Capítulo
63
You Can’t Protect Anyone
Mañana, Comisaría.
Lunes 6 de Junio
–El detective Adamo está en el fondo del pasillo,
en la mesa de la izquierda. – les indicó la mujer policía
a Ashram y a Aki.
– Gracias... – asintió Aki, sujetando a su
hermano del brazo, aunque más bien se mantenía sujeto
él. Detestaba aquello. ¿Por qué tenían
que sospechar de Ashram enseguida?
Drago se levantó de la mesa y los llamó con una
mano para que se acercasen. –Buenos días…–
los saludó, aunque su mirada estaba fija en Ashram. No había
conseguido sacarse a Hashimoto de encima para hacerle el interrogatorio.
–Ahora vamos a hacerle unas preguntas a su hermano y usted
puede esperar fuera.
–No. – sentenció Ashram. –Él vendrá
conmigo.
Drago lo miró a los ojos y el chico siguió mirándolo
como si nada.
– ¿Es mi tutor porque no soy responsable? Entonces
vendrá conmigo. – Insistió. –O simplemente
no diré nada y cuando pueda echarme algo real en cara ya
regresaré.
– ¿Estás seguro de que no puedo echarte nada
real en cara? – le preguntó, sin embargo Ashram jamás
cambiaba de expresión por lo que había visto.
– No voy a separarme de él. Ni aunque me lleve a la
cárcel. – insistió Aki a su vez, decidido. –
Ashram ya no tiene que ver con esto.
El siquiatra los observó en silencio, lamentándolo
en realidad. – Detective, ¿qué daño puede
hacer? Estoy seguro de que Ashram cooperará.
–Está bien…– frunció el ceño,
pensando que era insoportable hacer así su trabajo, parecían
la madre y la tía. A este paso el malo acabaría siendo
él.
Los hizo pasar a la sala de interrogatorios y les separó
unas sillas para que se sentaran.
–Ashram, has violado tu toque de queda. – afirmó.
El moreno no le dijo nada y se limitó a mirar adelante mientras
cruzaba las piernas sobre la silla. –Ashram… ¿Sabes
que eso puede hacer que te encierren? – insistió, aunque
empezaba a desear apretarle el cuello para que prestase atención.
El chico lo miró un momento. –No sé por qué
dice eso.
Aki apretó la mano del moreno, asustado. Tenía ganas
de gritar. ¿Por qué justo ahora?
– Ashram, ¿lo hiciste? – le preguntó
el médico, mirándolo a los ojos. No podía decir
nada sin su consentimiento, lo sabía. Se sentía entre
la espada y la pared
–No. – Ashram lo miró a los ojos, serio. Si
se creían que iban a separarlo de Daniel estaban equivocados.
Pero estaba sintiéndose un poco nervioso y eso no le gustaba.
– ¿Te importaría dejarme ver tus playeros?
– preguntó el moreno, sonriendo ligeramente al bajar
la vista y ver que llevaba los mismos.
–No quiero. ¿Tiene una orden? – le preguntó
Ashram. El corazón le dio un golpetazo en el pecho. Era su
culpa, estúpido… si hubiera seguido usando la misma
ropa de antes. Apretó ligeramente la mano de Aki bajo la
mesa.
–No quieres… – Adamo se apoyó en la mesa.
– ¿Y eso por qué? – sacó una hoja
con la huella de sus zapatos. – ¿Porque la suela es
como esta?
– ¿Qué es eso? ¿De qué lo están
acusando? – preguntó el pelirrojo inquietándose.
No sabía ni por qué. Ashram no estaba haciendo nada,
sólo visitando a Daniel.
–Ashram. – el moreno continuó sin prestarle
atención al chico, mirándolo a los ojos y mostrándole
las fotos de la escena del crimen. – ¿Estuviste aquí
anoche?
Ashram observó el cuarto, y entonces al fondo vio una foto
del albino con un joven. Lo miró un momento de soslayo. –Nunca
he estado ahí.
–Estás mintiendo. – Adamo alzó ligeramente
la voz y aproximó la foto del niño hacia Aki ahora.
Tapándola con la mano. – ¿Dejamos que tu hermano
vea esto?
–No. – Ashram le sujetó la muñeca. –Déjalo,
él no tiene nada que ver.
–Tú insististe para que entrase…– lo
presionó, moviendo aún así la mano pese a que
el chico comenzaba a apretar su muñeca con más fuerza.
–Esos guantes… ¿No te importaría que los
examinásemos?
