Capítulo
74
It’s Raining Blood
Noche, Casa de los Adler.
Sábado 19 de Junio.
– Increíble, ¿no? Hasta siento frío...
–comentó Aki, mirando por la ventana. Por lo menos
no había ningún incendio. – ¿Cómo
es posible que no lo hayan anunciado?
–Es extraño, estas cosas suelen averiguarlas con años
de antelación incluso… – le dijo Adan que estaba
a su espalda, rodeándolo y acariciándole los brazos.
–No es bueno que mires al sol, venga, cierra.
– No miraba al sol... – se rió el chico, cerrando
la ventana y pensando que para Daniel sería igual, aunque
mejor no lo comentaba.
–Es igual… – le riñó de todos modos.
– ¿Ya han cenado Ashram y Daniel? No sé por
qué tienen que hacerlo todo ahí dentro. Podrían
ser un poco más sociables.
– Déjalos. Estoy seguro de que es cosa de Ashram,
y creo que con todo lo que ha sucedido, le puedes permitir eso...
Sólo quiere protegerlo. – se acercó, rodeándole
el cuello con los brazos. – ¿No te gusta estar solo
conmigo?
–Más que nada…– sonrió levemente
y le besó los labios, levantándolo un poco con las
manos en su cintura y bajándolo de nuevo. –Tal vez…
un paseo por la ciudad a oscuras no estaría tan mal, lástima
que sea demasiado responsable para hacer eso.
–Lástima. – sonrió, besándolo
de nuevo y sonriendo. – Pero si tu novio se pierde “accidentalmente”
tendrás que salir a buscarlo. –se zafó de sus
brazos de pronto, echando a correr hacia fuera.
– ¡Aki! – el moreno salió, realmente preocupado.
Sujetándolo del brazo y negando con la cabeza. –Ten
cuidado… está muy oscuro, no seas inconsciente.
– ¿Qué va a suceder? – el pelirrojo se
dio la vuelta, encendiendo la pantalla de su móvil para poder
ver su rostro. – ¿Realmente estás preocupado?
–No lo sé, está muy oscuro, podría
atacarnos un ladrón… o qué sé yo. –
el moreno bajó su móvil y sonrió después.
–O podríamos hacer una tontería…
– Una tontería, ¿qué tontería?
Yo voto por la tontería. – bromeó, sujetándose
el cuello de la camisa de manera coqueta.
– ¿La tontería?... – preguntó,
sonriendo ligeramente y sujetándolo por la cintura, caminando
un poco hacia atrás, llevándolo entre las calles más
estrechas y besándolo. –Una muy grande. Sé que
es algo realmente imprudente, pero… Quiero hacerte el amor.
– susurró contra sus labios, encerrándolo contra
la pared.
– ¿Aquí? – le preguntó sorprendido,
enrojeciendo. – ¿No te preocupa que nos asalten mientras
lo hacemos? ¡No! No te preocupa. – se rió, cubriéndole
la boca con una mano antes de que pudiese entrar en razón.
Amaba esos momentos, amaba que se olvidase de todo y lo tomara por
sorpresa.
Adan le apartó la mano de delante de los labios y le revolvió
el cabello – Será mejor regresar, tienes razón…–
bajó un poco la mano por su nuca, mirándolo en aquella
penumbra antinatural, excitándose. Se quitó la camisa,
dejándola caer al suelo sin dejar de mirarlo a los ojos,
ahora con el cabello revuelto delante de la cara.
Le sujetó la mejilla con una mano y lo besó profundamente,
el pelirrojo devolviéndole el beso mientras sus manos bajaban
para desabrochar sus propios jeans, apresurado. Lo sujetó
contra sí, pegando sus pelvis, moviéndose contra él.
La respiración del moreno sonó terriblemente pesada
y sus manos apartaron las de Aki, rematando lo que el pelirrojo
había comenzado y sujetando sus nalgas de inmediato. Lo pegó
contra él, lamiendo su cuello y oliendo su piel.
Una de sus manos subió por la espalda del chico, acariciándolo
con fuerza y sujetando su camiseta, quitándosela también.
Se apartó un poco para abrirse el pantalón, no podía
dejar de mirarlo a los ojos en lugar de preocuparse por lo que los
rodeaba.
