.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 67
Presunción de Inocencia

Mañana, Retiro.
Martes 7 de Junio.

Adamo se paró delante del guarda de seguridad y antes de abrir la boca para decir una excusa el hombre lo dejó pasar. – Gracias… – el hombre pasó al interior y cogió un cigarro para encenderlo, buscando al rubio con la mirada.

Se abrió un poco más la camisa y luego comenzó a echar un vistazo a los alrededores. No pudo evitar fijarse en Dante Hamon. Allí estaba, dentro del edificio, y sorprendentemente practicando esgrima sin protección alguna. Lo observó de lejos a través del reflejo de cristal, sin poder evitar pensar que era un deporte para pijos.

Su mirada se desvió ligeramente al reflejo y observó al guarda de seguridad pasar tras su espalda, hablando con alguien en la piscina.

El rubio sonrió, alzándose un poco sobre sus codos para observar al moreno. Lo saludó como si fuesen viejos amigos, antes de salir de la piscina, envolviéndose descuidadamente en una toalla para ir a saludarlo. – ¿Hoy no le acompaña su pareja? – preguntó, jugando un poco a pesar de que estaba seguro que ya no era necesario.

Adamo torció una sonrisa. –Se ha enfadado conmigo, y la verdad… no sé por qué. – se sacó el cigarro de los labios y lo miró a los ojos. –Empiezo a pensar que este lugar no es nada relajante.

Damian suspiró. – Lo es, pero debieron quedarse ese día. Lamento que estén enfadados. – contestó, fingiendo sinceridad. – ¿Desea algo de beber? Le ofrecería asiento, pero... Bueno, si me acompaña junto a la piscina podré dejar de mojar el suelo.

–Claro…– el moreno lo siguió, tratando de mirar a otro lado. –Pero no quiero nada, gracias.

– Es una lástima. Todos nuestros zumos están hechos de frutas naturales... – alzó una mano, indicando con un gesto a uno de los hombres que se movían por allí para que le trajese uno a él y se sentó en una de las sillas junto a la piscina, extendiendo las piernas con toda la intención.

Adamo se sentó en el borde de la que tenía el chico al lado, mirándolo a la cara y sonriendo levemente, bajando la vista. No era tonto, sabía cuando trataban de llamar su atención. Lo peor era que le estaba costando “Dios y ayuda” no mirar esas piernas que seguramente eran preciosas. Pero sólo de pensar en la cara gélida del siquiatra cuando se enfadaba se le calmaban los ánimos a cualquiera. –El moreno no te sienta mal…– le dijo, dándole a entender que había visto el anuncio.

– ¿Eh? – lo miró haciéndose el loco y sonriendo luego. – Vio el anuncio. Gracias. Querían un cambio de imagen... Gracias. – le sonrió ahora al hombre que acababa de traerle el zumo.

–Ya veo, un cambio de imagen. ¿Eh? ¿Por qué no nos dejamos de jueguecitos? – le dio otra calada al cigarro y sonrió ligeramente.

– Detective, yo no estoy jugando. Usted sabe perfectamente quien soy, no le he mentido. – le contestó, devolviéndosela y mirándolo a los ojos. Cruzó una pierna sobre la otra a la altura de los tobillos. – Y sí, es un cambio de imagen. Los modelos debemos estar preparados para esas cosas.

– ¿Y no hay nada que quiera decirme? – se quitó las gafas y las limpió con su camisa, sonriendo para sí.

– Tal vez, pero no sé si confiar en usted. Me mintió. Vino aquí bajo un nombre falso y aunque creo saber por qué... no me hace sentir muy cómodo. – suspiró como preocupado, girándose un poco hacia él con el carrizo entre los labios.

Se puso las gafas de nuevo para verle bien los ojos y lo miró fijamente. –Puedes confiar en mí…

– Estoy asustado. Es la verdad. Primero vino ese hombre... Y luego de esa campaña, he estado recibiendo llamadas extrañas, siento que me vigilan. Por eso me teñí el cabello. Un recurso estúpido, ¿no? – sonrió como nervioso, aunque por dentro estaba sumamente orgulloso de sí mismo. – A lo mejor sólo es un fanático obsesivo.

