.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 59
Blood Stained Feathers


Noche, Afueras del retiro.
Sábado 6 de Junio

–Bueno… ¿Qué quieres saber hoy? – le preguntó el moreno que ya había acabado de cenar y se recostaba un poco en el asiento, a pesar de que no pensaba dormir en toda la noche.

– Quiero que me hables de tus razones. No he visto a muchos policías tomarse las cosas tan a pecho como tú. – le preguntó, observándolo, perfectamente sentado por su parte.

– ¿Mis razones para qué? Ya te dije por qué hago esto… – se subió las gafas mirando afuera y pensando que realmente tenía un problema con su memoria.

–Me dijiste qué te inspiró a volverte policía, qué te inspiró a escoger esta especialidad. Lo que quiero saber es por qué cargas este caso sobre tus hombros. – suspiró, preguntándose si se iba a poner difícil. Pero siempre lo hacía.

–Porque me lo asignaron…– cogió una libreta y apuntó la entrada de un vehículo, la hora y la matrícula.

– Oh, eso quiere decir que si lo sacaran de este caso... ¿podría dejarlo, así de fácil? – insistió, sintiendo que allí había algo más que no le estaba diciendo.

–Ningún policía admitiría así como así que lo relegasen de un caso. Eso quiere decir que no somos competentes.

– Entonces, ¿no considera que obedecer las órdenes de sus superiores sea ser competente?

–No, mis superiores son incompetentes…– torció una sonrisa en sus labios. –Creen que pueden convertirte en un poli modelo enviándote al loquero…

– Aún así, usted sólo se interesa por este caso porque esos mismos superiores a los que llama incompetentes se lo asignaron. Interesante, ¿no cree? – sonrió ligeramente, sin inmutarse porque le llamase loquero. Era un simple mecanismo de auto defensa, eso era obvio.

–Me intereso porque están matando a niños. – lo miró a los ojos, serio. – ¿Le parece suficiente motivo de peso?

– Sí, me parece un motivo importante. – asintió con sinceridad, notando cómo se alteraba. – ¿Por qué cree usted que le afectan tanto los niños? ¿No sería igual de terrible si matasen adultos?

–Tal vez sea más terrible, los adultos dejan a muchas más personas necesitándolos…– murmuró serio. –Pero no soporto la violencia contra los niños.

– Para algunas personas los niños representan el futuro. Sienten que al asesinarlos, matan las posibilidades... –le comentó, intentando desarmarlo un poco por lo que pensaba preguntarle. – ¿Cree que el motivo de sus sentimientos está basado en sus propias experiencias como niño?

–No, también me ponen enfermo las violaciones, no sabes cuanto…– murmuró, observando hacia el edificio y apretando un poco los brazos que cruzaba sobre el pecho.

– ¿Tu padre abusaba de tu madre? De manera sexual. – añadió, ya que lo otro lo tenía claro. Sabía que estaba siendo muy directo, pero no podían seguir danzando alrededor del tema para toda la vida.

–Sí. – sentenció. –Pero no creo que eso tenga nada que ver.

– ¿No? Dígame entonces... ¿Por qué cree que lo afectan tanto estas cosas?

– ¿No te afectan a ti? – preguntó clavando su mirada en la del albino.

–No estamos discutiendo mis problemas, detective. –suspiró, pensando que siempre hacía eso. Era un maestro del escape. – Me afectan, soy humano. Pero algunas cosas me afectan más que otras. Igual que a usted. Y siempre hay una razón para eso.

–Bien… le diré por qué creo que es. Creo que es porque conozco el horror de una violación de primera mano… – hizo un gesto de estar poniéndose de los nervios, aunque sin mirarlo, apoyando la mano en el cuero del volante y haciéndolo crujir ligeramente.

Kaigan se quedó mirándolo en silencio, sin cambiar de expresión, intentando permanecer neutral a pesar de todo. – ¿Está diciendo qué alguien lo violó? ¿Su padre?

–No…– se frotó la nuca, pensando que jamás se detenía, le daban ganas de golpearlo cuando se ponía tan insistente. – ¿Qué crees que sucede cuando te echan de casa y no tienes nadie a quien acudir? Te ganas la vida como puedes, y a veces tus normas no valen una mierda. – se apoyó en el marco de la ventana con un brazo, deseando que se detuviese.

– ¿Es por esa razón... que el señor Martín sufrió un “accidente” cuando lo trasladaba? Porque le molestó más que ningún otro. – especuló, aunque para él estaba claro. Podía ver cuanto estaba afectando a Adamo, y sus sentimientos personales le estaban rogando que lo abrazara, que dejase de atormentarlo. Pero eso no lo ayudaría.

– ¡¿Puedes dejar eso ya?! – el moreno golpeó el volante y lo miró furioso.

– Adamo. – Lo detuvo el siquiatra, mirándolo a los ojos. – Podemos detenernos cada vez que lo desees, pero nunca progresaremos.

Estarás culpándote y sufriendo con cada caso. Como tu siquiatra y como tu pareja, no quiero eso para ti.

–Déjame en paz…– murmuró, pasándose la mano por los labios y regresando la mirada al objeto de su trabajo. No soportaba toda esa charla de siquiatra.

– Bien, no puedo obligarte a hablar. Lo sabes. – se recostó en el asiento, decidiendo permanecer en silencio por unos minutos, dándole la oportunidad de que decidiese por sí mismo.

–Es que no sé qué quieres. En serio, no lo comprendo. – sentenció serio, apoyándose en un codo.

– Solo quiero que enfrentes tus problemas, tus fantasmas por así decirlo. Está bien tenerlos, no somos perfectos. Y si nada nos afectase no seríamos humanos. – lo miró pacientemente, de nuevo hablando con aquella voz suave. – Pero es importante reconocerlos, saber lo que son. No permitir que nos controlen.

Adamo estuvo a punto de decirle que no lo controlaban, pero era ridículo después de lo furioso que se sentía. – ¿Y bien?

