Capítulo
72
Fragile
Mañana, Apartamento de la policía.
Sábado 19 de Junio.
El rubio se deslizó fuera de la cama con rastros de pereza,
observando a su alrededor y recordando perfectamente en donde estaba.
Por lo menos esperaba que hubiesen comprado algo de comer. Siempre
amanecía hambriento. Se asomó fuera del cuarto sin
molestarse en cubrirse, ya que sólo llevaba su ropa interior
de marca y la camiseta que había usado el día anterior.
– Buenos días, detective... – lo saludó
sonriendo un poco y dirigiéndose a la cocina.
–Buenos días…– murmuró el moreno
que hacía rato estaba tomándose un café tras
otro y no había dormido en toda la noche. La cafeína
comenzaba a hacer mella en él y tenía una vena terriblemente
hinchada en la sien, prevenía que iba a padecer migrañas
de un momento a otro. Miró la hora y se levantó a
asearse un poco. –Mi relevo estará al llegar, imagino
que ya no volveré. – le aclaró, ya que él
no solía dedicarse a esas cosas.
– ¿Relevo? Sí, claro... No puede quedarse
aquí todo el día, tiene trabajo que hacer. –
sonrió como decepcionado, sentándose frente a él
y observándolo. – ¿Cree que pueda llamar a alguien
para que me envíe mis cosas? No puedo quedarme así...
¿Tal vez pueda pedir algo de desayuno?
–Ahora ya te van a traer unas cosas que tu padre llevó
a comisaría…– le aseguró, mirándolo
a los ojos. – ¿A qué viene esa cara? Sea quien
sea el que venga será un policía tan profesional como
cualquier otro, no tienes por qué preocuparte… –
se echó hacia atrás en el asiento y suspiró
con fuerza. – ¿Tienes miedo?
– Por supuesto. Casi me asesinan anoche... Se me paró
el corazón. –se estremeció, abrazándose
un poco a sí mismo. – Me siento más seguro con
usted aquí, pero sé que es egoísta.
Adamo se echó un poco hacia atrás, suspirando cansado.
–Está bien, regresaré, pero de todos modos tendrás
que quedarte con quien venga ahora, necesito dormir o de cualquier
modo no podré ayudar a nadie. – lo observó sin
poder evitar fijarse en como le sentaba la ropa interior. Era absolutamente
un crío. No era normal pasearse así delante de alguien
a quien no conocías de nada. –Vístete anda.
– No acostumbro hacerlo hasta que tenga que salir. –
sonrió, observándolo por unos minutos antes de ponerse
de pie. Tenía ganas de meterse con él, pero así
no se comportaba un chico traumado. – Estoy muy agradecido.
Sé que soy una molestia.
–Cómo ya te he dicho antes, no tienes que darme las
gracias por hacer mi trabajo… y ahora vístete, no es
apropiado. – insistió de nuevo, encendiendo la televisión
para no tener que mirarlo. Crío del demonio, le daba la impresión
de que lo hacía para que lo mirase.
– Enseguida, detective. –asintió comportándose
de manera infantil, ya que había notado su mirada. Entró
en la habitación tan sólo pretendiendo cerrar la puerta,
pero dejándola entreabierta de modo que se podía ver
aún.
Adamo se levantó sonriendo ligeramente, acercándose
sin prestar atención. –Recuerda que todo cura antes
fue monaguillo. Deberías hacer esas cosas con gente de tu
edad. – le dijo, cerrando la puerta por él y abriendo
la de afuera tras mirar por la mirilla.
–Detective Drago, vengo a relevarlo. – le dijo el
chico. Así no le extrañaba, también tendría
miedo él si dejasen a un chaval protegiéndolo.
–Bien…– le movió un poco la cara al ver
los vendajes que llevaba en el cuello. – ¿Un accidente?
–Me mordieron…– el chico sonrió amablemente.
Adamo alzó una ceja y se subió las gafas. –Pues
ten cuidado, este también muerde…– le apretó
el hombro y esperó a que el rubio saliera para que se quedase
tranquilo.
–Hola, no le haga caso. Sólo dice eso porque no confía
en mí. – sonrió, pasándose una mano por
el cabello y extendiendo la otra hacia el chico como si jamás
lo hubiese visto antes. – Soy Damian. ¿Sabes hacer
un huevo?
