Capítulo
65
Don’t Let Him Sink His Teeth into You
Noche, Residencia Adamo Drago.
Lunes 6 de Junio
– ¿Encontraste algo interesante? No me sorprendería
que ese chico fuera el primero en su escuela y admirado por todos.
Tiene el perfil. –comentó el siquiatra, colocando una
taza de café delante de Adamo, aunque pensaba que no era
lo más indicado a esas horas. Pero él necesitaba una
también.
–No… – el moreno lo miró, tocando los
papeles sobre su regazo. –Algo mejor. Sus padres eran adeptos
de la secta de Arestiel. Pobre chico, a saber lo que le sucedió.
– bajó la vista de nuevo a sus hojas. –Murieron…
y el chico fue entregado en adopción por los servicios sociales
cuando sólo tenía catorce años. Un año
y medio después fue adoptado por un tal Dante Hammon, lo
cual nos lleva a…– le mostró la foto del informe
que había pedido acto seguido. –El tío aquel
es papá.
– Papá... Vaya. ¿No dijiste que era un hombre
muy poderoso? – Observó su foto, intrigado. –
Me pregunto cómo sucedió eso de la adopción.
–Al parecer es un diseñador famoso, ya sabes quien
le patrocina los anuncios personalizados a nuestro príncipe.
Damian es el modelo de su marca de ropa… y hay más.
Esto lo ha buscado un compañero para mí. – suspiró
ligeramente, mostrándole fotos de la prensa con ambos más
que cariñosos, aunque no lo suficiente como para emitir juicio.
–Se quieren mucho… me parece a mí.
– Sí, a mí también me lo parece. –
Se quedó mirando aquellas fotos ahora, preguntándose
si realmente debía dejarse llevar por los celos así.
No, sin importar la situación, aquello nunca estaba bien.
– Es extraño que alguien así adopte un chico.
Incluso si lo hace, pensaría que buscaría a alguien
más pequeño, alguien a quien educar según sus
ideales. A menos que lo haya visto como un modelo potencial desde
el principio.
–Es posible que lo adoptase por eso. – le mostró
las fotos del chico de pequeño. –Comenzó su
carrera modelando para anuncios desde pequeño, creo que se
puede ver el por qué. – murmuró, ya era muy
bonito con quince años. –No es tan extraño que
un hombre adulto adopte a un adolescente, no suelen darles la opción
de adoptar bebés a no ser que seas la pareja perfecta, y
eso incluye una mujer. – miró al albino y luego volvió
a repasar las fotos, algunas actuales. Era extraño, pero
costaba dejar de mirarlo. Las apartó a un lado, notando que
de nuevo sentía una ligera excitación. Se quitó
las gafas recostándose un poco más en el sofá.
–A no ser que papá estuviera metido también
en la secta, pero nunca se supo de él.
– Quise decir que ese tipo de persona por lo general desea
tener un hijo propio. Pero supongo que no puedo juzgarlos a todos
por igual, tendría que conocerlo en primer lugar. –
lo observó, preguntándose si estaba cansado. –
Si estaba en la secta de Arestiel, tal vez Ashram supiera de él,
¿no lo crees?
–Tal vez, no lo sé, era una secta inmensamente extensa,
sabemos positivamente que algunos se nos escaparon. – suspiró
con fuerza y lo miró de soslayo. –Tal vez sea maricón…
– ¿Cómo nosotros? – le sonrió,
meneando la cabeza. – Detective, detective...
–Yo no soy maricón. – se rió, desviando
la mirada. –Simplemente no puedo ignorar la belleza.
– Eso suena peligroso, detective. Más en la presencia
de esas fotos. – se metió con él, bromeando
y acercándose para susurrar en su oído. “Se
llama estado de negación.”
Drago giró un poco la cara y lo miró a los ojos.
–Se llama bisexualidad. – sonrió y apartó
la mirada hacia las fotos. Alzó una frente a la cara del
albino. – ¿Te gusta?
– No es a mí a quien le atrae. Yo sí soy gay,
por cierto. – le aclaró, haciéndolo bajar aquella
foto y apartándose un poco. – Pero puedo reconocer
cuando alguien es atractivo, aunque no sea mi tipo.
–Y yo puedo reconocer los celos a gran distancia…–
el moreno se rió y sujetó su rostro para besarlo.
–Parece que todos los siquiatras son celosos.
– Le agradecería que no me juzgue por sus relaciones
pasadas. – liberó su rostro, intentando pensar y no
molestarse. Era irracional, pero no podía dejar de sentirse
así.
–Dios…– Adamo suspiró. – ¿Seguro
que es ese el motivo de que estés molesto?
– Estoy molesto porque estoy celoso. No sólo de ese
chico, si no de tu pasado. El que hayas dicho eso... me hace sentir
como si fuera un juego. Sé que no tiene mucho sentido. Por
eso no me gusta dejarme llevar.