– Creo que es maravilloso lo que haces. Creo que es loable que quieras proteger a esos niños, evitar que otros pasen por tu experiencia. Pero también creo que lo harás mejor con la mente clara. Y de esa manera, no te perderás a ti en el proceso. – le sujetó la mano apretándola con suavidad. – Estoy de tu lado, Adamo.

–Ah… tengo ganas de golpearte. – lo miró a los ojos y movió un poco la cabeza.

Kaigan se rió brevemente, bajando la cabeza como derrotado. – Es una reacción saludable. La mayoría de mis pacientes han querido golpearme alguna vez.

–No tiene gracia, estúpido…– sonrió levemente. Suspirando con fuerza y frotándose la cara con la mano. Serio de nuevo, pero arrepentido de haber arremetido de ese modo contra él.

– Claro que sí. Y creo que has avanzado mucho hoy. Así que obtendrás tu deseo. Pero esta conversación no ha terminado. – le advirtió, ya que no pensaba detenerse ahora que estaban llegando a algún lado.

–No sé para qué tienes que desenterrar toda esa mierda. Ni siquiera pienso en ello…

– Sabes que no es cierto. Tal vez no seas consciente de ello. Pero cada vez que ves uno de esos chicos, te ves a ti mismo. Si no fuese así, no me hubieras gritado hace unos minutos. – le contestó, sincerándose luego él mismo. – A mí me gusta pensar que lo tengo todo bajo control. Pero cada vez que me equivoco, cada vez que me dejo llevar, pienso en mi familia.

–Bien, hablemos de ello, hablemos de lo que quieras. Pregúntame todo lo que desees saber y acabemos con esto…

– No es tan fácil. No puedo curarte en una noche. Pero bien... – suspiró, deseando poder hacerlo. – Empecemos con tu experiencia en la calle entonces. Iremos hacia atrás. ¿Está bien?

–Está bien, pero tendrás que ser más concreto, no voy a contarte todo lo que hice en esos años. ¿Qué quieres saber exactamente?

– Quiero saber si alguna vez intentaste conseguir un empleo, por ejemplo. O si tuviste uno aparte de... –alzó una mano por si acaso. – No te lo estoy echando en cara. Sólo quiero saber cual era tu situación.

–La primera noche fui a casa de un chico con el que estudiaba, me habló de un tipo que conseguía esa clase de citas por dinero. Ya sabes… – se llevó el cigarro a los labios y entrecerró los ojos ligeramente. –Sólo tienes que mamarla, eso me dijo…– se rió, recostándose un poco en el asiento. –No me pareció un plan tan malo. Lo hice un tiempo, mientras buscaba otra cosa, encontré en el periódico un trabajo como acompañante de señoras. Como era universitario y tenía buen aspecto, no hubo mucho problema. Dormía en un coche abandonado… y me lavaba en los baños públicos como podía. Era bastante patético…– murmuró.

– Sólo intentabas sobrevivir. No hay nada de patético en eso. – lo miró, pensando que constantemente se estaba atacando a sí mismo. – ¿Qué fue lo peor que te sucedió durante esa época? Lo peor que tuviste que hacer, tal vez... – le preguntó sin disfrutar aquello para nada.
–Hum… no lo sé. ¿El proyecto de fin de carrera?

– Detective... – sonrió el albino, pensando que no cambiaba. Seguía evadiendo a pesar de lo hablado. – Bien, hábleme del día en que decidió entrar a la policía. ¿Hubo algo en especial que lo hizo considerarlo?

–No más de lo que ya te he dicho, supongo que tal vez el haber estado trabajando como vendedor de drogas. Me pegaron unas cuantas palizas…– se rió y lo miró de soslayo. –Los polis…

Kaigan suspiró de nuevo. – Adamo... eso ni siquiera tiene sentido. No creo que te metieras a policía para poder ser tú el que daba las palizas, ¿o sí?

–No…– se rió y miró al edificio de nuevo. –Pero pensaba que tenían razón en lo que me decían. Ya sabes, esas charlas que te dan... No, no sabes. Pero imagínatelas…

– Me las imaginaré. Así que pensó que tenían razón. La tenían. – lo observó, sin poder evitar sonreír un poco. En el fondo era un buen chico, dijese lo que dijese. – Vayamos más atrás entonces. Cuando estabas viviendo con esa mujer. ¿Eras feliz?

–No estaba tan mal, pero tampoco era lo mejor del mundo. Ella era mucho más mayor que yo. Delante de todo el mundo fingía que era mi madre, y era ridículo. Después se ponía histérica con cualquier cosa. Era muy celosa. Pero me consentía todo lo que deseaba… y más…– sonrió levemente, y se apoyó el cigarro en los labios. –Yo quería estar con mi madre… – dijo serio de nuevo.

– Pero tu madre no podía perdonarte. Así que buscabas un reemplazo, pero no era lo mismo. – Especuló, sin dejar de observarlo, el cambio en su expresión. – ¿Te culpabas por el rechazo de tu verdadera madre? ¿O estabas enfadado?

–Resentido, culpable, enfadado… no lo sé. De todo. Diferentes etapas. Pero sí, la comparaba con ella continuamente…

– Pero ella no quería un hijo. Quería un amante... – murmuró, comprendiendo mejor que nunca por qué no debías ser psiquiatra de un ser querido. – ¿Solías llevar chicas a su casa? ¿O sólo fue en esa ocasión?

–Solía hacerlo, era mi casa también. Ese día regresó antes, se lo olía… – torció una sonrisa. –Era una perra muy lista. Se puso histérica.

– Siento algo de resentimiento. – comentó simplemente dejándolo seguir. Era natural, después de todo, la mujer lo había echado de su casa.

– ¿Por qué? – lo miró extrañado.

– Llamar “perra” a la que consideras tu madre sustituta, no suena como un término de cariño. – le contestó pacientemente.