Aki sonrió fascinado, alzando un poco una de sus piernas
mientras se abrazaba más a él, susurrando. –
“Te amo...” – Le besó los labios, profundizando
en su boca y bajando luego por su pecho. Había algo de magia
en aquello, le hacía sentirse especial.
Adan estrujó un poco su cabello mientras lo besaba, girándose
a su espalda y bajándole un poco más el pantalón.
Le sujetó las nalgas, besando su espalda y separándolas
un poco. Se sentía desbocado. No quería pensar ni
razonar. Su sexo duro se deslizó entre las piernas del pelirrojo,
rozando la calidez suave entre estas y sus testículos cada
vez que se movía.
Le acarició el pecho, su mano dibujando el bien perfilado
abdomen hasta tomar ambos sexos.
Aki dejó escapar un gemido, apoyándose en la pared,
aunque una de sus manos se deslizó hacia atrás, acariciando
la fuerte y bien definida cadera del moreno, sintiendo cómo
se movía contra él, su respiración pesada,
su cuerpo empujándolo hacia delante.
El moreno arrastró la cara contra el cabello rojizo de Aki,
mirando de soslayo a su alrededor un momento, retirando su sexo
poco a poco de entre sus piernas y apretándolo contra la
caliente piel entre las nalgas del chico. Lamió sus hombros
y cuello antes de penetrarlo hasta el fondo, pegándolo a
la pared y sosteniendo su frente con una mano.
–Ahhh... – el chico gimió sin preocuparse por
llamar la atención, sin poder pensar mucho en eso, tan sólo
dejándose llevar. Era demasiado excitante, en aquel lugar,
en aquella penumbra. Y por cómo estaba Adan, sabía
que no era el único que lo sentía así. Giró
ligeramente el rostro buscando un beso, apretando las nalgas contra
el grueso sexo del moreno, escuchándolo jadear.
–Aki…– el moreno lamió sus labios, hundiendo
la lengua en su boca y haciéndoselo con fuerza mientras su
mano jugaba en el sexo del chico. Podía sentir los fluidos
resbalar calientes entre sus dedos, tenía las venas muy hinchadas
y estaba realmente duro. Su mano libre pellizcaba ahora sus pezones,
frotando su pecho después con la mano completa, estaba nervioso,
pero sólo era la excitación.
–A... Adan... Adaaan... – el chico sonrió, estremeciéndose
por las corrientes de placer que lo recorrían, sujetando
la fuerte mano del moreno de pronto para acelerar sus movimientos.
Las embestidas haciéndose más urgentes, podía
sentir el sexo de Adan llenándolo por completo. Dejó
escapar otro gemido agudo, corriéndose, apretando al moreno
contra sí, con la mano que tenía libre.
–Ag…Aki... – Adan se movió contra él
rápidamente, corriéndose dentro de su cuerpo y sujetando
su sexo para acabar de eyacular sobre sus nalgas, rozándolas
con él y estremeciéndose al volver a entrar, buscando
calmarse aún dentro de él, abrazándolo intensamente.
Ahora no podía dejar de pensar que estaban locos de atar.
– Te amo... Te amo, Adan. – sonrió el chico,
respirando con fuerza, demasiado feliz para expresarlo con palabras.
Quería pasar el resto del día sólo besándolo.
–Yo también…– lo giró hacia él,
subiéndole el pantalón y haciendo lo mismo antes de
abrazarlo de nuevo. – ¿Quieres tomar un baño?
– le preguntó sonriendo un poco, se sentía algo
infantil por haber hecho algo así.
– Tomemos un baño antes de que enciendan la luz y
nos vean. – se rió, ya que eso no iba a suceder, agachándose
para recoger su ropa.
–No creo que haya un helicóptero apuntándonos
con sus luces, aunque tal vez mañana aparezcamos en las noticias.
“Vean lo que hacía la gente ayer durante el eclipse…”
Dios… – negó con la cabeza recapacitando ahora.
– Bueno, pero por lo menos con ese cuerpo de bombero que
tienes... – bromeó, tomándolo de la mano para
regresar a la casa. – Venderás más calendarios.
–Ah… baka, al menos yo te estaba cubriendo. –
suspiró, ya que eso era lo que más le preocupaba.
No quería que nadie viese la cara que Aki ponía cuando
estaba disfrutando del sexo.
–Pero yo estoy orgulloso de mi novio. Y tú... eres
encantador. – contestó, pensando que incluso a aquella
vergüenza la amaba.
