.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 79
Its All Gonna Be Alright

Mañana, Aeropuerto.
Domingo 20 de Junio

– Es aquí, se supone que debe estar saliendo ya... – comentó el pelirrojo, de pie frente a la puerta de salida de los pasajeros, observando el número de vuelo una vez más. Aún no tenía noticias de Ashram y eso lo tenía increíblemente tenso.

Sven salió entre la gente con una maleta en la mano e hizo una mueca al verlos allí. – ¿Crees que no sé donde vives?

–No, no lo sabe, nos hemos mudado…– Adan frunció el ceño, aunque de hecho llevaba así desde que Aki lo empujase a acompañarlo a buscar a Sven.

–Tsk…– Sven lo miró de soslayo. –Ashram me ha escrito algunas cartas desde allí… ¿Tienes el suficiente poder de deducción para hilarlo?

Adan suspiró con fuerza, tratando de no decirle algo horrible y salió a buscar el coche delante de ellos.

El pelirrojo se rió a pesar de todo, aliviado de tenerlo allí, acercándose. –Soy más de llamar, no sabía que Ashram le escribía... – se le quedó mirando serio, sin saber qué hacer, abrazándolo finalmente.

–Le pedí que lo hiciera…– le frotó un poco la espalda y apretó su nuca con la mano suavemente, dándole algo de tiempo. – ¿Tenéis noticias de Ashram?

El pelirrojo negó con la cabeza, por fin apartándose de él y pasándose una mano por los ojos para ocultar que se le habían aguado. – Sólo echó a correr anoche y no he vuelto a saber de él. Intenté seguirlo, pero... ya sabe.

–Ya…– le dio un pañuelo y se lo puso en la cabeza. –Vamos, ¿No sabes dónde está? Denso… – cogió un cigarro y lo encendió porque ya no soportaba ni llegar a la puerta sin hacerlo.

– Claro que no. ¿Cómo voy a saberlo? No tengo sus dotes de adivino. – le devolvió, sonriendo un poco y utilizando el pañuelo, aunque hubiese preferido que no lo notase.

–Si Ashram ve algo satánico, han raptado a su novio… el cual cree que es un ángel… – alzó una ceja suspirando y dejando salir una bocanada de humo. –Está en el monasterio… y si está culpándose… más nos vale encontrarlo pronto. –dijo, entrando en el asiento de delante, al lado del conductor.

Adan suspiró, girándose un poco y mirando atrás a Aki.

–Al monasterio…– le repitió a Adan.

–Claro…– el moreno frunció el ceño. ¿Por qué tenía que soportar a ese tío tratándolo como si fuera un taxista y… dónde estaba Adamo Drago?

– ¿Qué?... ¿Qué va a hacer si se está culpando?– preguntó Aki, aunque sabía la respuesta, pero no quería que fuera eso. – Estaba... Ashram estaba salvando a su siquiatra. Por eso no estaba con Daniel.

–No me preguntes imbecilidades…– abrió la ventana para dejar caer la ceniza. Él tampoco quería decirlo.

–Lo encontraremos, Aki…– le dijo Adan, mirándolo por el retrovisor y tratando de no ponerlo aún más nervioso, aunque ese animal no ayudase mucho.

–Quiero hablar con su siquiatra… ¿Lo salvó?

Aki le sonrió a Adan, suspirando. Ya sabía cómo era el detective Sven, no le afectaba tanto. – Sí, sólo recibió algunos golpes. Dijo que no hablaría con la policía.

–Bien… Así que un hombre al que han tratado de asesinar se ha ido a…

–La clínica…– le aclaró Adan.

–Aha… a su clínica dónde todos saben que estará y no dirá nada a la policía. Bien, es un hombre muy inteligente…– se llevó el cigarro a los labios de nuevo torciendo una sonrisa. – ¿Y Drago?

– No lo sabemos. Hashimoto sensei, el siquiatra, dijo que hablaría con él. Pero no lo hemos podido contactar. – le contestó el pelirrojo, recostándose completamente en su asiento.

Sven cogió su teléfono y miró a Aki de soslayo. –Teléfono…– le dijo como si fuera obvio lo que quería. Terminando por pasárselo para que marcase él.

El chico lo llamó, pensando que no había cambiado nada. – ¿Ha...Hashimoto sensei?

–Sí... ¿Aki? ¿Has sabido algo de Ashram? – le preguntó el albino, sentándose de nuevo y limpiándose el rostro. Había olvidado que le había dado su número personal por si acaso.

– No, aún nada, es sólo que... el detective Sven está aquí. Quiere hablar con usted.