–Es mi manera de hablar, no sentía ningún resentimiento hacia ella. Es normal. La traicioné y me echó de su casa, lógico. Yo habría hecho lo mismo…– dejó caer la colilla apagada por la ventana y encendió otro cigarro.

– Ya veo... Y ¿alguna vez intentó contactar a su madre de nuevo? A la verdadera. – Le preguntó dejando ese tema.

–Sí, pero era inútil…

– ¿Por qué?

–Me odia.

– ¿La ha intentado contactar recientemente?

–Se fue con su hermana a otra ciudad. Ella fue bastante clara al respecto. Me visitó hace cuatro semanas. Mi tía, me entregó cerradas todas las cartas que le había enviado con unas palabras bien claras de ella. “No tengo hijos.”– alzó una ceja. –No he vuelto a intentarlo.

– Ya veo... – contestó, permaneciendo en silencio por un momento. Tan sólo cuatro semanas atrás. – ¿Estás seguro de que quieres seguir en este momento, Adamo? Sé que es difícil y no quiero presionarte.

–Me da exactamente igual…– contestó sin dejar de mirar afuera. Observando la hora después, alzando la vista y notando que llevaban un coche grande de lunas negras a la entrada. –Espera…– cogió unos prismáticos para ver quien entraba en el mismo. –Es ese tipo… y el modelo. Maldita sea, quiero sus informes ya. ¿Cuál es su relación? – Bajó los prismáticos de nuevo al ver que se encerraban en el coche y el mismo salía. –Iban a alguna parte, estaban vestidos de gala…

Kaigan se quedó observando, aunque no podía verlos muy bien a esa distancia. – Es un modelo, no es extraño el que acuda a un evento importante. Tal vez incluso algo de este centro. Podríamos seguirlos, pero… ¿Y si es una distracción?

–No, no vamos a seguirlos. Tampoco necesitamos una denuncia por acoso, además, prefiero fijarme en lo que entra y sale de esta casa. – se llevó el cigarro a los labios y lo apoyó en el cenicero del coche mientras se servía un poco de café. –Esta va a ser una noche muy larga…

– Tuve el reflejo de enviarlo a dormir. – sonrió el albino, observándolo y siendo sincero. – Pero me alegra ver que se preocupa por esas cosas.

–No sé si son ellos los culpables. No me pidas que la tome con ellos tan pronto. – lo miró de soslayo, explicándole por qué se preocupaba por esa clase de cosas ahora. –Vaya fin de semana… ¿Eh?

– Sí, pero no es de sorprender. Además, creo que ha sido beneficioso. – se recostó contra el asiento, seguro de que Adamo no lo veía así, pero poco a poco empezaban a progresar. – Lo cierto es que esto es un poco emocionante.

–A mí me parece aburrido…– sonrió levemente y lo miró de soslayo. De nuevo pensando que le gustaba jugar al niño malo. Cogió un grupo de hojas con los nombres de las personas con nombres de ángel de la ciudad. Era un bloque enorme y se limitaba a los menores de 21 años. No sabía para qué lo miraba, dudaba mucho poder sacar algo en claro.

– Recuerde que soy un niño bueno, detective. – le aclaró, confirmando sus pensamientos. – Y confieso que me parece romántico también, aunque no soy dado a ese tipo de ilusiones. ¿Qué está leyendo? No tienes que decírmelo si no puedes, claro...

–La lista de personas de entre 0 y 21 años con nombres de ángeles…– le aclaró de cualquier modo, ya que no tenía ninguna importancia. –Pero da igual, trato de buscar alguna relación entre ellos y no encuentro ninguna. Yo no sé quienes creen ellos que son o no son ángeles. No tiene ningún sentido.

– Y no puedes ponerlos a todos bajo custodia. Habría más protegidos que policías. – asintió, sirviéndose un poco de café. – Pero podría reducir el número a aquellos que tengan las edades de las víctimas. ¿Hay algún patrón en el cambio de edades? Quiero decir... en la manera en la que eligen a las víctimas.

–De momento el más mayor… tenía siete años. No encuentro nada especial y no, hacer eso sería poner la ciudad entera en alerta y no me lo permitirían. Ellos deben tener algún modo de saberlo. No creo que se limiten a elegir a chicos rubios de ojos claros con nombre de ángel al azar. Pero puede que sí, y entonces sería imposible predecirlo…

– Pero yo tampoco lo creo. Son demasiado organizados en todo lo demás. No tendría sentido. Sus fechas de cumpleaños, su edad, la cantidad de días que tardan entre un asesinato y el siguiente. Todo está planeado.

–Ya, pero no sé cual es su método, podría ser cualquier locura. ¿Sabes? Cualquiera…

– Puede ser cualquiera. Pero eso no significa que no podamos formular teorías. Puede parecerte inútil, pero si lo intentamos, tal vez lleguemos a algún lado. Alguna de ellas tiene que encajar.

............


– ¿Qué haces aquí? – el filo de la espada corta de Ashram rodeó el cuello del rubio de pronto. Lo había estado siguiendo y ahora lo encontraba frente a la puerta de esa casa cómo esperando a que algo fuera a salir de allí. –Tienes que responderme a unas cuantas cosas… ¿Por qué no los matas antes de que ellos ataquen a los niños?

Damian apretó las mandíbulas, sorprendido por aquello. Realmente era como una sombra. Pero esto podía funcionar. – No siempre puedo, pero ahora... no tenemos tiempo. –contestó con voz apremiante, temblorosa incluso. – Otro ángel va a morir.

– ¿Tratas de impedirlo? –preguntó el moreno, sorprendido y un poco ablandado de pronto. – ¿Dónde?

– Adentro. – señaló el rubio sin moverse para que no lo fuera a cortar. Estaba seguro de que ese chico ya estaría muerto, no habría forma de que lo impidiese.

Ashram lo soltó de golpe y entró. Pudo escuchar ruidos de golpeteos en la pared y se apresuró silenciosamente hacía el fondo de la casa.