–No quiero. – sentenció de nuevo. Respirando
ligeramente agitado. ¿Es qué se había vuelto
estúpido con el tiempo? ¿O es que amar a las personas
te hacía tan débil e inconsciente? No había
pensado en esas cosas.
–Vaya, Ashram… tienes mucho que esconder. ¡¿No
crees?!
Ashram frunció el ceño y le estrujó la muñeca,
haciendo que el detective bajase la mirada a esta. –No deberías
hacer eso, Ashram…– le recomendó.
–Ashram, por favor... – le pidió el albino,
notando su alteración. Pero era obvio que aquello sucedería.
– ¡Ashram! – Lo detuvo Aki, perdiendo el control,
alterado, mirando al detective luego. – Deténgase,
Ashram no tuvo nada que ver con eso. Estuvo conmigo. Él ya
no hace esas cosas. ¿Es que no lo entiende?
–Usted es el que no lo entiende. – sentenció
el moreno, mirando a Aki a los ojos. –Déjeme hacer
mi trabajo y cállese, será lo mejor para todos. Créame,
no tengo ningún interés en perder el tiempo acusando
gente inocente.
Ashram lo soltó al escuchar a su hermano así de
alterado y extrañamente para él lo abrazó,
apartando la foto del niño de cerca de él. –Yo
nunca le haría daño a un inocente…– dijo,
mirando al pelirrojo a los ojos. Miró luego al detective
de soslayo. –Y nunca haría daño a Hashimoto
sensei. No tiene ni idea de lo que está hablando. No sabe
nada.
–Pediré una orden Ashram, y la voy a conseguir. Créeme
que entonces ni siquiera el Dios más misericordioso te va
a librar de mí.
La puerta se abrió tras unos toques y Adan entró
acompañado de un policía y otro hombre al igual que
él de traje. –Aki, Ashram, arriba. Nos vamos a casa.
–Aún no hemos acabado. – le dijo Adamo furioso.
Adan lo miró a los ojos y entró para sacarlos de
allí. El otro hombre mirando al italiano. –Créame
que sí, y tendrá suerte si este acoso queda así.
– No es un acoso, el detective Drago sólo intentaba
investigar. – intervino el siquiatra, sintiéndose fuera
de lugar, pero no podía simplemente quedarse callado. –
Estoy seguro de que Ashram está nervioso, es natural.
Fuera, Aki abrazaba a su hermano, aliviado de que Adan hubiese
llegado en ese momento. – “Lo sé, Ashram, sé
que no lo harías.”
–Ya hablaremos en casa… – les dijo Adan, el
cual estaba más allá de lo furioso y agobiado. Los
hizo pasar al coche y Ashram se sentó atrás observando
los guantes. Debía deshacerse de ellos y encontrar unos iguales.
Sus armas…también debía deshacerse de ellas.
...........
– Adamo, creo que estás acelerándote demasiado.
Te dije que Ashram no respondería de esa manera. –
lo miró el siquiatra, volviendo a sentarse. Estaba casi seguro
de que la tomaría con él, pero estaba preparado.
Adamo lo miró de soslayo y frunció el ceño
aún más. –No me digas cómo hacer mi trabajo.
Sé cuando me están mintiendo, si no fuera culpable
me habría dejado examinar sus guantes y sus deportivas…–
bajó el brazo bruscamente y se desabotonó la muñequera
de la camisa, alzó la manga y le mostró su piel amoratada.
– ¿Ves esto? Yo creo que está muy claro qué
es.
– Es un moretón porque amenazaste con perturbar a
su hermano. – le explicó pacientemente. – Ashram
considera que es su deber protegerlo. Y lo quiere mucho, además.
No intento decirte cómo hacer tu trabajo, pero es mi paciente,
lo conozco. Puedo ayudarte.
–No, y no lo estás haciendo. – cogió
las cosas de encima de la mesa y salió dando un portazo.
Maldito hijo de puta forrado. Debió suponer que aparecería
allí con un abogado de esos que cuestan más dinero
que su propia casa. Seguramente incluso tendría contactos,
y ahora iba a escuchar toda una monserga de su superior.
Kaigan suspiró, poniéndose de pie para seguirlo.
– Detective. Tiene que controlar esa ira. No puedo ayudar
a alguien que no me escucha.
Drago, que estaba hablando con el forense que se había topado
de frente, lo miró de soslayo, y luego dirigió su
vista de nuevo al doctor. – ¿Ves? A eso me refería
con que es un castigo divino.
