Capítulo
68
A Question of Numbers
Mañana, Casa de los Adler.
Martes 7 de Junio.
La puerta se abrió a medias, rebelando la sorprendida cara
del pelirrojo, quien enseguida la abrió por completo. –
Hashimoto sensei. No esperaba...
– Lo siento, debí haber llamado primero. ¿Le
interrumpo? – sonrió el albino, mostrándose
lo más cortés posible. – Sólo vine porque
quería hablar con Ashram, si él quiere, claro. No
quise que las cosas salieran de esa manera y me quedé algo
preocupado.
– No... Está con Daniel. Yo... siento lo que sucedió.
– No, lo comprendo. ¿Podría...?
Aki sacudió la cabeza ligeramente, notando que aún
no lo invitaba a pasar. – Sí, disculpe, pase por favor.
Voy a avisar a Ashram. – se alejó en dirección
a su cuarto, nervioso, Kaigan cerrando la puerta tras de sí,
ya que el pelirrojo parecía tener la mente en las nubes.
Ashram, que estaba practicando en el jardín, envainó
la katana al recibir el aviso de su hermano. No había podido
deshacerse de ella finalmente. Miró a Daniel y suspiró.
– ¿Quieres acompañarme?
– ¿Estás seguro de que está bien? Quiero
decir, es tu siquiatra... – sonrió el chico, que había
estado escuchando los movimientos del moreno como si fueran un arrullo.
–Está bien, tú lo sabes todo de mí…–
le sujetó la mano y entregó la katana a Aki mientras.
– ¿Puedes cuidarla? – lo miró a los ojos,
sabía que lo había hecho llorar mucho, pero no sabía
arreglarlo.
– Claro... – asintió conmovido, ya que sabía
lo que significaba aquello para Ashram. – Si necesitas algo,
me llamas. No me voy aún.
– Ashram... y Daniel. Buenos días. – sonrió
el albino, poniéndose de pie y extendiendo su mano al moreno
amablemente.
–Hola…– Ashram le dio la mano y luego le dio
la de Daniel.
El albino la estrechó, aunque ya pensaba hacerlo, pero suponía
que ayudaba a su novio. – Espero que no estés enfadado,
Ashram. El detective Drago es muy apasionado con su trabajo. Sólo
intenta detener estos asesinatos. Pero yo sé que no me harías
daño a mí ni a esos niños. – le aclaró,
realmente lo creía, aunque no estaba seguro de si era correcto
ser tan sincero.
–Estoy enfadado, aunque no contigo…– se sentó
en el sofá y apoyó los pies descalzos sobre el cojín.
–El detective Drago tiene razón, pero no puede amenazarme
con mi hermano para que hable con él. Porque entonces sólo
me va a enfadar más…
– Lo sé. Todos cometemos errores. Pero no es una mala
persona. De todas maneras no vine a hablar de él. –
miró a Daniel un momento, la manera en la que apretaba la
mano de Ashram... Se preguntaba si podría hablar libremente
delante del chico. – Ashram, ¿hay algo que quieras
decirme? Sabes que no puedo repetir nada de lo que me hayas dicho,
no sin tu permiso. Pero no creo que ocultar la verdad sea una buena
idea.
–Ya te he dicho que el detective Drago tiene razón.
– lo miró a los ojos y cubrió la mano de Daniel
con las suyas, mirando atrás de soslayo y cuidándose
de que Aki no estuviera allí.
–Sí, me lo dijiste a mí, pero no es lo mismo.
Sabes que no puedo hacer nada al respecto. No podré ayudarte,
ni a ti ni al detective. – lo miró a los ojos pacientemente,
arriesgándose un poco. – Ese chico al que proteges...
Tampoco podré ayudarlo a él de esta manera.
–No puedes ayudarlo de ninguna de las maneras, y él
no quiere vuestra ayuda. Porque sabe que no vale para nada…–
desvió la mirada ligeramente. –De todos modos él
no ha hecho nada, fui yo.
– Ashram... – empezó el siquiatra, notando el
leve temblor en la mano del rubio. – Tal vez es como tú
dices, pero quizás él pueda ayudarnos a proteger a
esos chicos. – suspiró, intentando pensar como un profesional.