Damian metió una mano en su bolsillo, sacando su móvil y enviando un mensaje con rapidez. *A está aquí* Entró corriendo para ver hasta donde había llegado el moreno, a tiempo para cruzar una mirada con aquel hombre de su culto. No se atrevería a desafiarlo. Observó al niño rubio, poniendo cara de horror al verlo allí, crucificado contra el respaldo de la cama. El trabajo estaba hecho.

Ashram le lanzó el tanto contra el estómago y este se hundió en el mismo, provocando un grito del hombre que cayó en la cama bajo el peso del moreno que saltaba sobre él apoyando la punta de la katana sobre su cuello, hundiéndola un poco incluso. – ¿Por qué lo has hecho? – le preguntó, observando sus ojos fijamente, pero sin perder de vista al rubio. No, no se fiaba de nadie.

El hombre no contestó, pero miró a Damian.

– ¿Te lo ordenó él? – seguía sin contestar y Ashram bajó la otra mano retorciendo el tanto en su abdomen. –Contesta… no siento piedad. – le explicó, inmune a su dolor.

– Está muerto... – murmuró el rubio, como si no le importase aquella respuesta, su voz quebrada aparentando dolor. Lo cierto es que estaba prestando mucha atención. No podía hacer nada apresurado, pero si aquel idiota se atrevía a traicionarlo... Le acarició el rostro al chico, apretando los ojos para sacarse algunas lágrimas. ¿Por qué? ¡¿Por qué?! – le gritó al asesino ahora, recordándole secretamente su juramento, las consecuencias.

Ashram observó al rubio y después al niño que colgaba a medio crucificar. – Contesta… – sacó el tanto de su herida y lo apoyó entre sus costillas, deslizándolo muy poco a poco hacia dentro.

– ¡El diablo! ¡Satán me lo ordenó! – gritó histérico y adolorido. Ashram odiaba los gritos y apretó un poco el ceño.

–Mientes. – sentenció, hundiendo el tanto en sus pulmones y apartándose. Limpió la cuchilla en su ropa y la guardó de nuevo. Observó al ángel crucificado allí y giró la cara de golpe. Corrió hacia la ventana, casi saltando por encima del cadáver de aquel hombre y precipitándose afuera. –Fuera. – le dijo al otro antes de descolgarse por la cornisa de aquel quinto piso y correr por la misma hasta un tejado bajo. Lo esperó agazapado allí un momento.

Damian corrió tras él, saliendo también sin siquiera mirar hacia atrás. Estaba complacido, aunque no había esperado reemplazar a su sirviente tan pronto. Y tampoco había tenido en sus planes salir por la cornisa, pero no tenía opción. Se estaba divirtiendo bastante. – “Sabes a donde ir” – le recordó, asumiendo que querría hablar con él, pero estaba seguro de que su actuación había sido perfecta.

............


Al poco rato Ashram entraba de nuevo en aquel piso vacío. Sus ropas anteriores estaban allí limpias e intactas. Se lavó las manos en el baño, ya que se había asegurado de no mancharse esta vez. Debía volver con Daniel y no quería ni siquiera pensar en ensuciar su piel con sangre de aquel miserable.

–Tú sabes quienes son los ángeles. Dímelo y yo evitaré que los maten. Si no me lo quieres decir… – lo miró mientras se ponía los guantes de nuevo, a pesar de que estaban empapados por el agua ahora.

– Ashram... Yo no sé quienes son, estás equivocado. Esta vez he logrado averiguarlo antes, pero... no pude llegar a tiempo. – suspiró, apoyándose contra la pared, para sus adentros molesto porque lo amenazase. –No sé por qué es tan difícil saberlo, no es algo que pueda controlar.

–Pero tú sabías que Daniel lo era. Me lo dijiste… ¿Y por qué sabías que ese hombre estaría ahí para matar a ese niño? Quiero confiar en ti, pero no puedo.

–Porque lo supe esta vez. – negó con la cabeza, acercándose a él. – Sé que te estoy pidiendo demasiado. Te diré... los vemos. En visiones. Por lo general es Adrameleck, yo también he tenido algunas. Pero no es algo seguro el cuándo, ni el dónde. – le explicó, con gesto de sinceridad, preguntándose si se tragaría eso. –Por eso supe acerca de Daniel. Lo vi contigo... Estaba devolviéndote un papel arrugado, un dibujo. – le comentó, añadiéndole veracidad a su historia con un hecho real, un hecho que conocía gracias a la vigilancia de sus seguidores.

Ashram lo miró de otro modo. –Yo también he soñado contigo…

– ¿En serio? – lo miró a los ojos, curioso, deslizándose por la pared hasta quedar sentado. – ¿Qué has soñado?

–Cosas desagradables…– le aseguró sin concretar realmente. –Sangre…

– Sangre... –bajó el rostro, luchando con su sonrisa. – Soy un demonio después de todo. Tal vez sueñas con mi pasado.

– ¿Qué sucedió?

– ¿Qué sucedió? Lo sabes... Arestiel, mis padres, la destrucción del culto. Pude presenciar algunas ceremonias, ¿sabes? – lo miró a los ojos, serio. – Bebí sangre. Pero me refería a mi verdadero pasado, antes de nacer. Antes de obtener esta oportunidad.

–Eso… yo no puedo recordar eso. – le confesó, aunque en realidad tampoco quería hacerlo. –Cuando sepas quien será el siguiente, ven primero a mí.

– Yo tampoco puedo, sólo me lo preguntaba. – le explicó asintiendo. – Lo haré. No tuve mucho tiempo esta vez. Solo quería salvar a ese ángel.

–Comprendo… – lo miró a los ojos largo rato. –Los demonios no deberían ser como tú, pareces un ángel.

Damian sonrió, sinceramente halagado. – Ya te lo dije, soy un demonio, pero sigo siendo un ángel. Tal vez es por eso... Mi corazón no cambió realmente, sea lo que sea que hice.