–Trae…– Sven le cogió el teléfono y habló con el hombre al otro lado. –Primero… ¿No cree que es un poco imprudente ir a un lugar donde cualquiera que quisiera asesinarlo sabría donde está y sin avisar a la policía? Se lo digo como curiosidad y para su información personal, no porque sea mi problema realmente, pero dejando eso aparte… ¿Ha hablado con Drago?

– Mucho gusto. Y sí, hablé con el detective hace poco. En cuanto a lo otro, no tengo otro lugar a donde ir y esta clínica es el lugar más seguro que conozco. Sé exactamente quienes trabajan aquí. – le contestó a todas sus interrogantes, pensando que era sumamente brusco. Pero después de todo, era el hombre que había inspirado a Adamo.

– ¿Dónde está? No contesta a mis llamadas…– observó como se iban aproximando al monasterio.

–No lo sé. – contestó, preguntándose qué debía responderle a ese hombre. –No me dijo a dónde iría.

– ¿Y usted se lo preguntó? – Sven entreabrió los labios, pensando que o era estúpido rematado o no se lo quería decir. –Dígame dónde está.

– No lo sé. ¿Por qué le mentiría? – le contestó tranquilamente el albino, pensando que tenía problemas de confianza. – No se lo pregunté.

–Podría hacerlo porque cree que es lo correcto o porque él le ha dicho que no se lo diga a nadie. Pero se equivoca. O bien pensado, es usted muy listo… ¿Quién le dice que yo soy quien digo ser? Ni siquiera me ha visto eh… No, pero no vamos a ser tan positivos creyendo que usted ha llegado sólo a semejante deducción. Pero tal vez le sirva de lección para otra vez. – se bajó del coche y observó lo derruido que estaba aquel edificio. –Iré a hablar con usted dentro de… dos horas…

– Lo estaré esperando. A usted y a su capacidad de deducción. – sonrió ligeramente el albino, preguntándose si todos los detectives de homicidios estaban acostumbrados a asumir tantas cosas.

–Veo que además de siquiatra es humorista. – colgó el teléfono y se sacó el arma del bolsillo, cargándola y guardándosela después en la cintura. Se quitó la gabardina y la apoyó encima del coche antes de dirigirse hacia el monasterio. –Aki, sígueme…

Adan se adelantó un poco, no quería dejar solo con ese a Aki.

–Tú no, lo asustas…

Adan suspiró con fuerza y frunció el ceño, quedándose allí porque temía que así era. –Ten cuidado, Aki.

El pelirrojo lo besó con suavidad, a sabiendas de que se preocuparía. – El detective Sven me protegerá... “aunque gruña.” – le susurró antes de bajarse del coche.

–Va… coño. – se quejó el hombre que ya estaba entrando.

El interior de monasterio había cambiado, las paredes tenían pintadas con símbolos satánicos graffiteados. Había algun que otro condón por el suelo, además de restos de botellas de alguna que otra juerga. –Ashram…– Sven escuchó un ligero ruido y se apoyó contra una pared, pasándole el brazo por encima a Aki para pegarlo a su espalda. –Ashram, soy Sven, estoy aquí porque tu hermano está muy asustado, he venido a ayudarte.

Ashram los observó desde arriba del tejado, entre las maderas. Dio unos pasos y se descolgó hasta el suelo.

Sven lo apuntó y bajó el arma al ver que era él, guardándola a pesar de que Ashram también había estado a punto de desenvainar la katana como reflejo. Tenía un aspecto horrible y estaba sucio de sangre y de barro. Aún así había regueros limpios en sus mejillas de haber estado llorando.

–Estás horrible…

– Ashram... – Aki salió de detrás del pelirrojo, acercándose a su hermano, observando el aspecto deplorable que llevaba. Ni siquiera quería saber de quién era esa sangre. Simplemente lo abrazó contra sí, apretándolo. – No debiste irte así.

–Estaba buscando a Daniel…– susurró, apretando la ropa de su hermano y escondiendo la cara en su cuello, estrujando los labios para no llorar, a pesar de que ya lo estaba haciendo.

Sven miró a otro lado incómodo. – ¿Eres estúpido, Ashram? ¿Te pones a llorar porque han secuestrado a tu novio? Creí que lo querías.

– ¡Tú no sabes nada! – Ashram le gritó, ya que ahora que Abaddon le había dicho que no era Lucifer, no podía seguir creyendo en él. Además lo insultaba, estaba harto.