–Calla…– le rió, pegándole una
nalgada para que entrase en casa y rodeándolo con suavidad
por detrás, subiendo las escaleras con él y topándose
con Ashram en la oscuridad –Ashram…– dijo sorprendido.
– Creí que estabas con Daniel. – sonrió
Aki, enrojeciendo un poco como si el moreno fuera a adivinar lo
que habían estado haciendo. – ¿Quieres algo?
–No, Daniel está dormido, ahora regresaré…–
les dijo, ya que de hecho acababa de volver porque se había
preocupado. Miró a su hermano a los ojos y luego bajó
la vista como reflejo a su entrepierna. –Iré a buscar
agua…– murmuró.
– Vale... – contestó el chico nervioso porque
hubiese bajado la mirada. – Nosotros... vamos a tomar un baño.
No te quedes despierto toda la noche.
–No. – Ashram desapareció en la cocina mientras
Adan se llevaba a Aki con él escaleras arriba.
–No lo sabe, no puede saberlo. – lo tranquilizó.
– No, seguro que no... – sonrió, aún
nervioso y pensando que Adan también se lo había preguntado.
............
Ashram se despertó, apoyando las manos en el colchón
y mirando a Daniel, lo observó fijamente y apoyó la
mano en su pecho para notar cómo respiraba. No tenía
sentido, pero estaba nervioso esa noche.
Se asomó a la ventana, tratando de saber qué hora
era. No tenía ningún sentido durante un eclipse. Suspiró
con fuerza y salió del cuarto en silencio. Necesitaba saber
cuánto faltaba para el amanecer y sólo podía
ver el reloj en el salón.
Salió silencioso hasta la sala y sintió como si
su corazón se detuviera al observar la figura sentada en
el sofá. No podía verlo bien, sólo… aquellos
dos orbes negros, aquellos ojos que parecían vacíos.
Apenas un jadeo salió de sus labios, su piel palideciendo
terriblemente al observar su sonrisa y cómo la sombra se
extendía al levantarse el mismo. Aquello debía ser
una pesadilla.
Daniel se giró en la cama, sintiendo el colchón a
su lado, vacío. Tal vez el moreno se había acostado
en el suelo. – “¿Ashram?” – se sentó,
abriendo los ojos en la oscuridad y decidiendo bajar de la cama.
Pero algo se sentía extraño, esa oscuridad... no era
la misma de siempre. Bajó la mirada observando borrosamente
el blanco de las sábanas. ¿Cómo podía
ver eso? Suspiró, seguro de que soñaba por más
real que se sintiera. – Ashram... – lo llamó
de todas maneras sin saber por qué, poniéndose de
pie.
–No salgas…– susurró el moreno que apenas
había podido articular aquellas palabras. Dando unos pasos
atrás y observando como aquella figura seguía avanzando,
extendiendo una mano hacia él, invitándole a acompañarlo.
–Belial…– lo llamó. –Señor
de las moscas…
El moreno comenzó a escuchar el zumbido y se echó
atrás de golpe, cerrando la puerta con el corazón
retumbando en su garganta, trabándola con el pestillo y corriendo
a por su katana. Apartó a Daniel hacia atrás. –Escóndete…–
le dijo muy nervioso, sudando.
– Ashram... no. Ven conmigo. – le pidió ilógicamente
sujetando su mano. Deseaba protegerlo. Podía ver su rostro,
era tal como lo había imaginado. Y estaba asustado.
–No… ¿A dónde?– lo miró
a los ojos, observando su mirada fija en los suyos y observándolo
incrédulo. – ¿Me… ves? – le preguntó,
de pronto más asustado por eso. No, era una pesadilla, debía
serlo. Bajó la cabeza confundido, asustado. Apretando con
su mano la de Daniel y jadeando, soltándolo de golpe al notar
la sangre que corría por su propio brazo al borde de mancharlo
con la misma.
Dio unos pasos atrás, alejándose de él de
espaldas hacia la ventana.
– Sí, te veo. ¡Ashram! – lo llamó,
siguiéndolo, pensando de nuevo ilógicamente que se
iba a caer. – No huyas... – se giró al escuchar
un golpe fuerte en la puerta, la misma doblándose hacia adentro
por un segundo.
