Capítulo
69
Con la Soga al Cuello
Tarde, Oficina del forense. Sala de espera.
Martes 7 de Junio.
Drago se rascó un poco la nuca, esperando a que el forense
terminase con las malditas pruebas de ADN del cabello y aguantándose
las ganas de llamar de nuevo a Hashimoto, sólo para asegurarse
de si estaba bien. Suponía que ya debía de estar en
camino.
Justo en ese momento, el albino entraba en la sala de espera. Se
sentó a su lado, observándolo. – Buenas tardes,
detective. ¿Ha habido algo nuevo?
–He hablado con ese chico… y le he tomado un cabello.
Estoy esperando a obtener los resultados de la prueba de ADN. Comparándolos
con el encontrado en la escena del crimen…– le aclaró,
aliviado de que ya estuviese allí.
– Ya veo... ¿Te ha dicho algo interesante? –
le preguntó, rebuscando en el maletín que llevaba
consigo para buscar sus apuntes. No era bueno memorizando números.
–La verdad es que no. Tal vez nos hemos equivocado de persona,
no estoy seguro, pero noto algo extraño en él…–
suspiró levemente y se echó atrás en el sillón.
–De todos modos no nos equivocamos en algo, hizo ese anuncio
para llamar mi atención y que fuera allí. Pero por
muy distintos motivos a los que yo imaginaba…
– ¿En serio? ¿Qué motivos? – lo
miró intrigado. Empezaba a pensar que el chico no era como
lo había imaginado. Tal vez Ashram tenía razón
y sólo era otra víctima. – Estuve hablando con
Ashram. Me dijo algunas cosas.
–Primero tú, lo mío no es importante…
– suspiró con fuerza, cruzándose de brazos un
tanto desanimado.
– No lo sé, tal vez lo tuyo y lo mío formen
una pieza más grande. – le tocó el hombro, alentándolo.
– Ashram dice que el asesino declaró hacerlo por orden
de Satán, aunque no parece saber si lo decía en serio.
Me dijo acerca de un ángel, Abaddon, que encadenará
a Satán por años, el ángel destructor, eso.
Y esto... – le entregó el papel con los números.
– Dice que deben tener un método matemático
para elegir a las víctimas. Para saber cuándo nacerán
los ángeles por así decirlo. Y matarlos antes de que
comprendan su condición. Estos son los números perfectos,
las edades de los niños.
–Entonces supuestamente, y según dice Ashram, el
cual está completamente implicado, porque si no, no habría
forma de que hubiese hablado con el asesino… cree que el próximo
niño tendrá doce años. Y eso reduce nuestras
posibilidades, pero no lo suficiente. – lo miró a los
ojos y se subió las gafas. –Así que te lo ha
dicho…
– Está cooperando. Es un buen chico, pero tiene miedo
y está confundido. No quiere que lo encierren, piensa que
no podré ayudarlo. Y tal vez tenga razón... –
le confesó, bajando un poco la voz casi sin darse cuenta,
carraspeando luego. – Así que lo convencí de
ayudar en lo que pudiese. Tampoco desea que sigan muriendo chicos.
–Pero voy a pedir una orden y va a ir a la cárcel…–
le dijo pese a todo, mirando al frente.
– Adamo... Dijiste que le conseguirías un trato. Nos
está ayudando. ¿Qué es lo que quieres? –
lo miró tranquilo en apariencia, aunque en realidad estaba
molesto.
–Encerrar a un asesino…– lo miró a los
ojos y suspiró con fuerza. – ¿Qué hay
de eso del abuso de autoridad, y lo de que si dejas que una persona
se tome la justicia por su mano luego creerá que puede hacerlo
con todo?
– Lo sé. Pero hay otras maneras. ¿Qué
hay de eso de hacer un trato en vez de firmar un papel que lo suspendería,
detective? – le devolvió mirándolo a los ojos.
–Sabía que dirías eso. Debí buscarme
un novio estúpido…– suspiró con fuerza,
pensando que eso sólo le provocaría deseos de estrangularlo
al segundo. –Bien… ¿Y qué quieres que
haga? ¿Quieres que me echen del cuerpo por proteger a un
asesino? ¿Es eso? Además, podrían matarlo.
Puede que se crea invencible, pero no creo que sea más rápido
que las balas…
–No, por supuesto que no deseo eso. Y ya sé que no
es invencible. No creas que le apoyo en lo que hace. Preferiría
que se entregara y así poder hacer un trato oficial, pero
él está seguro de que no funcionará. –
le contestó tranquilo, aunque se veía el cansancio
en sus ojos. – Si le doy la espalda y huye, será peor.
Ni siquiera podré ayudarlo con capacidad profesional.
–Olvídate de que consiga un trato, como diga una
palabra le cargarán todo el muerto encima. Este caso está
teniendo mucha repercusión en la sociedad. Están muriendo
niños… la gente es muy susceptible a esa clase de crímenes
y no olvidemos el pasado de Ashram. Es el cabeza de turco perfecto.
Si lo analizo fríamente… no me extraña que no
quiera ni pensar en colaborar. Hermida sólo está deseando
que coja a alguien, ni siquiera le importa a quien realmente, no
sabes cómo funcionan las cosas.
