.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 81
Fire and Ice

Tarde, Piso de Hashimoto.
Domingo 20 de Junio


–Es extraño que matasen a esos chicos y sin embargo dejasen con vida a Daniel, creo que va a ser objeto de algún tipo de sacrificio. Se lo llevaron durante el eclipse, bastante significativo…

–Son los sellos…– Ashram que estaba sentado contra el bordedel sofá apenas sí hablaba, a pesar de haberles estado prestando atención. No le habían querido decir donde podía estar Daniel.

– ¿Los sellos? ¿Qué quieres decir con eso, Ashram? – el siquiatra lo miró atento, incitándole a continuar. Había intentando averiguar un poco, pero aún así no podía compararse con el conocimiento que tendría el chico de su propia religión.

–Habla de los siete sellos del Apocalipsis…– Sven se cuidó de no decirle que eran cosas de Ashram, ya que no quería que el chico dejase de confiar en él.

– Así que piensas... ¿que se acerca el Apocalipsis? ¿Es por eso que matan a los ángeles? – Kaigan continuó serio, sabía lo que aquello significaba para Ashram y se daba cuenta de que Sven también lo comprendía. No era de sorprender. – ¿Qué rol crees que juega Daniel?

–El quinto sello. El sol se puso negro como tela de luto.

–Ashram, sabes que esa clase de cosas no son literalmente así, y eso no fue lo único que sucedió. – el detective se echó hacia atrás en el sofá.

–Por eso, no estoy siendo literal. Pero se han llevado a Daniel.

–Se han llevado a Daniel... Ashram, dices que supiste que me atacarían por un sueño, ¿no? Daniel también lo tuvo... – meditó preguntándose si habría sido un sueño realmente. No parecía posible. – Pero él estaba bien cuando saliste de la casa.

–Sí, porque sólo era un sueño. En los sueños pase lo que pase cuando te despiertas estás bien. – le dijo, apoyándose mejor y pensando que eso era una obviedad.

Sven mientras tanto estaba comprobando lo que decían en los sellos del Apocalipsis, siguió leyendo el quinto sello donde se reflejaba el martirio de los santos. Tal vez tenía razón. De una manera figurada. – ¿Crees que estaban representando el martirio de los santos?

Ashram asintió con la cabeza. –Pero eso fue la ira de Dios, y si ellos son demonios… no tiene sentido.

– Tal vez sí, si intentan manipular el Apocalipsis a su favor. – comentó Kaigan, dejándose llevar por aquella manera de pensar. – Si yo fuera un demonio y supiera cómo va a acabar esa historia, intentaría controlarla.

–Pero no lo eres…– Ashram lo miró fijamente, pensando que eso era imposible y Sven carraspeó para no sonreír.

– ¿Cuántos ángeles murieron? –les preguntó Sven, ya que ellos llevaban más tiempo relacionados con aquello.

–Mataron a varios niños, pero sólo siete eran ángeles. Eran los siete ángeles que debían tocar las trompetas, pero los mataron.

– ¿Y no sabes por qué, Ashram? – Sven lo miró a los ojos, lo cierto es que siempre había pensado que era bueno tener a alguien de su parte que pensase como aquellos majaderos.

Ashram negó con la cabeza. –Tal vez para que su lugar fuese ocupado por siete demonios.

– Siete demonios... – el siquiatra repitió, pensando que podía adivinar la identidad de por lo menos dos de ellos. Tal vez tres si contaba a Ashram. – ¿Tienes idea de quienes podrían ser? Sólo intento clarificar esto. – Añadió para que no le saliera con otra respuesta como la anterior.

–Adramelek, Abaddon, Belial… son los únicos que puedo saber, pero estoy seguro de que debe haber más con ellos. Pero Abaddon me dijo que estaba sólo con Adramelek…

– Entonces deben estar buscando a los demás. – meditó, preguntándose si por eso se habrían llevado a Daniel, pero no tenía sentido. Daniel era un ángel. Frunció el ceño de pronto, pensando en Adamo. ¿Acaso creerían que él era uno de ellos?

–Lucifer…– Ashram miró a Sven, si Abaddon mentía, entonces Sven debía seguir siendo Lucifer.

–No, Ashram… yo no soy Lucifer. – Sven suspiró con fuerza y Ashram lo miró de soslayo.

– ¿Lucifer? – Kaigan alzó la mirada preguntándose por qué Ashram pensaría eso.

Sven lo miró y le hizo un gesto de que no preguntase. Comenzó a escuchar ruiditos en las ventanas. –Parece que está lloviendo…

–Es granizo…– le explicó Ashram que podía escuchar el sonido demasiado fuerte para que simplemente fuera agua.