Ashram le tocó la mejilla con su mano, suavemente. –Ojalá no me estés mintiendo…

– No lo hago. –mintió el chico, sujetando su mano con suavidad y aprovechándose del momento. –Ayúdame.

–Yo no puedo ayudar a nadie. Ni siquiera a mí mismo. – le aseguró, bajando la mirada ligeramente. Apartó su mano de forma un tanto abrupta. No se sentía bien notar que lo sujetaba de ese modo. Podía imaginar la cara de Daniel si lo viese. Aunque él ni se inmutase por ello. –Me tengo que ir.

– Belial. Puedes hacerlo, eres el único que puede. Sé que lo harás. – alzó el rostro, observándolo como preocupado. – Confío en ti.

–Yo no confío en ti. – le contestó sincero. Saltando de nuevo por la ventana para regresar con Daniel.

............


– ¿Ashram? – el rubio alzó el rostro en la oscuridad, quitando las manos de la pequeña escultura y limpiándoselas con una toallita húmeda. Le había parecido escuchar algo. Pero tal vez sólo era el viento.

–Soy yo. – le dijo el moreno, que tras haberle dicho que hoy iría a buscar a Damian sabia que estaría preocupado. Se sentó a su lado y se apoyó en su hombro.

– Ashram... – el rubio sonrió aliviado, alzando una mano para acariciarle el rostro. – Regresaste. ¿Qué tal te fue?

–No pude salvarlo. Ya estaba muerto…– le explicó. –El ángel.

– El ángel, Ashram, ¿a donde fuiste? Creí que sólo ibas a hablar con ese chico. ¿Qué sucedió? – preguntó alarmado, de nuevo inseguro por su decisión de no llamar a la policía.

–Lo seguí… Trataba de evitar que matasen a ese niño, pero llegamos tarde. El asesino dijo que Satán se lo había ordenado. Mentía.

– ¿Cómo sabes que mentía? No lo comprendo... ¿Qué asesino? Ashram. – suspiró, intentando calmarse, sentía que le iba a dar algo. – Estuviste allí, en la escena de un crimen. ¿Qué sucedió con ese chico? El que quiere que lo ayudes.

–Él estaba allí y trataba de evitar que matasen a ese niño, pero no llegamos a tiempo. Ya te lo he dicho, se puso a llorar cuando vio que el ángel había muerto. – suspiró con fuerza. –El asesino aún estaba allí. Estaba crucificándolo en la pared. Lo estaba clavando allí.

– Dios... – Daniel apretó la mesa con su mano libre, temblando. Era demasiado terrible para ser cierto. Negó con la cabeza, abrazando a Ashram luego. – No comprendo... cómo alguien puede hacer algo así.

–Era un niño pequeño. – le explicó para que comprendiese la razón por la cual no podía quedarse de brazos cruzados sin hacer lo que estuviese en su mano. Lo abrazó con fuerza, ya que parecía afectado, y le acarició la espalda. –No debí contarte esto, pero necesito hacerlo.

– No, no quiero que me ocultes las cosas. Está bien. – le aseguró, cerrando los ojos y besando su cuello con ternura. Tenía miedo, sabía lo que el moreno intentaba hacer, pero tenía miedo. – Entonces... ese chico realmente quiere salvarlos. ¿Lograste hablar con él?

–Sí, después, fuimos a un piso a donde va a cambiarse, yo me duché allí la vez anterior, y me dio ropa limpia. Debe vivir en un lugar en donde alguien más puede verlo. Además de la persona que lo acompaña…

Daniel bajó la cabeza, pensativo. No sabía qué pensar de ese chico, seguía sin confiar en él. No le parecía que asesinar fuese una buena manera de proteger a nadie. Y tampoco comprendía por qué tenía que involucrar a Ashram en aquello. – ¿Qué te dijo?

–Que tenía visiones… nada especial. Le pedí que me avisara la próxima vez, antes de ir a ningún lado.

–Ashram, sé que esto suena extraño, pero no bajes la guardia. – negó el chico con la cabeza, sintiendo un vacío en el estómago. Le parecía una locura, pero no quería molestar al moreno de nuevo. Luego de lo que le había dicho, no iba a soportar otro día sin él. – No quiero que te suceda nada.

–No voy a bajar la guardia, no confío en él, no confío en… casi nadie. Sólo confío completamente en ti. – observó su rostro, deseando que realmente fuera digno de su confianza.

– Ashram... – sonrió ligeramente, abrazándolo de nuevo. – Yo nunca te traicionaré. Pero creo... que deberías confiar en tu familia también.

–No, no puedo, ellos siempre creen que pueden decidir que es lo mejor para mí, Daniel. Estoy… cansado. Quiero tomar mis propias decisiones, y no quiero estar entre algodones como ellos pretenden. No soy un niño, soy un hombre, soy más mayor que Aki incluso… y él me trata como a un preescolar.

– Te quieren, se preocupan por ti. Y creo que Aki trata así a todo el mundo... – se rió ligeramente, acariciando su cabello, sintiéndose un poco desacostumbrado a no poder seguir hasta su espalda. – Creo que las personas que te quieren... cuando sucede algo o cuando se sienten impotentes, tienden a sobreprotegerte. Lo hacen porque quieren compensarte.

–Me gusta que Aki me abrace y me trate con cariño, pero no quiero que decida por mí. No quiero que nadie lo haga. Nadie cree en lo que yo creo. Todos piensan que son delirios, que estoy mal de la cabeza, Seguramente algún día lo comprendan… que ellos estaban equivocados y que sólo por ser más, eso no les da la razón… – bajó un poco la cara y se tocó la tocó con una mano. –Creo que en cierto modo me corté el cabello para no poder ocultarme…

Daniel sintió su rostro con las manos, alzándole la quijada para ayudarlo. – Yo no sé lo que creo ya. No puedo decirte que está bien asesinar, o que tienes razón. No lo sé. Tengo miedo de perderte y tengo miedo de que me odies. Creo que esta no es la manera, pero no puedo detenerte.