– No, no lo sé. Pero creo comprenderlas bastante bien.
¿Qué sugieres que haga entonces? – exhaló
pensativo. – No puedo entregarlo a los leones. La única
manera es atrapar al verdadero asesino.
–Entregarlo no sería ético, debes mantener
la confidencialidad con tu paciente. Yo sí podría
hacerlo. – suspiró con fuerza. –Pero creo que
antes de eso hablaré con él de nuevo. Démosle
un tiempo. ¿Así que lo que hace es matar a los asesinos?
– preguntó para asegurarse.
– No puedo decirte eso, Adamo. Confidencialidad...–
le recordó, ya que Ashram no le había autorizado para
confesarle eso, pero sabía que lo comprendería. –
Puedo decirte que no sabía que era mi piso.
El moreno lo comprendió y se pasó la mano por el
cabello. –No sé qué hacer, estoy violando como
mil leyes por no detenerlo. Dime que estoy haciendo lo correcto.
– le pidió, aún así sin mirarlo.
– No es tan sencillo, pero desde mi punto de vista, sí,
estás haciendo lo correcto. – asintió, tocándole
el hombro de nuevo. – Si lo detienes, los asesinatos continuarán
y él se negaría a cooperar. No ayudaría a nadie.
–Está bien… ni que tu opinión fuese
a servirme de algo como esto llegue a oídos de los superiores.
Soy un estúpido, pero no puedo encerrar a alguien que hace…
algo que encuentro justo. – bajó un poco la cabeza
y se rozó la frente con los dedos, pensando en Sven y en
como habría llevado aquello en su caso. Tal vez debería
hablar con él. Su orgullo no le permitía hacer eso.
Kaigan meneó la cabeza, pensando que se parecían
en lo necios. No estaba de acuerdo en tomar la justicia por mano
propia, pero estaba de acuerdo con Ashram en que no lo ayudarían.
El sistema era frío y tal como había dicho Adamo,
necesitaban culpar a alguien. – ¿Vas a decirme ahora
qué te dijo ese chico?
–Sí. Es un poco extraño, pero resumiendo…
tiene miedo de ser el próximo ángel en caer. –
se rascó la mandíbula, recordando su conversación.
–Al parecer el siquiatra estaba un poco obsesionado con él…
y ha estado recibiendo llamadas desde que hizo aquella sesión
vestido de ángel. Está cagado vaya.
– ¿Era eso? Pero según Ashram el próximo
ángel tendrá 12 años. Aunque supongo que podrían
haberse molestado porque tomase su trabajo a la ligera, ¿no?
Aún así, es una manera extraña de contactarte.
–Ya se lo dije, pero me dijo que no quería hablar
con la policía por cuestiones de escándalos y demás.
Ya le he advertido que yo soy de homicidios. Sinceramente, me parece
un caprichoso y se lo dije… – encendió un cigarro,
harto de esperar los resultados.
– Bueno, es un chico de la farándula. Tal vez no está
muy enterado de cómo funcionan estas cosas. No harías
mal consiguiéndole algo de protección. – contestó,
aunque continuaba pensando que era una manera extraña de
llamar su atención. Podía haber enviado a alguien
a la comisaría.
–Se ha tomado demasiadas molestias en mi opinión.
Pero dijo que yo le parecía alguien confiable o algo así.
No sé cómo, teniendo en cuenta la situación.
– alzó una ceja y sonrió. –Mejor no hacerle
mucho caso.
– Tú eres el detective. A lo mejor sólo está
buscando notoriedad y es el caso contrario de lo que te dijo. Es
lo único que se me ocurre para hacer algo así. –
suspiró, preguntándose si realmente sería el
chico del que hablaba Ashram.
–Sé lo que soy y tengo mis propias ideas sobre este
asunto. – zanjó al ver que entraba el forense. –
¿Y?
–Lo siento chicos, nada que ver…– el rubio se
encogió de hombros. –No es él.
Adamo torció un poco los labios. –Gracias… –
se levantó, ahora estaban tan perdidos como antes. Pero no
se olvidaba de todo lo anterior, a las conclusiones que habían
llegado. Tal vez no fuera el chico que Ashram decía, pero…
No, debía sacarse esa idea ya de la cabeza. Siempre que un
crimen tan horrible sucedía todo el mundo trataba de encontrar
un culpable y una explicación para sentirse un poco mejor,
pero él se preciaba de no ser así.
– Vamos, te invito a un café. Será bueno despejar
nuestras mentes por unos minutos. – el albino le tocó
la espalda, intentando convencerlo. Él también había
pensado que la prueba sería positiva. Tal vez al igual que
los demás, sólo se estaban dejando sugestionar por
ese anuncio y todo era una casualidad.
–Invítame a una soga para el cuello…–
murmuró pesimista, sintiéndose completamente perdido
con aquel caso.
– Lo siento, no me han abastecido de esas este mes. Pero
supongo que podría conseguir una camisa de fuerza... –
bromeó, notando su tensión y sonriendo un poco.
–No me excita mucho esa idea. – murmuró, cogiéndolo
por los hombros y sonriendo también. –Habrá
que conformarse con el café.
– Habrá que conformarse... – repitió el
albino como si fuera una lástima.

Continua leyendo!
|