–No tiene ningún sentido. Ya te dije que ni siquiera
me gustaba. Sólo sobrevivía, mientras tanto me acostaba
con mis compañeras de la facultad… – sujetó
su rostro de nuevo para que lo mirase. –Además…
ya te he dicho que no me gustan los críos, y yo no le gusto
a él. Sólo quería tocar las pelotas, así
que no le dejes conseguirlo. ¿Quieres?
El albino le sonrió, avergonzado. – Soy humano y él
es un modelo. No soy inmune a la inseguridad.
–Deberías serlo. ¿De qué tienes miedo?
No es como que sea mi vecino o algo así…– se
rió y le rodeó los hombros. –El hecho de ser
modelo no lo convierte en más guapo que tú. Para nada.
Además, no me gustan los chicos malos.
– No, contigo ya tienes suficiente. ¿No es así?
– se rió, sintiéndose estúpido. –
¿Qué harías si me volviese un chico malo? Me
lo pregunto.
–No sé… darte una tunda, aplicarte un correctivo.
– se rió, apoyándose en el respaldo mejor. –
Eso no ocurrirá.
– Y yo no soy tu hijo para que te tomes esas libertades.
Pero ya no me sentiré culpable por esa bofetada que te di.
– lo miró a los ojos más tranquilo. –
Prométeme que te cuidarás.
– ¿Por qué? ¿Vas a dejar de hacerlo
tú por mí?
– No, pero cuando no estoy o incluso cuando estoy, no te
preocupas mucho por protegerte. Haces cosas alocadas como saltar
por mi ventana hoy. Y admito que ese anuncio me puso nervioso.
–No va a venir a morderme el cuello, aunque eso me alegraría
porque tendría algún motivo para encerrarlo y hacerle
unas preguntas. – se puso las gafas de nuevo y suspiró
antes de volver a coger las hojas y ordenarlas. –Salté
por la ventana porque necesitaba saber más.
– Y siempre necesitarás saber más. – lo
miró a los ojos, serio. –Eso fue simbología,
lo sabes.
– ¿Y qué significaba? – le preguntó.
–Voy a regresar, iré a verlo. Sé que es lo que
quiere…
– ¿Y vas a hacer lo que quiere? ¿De qué
estábamos hablando, Adamo? Es precisamente lo que te acabo
de pedir. – le recordó, frustrado. Era como tratar
con un chiquillo.
–Es mi trabajo. Tranquilízate, por favor…–
suspiró con fuerza. –Soy policía, mi trabajo
es arriesgado. Tal vez tenga algo que decirme.
– Bien... Supongo que estoy exagerando. No te vas a reunir
con él en un cementerio oscuro después de todo. ¿Por
qué piensas que quiere que lo vayas a ver?
–Por ese anuncio. Está claro que algo le pasa conmigo.
Tal vez pueda decirme algo, no puedo desperdiciar ninguna oportunidad.
Iré mañana en cuanto te deje en el trabajo.
– Ten cuidado. Recuerda que él no está solo.
Ese anuncio... Dante Hamon también estará enterado,
¿o no? – suspiró, no muy contento, pero sabía
que no podía evitarlo. Adamo tenía razón, era
su trabajo. – Yo intentaré hablar con Ashram. Veré
si puedo convencerle de que coopere.
–No lo sé, podría ser que sí, o podría
ser que el chico le hubiera contado un rollo para conseguir lo que
quiere. Me temo que es su especialidad. Es una sanguijuela…
–Ve con eso en mente. Aunque tal vez nos estamos precipitando,
¿no crees? – suspiró, apartándose el
flequillo del rostro. – No es muy profesional de mi parte
juzgar a ese chico así. Lo hago basado en mis sentimientos
personales.
–Lo sé, tranquilo. De momento no pienso nada de él
salvo lo obvio. No he tenido tiempo para emitir juicios sobre él.
– suspiró levemente y se pasó la mano por el
cabello. –Ya veremos mañana.
– Sí, ya veremos. – asintió, pensando
en Ashram y aquel chico misterioso de quien le había hablado.
Tal vez se refería a él. En ese entonces le había
parecido que podía necesitar ayuda psicológica. –
Por ahora, me alegro que no bebieras ese café. Debes dormir
un poco.
– ¿Vas a venir conmigo a la cama? – le preguntó,
girándose un poco y pasándole la mano por el pecho.
– No, voy a darme un baño... – contestó
sujetando su mano y sonriendo después. – Iré
a la cama contigo.
–Bueno… entonces puede que vaya. – sonrió
levemente y se soltó de su mano para abrazarlo y acostarlo
en el sofá.
– A la cama, detective. A dormir... – le advirtió,
negando con la cabeza a pesar de estarlo abrazando por el cuello.
–Ahora… – aseguró, aunque estaba abriéndole
la camisa con los dientes.

Continua leyendo!
|