–Ashram…– el pelirrojo lo apartó de su hermano y lo empotró contra la pared sin temerle, a pesar de que sabía que era peligroso. –Nunca, jamás me hables así. Tú eres mucho más inteligente que eso. ¿Sales corriendo como un miserable? ¿Asustado como una rata? ¡Si se han llevado a tu novio primero averigua a donde y luego sal a buscarlo hasta el mismo infierno si lo deseas! ¿Crees que no sé lo que está sucediendo?

–No…– Ashram lo miró a los ojos, aunque ya lo estaba dudando. Sven seguía imponiéndole respeto.

–Por supuesto que lo sé, sé que han estado matando a los ángeles y que tú has estado eliminando a sus asesinos, que tu novio no es realmente un humano. Sé que es un ángel, así como sé que Daniel fue un gran profeta. Tenía visiones. ¿No es así? En el universo sólo había cuatro seres que conocían la verdad: Daniel, Gabriel, Cristo y Dios. Daniel, es miembro de la familia humana; el último, es Yavé, Dios por encima de todos ellos.

Aki parpadeó, sin tener idea de qué le estaba hablando, pero no iba a oponerse esta vez. No cuando Ashram se veía así. – Ya es suficiente, no tiene que ponerse violento... –se quejó de todas maneras, acercándose de nuevo a su hermano. – Ashram, el detective Sven nunca te ha fallado, ¿no es así? Ni a ti ni a mí.

–Entonces, cállate…– Sven lo miró de soslayo y Ashram se zafó de él, aunque ahora se sentía confundido. Sujetó a Aki contra él y no dijo nada por un buen rato, mirando a Sven de soslayo.

–Dios lo protege… ¿Verdad?

–No lo sé, Ashram, no protegió a los demás, creo que tendrás que hacerlo tú mismo. Ya sabes lo que opino de Dios, está demasiado ocupado para fijarse en nosotros…– Sven se llevó el cigarro a los labios y miró al cielo entre los agujeros del techo mientras le daba una calada.

– No le diga eso... ah – suspiró el chico, recordando ahora por qué discutían siempre. – Encontraremos a Daniel con vida. Piensa, Ashram. A lo mejor recuerdas algo... que lo ayude.

–Daniel y yo tuvimos una pesadilla la noche que lo secuestraron, ambos soñamos con un hombre… un demonio. Creí que era… Arestiel. Apenas podía reaccionar, pero Daniel sí lo hacía, intentaba defenderme y… veía. Podía verme…

–Dios le dio a Daniel el don de poder revelar sueños y visiones, Ashram… ¿Qué sucedió?

–Mataba a Hashimoto…

– ¿El siquiatra? – miró a Aki, que asintió con la cabeza.

–Fui a salvarlo y le pedí a Daniel que subiera con Aki, pero cuando regresé ya no estaba… y había una doble “S” quemada en la madera del suelo.

Sven suspiró con fuerza. –De momento vas a volver a casa y a lavarte, das asco…– se lo llevó del brazo un poco a rastras.

–No tengo tiempo… – trató de zafarse, pero el detective no le dejó.

–Lo tienes y lo harás. Te lavarás, te cambiarás de ropa y estudiaremos donde está. ¿No es así, Aki? Ese es el modo correcto de hacer las cosas. ¿Verdad?

–S...sí. Claro que sí. No vas a encontrarlo, rondando como un alma en pena. Y Daniel no querría eso. – le aseguró, comprendiendo y tomando su mano. – Vamos a casa.

–Está bien, pero no me quiero duchar.

–Ah… – Sven aceleró un poco el paso para alejarse de ellos, pensando que no tenía ganas de librar esa batalla.

– Tienes que hacerlo. Te sentirás mejor y si no lo haces, Adan es el que va a parecer un alma en pena. Y no quieres lidiar con eso, ¿o sí? – suspiró, pensando que siempre estaba igual.

–Ashram…– Adan lo observó aliviado, acariciándole el cabello y suspirando levemente, abrazando a Aki y apretando al moreno entre medias.

El chico se zafó como pudo, aunque se había sentido bien, pero eso le avergonzaba. Se metió en la parte de atrás del coche, sujetándose las piernas y mirando a ver si tenía la suerte de que Aki fuera con él sin pedírselo.

Y efectivamente el chico se sentó a su lado, rodeándole los hombros de nuevo. Después de todo, lo comprendía mejor de lo que pensaba. Miró a Adan, como buscando fuerzas en su silueta. No necesitaba que le dijese nada, sólo con saber que estaba allí, ya se sentía mejor.

Ashram se apoyó en él, entrecerrando los ojos y poco a poco cerrándolos, observando su rostro, recordándolo cómo si llevaran mucho tiempo distanciados. Quería dormirse, soñar con él.


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