–Lo intentaré…– el chico alzó
una ceja y miró a Adamo, que negó con la cabeza como
dándolo por imposible. ¿Creía que era su criado?
–Todo tuyo…– le dijo al chico. Saliendo más
o menos deprisa para ir a su casa.
........
Despidió al policía que había en la entrada,
informándole también que regresase alguien por la
tarde ya que debía volver con Damian y subió en el
ascensor. Entró al piso, y tiró la ropa por el camino,
abriendo la puerta de su cuarto y susurrando. –Soy yo. –
sin molestarse en alzar las cortinas, quitándose el pantalón
y levantando la ropa de cama un poco para acostarse encima del albino
sin ninguna consideración – Qué calentito...
–Adamo... – sonrió Kaigan, intentando girarse
y dándolo por imposible. – No dormí casi nada
anoche... ¿Cómo te fue?
El moreno protestó un poco y lo dejó voltearse,
rodeándolo para acostarlo sobre él. –Cómo
siempre en esa clase de trabajos, tengo sueño y he tomado
demasiado café. – se tocó las sienes y bajó
la mano por la espalda del albino, subiéndola bajo su camisa
del pijama. –No creo que el chico sea culpable de nada, más
que de ser un niño mimado.
– Un niño mimado extremadamente atractivo, pero supongo
que no es el momento. – lo besó con suavidad, abrazándolo.
– No creí que estuviese en peligro realmente, me siento
un poco mal.
–Yo también, pero reemplazarás ese sentimiento
por otros cuando sepas que tengo que regresar con él dentro
de unas horas. – lo miró a los ojos y sonrió
levemente.
– ¿Estás seguro? Ese no es tu trabajo. Y es
sábado. –protestó enseriándose de pronto,
ya que se había sentido él mismo como un niño
mimado. Era lo que sucedía cuando no dormía lo necesario.
– No creo que esto tenga que ver con el caso. Me parece muy
arriesgado.
– ¿Cómo que no? ¿Viste la televisión?
Esos tipos… estoy seguro de que creen que es un ángel.
– lo miró, recordando cuando el rubio había
desfilado así vestido. –No sería responsable
por mi parte. – le dijo, ahorrándose el explicarle
que se sentía más seguro con él.
–No quise decir eso... Sólo que no parecen las mismas
personas. Un imitador tal vez. –le aclaró suspirando.
– No intento disuadirte de regresar. Sé lo que estás
pensando, Adamo.
–No, yo sólo estoy pensando en mi deber. –
el moreno deslizó la mano por dentro de su pantalón
y le tocó el inicio de las nalgas con las puntas de los dedos.
–He matado a otro hombre… y mataría a cien más,
pero no quiero cargar con la muerte de un inocente en mis espaldas.
No si me ha pedido ayuda a mí, ahora es mi responsabilidad.
Si le hubiera prestado atención antes no habría pasado
esto. Está realmente traumatizado, si lo vieras… parece
una persona distinta.
– No lo conozco tan bien, pero te tomaré la palabra.
Tendría que ser de piedra para no asustarse y sólo
es un chico, modelo o no. – asintió, pensando en cómo
lo tomaría Adamo si algo le ocurría a ese joven. Pensaría
que era su culpa. Pero viéndolo objetivamente, él
también tenía tendencia a proteger a ciertas personas.
– Ten cuidado, no quiero que te suceda nada a ti tampoco.
–No me sucederá nada…– empezó
a bajarle la ropa y sonrió un poco. –Pero tú…
te vas a quitar esto… tengo frío y ya sabes…
el calor humano…– le desabrochó la camisa sin
mirarle a la cara.
– Duerme, tienes sueño. – le contestó
como si intentase hipnotizarlo, pero quitándose la camisa
por complacerlo.
–Hum… sí, me has convencido…– lo
alzó un poco para besarle el pecho y lo abrazó mejor
contra él, girándose de lado y aproximándolo
a su pecho sin dejar de acariciarle la espalda. Le besó el
cabello, cerrando los ojos y antes de que pudiera tan siquiera asimilarlo
cayendo en el sueño.
– “Detective, siempre olvidas cuidar de ti.”
– sonrió el albino, pasando una mano por su cabello
con ternura y cerrando los ojos también. Por una vez podía
quedarse en la cama.

Continua leyendo!
|