Adamo le estaba causando estragos en su comportamiento. –
Si él no ha hecho nada, ¿por qué lo proteges?
–Porque necesita ayuda. A mí no me ayudó nadie
y me he convertido en esto… Pero unas personas diciéndote
que tienes problemas de salud mental no es mi idea de ayudar a alguien.
– lo miró a los ojos de nuevo y luego abrazó
a Daniel contra sí. –Los matan porque son ángeles,
pero no sabemos quien lo hace, debe ser una secta posiblemente…
Que los busque a ellos y deje de perder su tiempo conmigo. El detective
Sven lo habría hecho.
–Eso es un poco injusto, ¿no lo crees? El detective
Drago se está esforzando. Pero eres parte del rompecabezas.
– continuó mirándolo de la misma manera. –
Ahora mismo creo que ese chico tiene problemas más graves
que su salud mental. Y yo creo que el apoyo, el demostrarle que
no está solo son cosas positivas. ¿Tú crees
que nuestras sesiones son inútiles, Ashram?
–No, a mí me has ayudado, pero estoy confundido…–
se quedó callado, mirando al suelo y tratando de pensar en
qué momento había perdido la lógica en su línea
de pensamiento.
– Me alegro, porque eso he intentado hacer. – contestó
sincero. – Y me gustaría poder hacer lo mismo por ese
chico si realmente lo necesita. Ashram, sé que quieres hacer
lo correcto.
Ashram lo miró a los ojos. –Él no es como
yo era, es una persona orgullosa. Porque no está sólo,
hay una persona a la que ama. Yo amo a Daniel y por eso me da igual
lo que digas, no me van a encerrar por hacer lo que debo y me da
igual si debo pisar al detective Drago para ello… Tampoco
le voy a mentir diciéndole lo feliz que soy de estar recluido
en una casa, de no poder tener una vida normal… ¿Debería
decirle que vais a respetarlo como humano después de haber
cometido delitos? No... Mi vida es una prisión… No
voy a condenarlo a él también, sólo por ser
lo que es.
– No intento condenarlo ni encerrarte a ti. Estoy intentando
lo contrario. – lo miró con paciencia, comprendiendo
sus miedos. – Estás hablando conmigo, Ashram. Sé
como te sientes. Pero si encuentran pruebas contra ti, si no consigues
explicarlas, estaré atado de manos. –le aclaró,
mirando a Daniel por un momento. – No es sólo acerca
de ti. Es acerca de tu familia, de esos niños. Dijiste que
querías ser útil, tener un lugar. Puedes ayudarnos
a detener esto.
–Ya lo hago, y ya tengo mi lugar, está con él.
– miró a Daniel y luego al albino. –Y no, no
sabes como me siento. Aún si crees que puedes ayudarme estás
equivocado. ¿Qué crees que sucederá si quieren
encerrarme? Que tú no podrás hacer nada para impedirlo.
No puedes salvarnos. Hay personas mucho más poderosas sobre
ti a las que no les importa nada de esto realmente.
Kaigan bajó la mirada, sintiendo una punzada quisiera o
no. – Quiero ayudarte. Y quiero detener esto. ¿Y si
tienes razón? Actuar fuera de la ley no me parece la mejor
opción. Soy tu siquiatra y debo intentarlo, aunque no estés
de acuerdo. – lo miró a los ojos de nuevo, tratando
de mantenerse sereno. – ¿No hay algo que puedas decirme?
Algo que no te involucre a ti ni a él, algo que tú
sepas y nosotros no.
Ashram lo miró a los ojos por largo rato. –Dijo que
Satán se lo había ordenado, no estaba dispuesto a
hablar. Por eso sé que en cierto modo creía en lo
que estaba diciendo. Es difícil no confesar cuando…
– miró a Daniel y luego al siquiatra. –Es difícil
no hacerlo en su situación. Le pregunté si lo había
hecho Abaddon y me dijo que no. – le explicó. –Abaddon…
es el ángel destructor que encadenará a Satán
por años… – desvió la mirada de nuevo
y volvió a mirar al siquiatra. –Hay algo más,
pero no estoy seguro de que tenga sentido.