El rubio sonrió levemente y lo saludó con la mano.
–Tal vez su opinión nos ayude. ¿Quiere acompañarnos?
–No quiere…– murmuró Adamo alzando una
ceja.
–Yo creo que te gusta. – le susurró el forense
al oído, haciendo que el policía se quedase congelado.
– Con gusto les acompaño. – sonrió el
albino a pesar de que no estaba muy alegre. – Por lo menos
alguien apreciará mi opinión.
–No le haga caso, en realidad siempre se pone odioso cuando
las cosas no salen como él quería…– le
explicó el rubio, que parecía no temer por su vida.
–Cállate. – Adamo los siguió, suspirando
con fuerza y casi dejando escapar un gruñido. –Y dime
de una vez qué has averiguado.
El rubio entró con ellos en una sala donde había estado
esperando para hablar en privado. –Veamos, el niño
no murió allí. Lo mataron en otro lugar y fue llevado
a casa del señor Hashimoto posteriormente. Por lo cual…
–Por lo cual la finalidad última era joderme…
joderle.
–Sí, más o menos, aunque yo no usaría
esas palabras. ¿Por qué cree que deseaban asustarlo?
–Ha estado metiendo las narices en este caso. – le
explicó Adamo.
– Tal vez haya dado con algo. –contribuyó ayudándolo
a cubrir, aunque por otro lado, tampoco era improbable eso. –
Pero es la primera vez que el asesino muere en el mismo lugar. Y
el trabajo no estaba terminado ¿verdad? – intentó
mantener su voz tranquila, aunque acaba de tener un recuerdo de
aquella imagen.
–No, una de sus manos estaba sin clavar…– comenzó
a explicar.
–Entonces llegó alguien y lo mató.
–No exactamente, entonces llegó alguien que se entretuvo
en meterle un cuchillo de no muy grandes dimensiones en el estómago,
lo retorció en sus intestinos…
– ¿Para sacarle algo o sólo para torturarlo?
– el moreno revisó los papeles. –Aquí
dice que unos vecinos golpearon la puerta a causa del ruido. ¿Lo
interrumpieron?
–Es lo más probable. Entonces remató su trabajo
y huyó por encima del muerto. También había
huellas en la cama y en su pecho. Saltó por la ventana. Chicos…
no estamos hablando de un aficionado.
–Lo sé…– murmuró Adamo, mirando
al albino.
– No es un aficionado, ¿pero por qué? ¿Entra
dentro de sus planes? No lo parece. – meditó el médico,
deseando no creer que fuese Ashram, pero todo apuntaba hacia él.
Había ayudado a detener a aquel culto en el pasado. ¿Acaso
intentaba lo mismo de nuevo?
–No lo sé… eso es vuestro trabajo, y yo voy
a comer algo, señores…– el rubio le dio una palmadita
a Adamo antes de salir.
–Quiero volver a tu casa. – le dijo Adamo al albino,
mirándolo a los ojos en cuanto salió el otro.
– No te voy a detener. No he regresado desde anoche, lo sabes.
– suspiró con gesto grave. – Adamo, Ashram le
dijo a su hermano que él nunca mataría un inocente.
Era sincero.
–Estoy pensando que tal vez Ashram no haya matado a nadie,
pero que tal vez si sabe quien lo ha hecho y lo está protegiendo.
Ese rubio… ¿Recuerdas? Claro que lo recuerdas. –
se subió las gafas serio, aunque estaba entusiasmado de nuevo
y se lo llevó afuera con él.
– El rubio... ¿Crees que sea él? –Kaigan
se dejó llevar pensativo. Por lo menos estaba aliviado de
que pudiese ver con claridad en vez de centrarse en el moreno. –
Atractivo, poderoso, carismático para algunos. Si no es él
por lo menos es.... –se quedó en silencio un momento,
recordando algo. – A Ashram le gustan los ángeles,
incluso piensa que su novio es uno. Recuerdas el anuncio que se
puede ver desde mi consulta, ¿verdad?
–Sí. ¿Crees que ese chico del retiro es el
rubio que vi aquella vez en el incendio? – se paró
un momento en la mitad de la calle y lo miró a los ojos.
¿Cómo no había llegado él mismo a esa
conclusión? –Eso es imposible, ese chico… no
me parece una persona que andaría saltando por tejados y
manchándose las manos, puede pagar a alguien para que lo
haga por él. Y desde luego, dudo mucho que a Ashram le interese
el dinero. Espera… Creo que sé a dónde quieres
llegar. Oh... Dios… – alzó la vista y giró
al albino para que mirase al mismo lugar que él. En la enorme
pantalla televisiva del edificio de moda se proyectaba la imagen
del modelo desplegando unas enormes alas negras de murciélago.
