Capítulo
75
Darkness Has a Way of Getting Under Your Skin
Noche, Apartamento de la policía.
Sábado 19 de Junio.
Adamo se pasó la mano por el cabello, tratando de no quedarse
dormido a pesar de que hacía ya rato que se había
recostado en el sofá, muerto de sueño. Se preguntaba
qué era lo que tanto hacía en el servicio.
Finalmente se levantó y llamó a la puerta. –Eh…
¿Está todo bien?
La puerta se abrió de golpe, dejando paso al rostro del
chico sonriente. – Todo bien. Esto es normal para un modelo.
–salió, revelando su cuerpo envuelto en aquel pijama
negro de tela suave, cuya camiseta parecía apenas colgar
de sus hombros, el pantalón ciñéndose a sus
piernas como si fuese parte de las mismas.
–No es necesario en estas circunstancias…– suspiró,
aún así fijándose en su aspecto y dándolo
por imposible. Se asomó a la ventana de nuevo y la abrió.
No comprendía cómo podía estar tan oscuro aún.
Ni siquiera parecían funcionar las farolas a pesar de que
ya era hora.
– Lo es, un modelo nunca se deja ver en malas condiciones.
Así es como debe ser. – suspiró, pensando que
era un negado, pero había visto su mirada. Lo siguió,
apoyándose junto a él y mirando hacia fuera. –
Me gustan las noches.
–Está demasiado oscuro, mañana sabremos que
se han cometido tantos delitos como es posible…– aventuró,
cogiendo un cigarro de la cajetilla y encendiéndolo. Mirándolo
de soslayo debido a la proximidad. Le hubiera gustado llamar al
siquiatra y escuchar su voz, pero no era un buen momento para descubrir
su relación.
– No deberías fumar tanto... No es bueno. –
le advirtió, observando el humo que salía del cigarro
y acercándose un poco, sus delicados dedos sujetando el pitillo
de pronto y retirándolo con delicadeza de los labios del
moreno.
Adamo lo miró a los ojos, sintiéndose un tanto nervioso
y sujetando su mano después. –Trae acá…–
le dijo, quitándole el cigarro con la otra para que no fuera
a quemarse y aún sujetando la del rubio sin un gran motivo.
–No es bueno decirme lo que debo o no hacer.
– ¿Qué harás? ¿Castigarme? –
le preguntó, sonriendo y añadiendo después
con cara de inocencia. –Sólo bromeo...
–Puedo encerrarte en tu cuarto…– le dijo, sonriendo
y alzando una ceja, soltándole la mano por fin. Apartó
la mirada y se giró de nuevo hacia fuera. Podía sentir
lo que estaba ocurriendo y no le gustaba. Se sentía agobiado.
– Eso no estaría bien. – se rió el chico
sin apartar su mirada del detective. – ¿Estás
molesto conmigo? Sólo intento cuidarte porque me salvaste
la vida... Y eres agradable.
–Hm…– contestó, tratando de ignorarlo.
– ¿Por qué no te vas a la cama?
– Estoy cansado de dormir solo. No me gusta... – se
quejó, abrazándose a sí mismo como si tuviera
frío y luego apoyándose en la ventana. – Un
eclipse... es algo muy romántico, ¿no lo crees?
–No lo sé, tengo el romanticismo en la punta del
pie.
– ¿En serio? – se agachó en el suelo,
desatando sus zapatos, con una sonrisa traviesa en el rostro. Le
había dado la oportunidad en bandeja de plata.
– ¿Qué haces?... – preguntó,
como si lo tuviese harto, agachándose para detenerlo. Maldita
sea… de nuevo aquel olor embriagante. Apartó sus manos,
respirando de forma un tanto pesada.
– Buscaba tu romanticismo... – bromeó el chico
observándolo, su respiración haciéndose pesada
también. Mientras más se resistía, más
lo deseaba. Tomó sus manos de nuevo, acercándose a
su rostro. – Adamo...
El moreno lo observó con el cigarro colgando de los labios
y se levantó. Alzándolo también con él
y soltándose, revolviéndole el cabello un poco y apartándose
de él. Pensando que se había librado por los pelos
y negando con la cabeza. –Acuéstate ya, ahora. –
le dijo antes de ir a la cocina a hacer más café.
– ¿Por qué? ¿No te gusto? – el
chico lo siguió con cara de estar profundamente herido. –
¿No soy atractivo?
–Muy atractivo…– le dio el moreno la razón
aunque al parecer desinteresado. Y una mierda, estaba excitado.
Lo deseaba y eso le estaba sacando de quicio. –Pero estoy
trabajando, tengo pareja y sencillamente… esto no es correcto.
