.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 82
The Politics of the Flesh

Noche, Retiro
Domingo 20 de Junio

– ¿Y? ¿Qué te pareció ese último espectáculo? Hermoso, ¿no lo crees? – Sonrió el rubio sujetándose del brazo de Drago como si fuese su guía. – ¿Dormiste bien?

–Un poco solo de más. Tu oferta parecía más atractiva el sábado. Tal vez porque me lo proponías semi desnudo…– sonrió levemente, actuando por completo, aunque cada vez, por algún motivo se le hacía menos difícil.

– Te dije que podías elegir a cualquiera de los chicos. Pero ya sé...– sonrió, ya que ninguno se comparaba con él. –Tal vez esta noche no duermas solo.

– ¿En serio?... – lo soltó de su brazo y le sujetó la cintura para acariciar la línea de su espalda. –¿No le molesta a Adramelek? Ya sé que sólo soy tu juguetito, pero aun así…

– Por eso dije tal vez. Depende de Adramelek. – le sonrió de nuevo, travieso. – ¿Te importaría compartir?

–A mi amante… no. A mi pareja, sí. – torció una sonrisa y lo miró. –Siempre he sido egoísta, caprichoso y celoso…

– Menos mal que sólo somos amantes entonces. – se rió, preguntándose si habría algo detrás de sus palabras. – Ven, te llevaré a conocer a Adramelek.

–Bien… – lo siguió, sonriendo levemente y preguntándose si podría disimular el temor que le provocaba ese hombre gigantesco. Era antinatural, al igual que el deseo que sentía por Damian. Lo miró de soslayo, de nuevo reparando en sus perfectas, aunque demasiado infantiles facciones. No le gustaba… pero se lo habría follado en el mismo pasillo.

El rubio lo guió escaleras arriba, llamando a la puerta tan sólo para hacerle saber a Dante que venía con compañía. Los estaba esperando.

–Pasad…– el moreno no se molestó en levantarse del sillón en el que estaba sentado dibujando y alzó la vista. Sonriendo y levantándose. –Detective Drago… ¿Está usted disfrutando de su estancia con nosotros? – le preguntó extendiendo la mano.

Drago la estrechó, sintiendo la presión que aquel hombre ejercía y deseando apartarla, aliviado al notar que lo soltaba antes de que el sudor comenzase a perlar su cuello. Se apretó los nudillos ligeramente, casi se los hacía papilla.

Dante abrazó al rubio por la espalda y le besó el cuello, sonriendo ligeramente. – ¿Sabe, Drago? Adoro que mi hijo sea feliz, es lo más importante… su disfrute…

–Ya veo…– le dijo, un poco confuso y sintiendo aquel temor extraño.

Damian se rió infantilmente, sujetando los brazos de Dante contra su pecho. – ¿No estás orgulloso de mí, padre? Sabes que me gusta escucharlo. – se giró, besándole los labios y profundizando en su boca.

Drago alzó una ceja y miró a otro lugar. En realidad aquella visión no le cohibía, sólo trataba de echarle un vistazo a aquel cuarto y ver si podría husmear allí en algún momento.

–Siempre lo estoy…– bajó la mano por su cuello y la deslizó ligeramente por el cuello de su jersey. Drago los miró de nuevo. –Sólo déjame explicarle algo a nuestro invitado…

– ¿Qué sucede? ¿He hecho algo? – preguntó, aunque lo dudaba infinitamente, tenía miedo de que Hashimoto hubiera hecho alguna estupidez de pronto.

–Esto…– el hombre habló mucho más bruscamente y giró un poco la cara de Damian, señalándole la marca en su cuello. –Nunca, jamás… quiero ver algo así de nuevo, ni la más mínima marca o le arrancaré los dientes uno a uno. ¿Comprende?

–Comprendido…– el moreno se aguantó las ganas de sonreír, más que nada porque se creía la amenaza y no sonaba nada bien.

– Adramelek cuida de mí... Siempre. –corroboró el chico, mirando al moreno con aquella mirada de adoración, como si contemplase una obra de arte. – ¿Recuerdas a tu relevo? Yo le hice eso...

– ¿El mordisco? – Drago lo observó atento.

–Sí…– Dante dejó escapar una carcajada suave y le tocó los labios con un dedo. –Este diablillo tiene unos gustos muy especiales en el sexo. ¿Sabe? No niego que le gusta tener algo de normalidad a veces, aunque yo no sepa dársela… Yo necesito a Abaddon. – jadeó suavemente con sólo pensar en su actitud cuando se liberaba.

