Capítulo
66
I Won’t Betray You and You will never Leave Me Alone
Noche, Casa de los Adler
Lunes 6 de Junio.
Daniel se encontraba sentado, acariciando el cabello de Ashram.
Llevaban largo rato en silencio, pero no necesitaban hablar. Todavía
tenía esa impresión de emergencia, y el susto que
se había llevado al escuchar la voz de Adan frente a su puerta.
.........
– Buenas tardes... ¿Sucedió algo con Ashram?
– preguntó el chico, abriendo la puerta para dejarlo
pasar, nervioso.
–En realidad sí. Gracias. – entró en
la casa en lugar de llevarlo de vuelta inmediatamente. Confiaba
en qué pudiera ayudarlos. Lo siguió hasta el salón
y se sentó en uno de los sofás, explicándole.
–Necesito tu ayuda. Ashram la necesita, por eso es imprescindible
que no me mientas, Daniel. Sé que te pongo entre la espada
y la pared, pero piénsalo bien antes de contestarme. Piensa
en cómo lo ayudas realmente. –hizo una pausa para dejarlo
meditar sobre lo que había dicho. –Esta mañana
lo llamaron a comisaría.
– ¿A comisaría? ¿Pero está en
casa, verdad? –le preguntó asustado, su corazón
retumbando. – ¿Es porque vino a verme?
–Viene a verte por las noches. ¿Verdad? – le
preguntó Adan, pensando que de todos modos ahora ya lo había
dicho.
– Ya. –sonrió nervioso, asintiendo sin poder
evitarlo. – Sólo algunas noches. No hicimos nada. Sólo...
se quedaba hasta que me dormía.
–Ya, no me importa eso. – carraspeó ligeramente
y lo miró preocupado. –Verás, Daniel, el motivo
de la visita a comisaría no fue ese. Fue que encontraron
pruebas de la presencia de Ashram en la escena de un crimen.
– ¿Qué? – el chico bajó la cabeza,
apesadumbrado. Se lo había dicho, le había dicho que
era peligroso.
–Así es… ¿Puedes ayudarme? Cualquier
cosa que puedas decirme… He tenido que sacarlo de allí
con ayuda de un abogado.
Daniel empezó a negar con la cabeza, sintiendo que lo destrozaba
por dentro. Quería decírselo, lo del chico rubio,
lo de aquel asesinato, pero recordaba la voz de Ashram. “No
me traiciones.” No podía, no sin hablar antes con él.
– No sé nada. Ya le dije, sólo... se quedaba
conmigo hasta que me durmiera.
–No puedes decirme nada… ¿Seguro? – insistió
el moreno. –Piensa bien, cualquier cosa, Daniel… puede
que mañana ya tengan una orden para analizar los guantes
y las deportivas de Ashram. Necesito estar preparado con su abogado,
y para ello necesito saber que hay allí. O lo meterán
en la cárcel. Ashram no quiere decirnos nada.
– No, no sé nada. Ojalá... – alzó
el rostro, suspirando. Le dolía mentirle así. Más
aún porque sentía la sinceridad en su voz. –
Es posible... ¿Puedo estar con él? Si no es molestia.
–He venido a buscarte para llevarte con él, pero
antes quería saber si podías ayudarme. Supongo que
no…– se levantó, cerrándose un poco la
chaqueta del traje y pensando que no lo estaba ayudando en nada
si mentía. –Vamos, he traído el coche. –
dijo un tanto apesadumbrado. –Si te dice algo. ¿Me
lo dirás?
– Sí... Quiero ayudarlo. – se puso de pie también,
asintiendo y yendo a buscar su bastón. – Adan, yo quiero
mucho a Ashram. Yo, creo que haría cualquier cosa por él.
– le comentó de pronto, de pie frente a la puerta.
Quería que lo supiera, no era algo pasajero o superficial
para él.
–Lo sé, Daniel, por eso te he pedido ayuda a ti y
no a otro. Porque sé que él también te quiere
del mismo modo. – abrió el ascensor esperando a que
pasase y se metió con él. –Por eso he pensado
que ya que jamás en su vida ha confiado en nadie tal vez,
lo habría hecho en ti esta vez.
– Ashram no quiere preocupar a nadie. Por eso no dice nada.
Yo hablaré con él... – le aseguró, sintiéndose
peor aún. – Pero él, Ashram es muy bueno.
–Lo sé, sé que si ha hecho algo malo es porque
cree que en realidad es el mejor modo de hacer el bien. Pero Ashram
tiene problemas, ya lo sabes. – Le dio la mano para guiarlo
hacia el coche y abrió la puerta, apoyándole la mano
allí después para que se guiase. Se sentó a
su lado y arrancó el coche. –De todos modos, temo que
sí ha sido él. Creo que quiere detener los asesinatos
de esos niños. Piensa que son ángeles…
– Lo sé. También piensa que yo lo soy. –sonrió
ligeramente, arreglándose el cinturón de seguridad.
