.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 70
Trust Me

Noche, Casa de los Adler.
Martes 7 de Junio.

Aki se pasó la mano por la cabeza, revolviéndose el ya alborotado cabello y observando dentro de la nevera. Sabía que era por los nervios, pero no podía dormir y suponía que algo de comer lo ayudaría.

–Aki. – Ashram, que había estado esperando a que bajase sentado en el mueble de la cocina, lo observó dar un respingo y bajó la cabeza.

–Ashram... Creí que estabas durmiendo. – sonrió, tocándose la cabeza ya que casi se había golpeado del susto. – ¿Qué haces aquí?

–Esperar a que bajases a comer algo. Como siempre que estás preocupado. – se bajó de la encimera para acercarse a él. –Lo siento, Aki.

– Me conoces demasiado bien. – sonrió, tocándole la cabeza ahora a él. – Está bien, lo sé.

–A veces te tengo que ocultar cosas, Aki, no quiero que las sepas. Aunque estoy seguro de que las comprenderías. – mintió. –Podrías cometer un error, y a veces yo también puedo enfadarme. No quiero tener que enfadarme contigo.

– Sé que intentas protegerme, pero yo también quiero protegerte a ti. Y sé que mientes, baka. – negó con la cabeza, girándose para buscar dos platos y algo de pastel que aún quedaba. No quería que le viera la cara en esos momentos. – Siento... que nunca logro hacer nada bien para ti.

–Sí, es sólo que suelo pagarlas contigo. Porque sé que no vas a dejar de quererme. Ya sé que no es justo. Después me siento mal. Como ahora… – siguió el pastel con la mirada y se sentó en una silla.

El pelirrojo dejó ambos platos en la mesa, sentándose frente a él. – Pero no puedo protegerte, ni hacerte feliz. Y no sé qué hacer... No es tu culpa. Aunque a veces me provoca sacudirte. – se rió sin poder evitarlo.

–Soy feliz, Aki. – bajó la mirada, pensando que le hubiera gustado sonreírle en aquel momento. –Esta es mi personalidad.

– Ya me has dicho muchas veces que no lo eres. No tengo tan mala memoria. –le sonrió con tristeza, acercándole un tenedor. – Empiezo a creer que nadie es feliz realmente.

–Te he dicho que soy feliz, Aki. – suspiró con fuerza. –Es que nunca comprendes.

– Sí, eso debe ser... – asintió, pensando que siempre estaban igual. – No me hagas caso.

– ¿Tú no eres feliz? – empezó a comer y lo miró de soslayo. –Lo eres.

– Al menos lo era hasta esta semana. – le confesó, mirándolo también. – No lo sé, tal vez sólo estoy deprimido. Ya te dije que no me hagas caso.

– ¿Por mi culpa? – preguntó, afectado pese a que seguía con el mismo gesto.

– Claro que no. – le sonrió, extendiendo un brazo para calmarlo. – Son cosas mías. Soy yo el que no puede ayudarte, tampoco puedo darle a Adan lo que desea. Ni siquiera Azrael viene a mí ya.

–Aki, el doctor Hashimoto me dijo que podías ir a hablar con él si lo deseabas. Aunque yo no creo que lo necesites. – suspiró levemente y lo observó. –Tú me ayudas, si no fuera por ti no habría llegado hasta aquí. Azrael creo que ahora mismo debe estar demasiado emocionado con sus propias cosas, se calmará y regresará y Adan… que se calle.

– No digas eso... –se rió sin poder evitarlo, imaginando la cara del moreno. –Además, intentó callarse, pero yo no se lo permití. Sabes que puedo ser insistente. No sé si hablar con un doctor me ayudaría, de todos modos no puede resolver estos problemas.

–Pero te puede decir cómo vivir mejor con tus problemas…– se metió el tenedor en la boca y lo miró pensativo, inclinándose después y besándole los labios. Volviendo a comer y subiendo los pies en la banqueta.

– Baka... – sonrió, enrojeciendo por la sorpresa, pero comprendiendo que había sido algo bastante difícil para su hermano. – Tal vez lo visite. Pero tú debes ser más amable conmigo. Y ayudarme a comprender. No quiero estar fuera de tu vida, Ashram. Sé que ahora tienes a Daniel, pero eso no significa que ya no me puedas decir nada.

–No se trata de eso… Daniel necesita saberlo porque es un ángel. Tú no. ¿Estás celoso? Ya me he esforzado, te he dado un beso.