– ¿A qué se refiere? – Drago los miró, sintiendo un extraño sudor frío y pensando en los genitales que habían cortado a los niños.

– Necesita a mi verdadero yo, aunque a veces me guste jugar al humano. Más que nada porque me gusta sentirme adorado. Pero con Adramelek... – el chico lo miró a los ojos, serio. –... es distinto. Es mi igual, mi amante, mi pareja, mi padre. Nadie más podría llenar su lugar.

Drago los observó, eran extraños. Además se preguntaba el sentido de aquello, él no tenía ningún interés de ese tipo en Damian y aún así…

Dante se abrió la camisa poco a poco y Drago miró atrás ligeramente. Eso si que no le estaba gustando, Damian era una cosa, pero ese tío… ni loco.

Adramelek se rió al ver su reacción. –No huya, sólo quiero mostrarle su verdadero ser… – se abrió la camisa del todo y Drago lo miró fijamente. Tenía el cuerpo lleno de arañazos y mordiscos. Hematomas incluso. – ¿Está asustado?

–No lo suficiente…– murmuró el moreno, que sin embargo mentía.

– Sí lo estás... –canturreó el chico riéndose. –No te preocupes. Adramelek puede soportarlo. Es sólo que... me gusta el sabor de la carne, la sangre. Sobre todo cuando es suave. – le explicó, pasando un dedo por las marcas en la piel de Dante. – Y cuando me estoy divirtiendo… puedo ponerme un poco salvaje.

Dante se rió, encantado con el chico, besándolo profundamente y deslizando aquella enorme mano por su cuello, apretándolo con fuerza, aunque no la suficiente como para marcarlo. –Así que… ya lo sabe, de ahora en adelante… piénseselo mejor antes de insistir en que este gatito se meta en su cama, puede parecer pequeño, pero es una pantera. Y nunca se sabe cuando va a tener ganas de jugar. Tiene tendencia a romper sus juguetes.

–Lo tendré en cuenta…– el moreno se pasó una mano por el cabello, peinándose hacia atrás. –Y correré el riesgo…– torció una sonrisa.

Dante se rió divertido. Eso le gustaba, si no lo tuviese bajo su control se habría asustado.

–Se sintió solo... anoche. Pensé que podíamos compartir la cama con él hoy. – el rubio sugirió, respirando agitado por cómo lo apretaba Dante. – Claro, yo no lo obligaré...

–Si es lo que quieres…– Dante sonrió levemente, soltándole el cuello y acariciándole el pecho. – ¿Crees que le gustará verte de ese modo? – habló tras su oreja, lamiéndola y besándole el cuello de nuevo.

– ¿Los tres? – Drago lo miró, guardándose las manos en los bolsillos y tratando de dominar sus ansias de negarse. Esto era lo peor que sus ansias de llegar al fondo le habían hecho hacer.

– ¿Qué creíste que sugería cuando te pregunté si no te importaba compartir? –se rió Damian, acercándose y tocándole una mejilla, bajando por su pecho. – No tienes que hacerlo si te asusta...

–No me asusta…– siguió el movimiento de su dedo. ¿Qué coño iba a hacer? A saber lo que sucedía de negarse. No le había gustado nada esa frasecita de Dante de que le gustaba consentirle todo a Damian y que aquello era lo más importante.

–Tranquilícese… Drago, se trata sólo de él. No lo marque y todo irá bien.

– No me marques... Tengo una sesión mañana por cierto. – le aclaró como si fuera ese el problema. – Posaré como policía esta vez.– sonrió maldito, besándolo mientras iba abriendo su camisa.

Drago le pasó la mano por la espalda, alzándole la camiseta y pegándose contra él, respirando con fuerza y apretando su sexo erguido contra su pierna. –Los policías tenemos marcas. – le sacó el jersey y besó su pecho. No se había dado cuenta de que lo estaba deseando tanto hasta que volvió a tocar su piel desnuda.

Dante los observó un poco alejado de ellos, excitándose y disfrutando de la visión de Abaddon.

– Yo no. Soy un novato... – bromeó, mordiéndole ligeramente el cuello como para complacerlo. Estaba consciente de la mirada de Dante sobre él. Amaba esa sensación.

–A mí no me pareces un novato…– Drago deslizó las manos por dentro de sus jeans y se los bajó más de lo que el chico de por sí los llevaba. Apretó sus nalgas con fuerza, separándolas mientras devoraba sus labios. Era un cuerpo increíble, como hecho para el sexo. Le dio una nalgada y respiró el olor en su cuello con fuerza.

