.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 76
Don’t Look Away Now

Noche, Piso de Adamo Drago.
Sábado 19 de Junio.

El albino alzó la mirada de los expedientes que revisaba, dejando las notas a un lado y suspirando. Era bastante tarde para él, pero no conseguía dormir. Ya era la segunda noche. Miró hacia la puerta del dormitorio pensando que el policía también debía de estar cansado. Adamo debía estar consumiendo taza tras taza de café y fumando como una chimenea.

Por fin se puso de pie, decidiendo dirigirse a la cocina y llevarle una taza de café a ese chico que probablemente la necesitaba. Pero al salir del cuarto lo vio allí, sentando en el sofá. Tal vez se habría cansado de estar de pie. – Es una noche larga, ¿no? – Pero el chico estaba profundamente dormido, ni lo había escuchado. – Oficial... – le tocó el hombro, observando con horror como su cabeza caía a un lado, precariamente unida al cuerpo aún, los ojos muertos. No se había sentado allí, había sido lanzado como cualquier objeto. Podía verlo por la posición de su brazo, las manchas de sangre... Sacudió la cabeza, comprendiendo lo que hacía y evitando por poco perderse en aquel psicoanálisis. En vez de eso, corrió hacia la puerta.

Alguien tiró de él y lo arrastró por los tobillos tarareando una canción. Era un oficial de policía joven y sonreía mientras lo llevaba con él.

– ¡No! – gritó el albino, intentando zafarse o sujetarse a algo. – ¡Alguien! ¡Auxilio!

–Ah… cállate…– el chico se sacó la porra de bolsillo y le golpeó en la cara, le dio una patada en el estómago y sonrió levemente. –Tú le caes especialmente mal…

Kaigan entreabrió los ojos, mareado por el golpe. – ¿Quién...?

–Tú madre…– se rió, esposándole las muñecas a la espalda y sentándose sobre él. Tomó una navajita pequeña y lo miró pensativo. –Le llevaré un regalo… ¿Qué te apetece más?

El albino respiró pesadamente, intentando pensar. No podía razonar con alguien así. No importaba de qué forma lo mirase. Frunció el ceño, revolviéndose, alzando la voz de nuevo. – ¡Auxilio!

–Creo que será la lengua…– apoyó la punta de la navaja bajo su ojo. –Cómo vuelvas a gritar tu novio no va a reconocerte ni por la dentadura… Creo que le llevaré uno de estos son muyhg… gahj…– la sangre bajó por la frente del chico que morbosamente se partía en dos.

Ashram lo apartó de encima del siquiatra, agachándose y buscando las llaves para las esposas.

– A... Ashram... – el albino alzó la mirada sorprendido, sintiendo que se le iba a salir el corazón por la boca, apartándose del cadáver como podía. Le temblaban los labios, no era capaz de gritar en ese momento.

–Te voy a soltar…– le dijo, moviéndolo boca abajo y liberándolo. Tiró las llaves sobre el cuerpo y le ofreció su mano. –Ven conmigo… Te protegeré.

El albino tomó su mano, poniéndose de pie. – La... la policía... No... – balbuceó, pensando que aquel chico tenía uniforme de policía. No sabía si era sólo un disfraz, claro. – Adamo, tengo que avisar a Adamo.

–Después. – sentenció el chico, mirándolo a los ojos. –Daniel, tenemos que ir con él. – sacudió la sangre de la katana y se la guardó a la espalda. Salió por la ventana de nuevo y lo ayudó a bajar con él.

Las calles enteras eran como un pozo oscuro. Saltó desde el tejadillo y lo miró. –Salta, te cogeré. Sólo salta.

Kaigan miró abajo, asustado aún. Si cometía un error... Pero Ashram lo había salvado, estaba entrenado para eso. Y no podía volver atrás. Saltó, cerrando los ojos en la caída automáticamente.

Ashram atrapándolo abajo y llevándolo con él unas calles, corriendo todo lo rápidamente que podía y dejándolo bajar cuando ya no soportaba más. Tomó su mano de nuevo, corriendo hacia su casa y upándolo para que trepase por la valla del jardín.

–Entra…– le dijo, señalando la ventana de su cuarto.

El médico lo miró, preguntándose si estaba haciendo lo correcto, pero entrando de todas maneras. No había tenido tenía tiempo de pensar, por poco se caía subiendo aquella valla y estaba adolorido. Se sentó en el suelo, intentando recuperar la respiración.

–Espera aquí…– le pidió, subiendo escaleras arriba deprisa. Observando la habitación donde su hermano dormía plácidamente con Adan. Ambos despertándose al escuchar el ruido, sobresaltados. –Aki… ¿Dónde está Daniel?