– Y me diste tu katana esta mañana, lo sé. – sonrió de nuevo, pensando que era increíble. – No son celos, sólo quiero estar a tu lado. Yo te cuento cosas aunque tenga a Adan. Y eso que es un bombero. – se rió, metiéndose un trozo de pastel en la boca.

–No influye… yo soy un ninja. – sentenció serio. Mirándolo a los ojos después. –Es una broma… Pero yo sí me celo.

Aki se rió de nuevo, poniéndose de pie para ir a abrazarlo. – No te pongas celoso, eres mi ninja favorito. En serio, amo a Adan, pero creo que sabes que no es lo mismo. Tú eres mi hermano y él es mi pareja.

–Lo comprendo, pero me celo igual. –sentenció un poco incómodo, pero apoyándole una mano en la espalda. Ayudaría que fuese delicado como Daniel, pero no creía que fuera bueno decirle eso. –Deberías irte a dormir.

–No quiero. Además, te diré un secreto. “Yo también me celo igual.” – sonrió, soltándolo porque lo notaba incómodo. No quería perder aquello, no quería que se lo llevaran de su lado. – Te quiero mucho, Ashram.

–Yo también te quiero, Aki. – suspiró, pensando que era un cabeza dura. –Pero Adan se molestará si no regresas a la cama. – sonrió levemente y bajó la cara un poco.

– Regresaré cuando termine el pastel. Luego me dirá que no coma pastel a estas horas y yo lo besaré. – le contestó sonriendo y volviendo a sentarse. – ¿Y Daniel?

–Está dormido…– le explicó. – Aunque no me gusta mucho dejarlo solo. A él también tratarán de matarlo, aunque aún no es el momento…– le explicó. Observando sus ojos color miel.

– ¿Por qué dices eso? – suspiró, dejando el tenedor en su plato. – No importa, todos lo protegeremos. Si quieres le pido a Adan que lo lleve a buscar algunas cosas mañana.

–No, él no querrá y es normal, esperaremos a mudarnos. No puedo estar llevándolo de un lado para otro. No puede ver y debe acostumbrarse, eso cuesta esfuerzo y tiempo. – lo miró de nuevo y se levantó para acercarse un poco más. –Lo digo porque lo sé… ¿Me crees?

–Sí, te creo. –asintió con gesto grave. – Sé lo que piensan los demás, Ashram, pero curiosamente, cuando se trata de cosas como esta, sé que sabes de qué hablas.

–No estoy loco…– le aseguró, aunque en realidad se sentía bien de que Aki le creyese. –Me crees…– dijo como si no pudiese asimilarlo. –Dentro de nueve días morirá un ángel, tendrá doce años. – le explicó. –Estoy buscándolo.

– Claro que te creo, siempre te he creído. Si no, no me preocuparía tanto. – le sonrió agobiado. – Nueve días, supongo que no se lo dirás a la policía... ¿Sabes una cosa? Desearía que el detective Sven estuviese aquí.

–Adamo ya sabe eso… y le he dicho al doctor Hashimoto la edad del chico. No puedo decir mucho más porque no lo sé. Aki, si intenta detenerme la policía, huiré. Después regresaré cuando no me vean. Para estar contigo. Así que no debes tener miedo… – le explicó.

– Pero lo tendré. Tengo miedo de que te suceda algo. Es como antes... – le sujetó las manos, apretándolas entre las suyas.

–No, ahora soy libre y tengo a donde regresar… – apretó sus manos ligeramente. –Siento no haber cumplido lo que prometí.

– Lo sé. Pero cuando esto termine... no volverás a hacerlo, ¿verdad? Suena un poco inútil pedírtelo, pero creo en ti. – Lo miró a los ojos como aferrándose a eso.

–Si lo hago será porque no me quede más remedio. – le soltó las manos y le sujetó la cara con las manos, aproximándolo hacia él y tratando de ser el hermano mayor que no había sido. –Daniel me ha hecho sentirme fuerte. – le dijo de pronto.

– Me alegro. Tienes que cuidarlo mucho, Ashram. Ese chico te quiere. – le sonrió sin dejar de mirarlo. Le agradaba esa actitud en él. – Aunque me ponga celoso.

–Dijiste que no lo hacías. – lo abrazó un poco contra él, sintiéndose feliz. –Me siento bien, así contigo.

– Luego te dije que sí, préstame atención... – se rió en bajito, dejándose abrazar. – Yo también.

–Bueno…– refunfuñó porque lo contrariase.


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