Dante se aproximó un poco entonces, dejando caer su camisa al suelo y pasando las yemas de sus dedos por la espalda del rubio. Deslizó las manos por sus brazos y las bajó por ellos como dibujando su contorno. Le sujetó las muñecas con fuerza, privándolo de tocar al detective y apretándoselas con una sola mano contra la espalda. –A Damian no le gusta que no le deje hacer lo que quiere, se enfada un poco… – Dante observó al detective que sólo lo miró un momento, molesto porque apartase aquellas manos de su cuerpo.

Deslizó los dedos de una de sus manos dentro del cuerpo del chico, penetrándolo de ese modo y separando sus nalgas con la otra mano. La mano libre de Dante sujetando su mandíbula para besarlo, Adamo encargándose de su cuello y luchando por no morderlo, aunque sus dientes lo rozaban deseándolo.

El chico gimió dentro de la boca de Dante, excitado por aquella penetración, a pesar de estar luchando para liberar sus manos. Aquello sólo aumentaba el placer.

Dante bajó la mano por su cuerpo y sujetó su sexo, acariciándolo con fuerza, alzándole las muñecas hacia atrás y causándole el suficiente dolor como para que no le quedase otro remedio que ir arrodillándose.

Adamo le sujetó la cabeza, pegándolo contra su sexo a pesar de que aún estaba vestido, desprendiéndose de la camisa con la otra mano y abriéndose el pantalón, empujando su sexo en la boca del rubio.

–Ten cuidado…– Dante torció una sonrisa, haciendo que Drago lo observase y sonriese torciendo un poco la boca, empujando más la cabeza del rubio para que tragase su sexo por completo.

Pero Damian sólo se dedicó a succionar el sexo del moreno, jadeando sonoramente contra el mismo, tanto por el dolor como por la excitación. Abrió las piernas en el suelo, estirándolas un poco a los lados para dejar su ano expuesto.

Adramelek se abrió el pantalón y le soltó las manos, pasando el cinturón por su cuello y ajustándolo. Se lo entregó a Adamo y este sólo tuvo un momento de duda antes de sujetarlo, enroscándolo en su mano y haciéndolo moverse de ese modo contra su sexo. Ya ni siquiera estaba pensando ni recordaba otra cosa que no fuera su propio placer.

El otro acarició el cabello del rubio. – ¿Crees que así veo bien? Las manos al suelo… y las piernas estiradas… – le ordenó severamente.

El rubio dejó escapar un jadeo fuerte, como de protesta, frunciendo el ceño, aunque en realidad estaba jugando. Hizo lo que le pedía el moreno, moviendo sus nalgas, tentándolo.

Dante le sujetó las caderas, alzándoselas más hasta que estuvo de puntillas, observando sus músculos y tendones en tensión y separando sus nalgas con los pulgares. Observó su ano rosado y deslizó su sexo contra él, acariciándose entre sus nalgas.

Adamo sacó el sexo de su boca y lo arrastró por sus mejillas y labios, tratando de comprobar cuanto se molestaba el chico cuando le negaban lo que quería. Al parecer eso mismo hacía Dante ya que a pesar de estar acariciándolo no se veía muy dispuesto a tomarlo aún.

Damian frunció el ceño ahora sí en serio, su rostro moviéndose mientras intentaba volver a atrapar ese sexo con sus labios. Se detuvo alzando la mirada, su pecho subiendo y bajando agitado, su ano pulsando deseoso. Finalmente volvió a abrir la boca para morder un muslo de Adamo, su lengua lamiéndolo incluso de aquella manera.

– ¡Ahg!… – el moreno apretó los dientes para no gritar. Dios, aquello no era un mordisco sexual, había hundido sus dientes en la carne. Escuchó a Dante reír y supo que debía soportar aquello. Apretó más su cuello hasta que no le quedó más remedio que buscar aire con la boca y lo apartó de él. Sonriendo después para no alterarlo, a pesar de que estaba sudando por el dolor que le había provocado.

Dante lo sujetó antes de que hiciese nada y lo alzó en brazos pese a su resistencia a ser dominado, ahora que, no era para darle lo que deseaba. Lo lanzó al colchón y apoyó su mano en la espalda del chico, manteniéndolo boca abajo y observando su ano mientras luchaba por soltarse. Ahora sí que lo estaba poniendo cachondo. –Abaddon…– lo llamó excitado.

– Hazlo... ¡Hazlo, Adramelek! – le gritó gimiendo como si lo estuviese matando, revolviéndose. – Adamo... ambos...