–Nadie puede detenerme. Sólo puedes estar a mi lado o no estarlo. – le dijo sincero, observó sus ojos y apoyó su frente contra la del rubio. –Yo quiero que estés a mi lado.

– Lo estoy. – suspiró, pensando que estaba loco. No podía manejar algo así, ¿acaso no lo convertía en su cómplice? Pero no podía perder a Ashram. Quería creer en él.

–Daniel… sé que crees lo mismo que ellos, que estoy enfermo. ¿Verdad? – le preguntó, ya que se sentía mucho más confiado que nunca en su realidad tras conocer a Abaddon.

– No creo que estés enfermo. Creo que quieres salvar a esos niños. Pero no creo que sea la manera, ya te lo dije. – le aclaró, bajando las manos a sus hombros como si necesitase permanecer en contacto con él. – Creo que tal vez ese chico necesita ayuda. Tal vez le han lavado el cerebro, no lo sé.

–Le han lavado el cerebro… ¿Por qué dices eso? Tiene razón, son ángeles. No lo comprendéis, no podéis verlo.

– No, no puedo. Ashram, si realmente puede verlos, ¿no sería más prudente llamar a la policía? Tal vez no le crean, pero una vez que lleguen allí... Y ¿quién los está matando? ¿Por qué no detienen a esa persona?

–No lo sabe, sólo lo ve en ocasiones y a veces es demasiado tarde. Esa es la parte que no le creo… – suspiró y rozó su nariz con la del rubio. –No lo entiendes, la policía… no le haría caso, lo encerraría, lo trataría de forma insoportable. No creas que las cosas se hacen como ves en las películas, o como humanamente piensas que es correcto, Daniel. Mucho menos cuando hay algo tan importante en juego. En esta clase de situaciones… suele estar implicada demasiada gente poderosa.

El chico bajó el rostro, sin despegarse de Ashram. – No quiero enfadarte, pero me pone nervioso. ¿Y si te está utilizando? ¿Por qué no me lo presentas? No es como que pueda acusarlo de todas maneras... – sonrió, pensando en que no vería su rostro.

–No, le he prohibido acercarse a ti. Le dije que lo mataría si se acercaba, y lo haré. – alzó la vista a sus ojos pálidos. –Me esté utilizando o no, no hago algo que para mí sea incorrecto, y él es el único que me ha comprendido.

– ¿El único? – suspiró, intentando comprender. No podía evitar sentirse algo celoso, pero tampoco podía decirle que aquello estaba bien. – Ten cuidado. Yo estaré contigo, suceda lo que suceda.

–Sí, él es el único que ve que tú eres un ángel, los demás sólo pensáis que son cosas mías.

Daniel sonrió sin poder evitarlo, aunque seguía preguntándose si no le estaba haciendo daño a Ashram. – Te amo demasiado... Estuve trabajando en tu escultura, la del ángel. Aún no está lista.

–No quiero verla hasta que esté acabada. No me gusta que vean mis dibujos hasta que ya los he terminado. – le besó los labios con suavidad y se levantó, sujetándole las manos. –Vamos…

– ¿Me envías a dormir de nuevo? – protestó sonriendo, poniéndose de pie y dejándose llevar. – Cuando vivamos juntos... ¿me harás dormir todo el tiempo?

–No…– contestó confundido. –Iba a llevarte al tejado… para que puedas sentir el viento.

– Oh... – contestó sorprendido, riéndose luego. – Lo siento... No me hagas caso. Vamos al tejado. Hace tiempo que no subo.

–Vale… – Ashram lo llevó hacia la puerta, aunque el no habría elegido ese camino de ir solo. –Me hace sentirme libre…

– A mí también... – sonrió el chico, apretando su mano.


............

–Por Satanás... – el rubio exhaló, dejándose caer en la cama, molesto, golpeando el colchón. – ¿Qué más quiere de mí?

– No lo subestimes…– Dante le pasó la mano por el cabello como si fuese un animalito. –Es un demonio, y el que sea de menor rango no lo hace menos inteligente, a pesar de… su terrible aspecto. ¿Debí decir deplorable?

– Se cortó el cabello. – contestó, sonriendo un poco y observándolo. – ¿Qué piensas de mí? ¿Soy tan irresistible y seductor como siempre? ¿Te convencería a ti?

–Yo ya soy un convencido…– el moreno observó su sonrisa y se recostó en la cama. –Pero no pretendas poder jugar con él de ese modo. Estoy seguro de que es un reprimido…

– Lo sé, con él debo ser todo un angelito... – se sentó poniendo cara de inocencia. – No sé qué hacía allí. Aún no quería matar a este y me costó mi “ofrenda.”

–Pobrecillo… podemos llamar a alguien si lo quieres… para divertirnos un rato. Sabes que hay quien se muere por ello…– se apoyó en un codo y lo observó.

–Tal vez, suena bien... – sonrió de manera nada angelical ahora. – Pero lo cierto es que también pensaba en esos dos. Debieron quedar a mis pies. ¿Hice algo mal? Imposible... – lo miró serio, pero volviendo a sonreír enseguida. – Aunque creo que el detective me miró el trasero.

–Pues si el detective hizo eso, ya sabes entonces por qué el siquiatra te odia…– se rió ruidosamente, y cogió su celular para mandar un mensaje y no tener que molestarse en una tediosa conversación.

– Sigo deseando seducir al detective. – se rió, alzándose y tirándose encima del moreno. – ¿Qué opinas tú de mi actuación?

–Creo que no tuviste muchas más oportunidades con su pareja allí. Debí bajar a hablar con él, pero el detective tuvo que meter sus narices en dónde no debía y no pude distraerlo para ti…– se rió entre dientes. – Deberías haber visto su cara al verme… parecía un… perro con el rabo entre las piernas.

–Por supuesto, cualquiera se sentiría intimidado ante ti. Cualquiera que no sea yo... – le deslizó la camisa por el hombro, colocando sus labios contra aquella vieja cicatriz que él mismo había provocado. – ¿Creían que nos podían engañar así?