– Ashram es alguien puro desde mi punto de vista. Me refiero
a su corazón. Pero supongo que está de más
que se lo diga yo.
–Aki está muy disgustado. Ashram se ha puesto un
poco… irreverente. Te pido que lo disculpes por adelantado.
– suspiró ligeramente, pensando que estaba pasando
un mal trago.
–No se preocupe. Seguro que está asustado. Yo también
lo estaría. No soy fácil de enfadar. – le aseguró
convencido de que aquello era cierto.
–Claro, ya me lo parecía. – sonrió,
pensando que de todos modos Daniel se veía una persona muy
comprensiva. –Eres una bella persona, Daniel. – le apretó
la mano con suavidad para agradecerle.
.......
El rubio suspiró, sintiéndose como una persona terrible
en realidad. Le había mentido de aquella manera. –Ashram...
– ¿Qué? – le preguntó el chico
que tampoco podía dormir.
– Estoy asustado por ti. Y me siento terrible. –le
confesó sin dejar de acariciarlo. – ¿Estás
seguro de que no quieres decírselo?
–Estoy seguro. Te sientes terrible porque estás ayudándome
a hacer algo que no está bien y tú eres muy bueno.
Lo siento, pero necesitaba confiar en ti. Hoy pensé…
que sería mejor escaparme, y dejaros a todos, sólo
os hago infelices. – murmuró en el mismo tono apagado,
como una letanía.
– No. No digas esas cosas. No quiero que te vayas. Y estoy
seguro de que tu familia tampoco. –negó preocupado,
apretándolo contra él. – Adan parecía
tenso. Realmente quiere ayudarte, ¿sabes? Y yo... no sé
si te voy a perder.
–No me vas a perder, de todos modos he quemado las pruebas
y no cometeré más errores. – suspiró
levemente, mirándolo de soslayo. –Adan sólo
quiere ayudar a Aki…
– No es cierto. Adan también te quiere. Lo pude escuchar.
– le refutó ya que estaba convencido de lo que decía.
–Y aún si fuera como dices, ¿qué importa?
¿No quieres tú ayudar a Aki también? Si vas
a la cárcel voy a perderte. Y si es por mi culpa, no sé
qué voy a hacer.
–Para empezar no iré a la cárcel porque todos
creen que estoy loco y… – se sentó, suspirando.
–Deberías confiar en mí, sé lo que hago.
He cometido algunos errores, no estaba acostumbrado a hacer estas
cosas y luchar a la vez con la sociedad… con… existir.
– ¿Y ahora sí? No puedo evitarlo, Ashram. Aún
si te llevan a un hospital, estaremos separados. ¿No lo entiendes?
–suspiró, bajando la cabeza. – Sí lo entiendes.
Siento que te haré daño.
–Si me traicionas no me volverás a ver. Ni tú,
ni nadie…– se giró, alejándose de él
y apoyándose contra el cabecero de la cama.
–Ya te dije que no me amenaces. Ya pasamos por esto, ¿no?
– se giró de espaldas a su voz, dolido. – No
creí que fuera tan frágil.
–No creo que decirte la verdad sea amenazarte y tampoco
es mi intención presionarte. Me limito a decirte lo que sucederá
si dejas que te convenzan de “ayudarme”.
– No, te limitas a decirme que huirás. Que estamos
juntos bajo tus condiciones. Que tu amor por mí sólo
funciona siempre y cuando me mantenga en tus estándares.
– Alzó la voz ligeramente, intentando mantenerse fuerte,
aunque las lágrimas asomaban a sus ojos. – Y yo no
quiero ser tan egoísta como para condenarte... sólo
para que me quieras.
–Me limito a decirte que huiré si me traicionas.
A decirte que huiré si no me dejas ser quien soy. ¿Es
qué no lo comprendes? Están matando a los ángeles.
– apretó los bordes del colchón, deseaba irse.
–Y si vas a la cárcel, ¿lo detendrás?
Sigues hablando de traicionar, pero no existe eso en el amor. ¿Te
sería tan fácil darle la espalda a esto? ¿Qué
sucede si te traiciono como tú dices y la policía
logra detener a los culpables? Me pregunto qué importará
entonces...los ángeles o que yo te traicioné.
–Tú… – respiró con fuerza. –Eres
un ángel. Y si me traicionas la policía no detendrá
nada, nada… La policía necesita pruebas, juicios, dos
años y sales de la cárcel aunque te hayan condenado
a mil cadenas perpetuas. Los niños seguirán muriendo,
una secta no es un asesino, Daniel. Son muchas personas. Y puedes
hacer lo que quieras. Pero yo te conté esas cosas porque
pensé que podía confiar en ti. Yo te quiero como eres,
Daniel. ¿Por qué no intentas tú hacer lo mismo?