Adramelek sonrió complacido, volteándolo en el colchón y acostándose sobre él, besándolo profundamente y disfrutando su modo de buscar su sexo hasta metérselo por completo. –Ah… Abaddon…– sujetó su cabello y se volteó en la cama bajo él, el rubio lo cabalgaba como un salvaje. Apretó sus nalgas y las separó para el otro hombre que miraba deseando salir de allí a pesar de que su sexo estaba duro como un hierro.

Se subió en la cama tras el rubio, arrodillado entre las piernas de Adramelek. Lo penetró completamente junto al otro, sujetando sus manos en el cuello el rubio ya que veía que aquello lo complacía. Quería acabar con aquello cuanto antes, pero estaba disfrutando como nunca. Todo era contradictorio, se encontró a sí mismo bajando las manos y sujetando los genitales del chico, dando buena cuenta de ellos. Hacerse a aquel chico era un placer que hacía olvidar cualquier cosa, incluso el miedo.

–Asíh.... mmm... – gimió el chico sonriendo complacido, su sexo pulsando erguido entre las manos del detective, mientras se movía, apretando ambos sexos dentro de sí, sus uñas recorriendo el pecho de Adramelek de manera amenazadora. Aquello no sólo era placer, era una confirmación de su conquista. Y justo enfrente de aquellos ojos, los únicos que podían ver en su interior.

Adramelek lo miró, apretando más sus nalgas y moviéndolo contra ambos. Lo besó profundamente, subiendo una mano por su espalda y apretando los dedos a su paso contra aquella piel. Bajando las manos de nuevo y deslizando sus dedos uno a uno, poco a poco dentro de su cuerpo junto a ambos sexos.

Adamo jadeó, apretando su mano aún más en el sexo del chico. Su sexo estaba demasiado apretado allí dentro, no veía el momento de correrse, pero sentía que cualquier cosa lo ponía en peligro. Machacó el sexo del rubio con todas sus fuerzas buscando su orgasmo. Ni él ni Adramelek se detenían un momento.

Damian apretó las mandíbulas, echándose a reír luego, alzando el rostro enrojecido, gimiendo y jadeando sin ningún control. Aquello era perfecto. El semen brotó con violencia, salpicando al moreno, el cuerpo del chico estremeciéndose a pesar de que no dejaba de moverse constantemente.

Dante sujetó su cabello, besándolo profundamente y haciéndoselo aún más fuerte mientras se corría para que disfrutase más. Sintiendo el semen de Adamo empapar caliente su sexo y corriéndose también, estrujándolo contra él como si desease partirlo.

Adamo se separó, apartándose a un lado, le hubiera gustado irse, pero no podía ni mover un dedo. No, esta vez sabía que no lo había drogado. ¿Qué demonios era aquella sensación de agotamiento?

Damian se dejó caer entre ambos, aún riéndose, apartándose el flequillo del rostro. – Perfecto. Eso fue perfecto... – intercambió una mirada con Dante, sonriéndole y volviendo a repetir: “Perfecto.”

– ¿Estás contento? – le preguntó, acariciando su rostro. Le hizo una seña para que observase a Adamo. –“Algún día deberías decirle su verdadero nombre, tal vez así dejaría de comportarse como un miserable humano. Está agotado…” – susurró en su oído con una sonrisa maldita en los labios. –“Aun no…”

– “Aún no... Es divertido así.” – se rió, besándole los labios y cerrando los ojos. Él no estaba cansado. En realidad se sentía con ganas de hacer algo emocionante.

–Mañana… después de tu sesión con la revista… iremos al mar con Asbeel y Sitri. Es su turno y he pensado que te gustaría darte un baño. – se rió abiertamente y deslizó una mano por uno de sus muslos.

Adamo los escuchaba atentamente a pesar de haber cerrado los ojos, trataba de hacerse el dormido, pero en realidad estaba tan agotado que lo estaba comenzando a interpretar demasiado bien.

– Me encantaría. Es una lástima tener que esperar hasta mañana. – se rió, abrazándose más a él.

–Creo que es hora de que les dejes verlo todo, antes de que ya no puedan ver nada más. – se rió, besándole un hombro y lamiendo su cuello. Subiéndose sobre él de nuevo y estirando sus brazos hacia atrás para exponerlo, observándolo detenidamente. –De nuevo…– dijo, apenas susurrando mientras entraba en su cuerpo, bajando la cabeza para besar su cuello y moviéndose dentro de él.

Adamo los miró de soslayo, no comprendía nada, pero empezaba a pensar que aquello era algo más que una secta.


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