–Creo que sí, tal vez incluso se fueron convencidos de haberlo conseguido. No, creo que sabían de nuestro juego, pero al menos deberían haber buscado un lugar más discreto desde el cual espiarnos. – le acarició la nuca, pensativo. –Encontraremos el modo de darte tu momento con el detective, me interesa mucho… que puedas manejarlo.

– Podré, lo dejaré a mis pies. – se rió convencido, y recostándose contra él como si fuese un niño pequeño. – Tal vez incluso quiera protegerme. Si se entera de algo... No podrá acusarme.

–Ponlo entre la espada y la pared. – le indicó el moreno. –Tú sabrás como hacerlo, sé creativo, busca lo que desea y no puede obtener y conviértete en el único capaz de otorgárselo…– hizo un ligero ruido al acomodarse sobre él, enterrándolo bajo su cuerpo mientras lo besaba. Cerró la mano sobre su camiseta y la sujetó a su vez con los dientes. Partiéndola y besando su pecho después violentamente por el roto en la misma.

– Sí... lo que más desea... – jadeó pensativo, sonriendo. Después de todo, su amante era su siquiatra, claramente no estaba bien de la cabeza. Sujetó al moreno por los hombros con violencia, arañándolo antes de besarlo apasionadamente.

La puerta sonó un momento y un chico entró en la sala. Observándolos tímidamente a pesar de que ya sabía a lo que había ido y sus ansias eran grandes. –Aquí estoy…– susurró serio.

–Acércate…– le ordenó Dante, sentándose un poco, pues deseaba verlo bien antes de nada.

Damian se sentó también, poniendo aquella expresión angelical de nuevo. – Acércate, no me digas que me tienes miedo...

–No tengo miedo, estoy preparado…– se aproximó por completo y se quitó la ropa sin más dilación.

Dante se levantó, haciéndolo dar un paso atrás a pesar de que trataba de verse decidido. –No tiene miedo…– dijo el moreno que lo examinaba como si se tratase de una res. Esbozando una sonrisa torcida en el rostro y susurrando en su oído. –Deberías tenerlo…

– Está bien, lo prefiero así... – sonrió de nuevo Damian, poniéndose de pie ya, abrazando el cuello del chico, besándolo sin poder, ni querer evitar, morderlo un poco.

El chico protestó, aún así apoyando sus manos en el cuerpo del rubio que llevaba la camiseta echa jirones. No le importaba, había tenido que pasar mucho más que eso para poder tocar a Damian. Sonrió a pesar de que desde sus labios corría sangre.

Dante se puso a la espalda del rubio, desnudándolo cuidadosamente y besándole la nuca mientras tanto.

Este dejó escapar un gemido, sujetando una mano del chico y sonriéndole, haciendo que la bajase hasta su entrepierna, acercándolo a su cuerpo con la otra, escuchándolo gemir mientras deslizaba la lengua por su cuello.

Él tembló nervioso, sonriendo aún más y acariciando su sexo deseoso. Se arrodilló en el suelo y comenzó a besar su sexo, lamiéndolo y succionándolo sin atreverse a alzar la vista por más que desease observar sus ojos.

Dante alzó al chico en brazos, sujetando sus piernas bien abiertas ante su esclavo. Ofreciéndole las partes más íntimas de su cuerpo para que se perdiese en ellas. Parecía devorarlo deseoso, cada milímetro de piel. Le daban ganas de matarlo y apretó sus grandes manos en los muslos de Abaddon.

– Ah... – el rubio gimió, riendo un poco ante la manera en la que lo devoraba y el rostro que seguramente debía tener el moreno. Subió una de sus manos para sujetarse a él, mientras que la otra empujaba la cabeza del chico aún más entre sus piernas.

–Sujétalo – le hablo el moreno hoscamente al chico, que agachado, alzó las manos para aguantar sus piernas mientras aún Dante lo sujetaba con un brazo sin fiarse de él.

Se abrió el pantalón y deslizó su sexo bajo el cuerpo del rubio, empujándolo en la boca del chico sin ningún cuidado para con él ni consigo mismo. Sintió como sus dientes lo arañaban al estar comprimido contra el de Damian, pero aquello lo incentivaba. –Si le haces la más mínima marca, tendré que arrancarte los dientes hasta que sepas como usarlos…– le advirtió.

– Pero... hazlo con fuerza. – jadeó Damian tentándolo, completamente excitado al sentir el sexo de Dante contra el suyo, la lengua del chico moviéndose entre los mismos. – Adramelek...

Dante empujó al chico lejos del rubio, pisándole el pecho sin poner cuidado alguno y tirándolo contra el suelo a su espalda. Bajó su mano por la espalda de Damian hasta su cuello y le hizo apoyar las manos en su esclavo para que no tocase el suelo. Alzó sus caderas con las manos hasta que sólo las puntas de los dedos de sus pies tocaban el suelo y entonces lo penetró por completo. Sus embistes eran profundos y saciantes. Lo llenaba por completo, chocaba contra el interior de su cuerpo, empujándolo sin contenerse.

Damian jadeaba y gemía salvajemente, sujetándose con fuerza al chico, mirándolo a los ojos, apretando sus uñas cada vez más en su piel. El mismo lanzó un grito de dolor, alzándose un poco como reacción, pero el rubio lo empujó de nuevo contra el suelo, sujetando su cuello ahora.

–Ahora ya sabes… como es estar en el infierno, chico… – Dante esbozó una sonrisa con la respiración pesada. Sus manos sujetando las caderas de Damian con fuerza y tomando su sexo con una de sus manos, apretándolo tanto que podía sentir el flujo de su sangre entorpecido por ella.

El extraño sujetó sus manos a los hombros del rubio, apretando sus dedos para soportar el dolor. Una de sus uñas rozó la piel del chico, rasgándola levemente. El terror se dibujó en sus ojos cuando vio la mirada de Dante dirigirse hacia allí.