– Dijiste que no tenías pareja. Y... – el chico
apretó sus párpados, dejando las lágrimas resbalar.
– ¿Por qué no es correcto? Te debo la vida,
haría cualquier cosa...
– ¡Eh! No hagas eso…– le riñó
como si eso fuera el modo de detener aquello que tanto le incomodaba.
–Eso es sólo otro motivo, no tienes que recompensarme
por hacer mi trabajo. No me mires como si fuera un héroe
o algo así. Yo no soy tu héroe. – se sacó
el cigarro de los labios y lo apagó en el fregadero furioso.
Aunque probablemente el problema se hallaba consigo mismo.
– Lo eres. – se acercó, abrazándose a
su espalda y pegando todo su cuerpo al moreno. – Lo eres.
Estoy vivo gracias a ti. Y sé que me deseas, lo he visto
en tus ojos. No tienes por qué luchar. – murmuró
finalmente, sus manos moviéndose por el pecho de Adamo.
El moreno bajó un poco la cabeza, estaba ardiendo. Él
nunca había sido de contenerse, pero aquello era demasiado.
Su olor, el calor que su cuerpo hacía crecer en él.
Se sentía como drogado. Podía sentir sus manos arrastrando
tela y tocando la piel desnuda de su pecho.
Se giró hacia él y le sujetó la mandíbula
con dos dedos para que lo mirase a los ojos. –Basta. –
susurró apretándole demasiado. –Deja de comportarte
como un crío mimado…
– No soy un crío, lo sabes... Por eso me miras así.
– contestó con la voz jadeante, el rostro sonrojado
por el deseo. – Deja de negarlo, Adamo.
Drago lo observó fijamente, girándole un poco la
cara y observando la fina línea de su mandíbula, su
cuello… No podía evitar desear ver la piel que aquella
ropa negra escondía. Lo soltó y se apoyó en
la encimera. –Voy a pedir un relevo…– le dijo
antes de coger su teléfono. No lo podía creer, no
había cobertura.
Damian se quitó la camiseta, dejándola caer al suelo
a pesar de estarse alejando. Nunca fallaba y no iba a ser la primera
vez. – No es posible que no quieras tocarme. Eres especial
para mí.
Drago se mesó el cabello y dio unos pasos hacia él,
recogió la ropa y la apoyó contra su pecho. –Vístete…–
susurró, rozando su pecho con los dedos y dejando caer la
tela.
Apoyó la mano en su piel y dejó caer el teléfono
al suelo también, su sexo ardía bajo la ropa. No podía
creerlo, pero sus manos sujetaron los hilos del pantalón,
soltándolo para que se deslizase. Su mirada fija en los ojos
de Damian antes de besarlo profundamente, mordió sus labios
y penetró su boca lo más profundamente posible. Era
débil, era un estúpido, pero no podía detenerse.
Sus manos sujetaban aquellas nalgas levantándolo incluso
algo del suelo y subiéndolo por su pierna.
–Adamo... – jadeó el chico aferrándose
a él y moviéndose contra su cuerpo. Así estaba
mejor, ya no podría echarse atrás. Metió las
manos bajo su camisa, sintiendo su piel, librándose de sus
labios para succionar su cuello con ansias.
El moreno entrecerró los ojos, sentía cómo
si se le fuese la vida en aquellos labios. Lo desnudó por
completo, alzándolo en sus brazos y arrastrando una mano
por su espalda. La otra sosteniendo sus nalgas y haciéndolo
deslizarse apretado contra su abdomen. Bajó la cara un poco
y besó su cuello también, caminando hacia la habitación
y llevándolo a la cama.
Lo acostó sobre la misma y se quitó las gafas, desabrochándose
la camisa y deteniéndose un momento. No, él no quería
hacer eso. Pero el chico no le dio tiempo a reaccionar. Se alzó,
sujetándolo por la camisa y haciéndolo caer sobre
su cuerpo desnudo, casi enroscándose en el del moreno mientras
volvía a besarlo, ahora deslizando la camisa por sus hombros.
Adamo acabó de deshacerse de esta y lo besó de nuevo,
sujetando su cabeza con una mano sobre su cabello mientras se abría
el pantalón con la otra.Sus labios besaban sus pezones y
los mordían, su lengua se arrastraba por el abdomen del chico
hasta alcanzar su sexo. El tacto de sus muslos era suave y caliente.
Arrastró la cara contra uno de ellos con los ojos cerrados
y de nuevo regresó a su sexo, observándolo y alzándolo
ligeramente de la cama.