–Es él…– susurró Ashram, bajando
la vista y observando la sombra que se proyectaba por la parte baja
de la puerta. El sudor, gélido, resbalando por su cuello.
¡Pum!
La puerta resonó una vez más. Haciendo ruidos como
si fuera a partirse, el rubio gritando sin poder evitarlo.Desviando
su atención de la mancha más oscura que la noche que
se cernía a sus espaldas. Sus manos se colaron a través
del cristal como si se tratase de agua y lo aferraron con fuerza.
Sujetando sus muñecas y estrujándolas, haciéndolo
sentirse débil e inútil. Se mordió la lengua
para no gritar y la sangre bajó por la comisura de sus labios.
Daniel corrió hacia él, el corazón latiendo
con fuerza en su pecho, aterrorizado, intentando liberar al moreno
de aquellas manos con todas sus fuerzas. Finalmente tomando la katana
del chico quisiera o no, y clavándola en el cristal, el mismo
rompiéndose con violencia. Tan sólo era un sueño.
Ashram se apartó de la ventana de golpe al verse liberado
y le quitó el arma de la mano. No quería que él
la empuñase. –Daniel…– lo llamó,
sujetando su mano con fuerza y observando afuera. Aquella oscuridad
insondable. Saltó por la ventana y lo llevó con él,
mirando a todos lados sin poder ver nada en realidad. Respirando
fatigado, deseando llamar a Aki cómo si él pudiese
salvarlo de todo mal.
El jardín le parecía tenebroso ahora, tenía
miedo, un miedo terrible y antiguo. Entonces sus ojos lo observaron
entre las sombras. Unas alas gigantes y negras desplegadas a su
espalda mientras abría los brazos y dejaba caer desde entre
los mismos montones de cabezas cortadas que rodaron por el campo.
– ¿Ya le has mostrado a Daniel tu cosecha?
– ¡¿Quién eres?! – le gritó
el rubio sin poder detenerse. Tenía miedo, sí, pero
también una furia que nunca había sentido antes. Respiraba
con fuerza, su mente diciéndole que se callase. Apretó
la mano de Ashram, atrayéndolo hacia sí. – No
es cierto... Nada de esto es cierto. No tiene que ver contigo.
El hombre estalló en carcajadas ante su atrevimiento. –
¿Me repudias a mí, pero aprietas la mano del señor
de la inmundicia? Estúpido… Lástima no haberte
matado cuando pude.
Ashram tiró de Daniel hacia atrás, escondiéndolo
a su espalda. El suelo comenzaba a sentirse blando como el fango
y sintió una viscosidad que le hizo bajar la mirada. Millares
de gusanos se apelmazaban hundiéndolos en la tierra, no había
escapatoria pues estaban en todas partes. El suelo era un hervidero
de los mismos.
–No les temas, son tus siervos, tu cosecha…–
el moreno sonrió, señalando las cabezas a sus pies
de donde manaba tal maraña de vermes.
Ashram lo miró, jadeando nervioso y sin comprender nada.
Alzando a Daniel en brazos para que no lo tocaran y tratando de
huir por encima del tejadillo que subía a la habitación
de Aki y Adan.
– ¡Belial! – le llamó el otro abajo.
El cielo oscureciéndose aún más y abriéndose
para que estallara la tormenta.
El rubio se sujetó a Ashram, sintiendo cómo los
mojaba aquella lluvia. Era extraña, pegajosa. – No
le hagas caso, Ashram. Es sólo un sueño, tú
no eres esto... – le aseguró, por alguna razón
sintiendo todo aquello demasiado real. Sus brazos estaban rojos,
el rostro del moreno también. Subió sus manos limpiando
la sangre de sus ojos, aún intentando protegerlo.
–No…– Ashram trató de limpiarlo, angustiado.
Su cabello y su piel, sus ropas, estaba completamente bañado
en sangre por su culpa. El olor era hediondo, olía a muerte
y azufre.
Apretó la katana y se giró hacia el hombre que abajo
los observaba como flotando en aquel mar repugnante de larvas y
sangre. Tenía miedo, pero mucho más miedo a que algo
le ocurriera a Daniel.
Saltó desde el tejadillo y trató de cortarlo con
su arma. En vez de eso y tan sólo por un segundo, en lugar
de ver a ese hombre, pudo ver claramente otra figura que le hizo
detener el golpe.