– ¿Un fanático? – el moreno lo miró desconcertado, no era eso lo que esperaba escuchar. Se sacó el cigarro de los labios y lo miró atentamente. – ¿De qué hombre habla?

–El siquiatra. El que asesinaron... – lo miró a los ojos. – Estuvo aquí. ¿No fue por eso que vino usted?

–Sí…– el detective se echó un poco hacia atrás de nuevo, sintiéndose un poco menos tenso. – ¿Tenía un comportamiento extraño contigo?

– Era muy amable, pero a veces lo notaba mirándome de manera extraña. No le di demasiada importancia entonces. Estoy acostumbrado a que me miren. – le sonrió ligeramente, seguro de que se estaba esforzando por desviar la mirada tras el brillo de sus gafas.

Adamo alzó una ceja, pensando que él buscaba las miradas. Aunque tal vez era innato y lo estaba malinterpretando como un perfecto… ¿Hombre? – ¿De qué tienes miedo exactamente? – le preguntó, apagando el cigarro en uno de los ceniceros y juntando las manos, colgándolas entre sus piernas.

– ¿De qué? –meneó la cabeza como incrédulo de que no lo comprendiese. – De esos asesinatos, es irracional, lo sé. Sólo matan niños con nombres de ángeles. Pero las llamadas comenzaron luego de que posé como uno... Y estoy seguro de que conoce mi pasado. Es posible que esté paranoico.

–Podría ser una persona influenciada por los asesinatos sin estar directamente relacionada. No quiero asustarte…– dijo después, mirando en sus ojos y buscando rastro de mentira. – ¿Has…. informado a la policía de esto?

– Si una persona como yo va a la policía... no sería un secreto precisamente. – le sonrió, bebiendo un poco más de zumo. – Puede creer que los escándalos son buenos para la publicidad, pero a muchas personas no les hace gracia contratar un modelo con este tipo de problemas. Los reporteros no me dejarían tranquilo, no sabría donde esconderme. Así que he pasado mi tiempo aquí y le envié aquel mensaje, confiando en que sería lo suficientemente observador como para darse cuenta. No me equivoqué. – lo miró directamente a los ojos. – Disculpe si se vio un poco agresivo, deseaba llamar su atención.

–Estoy seguro de que llamar a la comisaría de policía y preguntar por mí habría sido mucho más discreto…– sonrió levemente y lo observó de vuelta. –Claro que cualquier otro policía podría haberte servido. Yo soy de homicidios, no llevo casos de acosadores… o modelos caprichosos.

– Sí, todos piensan eso... El que sea modelo no me hace un idiota, ¿sabe? – sonrió con tristeza, mirando hacia otro lado. – Pero usted vino aquí y me pareció alguien respetable. Además quería decírselo por si tenía algo que ver con el caso. Me parece terrible que asesinen a esos niños.

–Pero hace un rato dijiste que no podías confiar en mí porque te engañé…– se aproximó un poco más hacia él y le sujetó la cara para que lo mirase a los ojos. Inclinó un poco la cabeza a un lado y sonrió. –No… un idiota no, bastante listo diría yo.

– Lo probaba... porque usted me estaba acusando de ocultarle algo. Y también quería saber qué opinaba de mí. – observó sus ojos sin intentar liberarse. – No tiene que tomarme en serio. Pero ahora ya sabe todo lo que sé.

–Oh, no, desde luego que te tomo en serio. Presunción de inocencia. ¿Sabes lo que es? – lo soltó con suavidad y le dio su tarjeta. Sujetándola entre dos dedos. –Si tienes miedo y no encuentras a papi… puedes usar esto. – se levantó y antes de irse lo miró de pie desde donde estaba. –Ah sí… ¿Conoces a Ashram?

– No. – lo miró con cara de estar perdido, observando la tarjeta luego.

–No…– se inclinó un poco hacia él y le pasó la mano por el cabello. Sujetó uno que se había soltado y lo guardó en una bolsita. – ¿Te importa? No… claro que no… – se volteó, ahora sí para irse y sonrió ya de espaldas a él. –Por cierto… bonitas piernas.

– Gracias. Si necesita algo más... estoy a su disposición. – se despidió sin levantarse, subiendo un poco más sus piernas. Estaba seguro de que no le serviría de nada.


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