Damian gimió, mordiéndose el labio inferior, arqueando
la espalda al sentir aquella cálida lengua en su sexo. Sujetó
la cabeza del moreno contra el mismo, con suavidad, alborotando
su cabello. Era suyo, en ese momento, estaba totalmente poseído
por él. Podía sentirlo en la manera como lo succionaba,
en como se movía.
Drago se arrodilló, pasándose la mano por el cabello
para echárselo hacia atrás y sujetando sus caderas,
ni siquiera sabía lo que hacía. Las apretó
con fuerza antes de penetrarlo, frunció el ceño cerrando
los ojos por el placer. Nunca había sentido semejante éxtasis.
Se echó aún un poco más hacia atrás,
sudando mientras lo penetraba y abriendo de nuevo sus ojos grises
para observarlo mientras lo movía sobre las sábanas,
haciéndolo chocar contra sus caderas bruscamente.
El chico revolviéndose en éxtasis, gimiendo y jadeando.
Alzó las manos para sujetar el cuello del detective, atrayéndolo
hacia sí, sonriendo un poco antes de introducir su lengua
entre sus labios de manera salvaje. Una de sus manos bajó,
masajeando su propio sexo. Estaba conteniéndose por el momento.
El moreno la apartó y subió la otra también
por encima de su cabeza. Tomándole las muñecas con
sus manos, observándolo, era espléndido… Se
arrastró contra su propio cuerpo mientras lo penetraba, bajando
las caderas contra las de Damian cada vez que se aproximaba a su
cuerpo. –No tenemos prisa… – le dijo antes de
besarlo de vuelta. Aunque más que eso parecían devorarse.
– Noh... – jadeó el chico, sonriendo porque
le dijese aquello. Era exactamente lo que deseaba. Abrió
más las piernas, rodeándolo con las mismas, entrecerrando
los ojos y quedándose quieto por el momento.
Adamo se acostó sobre él, bajando las manos por
sus brazos hasta llegar a su cintura, curvó su espalda, oliendo
su piel y girándose en la cama. Sentándolo sobre él
y observándolo. Su sexo erguido y pálido, brillante
y mojado, sus pezones erectos y aquel cuerpo de pecado… esa
cara de ángel. Sujetó sus nalgas y se incorporó
un poco para poder moverlo sobre él.
Damian alzó los brazos como modelando, le encantaba sentirse
admirado. Bajó las manos luego por su propio cuerpo mientras
se movía sobre el moreno, casi saltando, besando sus labios,
su cuello, su pecho, lamiéndolo luego.
El mayor apoyó una mano sobre su cabeza, estrujando su
cabello y cerrando los ojos invadido por el placer. Sus caderas
moviéndose con más fuerza dentro de él. Apretó
sus nalgas con la mano y se las golpeó varias veces, haciendo
que su piel restallase. Alzándole la cara para besarlo y
bajando la cabeza después, sus labios entreabriéndose
en su cuello antes de morderlo ligeramente y succionar su piel,
el chico gimiendo con más fuerza aún, permitiendo
que sus uñas se clavasen tan sólo un poco en los hombros
del moreno, dejándose llevar por la pasión.
Se dejó caer completamente sobre su cuerpo, aún moviéndose,
arrastrando su sexo contra el abdomen de Adamo, apretándolo,
sintiendo cómo pulsaba contra el mismo. – Más
fuerteh... – le pidió, sonriendo.
– ¿Más? – le preguntó, volteándose
sobre él de nuevo y descargando toda su fuerza y deseo en
el chico. Estrujó su cintura con un brazo, alzándolo
de la cama y soltándolo después para sujetar sus piernas
y abrirlas para él ya que no dejaba de apretarlas por el
placer. Podía sentir el sexo duro del rubio como un hierro
candente contra su cuerpo, cada vez más mojado, eso lo excitaba
aún más.
Apretó las mandíbulas dejando salir su respiración
entorpecida y comenzando a sentir que ya no podría dar marcha
atrás. Su cuerpo se desbocaba y su sexo ardía. Observó
los ojos del rubio, el sudor resbalando por su mandíbula
y mojando al chico bajo él.
Damian se rió, jadeando luego con fuerza, casi como un animal,
sus manos tocando el pecho del moreno, arañándolo
un poco al sentir los primeros espasmos del orgasmo, gimiendo como
si no hubiera nadie más en el mundo. El semen brotó
de su sexo con violencia, mojándolos a ambos, los ojos verdes
del chico no se apartaban de los del detective.