Se quedó cómo hipnotizado, observándolo volar
en mitad de la noche, sólo con unos jeans abiertos y aquellas
alas. El cabello negro y los ojos rojos, pero era él. Descendía
sobre un modelo adulto al que sólo se le veía la espalda,
pero vestía igual que Adamo. Clavó los colmillos en
su cuello. El anuncio acababa, enfocando tan sólo su penetrante
mirada salvaje antes de llamar la atención sobre la imagen
de la marca de los jeans. Sintió un desasosiego extraño
y una ligera excitación que le desagradó profundamente.
Esto… es demasiado. – susurró, sintiendo que
jugaban con él.
– Demasiado... Es más que eso. – El albino frunció
el ceño, molesto, haciéndose eco de los pensamientos
del moreno. – Están jugando con nosotros. Dudo mucho
que eso sea una coincidencia.
– ¿A qué te refieres? – le preguntó
por ver si se había fijado en lo mismo o era obsesión
suya.
– ¿A qué me refiero? Eras tú, Adamo.
¿No lo notaste? – lo miró señalando la
pantalla, exasperado. – No estoy imaginando cosas.
–No, supongo que no. Sólo quería saber si
me estaba sugestionando… – suspiró con fuerza
y cogió el paquete de tabaco, sacando un pitillo, pensativo.
–Vayamos a tu casa. – le pidió, mientras por
teléfono solicitaba la búsqueda de información
sobre el rubio.
–Vayamos... – asintió Kaigan, observándolo
y dirigiéndose a su coche. No se estaba sintiendo nada calmado
por dentro.
...........
Introdujo la llave en su cerradura, incómodo a pesar de
que lo había hecho miles de veces con anterioridad. Pero
aquella ya no era su casa, era la escena de un crimen. – Pasa
tú primero.
–Claro…– el moreno entró, comprendiéndolo.
– ¿Por qué no coges lo que necesites llevarte?
Yo meteré tu ropa en una maleta si me dices donde hay una.
– le habló para distraerlo mientras caminaba hacia
la habitación.
– En el armario hay una. Gracias, Adamo. – le sonrió,
intentando pensar prácticamente y dirigiéndose a la
cocina para tomar algunas cosas que se dañarían en
caso contrario. – ¿Cómo entraron? No forzaron
la puerta, ¿verdad? O la llave no funcionaría.
–No…– el moreno cogió las cosas del siquiatra
y las guardó en la maleta, pensativo. –Probablemente
entraron por la ventana, o bien tenían una llave de tu piso…
lo cual es extraño, pero no tan descabellado. – murmuró
con el cigarro en los labios. –Es aún más extraño
que alguien pueda sobrevivir escapando por esta ventana…–
murmuró. Apoyándose en la cornisa y segundos después
descolgándose desde ella hasta el tejadillo. Provocó
bastante estruendo debido a su peso y se levantó, prefiriendo
no mirar abajo. Limitándose a examinar la superficie de teja.
– ¿Adamo? ¿Qué haces? – el albino
entró en su habitación, haciendo uso de su valor,
ocurriéndosele mirar por la ventana gracias a la conversación
que mantenían. – Adamo... ¿estás loco?
–Eso es cosa tuya…– el moreno le sonrió
desde el tejado, tampoco sabía cómo se le había
ocurrido algo así. –Escucha, el limo parece de aquí.
Por lo que una persona, digamos Ashram. Entró por la ventana…–
alzó la vista. Estaba demasiado alto para saltar desde allí
al quinto piso. –Ya lo veo. Entró desde aquí
por la ventana del pasillo de las escaleras del cuarto piso. La
puerta debía de estar abierta, o bien se encontró
con alguien que la abría en ese momento. Las huellas de Ashram
van y vienen. Las otras sólo se van. El asesino y…
el rubio, entraron por la puerta. – le habló desde
el tejado como si nada.
– Estás asumiendo mucho ¿no lo crees? –
descolgó un brazo por la ventana, cuidadoso de no tocar nada.
–Entra... por favor. Creo que entiendo lo que quieres decir.
–Entraré por allí. – le señaló
la ventana del pasillo de la cual hablaba y caminó por el
tejado de forma un tanto insegura hasta allá. –Quiero
ver si hay algo. – le explicó antes de saltar un poco
para impulsarse con los brazos y entrar.
