.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 80
Don’t Fear the Dead, Fear the Living

Mañana, Cínica siquiátrica Sakura.
Domingo 20 de Junio

Sven llamó a la puerta de afuera, ya que era domingo y estaba cerrado, esperando que al menos no fuese otro viejo amargado. No lo parecía por su voz de todos modos. Apoyó su placa contra el cristal cuando vio aparecer al albino. Sabía que allí no era un policía, pero Ashram le había hablado de él, eso seguro, y si no, al menos imaginaba que era lo suficientemente competente como para haber estudiado el historial del chico. Le señaló la puerta para que le abriese de una vez y se sacó el cigarro de los labios, pisándolo en el suelo.

–Sven Ashel…– le dijo, estrechando su mano y acto seguido cogiendo otro cigarro y encendiéndolo. –Vamos a sentarnos, esto va a ser largo. – murmuró con el cigarro entre los labios.

– Ya veo... Soy Hashimoto Kaigan, un gusto conocerlo. – sonrió, pensando que también fumaba sin parar seguramente y estaba acostumbrado a dar órdenes. – ¿Quiere un café o está bien así?– le preguntó mientras lo guiaba hacia su oficina.

–Un café no estaría mal…– lo miró caminar delante de él y se guardó las manos en los bolsillos. – ¿Son amantes?

– No se anda usted con rodeos. – lo miró el albino, deteniéndose en la pequeña cocina al final del pasillo para buscar dos tazas de café, a la vez que hacía tiempo para pensar en qué responderle. – Lo éramos. – contestó finalmente con cautela.

El detective se rió y luego torció un poco los labios. Siguiéndolo para observar lo que hacía, guardándose las manos en los bolsillos y contestándole aún con aquella sonrisa en los labios. –Disculpe, creí que sólo me reía por dentro…

– No se disculpe, no tengo nada en contra de la sinceridad. – se giró, mirándolo a los ojos y entregándole una taza. – Allí hay leche y azúcar si la desea. Ahora dígame, ¿por qué le parece gracioso que hayamos roto?

–Porque miente…– le señaló el rosario que llevaba al cuello. –Es el rosario de Drago, y usted lo lleva porque él se ha alejado de usted. Teme morir y le ha dado algo que para él es importante… No me aburra distrayéndome y dígame de una vez dónde está. – se sacó el cigarro de los labios y los entreabrió, acercándose a él –Aún y si no se lo ha dicho…– lo miró a los ojos y pensó que tenía un rostro bastante inescrutable, odiaba a los siquiatras. ¿En que estaba pensando ese italiano? – Usted lo sabe.

–Ya veo que trajo sus habilidades de deducción, después de todo. –suspiró sin apartar la mirada de sus ojos. No le sorprendía que Adamo lo admirase tanto. Pero recordaba cómo había susurrado el moreno, no estaba seguro en ningún lugar. – No hago muy buen café y estoy un poco cansado de estar encerrado. ¿Sabe?

–Muy bien… yo lo sacaré de paseo si me da un buen motivo. ¿Sabe? Los dos somos civiles aquí… así que… – le dio una calada al cigarro y lo miró a los ojos, seguro de qué tuerca apretar. –Hagámoslo juntos. Quiere ayudarlo. ¿No?

– Ayudarlo, ese hombre se alejó de mí. – continuó mirándolo a los ojos, preguntándose si comprendía. – Así que no veo por qué no decirle lo que sé. Es todo.

–Déme ese rosario…– extendió la mano hacia él. –No lo necesita, ese hombre… es un capullo. ¿No?

– Lo es, un idiota. Pero tengo mis problemas sicológicos como todo el mundo. Aún no puedo desprenderme de esto. Por extraño que parezca. – le contestó, preguntándose si realmente era tan denso o si estaba jugando con él. Estaba seguro de que era lo segundo, lo que no comprendía era el por qué.

Sven apoyó una mano en la repisa y lo miró a los ojos también. –Así que es verdad, lo han dejado. A lo mejor yo puedo curarle esos problemas sicológicos…– se sacó un papel del bolsillo y cogió un bolígrafo. – ¿Le gustan los detectives, doctor? – le preguntó mientras escribía el nombre de un hotel.

– Los encuentro interesantes, pero no crea que soy tan superficial. – suspiró, odiando tener que contestarle aquello y observando lo que escribía.

–Yo sé lo que te hace falta… no seas estúpido. Te doy un cuarto de hora, nos vemos en el Manhatan… – le indicó, aunque el nombre en la tarjeta era otro. Abajo escribió. “Yo me aseguraré de que todo salga bien…” se agachó y cogió un revolver de una cinta de cuero en su pierna, le mostró como funcionaba mientras hablaban de estupideces bajo su óptica.

– No es la manera en la que suelo comportarme... –contestó para no sonar extraño dentro de su personalidad, observando lo que le mostraba atentamente. – Pero estoy cansado... allí estaré.

–Bien, no me haga perder el tiempo…– le ofreció el arma y lo miró a los ojos. –Por cierto… esa ropa no es muy sexy. – torció la boca y salió de la clínica. En vez de dirigirse al hotel se alejó para esconderse y observar si lo seguirían.