– ¿En Junio? – Sven se levantó a comprobarlo y efectivamente vio los hielitos rebotar contra las ventanas y hacer a la gente correr por las calles para abrigarse. –Venid a ver esto…

Ashram se levantó, observando el color parduzco del granizo, como si estuviera mezclado con barro o manchado de tierra.

Kaigan se acercó también, abriendo un poco la boca por la sorpresa. – ¿Por qué cae granizo en Junio? Eso no es granizo común y corriente... – comentó, ahora sí anonadado al ver las llamaradas que caían junto con el hielo. Lo único que se le ocurría era que hubiese algún incendio cerca, pero aún así sería casi imposible.

–La plaga de granizo. – les dijo Ashram. – El primer ángel tocó la trompeta. Del cielo cayó granizo y fuego mezclados con sangre sobre la tierra… – Sven sacó una mano por la ventana para recoger uno de aquellos trocitos de hielo, el mismo deshaciéndose en la palma de su mano. Lo olió, apestaba a hierro. –No tiene sentido.

– No, no lo tiene. – negó el albino, resistiéndose a creerlo. – Y no haga eso, se puede hacer daño. – le riñó, preguntándose si todos los detectives se comportaban así. –Tal vez esto tenga otra explicación.

–Cuando necesite una niñera lo avisaré. – Sven se limpió la mano en el pantalón del traje y encendió la televisión para ver si decían algo. Sentándose de nuevo en el sofá.

Kaigan suspiró, cerrando la ventana para evitar que Ashram lo imitase más que nada y girándose para ver qué decían.

“Los meteorólogos aseguran que se trata de un fenómeno espontáneo. Podría deberse a cambios atmosféricos ocasionados por el anterior eclipse. Por ahora, se aconseja a los ciudadanos que no salgan de casa. Si se encuentran en la calle, busquen un lugar para refugiarse...”

–Nunca comprenden nada, sólo quieren escuchar una respuesta que no los asuste…– Ashram miró a la pantalla y susurró aquello. Aproximándose a la ventana de nuevo.

Había un niño caminando bajo el granizo, parecía cubierto de sangre, aunque debía de ser arcilla de la que manchaba las piedras de hielo. –Un niño…

– ¿Un niño? – Kaigan se asomó a la ventana en efecto viendo al chico. Estaba caminando como si nada. Abrió la ventana preocupado a pesar de que no solía actuar de esa manera. – ¡Eh! ¡Ven aquí! ¡Debajo del techo! – le gritó justo en el momento en el que un chico algo mayor se acercaba al niño, tomándolo de la mano.

El moreno miró hacia la ventana por un momento, echando a correr luego con el niño, riéndose. Parecían estarse divirtiendo por improbable que fuese aquello.

Ashram se apoyó en el marco de la ventana y saltó afuera antes de que lo detuvieran, corrió tras ellos y sujetó el brazo del mayor. Lo miró a los ojos sin decirle nada.

El chico lo miró en silencio también por un segundo, sonriendo luego y besándolo en los labios antes de escapar nuevamente.

–Ah… Dios…– Sven chasqueó los labios ligeramente y salió a la calle por la puerta, corriendo hasta alcanzarlo para que no fuera a seguirlos. –Vamos…

–Ellos lo hicieron…

–A lo mejor… – Sven meneó la cabeza, seguro de que no era así y llevándolo con él.

– Ashram... ¿por qué corriste tras esos chicos? – le preguntó el siquiatra intentando permanecer calmado. Ya no sabía ni qué pensar de todo aquello. Se sentía como si estuviera alucinando.

–Eran demonios, el niño lo hizo, estoy seguro. Lo hizo él, debí matarlos a ambos…– miró a Sven como para que le diese la razón.

–No, Ashram, debiste hacer justo lo que has hecho, dejarlos marchar. No estás seguro de eso…– frunció el ceño, agobiado y pensando que aquello era una locura.

–Tal vez sabían donde está Daniel.

–Eran dos, podrían haberte matado. – le dijo Sven a ver si de ese modo lo disuadía.

–No tengo miedo a morir.

–Pues Daniel morirá sin ti. – Sven frunció más el ceño y lo remeció. Ashram le apartó la mano bruscamente, pero no dijo nada ya que probablemente era así. Además… sí tenía miedo. Tenía miedo de no verlos más.

– No puedes correr detrás de cualquiera que consideres sospechoso. Tal vez sólo eran unos chicos desequilibrados. – Kaigan suspiró haciéndole una seña con la mano para que se sentase si así lo deseaba. No quería hacerle sentir que se imponía a su voluntad. – Y Sven tiene razón. ¿Qué sucede si los matas y no averiguas en donde está Daniel?

