.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 77
If You Love me, hate me

Mañana, Clínica siquiátrica Sakura.
Domingo 20 de Junio.

–Perdóneme padre porque he pecado…– Drago miró hacia el suelo.

Dentro del confesionario el cura lo observó por las rejillas. –Dime hijo, ¿Cuáles son tus pecados?

–He sido infiel y de nuevo he matado a alguien. Creí que estaba protegiendo a un inocente, pero no fue así. En realidad asesiné al inocente para salvar al culpable…

–Adamo… – el hombre hizo una pausa, pensativo.

–Necesito consejo…

...........

Eran las diez y media de la mañana cuando el detective dejaba su moto delante de la Clínica del siquiatra. Había recibido la noticia durante la madrugada, pero no había podido salir de allí.

Entró en la sala y lo observó acostado en el diván. –Kaigan.

– Adamo... – le sonrió, aliviado de verlo. – Te tomaste tu tiempo, estaba preocupado.

–No podía dejarlo solo y no consiguieron un relevo. Suficientes cosas estaban pasando con la ciudad a oscuras. – le acarició la espalda sentándose a su lado, aunque lo que deseaba era besarlo. –He ido a mi piso esta mañana… ya lo he visto todo, ese policía fue mi relevo ayer, el que Ashram mató. – le explicó.

– Estuvo con ese chico también entonces... – suspiró preguntándose por qué no lo habría matado. No era que se lo desease, claro. – No te preocupes, lo comprendo. Supongo que no has podido averiguar nada de Daniel.

–Aún no…– apoyó los labios contra sus manos cruzadas, no era capaz de mirarlo a los ojos. –Intentan matarte por mi culpa, será mejor que dejemos esto un tiempo. – intentó de nuevo. –Vuelve con tus padres.

– Claro que no. No soy un chiquillo, Adamo. No voy corriendo a casa cada vez que sucede algo. – se sentó a pesar de que aún se mareaba un poco y tomó sus manos ya que el moreno parecía no querer acercarse. – No es tu culpa.

Adamo apartó las manos de la suyas suavemente y se pasó una por la nuca. –Entonces te dejo yo a ti. – se levantó y tragó saliva apretando después las mandíbulas. –Lo siento.

– No voy a dejar que hagas esto, Adamo. Sé lo que haces. – se puso de pie también, sujetando su brazo. – No es tu culpa y no dejaré que te castigues.

–No sabes nada…– el moreno continuó sin mirarlo, ya sabía que iba a ponerse necio. –Esto se ha acabado. ¿Comprendes?

– ¿En serio? ¿Así de fácil? Y ahora yo te gritaré y te diré que te largues. Todo será como ha sido siempre. ¿No? –le sacudió el brazo para que lo mirase, a pesar de que no le gustaba recurrir a la violencia. – No va a suceder, Adamo. Te amo. Te voy a seguir amando me digas lo que me digas.

El moreno lo miró a los ojos, alterado por escuchar esas palabras después de lo que había hecho, fuera en las condiciones que fuera. Se quitó el rosario del cuello y lo colgó en el cuello del albino. –Aléjate de esto. – lo miró a los ojos y le pasó la mano por la mejilla. Dios, sólo podía recordar una ocasión en la que se hubiera odiado tanto a sí mismo.

Kaigan apretó el rosario en su mano, mirándolo a los ojos. No quería romper con él, estaba asustado. Tal vez estaba siendo demasiado necio. – ¿Realmente... deseas que regrese a Japón? No quiero que estés solo.

–Sí, vete…– Adamo tuvo que tragarse el deseo de amarrarlo con fuerza y pedirle que lo perdonase y se quedase con él. De decirle que lo necesitaba más que nunca. Le apretó un brazo sin querer y bajó la mirada de nuevo.

El albino tocó su rostro, haciéndolo subir la mirada y acercándose. – No puedo. Pensé que si realmente lo deseabas, lo haría. Pero no lo deseas. Lo sé.

–No lo entiendes… – lo abrazó con fuerza y susurró en su oído. – “Me tienen cogido por las pelotas. No intentes buscarme o acabaré mucho más que perdiendo mi empleo y a ti te matarán.”

Kaigan lo apretó contra su cuerpo, deseando mantenerlo allí. No quería separarse de él. – “Estaré aquí. Cuando me necesites. Esto terminará pronto.”

–“Damian es Abaddon, aléjate de él y no intentes hablar con la policía, están en todas partes. No te diré a donde voy… y tú…”– cerró los ojos y lo apretó con fuerza. –“No dejes ver que sabes nada, sólo ódiame… y si no puedes hacer eso… entonces vete.”

– “¿Odiarte?” –suspiró, sintiendo que le dolía. No quería separarse de él. ¿Acaso los estaban vigilando ahora? – “Haré lo que sea necesario. No te voy a abandonar.”

Drago cerró las persianas sin dejar de abrazarlo y se lo llevó a una esquina de la habitación para besarlo. No quería confesárselo, quería que lo siguiese amando y él no lo comprendería, nadie que no hubiera pasado por lo mismo lo haría. Estrujó su cabello blanco. –“Te amo…”– susurró contra su boca. –“No escuches nada de lo que puedas oír…”– se separó de él y se alejó para irse.

Kaigan se quedó de pie allí, observándolo a través de ojos empañados. – “Te amo”– susurró, deseando detenerlo irracionalmente. Hacía años que no lloraba, pero no podía evitarlo ahora. Sentía como si una parte de sí se fuera con el moreno.


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