Al cabo de unos minutos apareció de nuevo en la casa del
siquiatra. –Nada… – le dijo. Entrando en el baño
para lavarse las manos.
– Excepto un ataque cardíaco... – suspiró
aliviado, por un momento deseando golpearlo de nuevo. – Parece
como si el sujeto que piensas que es Ashram les hubiera sorprendido.
Por eso no terminaron el trabajo. Ya que ambos entraron por la puerta,
él no. – frunció el ceño preocupado de
nuevo.
–Pero eso no quiere decir que ambos llegasen a la vez. Luego
me dices a mí que asumo… – salió, secándose
las manos y torciendo una sonrisa. –Seguro que incluso lo
imaginas a él.
– No dije que llegasen a la vez, pero eso indica que o ambos
tenían una llave, o uno le abrió al otro. –
lo miró alzando una ceja. –No sé a qué
te refieres. Si Ashram está protegiendo a ese rubio... me
pregunto si el anuncio que acabamos de ver lo afectará adversamente.
–Quien sabe lo que pasa por la mente de ese tío. –
suspiró con fuerza y luego alzó una ceja. –Su
hermano lo trata como a un crío.
–Ese es parte del problema. Pero para ser sincero... a veces
se comporta como un crío. – le aclaró. –
Ashram es alguien especial. Como no le fue permitido madurar a un
ritmo natural, aún es un niño en muchos aspectos.
Sin embargo es un hombre adulto a la vez, capaz de tomar sus propias
decisiones y pelear sus propias batallas. Pero altamente influenciable
y algo necio al mismo tiempo. Complicado, ¿no?
–Demasiado…– murmuró el moreno cogiendo
otro cigarro. –Esta vez el asesino era un guionista de culebrones.
– le dijo de pronto. –Nada que ver, nunca tienen nada
que ver. – dejó salir el humo despacio entre sus labios.
–El chico tenía diez años. Se llamaba Mikael,
al parecer murió de un ataque de asma antes de que pudieran
rematar de ensañarse con él.
– Me alegro. No quiero decir que me alegro de su muerte,
claro. Me alegro de que no haya sufrido tanto. – se llevó
la mano a la cabeza, agobiado. Intentaba no ser alguien sentimental,
pero tal vez el haber encontrado a ese chico en su cama lo hacía
sentir aquello de manera más personal.
–Ya lo había comprendido. – suspiró
con fuerza y dejó las maletas sobre el sofá. –
¿Quieres llevarte algo más? La comida que se pueda
estropear tal vez…
– Ya la guardé para llevármela. – lo
observó agradecido una vez más, mostrándole
las bien empacadas bolsas. – Creo que estás cerca,
Adamo. Por eso están actuando así. Y aunque no quiera
comprometerlo, creo que Ashram puede ayudarnos mucho. Pero también
temo por él.
–Intenta hablar tú con él. ¿Quieres?
Intenta que nos ayude, de cualquier modo. Dile que haremos un trato
si coopera. Lo que sea. Pero a mí me dan ganas de retorcerle
el pescuezo. – cogió las maletas para salir y lo llamó
con la cabeza. –Vamos, estaremos mejor en mi casa.
– No seas así. Ashram es un buen chico después
de todo. Es un buen chico que fue forzado a ser malo. No es su naturaleza
real. Pero cuando te fuerzan a creer en algo, es difícil
pensar que hay otra manera. – tomó las bolsas saliendo
del piso y cerrando la puerta nuevamente. Hablando con una voz deliberadamente
suave en un intento de no irritar al detective. – Creo que
tengo un talento para comprender a los chicos malos. Y también
puedo comprender que defendiese así a Aki. Puede que sea
su tutor legal, pero es su hermano menor después de todo.
–No puedes proteger a nadie. No se puede proteger a la gente.
– murmuró de pronto Drago, cargando las maletas y entrando
en el ascensor.
– ¿No? ¿Y qué hace entonces, detective?
¿Intenta lograr un imposible? – le preguntó
tranquilamente, observándolo.
Drago no le contestó y guardó las maletas en el
maletero del coche del siquiatra. Sentándose en el asiento
del acompañante sin protestar por una vez.
Kaigan se sentó tras el volante, decidiendo no insistir
por el momento. Ya tenía bastantes presiones. Y él
no tenía que hablar para demostrarle lo contrario. –Ponte
el cinturón. – le pidió simplemente, encendiendo
el vehículo.

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