¿Recuerdas cómo te pusiste cuando creías que
no asimilaba tu ceguera? Asimila esto. Me estás negando…
– No. Estoy asustado. – se aferró al borde de
la cama con ambas manos, tensándose. –No quiero perderte,
y no puedo creer que te irías así, con tanta facilidad.
En esa ocasión, me entristecí, me enfadé, pero
no dije que me iría. No dije “si no puedes comprenderme,
tendremos que alejarnos.”
–Pero la diferencia es… que si tú se lo dices
a la policía, a mí van a encerrarme y tendré
que huir. ¿Crees que si se lo dices no van a encerrarme?
A ver si lo comprendes, he matado a personas, sigo matando a personas,
soy un asesino. Parece que crees que si se lo dices no van a encerrarme.
– Ya lo sé, pero tal vez Adan. Ya te está encubriendo
sin saber lo que has hecho. Él dijo que si hiciste algo es
porque intentas hacer un bien. Lo comprende. – Relajó
sus hombros sintiéndose terriblemente solo. Ashram no comprendía
lo que quería decirle y no había nadie más
con quien pudiese hablar. – Tal vez si le hablas de ese chico.
–No, se echarán encima de él. Como se echaron
encima de mí en aquella ocasión, no todo fue tan sencillo
como lo ves ahora. La policía casi me mata, me pegaron un
tiro… eso es lo que hace la policía. No quiero que
lo maten, necesita que lo ayuden, no que le echen la soga al cuello.
– le dijo, de nuevo comparándose con él y tratando
de protegerlo.
– Aún quieres ayudarlo. Eres muy bueno, Ashram. No
sé qué hacer. Sigo sintiéndome herido. –
sonrió, dejando que las lágrimas recorriesen su rostro,
escondido en la oscuridad.
–No sé qué quieres de mí…–
le aseguró. –Te amo, pero me doy cuenta de que lo único
que te he traído es dolor.
Daniel negó con la cabeza sin girarse. – Quiero lo
mismo que tú quieres. Que permanezcas a mi lado, sin importar
lo que suceda. Que no me dejes.
–Entonces…– Ashram se abrazó a él
por detrás, de pronto percatándose de algo. Apoyó
los labios en su cuello cariñosamente. –Tú haz
lo que tengas que hacer y yo haré lo mismo, y siempre te
amaré. – le acarició el rostro y cerró
los ojos apoyando su mejilla contra la de Daniel desde atrás.
El chico le sujetó los brazos, apretándolos contra
su pecho, temblando. – Confiaré en ti, pero si algo
sucede... Llévame contigo, Ashram. A donde sea. – le
pidió, casi susurrando.
–Te llevaré conmigo, siempre, Daniel. – le
giró la cara para besarle los labios. –Te amo…–
cerró los ojos y lo besó de nuevo, tocando sus lágrimas
con los dedos. –No quiero que llores.
– Entonces... mantente sano y salvo, conmigo. Y sonreiré
siempre. – le aseguró sonriendo a través de
sus lágrimas. La policía no era lo único que
le preocupaba, pero no era tan sencillo ahora que Ashram había
asesinado a alguien. Ellos no lo comprenderían, no les bastaría
con que les dijera que era una buena persona, que intentaba salvar
a ese niño.
–Lo haré…– tiró un poco de él
y lo sentó en sus piernas. Atrayéndolo para que se
recostase contra su pecho. –Daniel… aún así.
Me siento mejor que nunca.
– Te amo, Ashram. No sé qué me has hecho, pero
te amo más que a nadie. – se abrazó contra su
cuerpo, sintiendo su calor, deseando protegerlo.
Ashram se mantuvo en silencio un tiempo, observándolo en
la oscuridad. –Quiero vivir contigo, estar contigo siempre.
A veces me gustaría no ayudar a nadie. A nadie que no fuera
a mí mismo, a ti, o a mi hermano, pero no puedo cerrar los
ojos a lo que está ocurriendo. Será mejor que duermas
un poco.
–No te vas a ir mientras duermo, ¿verdad? No me vas
a dejar solo... No me mientas, Ashram. – le pidió,
pensando que de todas maneras no podría dormir.
–No, me voy a quedar aquí abrazándote y mirándote…
Daniel sonrió sin poder evitarlo. –Así pareces
un ángel tú. No te quedes despierto toda la noche.
–Lo intentaré…– observó su sonrisa
y lo abrazó un poco más, bajando la cara y besándole
la frente.

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