Capítulo
64
I’m Afraid
Tarde, Residencia de los Adler.
Lunes 6 de Junio
Adan bebió un poco más de agua mientras se aflojaba
la corbata, seguía mirando a Ashram, y el chico continuaba
mirando sus propias deportivas con las rodillas recogidas contra
su pecho. Apoyando la cara en estas y deseando que Aki regresase
del cuarto de baño.
El pelirrojo salió con el rostro algo húmedo, secándoselo
con una toalla pequeña. Se sentó al lado de Ashram,
rodeando sus hombros. – Lo siento, necesitaba tranquilizarme
un poco.
Ashram se apoyó en su hombro y entrecerró los ojos,
no sabía qué hacer ni decir.
– ¿Hay algo que quieras decirnos, Ashram? ¿Esto
es una injusticia, un acoso, o el detective tiene parte de razón
en algo? Puedes confiar en nosotros. Somos tu familia y te ayudaremos
sea cual sea tu respuesta. Pero no nos mientas. Cualquier cosa menos
esa.
– Ashram... Di la verdad. ¿Por qué no dejaste
que te mirase las deportivas? – Aki le preguntó sin
soltarlo. No quería creerlo, no quería pensar que
estaba involucrado con alguna locura de esas nuevamente.
Ante el silencio del moreno, Adan no pudo evitar ponerse nervioso.
–Ashram…– lo llamó como reprendiéndolo.
– ¿Has salido por la noche? – el chico no contestaba.
Adan se levantó, aproximándose a él. –
¿Por qué no hablas?
–No quiero hablar…– susurró el chico.
– Ashram, habla. Por favor. – el pelirrojo lo miró
a los ojos, deseando remecerlo de pronto. ¿Por qué
tenía que ponerse tan difícil? – ¿Quieres
que te lleven de mi lado? ¿Eso quieres?
–No, pero no van a llevarme de tu lado. Yo no voy a dejarles
y por eso no quiero que vean nada mío.
–Pero Ashram, si comprueban que no hay nada en tu ropa te
dejarán.
–No, jamás me dejarán… y no pueden inculparme
por usar los mismos zapatos. – miró a un lado de soslayo,
suspirando como si estuviera harto. –En mis guantes hay sangre,
siempre la ha habido.
Adan miró a Aki, entreabriendo los labios. – ¿No
me digas que usas los mismos?
Ashram lo miró a los ojos con cara de obviedad.
Aki suspiró, meneando la cabeza. –Te he comprado otros.
De todos modos, no es sangre relacionada con este caso, ¿no?
No podrían utilizarlo. Si consigue una orden, tendrás
que dejar que los examine.
–Asumes que no voy a deshacerme de ellos y entregarle los
nuevos…
– ¡Ashram, no puedes hacer eso! – le gritó,
desesperándose. – Sabrán que son nuevos, pensarán
que estamos escondiendo algo. Ya le mentí al detective...
– ¿En qué le mentiste? – Adan lo miró,
cruzándose de brazos.
Ashram miró a Aki y suspiró con fuerza, pensando
que acababa de demostrar, como siempre, que no se podía confiar
en él.
– Le dije que había estado con Ashram toda la noche.
Pero estaba contigo. ¿No lo recuerdas? – le sonrió
como tranquilizándolo.
–Ya… lo siento, estoy alterado. – Adan se disculpó,
acariciándole el cabello y sintiéndose un tanto desagradable.
Tampoco tenía que pagarlas con él.
Ashram se levantó, notando que estaba haciéndoles
daño. –Quiero ver a Daniel. Volveré después.
– Ashram, no. No puedes irte. Seguro que nos están
vigilando. – Aki lo detuvo como rogándole. –
Si quieres lo llamo y le pido que venga.
Frunció el ceño ligeramente, bajando la cabeza. –No
quiero que esté sólo, no debería haber ido,
y no quiero que vaya sólo por la calle. Tengo que ir yo a
buscarlo.
–Yo iré. – dijo Adan. Levantándose y
cogiendo las llaves del coche. –Yo iré, tú te
quedas con Aki y habláis.
– Gracias. – le sonrió el pelirrojo, tirando
de Ashram hacia el sofá nuevamente. – No te preocupes,
ni siquiera tendrá que caminar. ¿No es mejor así?
–No. – contestó fastidiado, sentándose
por obligación. –Aki… no quiero hablar más,
no tengo nada que decirte.
– ¿Cómo puedes decir eso? ¿Por qué
eres así? –Aki lo soltó, girándose, molesto
y dolido. – Dices que nunca comprendo nada, pero eres tú
el que no comprende. Intento ayudarte. Pero no me lo permites.
–Es que no puedes ayudarme, y créeme… no quieres
saber lo que sucede. – se levantó y lo miró.
Tiró combustible dentro de la chimenea, se sacó los
guantes y las deportivas y antes de que Aki pudiera detenerlo les
prendió fuego. – ¿Comprendes? – le preguntó,
dirigiéndose hacia su cuarto.
– Sí, comprendo. Comprendo que eres un idiota. –
contestó, a pocos segundos de lanzarle un almohadón,
pero desistiendo. En vez de eso, dejándose hundir en el sofá,
sollozando de nuevo.
–No, Aki, lo que soy es un asesino. – susurró,
sintiendo sus lágrimas como un dolor terrible y pensando
que debía irse. Debía irse lejos de todas las personas
que amaba. Sólo les haría daño. Los cuidaría,
desde lejos de nuevo.
– No, eres mi hermano. Y eres un idiota. Por lo menos deja
de contradecirme. Tengo miedo. – confesó sin alzar
el rostro.
–Yo también, Aki… – se metió en
su cuarto y cerró la puerta, cogió sus espadas y las
miró detenidamente. Debía deshacerse de ellas.

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