– ¿Daniel...? – el chico miró a su alrededor desorientado, aún medio dormido. – ¿No está contigo?

– ¡No! Le dije que subiera contigo…– se volteó, abriendo todas las habitaciones y prendiendo las luces. – ¡Daniel! ¡Daniel!

Adan se levantó de la cama rápidamente, percatándose al fin de la katana a la espalda de Ashram y la sangre que lo manchaba. – ¡Ashram! ¡¿Qué ha pasado?! – le preguntó, deteniendo el histerismo en el que él chico parecía haber entrado.

– ¡Eso da igual! – el moreno se zafó bruscamente, corriendo escaleras abajo y abriendo las puertas. Regresando al salón, dando unos pasos atrás y observando la doble “s” en el suelo cómo si fuese un rayo. Quemada en el parquet cómo si hubiera sido pirograbada.

– ¡Ashram! ¡¿Qué le sucedió a Daniel?! ¡¿Dónde estabas?! – le preguntó Aki, siguiéndolo y dejándose llevar por el histerismo también, deteniéndose en la parte alta de las escaleras.

La puerta de la habitación del chico se abrió de pronto, el médico apoyándose en el marco. – ¿Qué ha sucedido?

– ¡Dios mío! ¿Qué le ha pasado? – Adan, que no comprendía nada ya, ni siquiera pudo extrañarse de la presencia del albino allí. Suponía que Ashram lo había traído. – ¿Y qué demonios es eso?

–Al servicio de Satanás… – le dijo Ashram.

– Fui atacado. – le respondió el psiquiatra, mucho más recuperado aunque ahora le dolía más la cabeza. – ¿Qué significa, Ashram?

El pelirrojo, se quedó serio, callado, sin saber qué hacer. – Daniel... no está.

–¡Satan servum!– le gritó, frunciendo el ceño y preguntándose si es que era estúpido. –Tengo que encontrarlo…– se giró, abriendo la puerta y echando a correr sin saber a dónde dirigirse. Sólo había un lugar…

– ¡Ashram! ¡Demonios!– Aki se lanzó tras él en la oscuridad, perdiéndolo enseguida. No podía encontrarlo, no tenía idea de a dónde iba. Entró de vuelta en la casa, agitado, con lágrimas en los ojos. – Voy a llamar al detective Sven.

– Espera, déjame contactar a...

El pelirrojo interrumpió al siquiatra, con el ceño fruncido. – ¡Voy a llamar al detective Sven! – le gritó, relajando el rostro luego. – Lo siento...

–Usted… siéntese por favor. – Adan lo ayudó, negando con la cabeza. –Está nervioso. – se disculpó por él, ayudándolo a recostarse en el sofá. – ¿Está herido? Llamaré a un médico. – le dijo mientras ya sujetaba su móvil. – ¿Tienes su teléfono aún, Aki?

El pelirrojo asintió con la cabeza. Por lo menos tenía el que le había dado en esa ocasión, esperaba que no se le hubiera ocurrido cambiarlo.

– No se preocupe, sólo me duele la cabeza, Ashram me salvó. – Les aclaró para que comprendiesen que estaba de su lado.

–Entonces… ¿No se lo dirá a la policía? – le preguntó. Se sentía mal con aquella pregunta. Pero todo lo hacía por Aki.

– El hombre que me atacó... llevaba uniforme de la policía. Se lo diré a Adamo. – le contestó el albino, mirándolo serio a los ojos.

............

– ¿Es que no sabes qué hora es? – contestó el hombre de cabello color vino al otro lado. Incorporándose en la cama en realidad preocupado.

– Es Ashram... Satanas servum o algo así. ¿Sabe qué significa? Se llevaron a su novio... – el pelirrojo empezó a explicar agitado, tan naturalmente como si llevasen años conversando. – Fue a buscarlo creo. No sé a dónde.

–Tsk… niño, no te entiendo nada…– Sven se levantó de la cama. Vistiéndose de mala gana y poniéndose una camisa. –Significa siervo de Satanás… al servicio de Satanás… ¿La doble s? – preguntó. – ¿Una doble ese cómo la de los servicios secretos nazi?

– Sí, en nuestra sala. – asintió como si pudiese verlo. – Tiene que ver con los ángeles, el caso de los ángeles. ¿Sabe de qué le hablo?

–Sí. – sentenció el detective. –Voy para allá. – le dijo antes de colgarle.

–Gracias. – murmuró el chico a pesar de que ya no le escucharía, bajando el teléfono de su oído y suspirando.


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