– No importa. Dime todo lo que puedas. Tal vez tenga sentido
para alguien más. –le contestó, sintiéndose
aliviado por aquel rayo de esperanza.
–Creo que el próximo ángel tiene 12 años.
Los números perfectos son 3, 7, 10 y 12…Según
las noticias 3, 7 y 10 eran las edades de los tres anteriores. Creo
que él tiene algún método matemático
para saber cuando nacerá un ángel, un ser perfecto…
y los mata antes de que sean conscientes de su condición
para que no puedan detenerlo. Posiblemente sean redimidos…
– suspiró con fuerza y luego lo miró a los ojos.
–Puedes decirle al detective que tiene dos opciones, ser un
escéptico muy cuerdo y no detenerlos, o creer esto y acercarse
a la verdad. Pero si no puede pensar como él… no va
a cogerlo.
– Se lo diré. El detective Drago no dejará
de lado ninguna pista. No es esa clase de persona. – le aseguró,
pensando que no era escéptico, pero aunque lo fuera, lo que
importaba era lo que pensaba el criminal. –Gracias, Ashram.
–Está bien. Sólo puedes decirle eso y lo que
el asesino me dijo. Si me entero de algo más que no sea encerrarme
a mí o a él… te lo diré. ¿Está
bien eso?
– Sí, está muy bien, Ashram. Estás haciendo
bien. – le aseguró el médico observándolo,
tanto en calidad profesional como de otra manera. No podía
evitar querer protegerlo. –Una cosa más. Es cierto
que vine para pedirte que cooperases, pero también me preocupo
como tu médico. Si necesitas hablar, no tiene que ser del
caso, pero no creas que por lo sucedido no puedes venir a mí.
¿Está bien?
–Está bien. – el moreno lo miró fijamente.
–Hashimoto sensei… Yo no sabía que era su casa,
si lo hubiera sabido no habría hecho las cosas de ese modo.
– Está bien. Sé que no lo sabías. –le
sonrió levemente, pensando que ese chico jamás le
mentía. Si había algo que no quería decirle,
simplemente le decía que no hablaría de eso.
–No creo que fuese casual, creo que fue una advertencia.
– ¿Por qué crees eso? ¿Algo en especial?
– le preguntó, aunque estaba claro, quería saber
su opinión.
–Porque no había nada especial en colgar a un ángel
del cabecero de la cama de un siquiatra… ¿Por qué
crees tú que hacen eso? ¿Porque eres mi siquiatra?
– Probablemente porque soy el siquiatra de la policía.
Me he involucrado bastante en este caso. No creo que sea tu responsabilidad.
– le aclaró por si pensaba eso.
– ¿Y ahora sigues estando en esa casa?
–No, estoy en un lugar seguro. ¿Te preocupa, Ashram?
– lo miró pensativo.
–Claro que sí…– lo miró a los
ojos y luego suspiró ligeramente. – ¿Podemos
hablar de algo más?
– Por supuesto. Ya te dije que podíamos hablar de
lo que quisieras. – asintió, recostándose un
poco en el sillón preguntándose si el rubio no estaría
incómodo.
–Aki estuvo llorando ayer. Ahora me siento mal porque fui
muy rotundo con él. Y me parece que no me acepta muy bien
como… adulto. No lo sé, nunca entiendo a Aki.
– Bueno, no lo conozco a fondo, pero es un chico muy joven
y ha tenido que lidiar con circunstancias muy complicadas. Es probable
que se sienta abrumado. – hizo una pausa, pensando en el rostro
del chico cuando le había abierto la puerta. Había
estado apunto de recomendarle que pasara por su consulta. –
Y te quiere mucho. Eso se puede ver. Me has dicho que suele tratarte
como si fueses un niño. Quizás por esta vez, podrías
ser paciente con él.
Ashram bajó la cabeza porque había sentido la tentación
de sonreír. –Está bien…
– Bien, también puedes decirle que vaya a verme si
las cosas se ponen muy difíciles. Dile que no soy tan terrible.
– le sonrió, pensando que era un buen chico, como siempre.
–Él sí es terrible…– le aseguró
Ashram, pensando que seguro tenía una idea equivocada de
Aki.

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