Adamo lo observó, sus expresiones eran increíbles,
su sexo palpitó con fuerza antes de hacerlo correrse sin
control, el semen saliendo dentro del cuerpo del chico y haciéndolo
gruñir para contenerse de semejante placer. Se sentía
como si fuera a morir si aquello no cesaba ya. Jadeó con
fuerza, entreabriendo los labios contra los de Damian y besándolo
profundamente mientras acababa dentro de él, el chico sujetándolo
por la nuca para que no dejase de besarlo hasta el final.
Lo soltó por fin, sonriendo, y deslizando un dedo por el
rostro del moreno antes de llevárselo a los labios, lamiendo
su sudor.
Drago se apoyó en los codos y lo miró un momento,
rozando su frente contra la del chico y cayéndose a un lado
como si estuviera agotado. – ¿Qué me has hecho?
– le pregunto, notándose demasiado adormecido. Percatándose
además ahora de lo sucedido.
– No te he hecho nada... Tú me tomaste, Adamo. Qué
pregunta. – sonrió divertido, girándose para
mirarlo. – ¿Acaso no te gustó?
El moreno no pudo contestar. – ¿Me has drogado?
– ¿Drogado? ¿Yo? – lo miró como
si estuviera a punto de llorar, en realidad deseando reírse
a carcajadas. – ¿Qué clase de chico crees que
soy?
–Dios…– Adamo se llevó la mano a la cara.
Le hubiera gustado levantarse, pero no podía, realmente se
sentía drenado. Notaba un vacío en el estómago
por haber hecho algo así, por haber traicionado a Kaigan,
por haberle faltado al respeto a su trabajo…
– ¿Estás pensando en él? No tienes que
preocuparte por eso, no le diré nada. – comentó,
dejando ver que sabía muy bien cual era la realidad. –Pero
esto estuvo bastante mal...
–Cállate… – se apoyó en las manos
para sentarse, cogiendo la camisa del suelo y poniéndosela
de forma desganada. Tenía ganas de matarlo.
– ¿No deberías quedarte acostado? Sé
que puedo ser... poderoso. – se rió sin sentirse para
nada afectado. No le importaba mucho lo que pensara de él,
había obtenido lo que quería y no tenía pruebas
para culparlo de nada. Además, le había mordido.
Adamo se giró de soslayo para mirarlo y acabó de
vestirse, sentándose de nuevo porque estaba agotado. Aún
así le sujetó la mandíbula y lo miró
a los ojos. –Cómo digas una sola palabra te mato…
¿Me escuchas? Dime que no has hecho que matase a alguien
para conseguir lo qué querías…
– ¿Quieres que diga algo o no? Es confuso... –
contestó el chico, poniendo cara de chico asustado de nuevo,
mirándolo a los ojos.
–Cabrón…– se apoyó en el respaldo,
soltándolo y sintiendo incluso sus brazos débiles.
– Disfrutaste cada momento. No me vengas ahora con eso. –
lo miró poniéndose de pie así como estaba y
estirándose.
– ¿Quién eres?... – le preguntó,
cogiendo las gafas del bolsillo de su camisa y poniéndoselas.
– Damian Cohen, también conocido como Abaddon. –
se giró de pronto, sonriéndole orgulloso. –
Pero por supuesto... eso es un secreto. Te lo digo porque eres simpático.
Adamo sintió que se le paraba el pulso, fue a tomar su
arma, pero no estaba allí, se levantó, buscándola
con la mirada y golpeándose contra la pared porque no se
mantenía en pie. –Estás loco…
– ¿Lo estoy? Pero no pudiste resistirte a mí.
No te sientas mal, nadie puede. – le sonrió inocentemente
por un momento. – No puedes irte ahora, estás débil
y no hay luz... Podemos hacerlo una vez más si quieres.
–Que te jodan, hijo de puta…– Adamo siguió
buscando el arma con la mirada disimuladamente. – ¿Para
qué has hecho esto?
– Ya lo hiciste y es una descripción bastante aproximada
de mi madre. – se rió, subiendo a la cama de nuevo,
moviéndose como una pantera. – Me gustaste desde que
te vi. Me parecías un hombre atractivo, varonil, de principios...
– señaló la cruz aún sobre su pecho,
sentándose bien. – Y quería verte así.
¿Qué vas a hacer ahora? Hum... deja de buscar.
– ¿Dónde está? – le preguntó.
– No aquí. Es todo lo que necesitas saber.
–Bien…– dijo ya que veía que no podía
hacer nada. –Así que he matado a una persona para que
tú te echaras un polvo… – apretó las mandíbulas
ligeramente. – ¿Y Ashram? ¿Está contigo
o también lo estás utilizando?
