Capítulo
78
Only the Best
Mañana, Retiro.
Domingo 20 de Junio.
Adamo entró sin más en el retiro y dejó la
moto adentro. Lo cierto es que de cualquier modo ya tenía
ganas de llegar hasta el fondo de aquello y esta era la única
manera.
Se quitó la cazadora, observando a la gente que estaba
allí, tratando de recordar a todos y cada uno de ellos. Vio
al rubio en el interior del edificio y se adentró, observándolo
y sonriendo levemente.
– Finalmente se presenta. – sonrió el chico,
extendiendo la mano hacia él como toda una estrella. No confiaba
completamente en aquella supuesta decisión, pero estaba seguro
de que acabaría gustándole estar allí. –
¿Todo en orden?
–No se lo ha tomado muy bien…– le sujetó
la mano y se la besó, aproximándolo un poco hacia
él. –Pero no quiero ser como los demás.
– No lo serás, eres especial. – lo miró
a los ojos, sonriendo de manera traviesa. – Un cambio de 180
grados. Y más inteligente que la mayoría de ellos.
– ¿Qué quieres que te diga? Soy un oportunista…
si quieres te lo demuestro, pero no me apetece estar aquí
de pie.
– No mentí cuando dije que me agradabas. – se
rió pensando que era muy gracioso. – Debes conocer
a Adramelek. Conoces a Dante Hamon, pero no realmente. – le
aclaró pensativo.
–Claro… ¿Por qué no? ¿Me vas
a decir ahora la verdad sobre si sois amantes o no? – preguntó,
aunque lo tenía bastante claro, se preguntaba quien mandaba
en quien. Eso era todo. –Sobre Hashimoto…– le
explicó mientras caminaba a su lado. –Lo cierto es
que iban a echarme del cuerpo por brutalidad policial y me enviaron
al siquiatra para que me evaluase. Mi carrera dependía de
su examen. Creo que me sigues. Así que… me lo he pensado
bien. Tú puedes conseguir algo para mí mucho mejor.
– Por supuesto. Te dije que podíamos ascenderte. Si
eres el jefe... tú decidirás cuando este caso tiene
relevancia y cuando no. –le sonrió ya que ese había
sido su plan al proponérselo. Un accidente... sería
lo indicado. – En cuanto a lo otro, lo somos. Somos amantes
y familia... ambas cosas, así que no te mentí.
– ¿Y dónde me deja eso a mi? – le preguntó,
sujetándole el brazo para detenerlo. –El inspector
Hermida es de los vuestros, ¿No? Siempre me ha gustado su
sillón.
– Lo tendrás si lo deseas, siempre y cuando me seas
fiel. El inspector Hermida no ha sido muy eficiente. Demasiado influenciable.
Siempre con excusas.
–Se la tengo jurada, siempre acusándome de brutalidad…
me tiene hasta los huevos. – le dijo, lo que en realidad era
una verdad como una casa. No le importaba una mierda que muriera
ese hijo de puta. Por su culpa no había podido detener a
los sospechosos con vida. Ahora ya sabía por qué.
–Pero contéstame a todo lo que te he preguntado…
Tu padre es tu amante. ¿Qué soy yo entonces?
– Tú... eres divertido. – le tocó la
quijada con un dedo, riéndose. – No me digas que te
has enamorado de mí, no lo creeré. No eres tan buen
actor.
–Ah…– el moreno se rió. –Yo no
me enamoro de nadie, pero no me gusta pasar frío en la cama.
– A mí tampoco, pero fuiste malo la primera noche.
Esta noche le toca a Adramelek, aunque no le molesta compartir de
vez en cuando. Pero no tienes que quedarte solo, hay muchos chicos
que no se quejarían por pasar la noche a tu lado.
–Está bien, pero no me voy a estar conformando para
siempre con cualquier cosa. – le advirtió. No tenía
ninguna intención de acostarse con ninguno de esos. No le
servían de nada, él necesitaba información.
¿De quién mejor que el propio Abaddon? Quería
que confiase en él. –Y ahora… ¿Voy a conocer
a Adramelek, o vas a mostrarme mi cuarto? Porque tengo sueño…
– Te llevaré a tu habitación, señor
exigente. – sonrió el chico tomándolo del brazo.
– Son colchones ortopédicos por cierto. Sólo
lo mejor.
–Exigir nunca está de más, se obtiene mucho
más que sin hacerlo. – Drago alzó una ceja y
se dejó llevar, pensando que sólo le había
faltado decir la marca al final para que pareciese que patrocinaba
un anuncio.
Entró en el cuarto, era muy grande, la cama también,
observó la habitación vacía y no pudo evitar
preguntarse si sería capaz de soportar aquello sin Kaigan.
–Tengo sueño… me pasaré unas horas descansando.
– Dulces sueños, Adamo Drago... –sonrió,
enviándole un besito y despidiéndose con la mano.
– Déjame saber si necesitas algo. – salió,
cerrando la puerta e intercambiando una mirada con uno de los chicos
que se encontraban “casualmente” por allí, antes
de dirigirse a su propia habitación.
–Sí, seguro. – murmuró. Sentándose
en la cama y dejándose caer como un plomo porque estaba agotado
en todos los sentidos. Quería estar con él.

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