No, me quedaré en mi sillón ergonómico
comiendo roscos hasta que tenga que regresar al infierno…
– le besó los labios suavemente y lo apartó
un poco de él. –Perdóname.
– No me apartes, Adamo. No dentro de ti. – le mostró
el rosario que llevaba al cuello aún y que prácticamente
no se quitaba. – Sólo digo que ya no tienes que hacer
allanamientos de morada ni nada de ese tipo. – suspiró
sintiéndose inútil como le pasaba estos últimos
días. – Supongo que debo regresar a la clínica.
He pasado demasiado tiempo con un hombre al que odio.
–Puedes golpearme si quieres para que parezca que hemos
discutido. – se rió, aunque no tenía muchas
ganas. De lo que sí tenía ganas era de que le golpease.
Pero de todos modos era demasiado egoísta, quería
que lo quisiese igual, hiciera lo que hiciese por su empleo. –Deberías…
besarme antes de irte.
– No, no debería, pero lo haré. – sonrió
débilmente, acercándose y aproximando su rostro para
besarlo, abrazándose a él.
Adamo lo estrechó con fuerza entre sus brazos, besándolo
y cerrando los ojos, oliendo su piel. Lo despeinó con la
mano mientras lo aproximaba a su pecho al romperse el beso. –No
quiero…
– Yo tampoco quiero, Adamo. – exhaló sintiéndose
como un chiquillo. Quería volver a ser racional, frío.
Se manejaba mejor bajo esas condiciones. – ¿Estás
seguro de que no hay otra manera?
–No, mucho menos ahora que creen que formo parte de ellos…–
apoyó los labios en su cabello blanco, pensando en lo que
habían dicho sobre su verdadero nombre. Mejor no preocuparlo
con eso. –Me encanta tu cabello…
– Menos mal que no se puede poner más pálido...
Me sacarías canas. – se rió con suavidad, acariciando
su pecho. – Te extraño... Me desconcentro a cada rato.
–Yo ni siquiera puedo concentrarme para poder desconcentrarme
después…– bajó la cara un poco y le sujetó
la mano, apretándola con suavidad y besándolo de nuevo.
– ¿Y si es cierto que esto es el final del mundo? Y
no estamos juntos…
– No puede ser. No es lógico. – negó
con la cabeza, alzando la mirada de nuevo. – Aún me
asusta. No me estoy volviendo loco, ¿verdad? No estoy imaginando
todo esto.
–Desgraciadamente no. No sé lo que es, pero es tan
real como tú y yo. – respiró con fuerza y lo
empujó suavemente para alejarlo de él. –Vete…–
susurró casi. –Y si se acaba el mundo… sálvate,
después iré a buscarte. – le dijo, sonriendo
levemente.
– Si se acaba el mundo, más vale que no estés
en él, Adamo Drago. – sonrió débilmente
de nuevo, alejándose hacia la puerta poco a poco, escondiendo
el rosario bajo su camisa.
Drago dejó escapar un resoplido, observándolo marcharse
entre las rendijas de la persiana. Se pasó las manos por
la cara. Comenzaba a pensar que de no haberlo visto, ese mismo día
habría perdido la razón. Se sentía extraño
y cada vez eran mas frecuentes sus ataques de ira.
Se sentó al teléfono mientras buscaba en su ordenador
el teléfono de los padres de Daniel. Vaya noticia…

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