– ¿Ashram? No he dicho nada de ningún Ashram.
– le contestó, ya que no iba a arriesgarse a que lo
detuvieran. Estaría loco, pero no confiaba en él y
eso era un punto en su contra. – Tal vez sólo imagina
que está conmigo. Nunca se sabe con esa gente.
–Ya… y una mierda. ¿Qué le has dicho
para que siga tus juegos? – se giró hacia él
para verlo mejor. Parecía una persona completamente diferente
ahora.
– Tienes muchos problemas para confiar. ¿Por qué
te mentiría ahora, luego de decirte quien soy? – le
sonrió, mirándolo y cruzando las piernas. Aquello
realmente era divertido. –Él sólo está
ayudando con la limpieza.
–Ya, comprendo. ¿Y por qué hiciste eso en
casa de Hashimoto? ¿Lo decides tú? ¿Tú
eres el cerebro de esto… o es tu padre?
– Esto no es un interrogatorio, detective Adamo Drago. No
tengo por qué contestar. – se inclinó hacia
él sonriendo, completamente seguro de sí mismo. –
Hashimoto dices, qué frío eres con tu amante.
–No lo metas a él en esto, sólo es un siquiatra.
– lo miró a los ojos sin retroceder. – ¿Vas
a matarme?
–Eres afortunado. – se rió, recostándose
un poco. – El hombre al que mataste, estaba dispuesto a dar
su vida por mí. Me amaba, todos ellos me aman. Y a cambio...
Pero tú saldrás de aquí sano y salvo. Y habiendo
disfrutado del más grande placer que existe: mi cuerpo.
–Oh… podía vivir sin ello. – torció
la sonrisa sin dejar de mirarlo. –Eras tú quien quería
que me follase ese placer tan grande… – le dio con la
mano en la cara sin importarle un mínimo ya lo que hiciera
con él. Estaba acabado. –No creas que no lo comprendo…
Ahora me tienes cogido por las pelotas.
– Eres muy inteligente. Me agradas, no mentía. Eres...
divertido. – se rió, ya que lo decía como una
simple curiosidad, o como si fuese un animalillo gracioso. –
Pero detective Adamo, fue demasiado brusco conmigo. Se supone que
debía protegerme. – protestó, de nuevo poniendo
aquella expresión de inocencia en su rostro. – ¿Qué
piensa hacer?
Adamo se rozó el labio con un dedo y miró aquella
marca en su cuello. –Haré lo necesario hasta que encuentre
el modo de aplastarte. Así que disfruta el momento. ¿Te
parece bien eso? ¿Te gusta ese juego? – lo retó,
observando sus ojos y subiéndose un poco las gafas después.
– Me encanta. – se rió divertido, casi dando
un saltito. – Adamo... ¿seguro que no quieres venir
a mi lado? Todo tu historial desaparecería, obtendrías
un ascenso... Puedo hacer que eso suceda, ¿no lo sabes?
–Así que tienes contactos en la policía. ¿Eh?
Apuesto a que ese imbécil del depósito es uno de tus
seguidores…– dijo refiriéndose al forense. –Te
diré una cosa. – lo miró a los ojos y sonrió
levemente. –No me compares con ellos…
– No, el detective Adamo Drago tiene unos principios muy
elevados. Nada podría disuadirlo, excepto... – movió
una cadera mostrándole sus nalgas. – Es una lástima
en todo caso. Nos hubiésemos podido divertir.
Adamo lo miró a los ojos, sonriendo levemente. –Pero
ya nos estamos divirtiendo. ¿No?
– Mucho... – le sonrió de igual manera el chico,
poniéndose la camiseta por encima y dirigiéndose a
la cocina para sacar el arma de una de las gavetas. – Es hora
de que corras a los brazos de tu amante... ¿o no?
–No. – extendió la mano para que se la regresase,
sin moverse de la cama. –Tengo que quedarme contigo hasta
mañana por la mañana, así que si estabas reflejando
tus deseos en mí… tendrás que joderte hasta
mañana. Lo siento, esta noche no podrá lamer mi semen
de tus entrañas. Tendrá que ser en otra ocasión.
– Hum... entonces no puedo regresarte esto. – sonrió,
pegándose el arma a su pecho como si fuese un peluche. –
No soy tan ingenuo. – se sentó en la cama, riendo para
sus adentros. Aunque era más divertido así. –
¿Seguro que no quieres reconsiderarlo? Me agradas.
–Me lo pensaré… si me cuentas lo que quiero
saber. – observó su arma y luego los ojos del rubio,
inclinándose hacia él. – ¿Me lo dirás?

Continua leyendo!
|