Su mirada era la de un loco, un monstruo. Sujetó su mano y la apretó, apartándola del rubio y haciendo estallar todos sus dedos, estrujándolos hasta romperlos. Los alaridos del chico eran terribles. Pero lo merecía. Lo soltó para poder tomar a Damian de nuevo, empujándolo sobre él por completo y haciéndoselo ahora de forma mucho más salvaje, penetrándolo a su espalda como si no hubiera nada más. Sus manos sujetando su cuello y apretándolo al borde de la asfixia –Hazle pagar…– susurró en su oído, estrujando su cabello con una mano ahora y bajando la otra para retomar su sexo y llevarlo al límite.

Los labios del rubio entreabiertos, buscando el aire, excitado, su sexo pulsando con furia. – ¿Aún... me deseahs...? Soy... ¡ah!... Soy... Abaddon, el destructor... – jadeó sin apartar su mirada de la piel del chico, que jadeaba también, aterrorizado. Le mordió el cuello sin compasión, escuchándolo gritar, la sangre manando dentro de la boca del rubio, resbalando por sus labios y su cuello.

– ¡Ah! ¡Te deseo!... – el chico se abrazó a él con todo su cuerpo, dejándose morder de aquel modo tanto como quisiera. Daría su vida por él.

– ¡Destrózalo! – Dante apretó su cuello con la mano, podía rodearlo tan sólo con una y apretaba firmemente. Su sexo resbalaba dentro de Damian, empapado en los fluidos de ambos, hinchándose aún más a punto de derramarse.

El rubio gruñó, su cuerpo perlado en sudor, arrancándole la piel del cuello, la sangre mojándole el rostro, a pesar de que el chico gemía entre el placer y el dolor. A cualquiera de ellos le encantaría morir en sus manos. Bajó un poco más por su brazo, clavando los dientes en él, tragando su sangre y su carne, sintiéndose sumamente poderoso, extasiado.

Dante entrecerró los ojos, se apartó de él y lo tiró al suelo. Lo apartó del chico aquel a pesar de que sabía que eso le enfurecía al igual que detuviesen su placer. Su sexo se apretaba contra las piernas del chico mientras trataba de reducirlo.

– ¡Adra... melek! – protestó el rubio, golpeándolo, su pecho completamente agitado, manchado de aquella sangre que bajaba desde su quijada.

El moreno, insensible ante sus golpes, sujetaba sus piernas, abriéndolas para penetrarlo de nuevo. Respiraba salvajemente y lo abrazó con fuerza suficiente como para partirle la espalda mientras lo besaba abruptamente. Sentía sus dientes cortar su lengua y sus labios. Aquello era mejor que nada. Sus uñas le destrozaban la espalda y se clavaban en sus nalgas. –Abaddon… libérate…

El chico gemía y gruñía como un demente, revolviéndose entre sus brazos, haciéndole daño para poder liberarse. Aquello sólo lo alentaba más, sólo lo excitaba más. El orgasmo llegó con fuerza, haciéndolo estremecerse y mojándolos a ambos. Sentía que iba a morir y a la vez, que podía hacer cualquier cosa. Nada estaba lejos de su alcance.

Dante rugió contra sus labios, derramándose dentro de su cuerpo y haciéndoselo aún brutalmente hasta que su cuerpo de calmó y la lucha del rubio se detuvo. Entonces sólo quedó el silencio de sus jadeos y el olor de la sangre en la oscuridad.

– Adramelek... –sujetó su rostro, apartándole el cabello del mismo, jadeando. Sonrió casi con ternura, besándolo salvajemente de nuevo. – “Nadie se compara a ti.”

–Por supuesto que no…– lo levantó del suelo con cuidado y regresó con él a la cama. Recostándolo y examinando su hombro. Lamiendo su corte para verlo con claridad. –Maldito inútil. – se quejó, rozando la herida con su dedo.

–No es nada. Ya lo ha pagado. – se rió, como si fuese tan sólo una travesura. Estaba seguro de que el chico lo consideraba un honor, justo como debería de ser.

–Llamaré para que vengan a buscarlo. Sus quejidos me están sacando de mis casillas…– murmuró cogiendo el teléfono para mandar un mensaje de nuevo. Se recostó mejor y deslizó los dedos por su cuerpo. – ¿Habrán encontrado ya su regalo?

– Quisiera poder ver sus rostros... – sonrió, realmente deseándolo. Estaba seguro de que esa relación no duraría mucho. – Si Ashram no hubiese aparecido, habría sido una obra maestra. Pero esto servirá.

–Tranquilo, funcionará…– lo calmó el moreno, recostándose entre las sábanas y sujetando uno de sus muslos para ponerlo sobre su cuerpo. –Duerme… mañana necesitas verte perfecto.

–Estaba pensando, podríamos hacer otra sesión, esta vez con alas de demonio. Ya que me dijeron que no lo parezco lo suficiente... – se rió, recogiéndose de lado como si fuese un niño pequeño, sin prestarle atención a los quejidos de aquel chico. Una vez pasada la diversión, le tenía sin cuidado.

–Cierto… pareces un ángel, pero eso es lo que queremos que parezcas, déjame ver. Lois debía hacer un posado de unos jeans, tal vez te lo dé a ti. ¿Qué te parece si usamos un poco de imaginación y te ponemos el cabello negro y los ojos rojos? Sólo para las fotos, desde luego. Creo que a Ashram le gustará ver eso.

– Será un regalo perfecto. – volvió a reírse, girando un poco el rostro para observarlo. – Siempre me complaces, Dante.

–Porque te amo…

El rubio se quedó observándolo, una vez más complacido. Le tocó los labios, jugando y deslizando sus dedos dentro de la boca del moreno. – Adramelek...

El moreno los lamió dedicadamente y entrecerró los ojos mientras sentía como se deslizaban fuera de su boca. Lo besó abruptamente y subió las sábanas por su cuerpo mientras entraban para hacerse cargo del chico que yacía en el suelo.


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