El siquiatra suspiró pesando el arma en su mano y preguntándose si sería capaz de dispararla llegado el caso. La escondió entre su “no tan sexy” ropa, antes de ir a por su chaqueta.

............



Sven observó a un hombre que caminaba con el periódico detrás del albino. Lo estaba siguiendo, eso estaba más claro que el agua para él. El doctor entró en el Manhatan y se sintió aliviado de que no fuera un estúpido.

El hombre entró después y se quedó por allí como esperando para no ser muy obvio. Sven se fue hacia el otro hotel, esperando que el albino bajase por el garaje y saliese hacia allí tal y como le había indicado.

Poco después, Kaigan entraba en aquel hotel, utilizando una de las puertas laterales para no llamar demasiado la atención. Tal vez estaba siendo demasiado precavido, pero no lo creía. Ni siquiera con todo aquello se sentía del todo seguro.

Sven metió la mano entre la puerta del ascensor antes de que se cerrase y marcó el último piso. –Es fácil obtener los códigos para las puertas de la azoteas de los edificios públicos…– le explicó, sacando su teléfono y apretando en la puerta de seguridad los números que figuraban en la pantalla. –En los foros para suicidas… – lo hizo entrar, asegurándose de que no había nadie más y entrando tras él. Cerrando la puerta a su espalda.

– Interesante... Pero no lo veo como el tipo suicida. Algún caso ¿tal vez? –le preguntó, intrigándole cómo se habría enterado.

Sven lo miró a los ojos alzó una ceja. –Al grano… ¿Dónde está Drago y qué es lo que sabe?

Kaigan suspiró, meneando la cabeza. – No sé dónde está exactamente. Pero creo que ha ido a investigar más acerca de esa secta. Por eso quiere que pretenda que le odio. Para que no nos relacionen. Le digo esto porque Adamo confía en usted, lo admira. Y es todo lo que puedo hacer para ayudarlo. – se cruzó de brazos, continuando. – Anoche cuando me atacaron, estaba custodiando a un chico que fue agredido también. El modelo Damian... lo puede ver desde mi oficina. El asunto es que me dijo que el oficial que me atacó a mí, también había sido su relevo el día anterior.

–Sí, lo he visto…– murmuró, mirando al suelo y fumando, frunciendo el ceño ligeramente. –No es suficiente. Usted ha de saber más, se lo follaba… ¿Quiere decirme que no le ha contado lo descubierto hasta el momento? Acabo de llegar. ¿Va a hacer el favor de ponerme al día o me va a hacer empezar a cometer delitos y allanar moradas?...

– No sabía que esperaba un reporte completo en un solo párrafo. – le contestó con paciencia. Se preguntaba si era así con todo. – Pero ya veo de donde sacó Adamo algunos de sus métodos. Bien, esto es lo que ha sucedido... – comenzó, empezando por explicarle aquel extraño asunto de los números y demás, tan sólo cuidándose de no traicionar la confianza depositada en él por Ashram, aunque sospechaba que tal vez el mismo moreno se lo diría a ese hombre.

Sven se rascó la nuca, pensativo. –Si voy no creo que me reconozcan, a no ser que ese capullo que le ha seguido…llegue antes que yo y les diga quien soy. Bien, no llegará. – cruzó las piernas y lo miró atentamente. – ¿Qué opina de la visión de Ashram?

– Creo que tiene mucho sentido. No soy de creer en ese tipo de cosas, pero si ellos lo creen, eso basta. Y Ashram es alguien que puede ver esas cosas desde su punto de vista, además de ser un chico inteligente.

–Sí, lo es…– Sven lo miró a los ojos. –No debería regresar allí, Ashram ha vuelto a casa. ¿Por qué no se queda con él? Lo protegería… y podría ayudarlo. Me ha hablado de usted en dos cartas. Sé que lo tranquiliza.

– Me alegro de poder ayudarlo. –sonrió sinceramente. –Pero no creo que deba imponerme de esa manera. Estoy seguro de que sería incómodo para Adan y Aki.

–Pensaba quedarme allí, pero puedo aceptar cualquier oferta con cama e incluyendo que otro me haga la comida. – le dijo, con todo el morro del mundo, esperando una respuesta satisfactoria.

– Supongo que puedo regresar a mi piso ya, pero... creo que sabe cuales son las condiciones de este. A menos que prefiera una habitación en la clínica. Solía visitar a Okumoto sensei, ¿no es así?

–Lamentablemente… y no, lo mejor será un sitio lo más pequeño y cerrado posible y con el mínimo número de personas. Su piso estará bien. Preocúpese de los vivos, los muertos no le harán ningún mal. – se rozó los labios con un dedo, mirándolo por largo rato sin decir nada. –Vámonos… Tengo que consultar unos datos.

–Bien... – asintió el albino, saliendo de aquel lugar. Tal vez no le harían ningún mal, pero ya le parecía que iba dejando muertos en cada lugar al que se mudaba. No creía poder dormir en su habitación.

–Yo…iré a encargarme de ese hombre que le sigue. – le aseguró.


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