–Detendría el siguiente sello, con sólo matar a uno. Podría suicidarme y lo detendría todo.

Sven negó con la cabeza. Se estaba poniendo nervioso y se sentía como un perro encerrado. –Cuida del doctor. Como muera será tu culpa.

– ¿A dónde…?

–A buscar algo…– le dijo Sven antes de salir con un portazo.

–Ashram. – Kaigan le llamó para que prestase atención ya que sabía que no le serviría de nada intentar detener al pelirrojo. No sólo era una persona necia, también había notado que aquello le había afectado. – Ashram, Daniel está vivo, probablemente porque tiene una parte en todo este proceso. Si te matas o matas a alguno de ellos, Daniel dejará de ser de utilidad y morirá. Es lo más lógico. E incluso en el caso de que no fuera así, ¿cómo crees que se sentiría si sabe lo que has hecho?

–Muy mal… ¿Cómo crees que se siente ahora? Tiene miedo, y no ve nada. – apoyó la cara contra sus rodillas. Quería estar con él, estaba seguro de que le estaban haciendo pasar un infierno. –Cuando teníamos que matar a alguien, Abaddon y yo regresábamos a un piso vacío después y allí nos cambiábamos de ropa. Hay ropa suya también, tendrá pruebas, sangre de las victimas. Podrías llevarla a la policía.

– Gracias, Ashram... – le sonrió ligeramente, preguntándose qué tan beneficioso sería llevarlas a la policía, pero no tenía idea de qué más hacer. – Y sé que debe sentirse horrible, pero es por eso que debes darle algo a lo que regresar. Las personas... cuando estamos perdidas, nos aferramos a aquello que más queremos. Si se nos arrebata, no sabemos qué hacer. – le explicó, esperando que comprendiese. – ¿Ya no estás protegiendo a ese chico?

–Me mintió… y se llevó a Drago. ¿O no? – lo miró a los ojos para estar seguro.

– Bueno, no se lo llevó exactamente, pero... supongo que sí. –bajó la vista, desconcentrado por un momento, su mano tocando el rosario.

– ¿Se fue con él porque quiso? – le preguntó sin mucho tacto.

– Adamo está intentando buscar la manera de resolver esto. – corrigió, aún serio. Lo extrañaba y no dejaba de preguntarse si estaría bien. – Para el resto del mundo, me ha dado la espalda. Comprendes, ¿verdad?

–Sí… no se ha ido con él, lo está engañando. Le está bien…– susurró después. Recogiéndose sobre sí mismo en el sillón. No sabía por qué tenía que estar allí si él quería estar con Aki.

– No se lo puedes decir a nadie. Pero sé que comprendes. – sonrió, pensando que parecía un niño pequeño a veces. Pero sabía que no debía tratarlo así. – Te llevaría a casa, pero no creo que sea bueno salir bajo esta... Bajo esto.

–No, me quedaré aquí y te protegeré como ha dicho Sven. – lo miró con aspecto de estar cansado. Pero no lo estaba, se sentía vacío sin Daniel. –Cuando haya recuperado a Daniel los mataré.

– Pero entonces, Daniel podría perderte de nuevo. No creo que quieras eso. – le contestó el siquiatra con toda la calma. – Es mejor permitir que Adamo se encargue. ¿No lo crees?

–También tú podrías perderlo, no creo que quieras eso…– le dijo a cambio.

– No, no quiero eso. Pero confío en él. Confío en que encontrará la manera y volverá a mi lado. – le aseguró, a sabiendas de que sólo permaneciendo firme convencería a Ashram.

–Confía en mí entonces, yo te salvé la vida.

– Confío en ti, Ashram. Pero también sé que tiendes a ver las cosas de una manera un tanto extrema cuando se trata de ti. Todos te queremos vivo y junto a tu familia. – lo miró a los ojos, terriblemente serio. – Yo no quiero que el hombre que me salvó la vida termine en la cárcel.

Ashram sonrió un poco. –Yo no soy un hombre…

Kaigan sonrió también, dándolo por imposible. – Me da igual. No quiero que el demonio que me salvó la vida termine en la cárcel entonces.

Ashram sonrió de todos modos. –Me refería a que no soy tan viejo como para ser un hombre…

Kaigan se rió, sacudiendo la cabeza. – El chico... Me recordaste a mi hermano. –confesó, pensando que eso no era muy profesional, pero era un poco tarde para eso.

– ¿Dónde está? – le preguntó el moreno que ya estaba serio de nuevo, a pesar de que trataba de pensar que Daniel estaría bien porque lo necesitaban.


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