El demonio aprovechó y lo sujetó por el cuello.
Apretándolo con fuerza y aproximándolo a su rostro,
haciéndolo colgar de su mano como si sólo fuera un
animalillo.
Ashram movió la katana como pudo y le golpeó con
la empuñadura en el estómago. Acto seguido salió
despedido con una fuerza terrible contra la pared de la casa, hundiéndose
después inconsciente en aquel mar de deshechos.
– ¡Ashram! – el rubio gritó, desesperado
por estar allí arriba, intentando buscar la manera de bajar,
escuchando la risa del hombre. Se estaba burlando de él y
mientras tanto... Ni siquiera podía ver a Ashram. –
¡Detente! – Se lanzó por fin, pensando en medio
del aire que no era muy buena idea, pero tenía que encontrarlo,
rescatarlo de alguna manera.
El hombre avanzó hacia él entonces y sujetó
su cabello entre los dedos. Haciendo que lo mirase a los ojos. –
¿Has probado a morir con la garganta llena de larvas? –
le preguntó riendo entre dientes. –Cuando hayan llenado
también tus fosas nasales dejarás de respirar y creerás
que es un alivio. ¡Vuelve con Dios!…– Le gritó.
Hundiéndolo entre la sangre y los gusanos. –No vas
a llevártelo…
Daniel abrió la boca desesperado, sintiendo que se ahogaba
y alzando un brazo, pero al abrir los ojos... no había nada.
La misma oscuridad de siempre. No había gusanos, ni lluvia,
nada. Había sido un sueño. – “¿Ashram?”
– lo llamó sintiendo a su lado el cuerpo del moreno.
El chico lo observaba fijamente, recién despertado y aún
nervioso. Cubierto por un sudor frío. – ¿Puedes
verme? – le preguntó por saber si había sido
una pesadilla.
– No, claro que no. ¿Por qué? – le preguntó
sorprendido y algo asustado. No tenía un motivo, seguramente
era la impresión de la pesadilla.
–Nada…– se dejó caer de nuevo entre las
sábanas y lo abrazó con fuerza, apretándolo
contra él y cerrando los ojos, aunque las imágenes
de nuevo regresaban a su retina.
– No... ¿Qué sucede, Ashram? Dime, puedo escucharlo
en tu voz. – insistió, devolviéndole el abrazo,
intentando no temblar.
–He tenido una pesadilla…– susurró. Soltándolo
e incorporándose sentado en el colchón. Comprendiendo
ahora lo que había visto. – Tengo que salir, va a matarlo.
– murmuró, levantándose para coger su katana.
– ¿Qué? ¿De qué hablas? Ashram...
– Daniel movió sus manos buscándolo y sujetando
su mano de nuevo. – No te vayas. – le pidió asustado,
preguntándose si aquello había sido un sueño
realmente.
–Tengo que detenerlo, no puedo permitir que lo mate…–
apretó su mano y lo miró fijamente. – ¿Tienes
miedo?
– Sí, también tuve una pesadilla... –
le confesó, sin comprender de quien hablaba.
–Lo viste…– le dijo.
– ¿A quien? – le preguntó sin estar seguro
de nada, añadiendo luego. – ¿Quién era?
–Era…– Ashram trató de recordar, pero
no estaba seguro. No podía saber si realmente era él.
Estaba demasiado oscuro. –Un demonio…
El chico suspiró bajando la cabeza. No podía ser.
– No lo escuches, ya no eres eso. Nunca lo fuiste. Tengo miedo.
–Tengo que ayudar a Hashimoto… – le dijo soltándolo
y abriendo la ventana.
– Ashram. – lo llamó, bajando la voz luego por
no sonar impositivo. – Vuelve a mi lado...
–Lo haré, Daniel, ve con Aki. – le pidió.
– ¿Lo harás?
El rubio asintió, sonriendo un poco, aunque no se sentía
bien. No comprendía nada, pero todo aquello definitivamente
no eran desvaríos de Ashram.
–Daniel… – Ashram lo abrazó con suavidad.
–Ve con Aki… y no tengas miedo… eres un ángel.
El rubio sujetó su rostro, besándolo con suavidad
sin querer discutirle. – Te amo, Ashram.
–Te quiero. – le dijo, esperando a que fuese hacia
el salón y abriendo la ventana, saltando por fuera de la
misma.

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