.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 57
Stay by My Side

Tarde, Casa de los Adler.
Sábado 6 de Junio

– Gracias por acompañarme a la Universidad. Sé que hoy no tenías clase. – Daniel sonrió, sujetándose de Ashram mientras caminaban hacia su casa. – ¿Estás cansado?

–Estoy bien. – le aclaró el moreno. Sujetando su mano con el otro brazo y observándolo de soslayo. –Ayer no tuve ninguna pesadilla. – le explicó, mirando al suelo un momento y alzando la vista de nuevo.

– Me alegro, dormiste profundamente. Te escuché respirar. – Le explicó, aún sonriendo de aquella manera. Seguía preocupado por él, pero no quería presionarlo.

–No puedes decirle nada a mi hermano…– le dijo Ashram, que imaginaba en lo que estaba pensando por su cara.

– No iba a hacerlo, confía en mí. – se puso serio, deslizando un poco su brazo para aflojar el agarre.

–Confío en ti, por eso te lo he contado. – lo miró fijamente y luego se detuvo, abrazándolo. – ¿Por qué ya no sonríes?

–Porque siento que no me crees. Piensas que te traicionaré a pesar de mi promesa. No se puede confiar a medias, Ashram. – le explicó, suspirando.

–Te creo, es sólo que no quiero que te equivoques. – le explicó sinceramente. Alzó su rostro un poco con las manos para mirar sus ojos, pensando que ojalá pudiera verlo.

– No lo haré, sé lo que es. Sabes que tengo miedo, pero no te traicionaré. Créeme. – le pidió, colocando sus manos sobre las del moreno, acariciándolas. Sonrió un poco, consciente de que observaba su rostro. – ¿Son estos los ojos de alguien que miente? Es broma.

–No lo son. – Ashram lo aproximó hacia él y lo abrazó de nuevo. –Tus ojos tienen expresión, aunque estén ciegos.

–Ashram... – lo apretó contra sí, conmovido. ¿Realmente podría ver algo así?– Te quiero.

–Yo te quiero a ti. – le acarició el cabello, aproximándolo más y pensando que debía protegerlo. Deseaba ver a Abaddon de nuevo para preguntarle cosas. Demasiadas habían quedado sin respuesta. –Vamos… – le dijo, caminando hacia la casa. Adan ya había llegado, pues su coche estaba allí.

El rubio se dejó llevar en silencio, sin soltar su brazo ahora, escuchando abrirse la puerta.

– Ashram... vienes con Daniel. Hola, Daniel. – lo saludó Aki, tomando su mano libre y estrechándosela para que supiera que estaba allí, como si no bastase con escucharlo. –Mejor...

– ¿Mejor? – preguntó Ashram, de pronto preocupándose innecesariamente. Un tanto paranoico en realidad. De hecho estaba esperando a que el detective regresase a preguntarle de nuevo.

–Hola. – Adan los saludó también, aunque sin levantarse del sillón donde se había sentado hacía sólo unos minutos.

–Hola. Disculpad si... – empezó el chico que había sentido cierta tensión incomprensible en el ambiente.

– No, no, nada de disculpas. Sentaos. Queremos hablar con vosotros. – Aki lo acercó con suavidad hacia el sofá, llevándose a Ashram como premio y sonriéndole. –Es algo bueno.

–Vale. – el moreno se sentó al lado de Daniel y le sujetó la mano con las suyas, esperando.

Adan se inclinó un poco hacia delante. –Daniel, no queremos que te sientas presionado ni nada por el estilo. En realidad ya habíamos pensado alguna vez en esto, para darle más intimidad a Ashram. – mintió ligeramente el moreno, precisamente para no presionarlo.

– ¿De qué estáis hablando? Me siento un poco acechado... – sonrió el chico bromeando, aunque sí se ponía nervioso.

– No... Es sólo que Ashram me habló de vuestra situación. Acerca de vivir juntos.

Daniel negó con la cabeza, interrumpiendo a pesar de que se sentía descortés. – No tienen que hacer eso. No quiero imponerme. No es fácil vivir así. Lo es para mí, pero...

–Escucha, Daniel. No se trata de tomar una decisión ahora, si no de saber que puedes tomarla cuando lo desees. La situación es difícil. La de ambos, pero más la de Ashram. – Adan lo interrumpió de vuelta. –Vamos a mudarnos, hemos encontrado una casa que tiene una pequeña casita adosada. No es muy grande, pero creemos que será suficiente… – miró a Ashram para ver qué opinaba.

El moreno que miraba al suelo, lo observó porque notaba su mirada. Bajó la vista de nuevo, porque se sentía aún más culpable por hacer lo que hacía si se portaban de ese modo con él.

Adan miró a Aki, preguntándose si se habrían equivocado.

Aki negó con la cabeza, sujetando la mano libre de Daniel nuevamente. – No tienes que aceptar, pero queremos que sepas que no es un problema. No te estás imponiendo, ni estaremos haciendo un sacrificio terrible. Así que si es por eso, no te preocupes.

– Yo... no puedo creerlo. – el rubio bajó la cabeza, confundido, cerrando los ojos. –No puedo creerlo... Que hagan algo así...

–Nosotros queremos que Ashram tenga una vida lo más normal y feliz posible. Y el dinero no es un problema, cómo ya imaginarás…– Adan suspiró levemente, aliviado de ver que no había sido un error. – ¿Te parece bien, Ashram? – preguntó aún nervioso por su actitud. Carraspeando ligeramente.

–Sí. – el moreno lo miró un momento y se apoyó en Daniel, tapándose la cara con su mano.

– No... – sonrió el chico, sintiendo que le bajaban lágrimas por las mejillas también, abrazando al moreno contra sí. –No sé qué decir...

– Me conformo con un “Gracias, Adan.” – sonrió Aki, sintiendo deseos de llorar al verlos así de contentos. Por otra parte, dando crédito a quien se lo merecía.

Ashram negó con la cabeza, porque no podía hablar sin mostrarse afectado y Adan se levantó, sonriendo levemente y pasándole la mano por el cabello, ofreciéndole después su mano a Aki. –Vamos… a dar una vuelta, volveremos luego.

– Sí, traeremos pastel. – sonrió, sujetando la mano de Adan para ponerse de pie.

– Gracias... –murmuró el rubio, alzando un poco el rostro, aunque sin soltar a Ashram, casi cubriéndolo. – Gracias.

Adan se llevó al pelirrojo con él por la cintura, y Ashram aprovechó para abrazarse mejor a Daniel, llorando en silencio y besándolo, aunque no comprendía muy bien si debía hacerlo mientras lloraba.

Daniel lo besó de vuelta, sujetando su rostro, sonriendo, con la cara tan mojada como el moreno. – Te lo dije, que habría una manera. Tu familia es... Ellos son ángeles, Ashram.

–No lo son, sólo son buenas personas…– se separó un poco, porque ahora ya nadie lo vería llorar y se secó con la camiseta, pasándole la mano por la cara al rubio también. Quitándose los guantes para sentir sus lágrimas en la piel. –Odio estarles ocultando eso.

– No lo hagas. Ya no tendrás que escaparte. Una vez que nos mudemos. – comprendió de pronto, sonriendo aún y recostándose contra el sofá ya que se había quedado tenso.

Ashram lo miró, suspirando y tocando sus labios. –Buscaré el modo de detener esto. Te lo prometo.

– Por favor. – le pidió el chico, su sonrisa desvaneciéndose ante la preocupación, a la vez que sujetaba su mano.

–Lo buscaré, hablaré con él. Creo… que algo va mal…– alzó un poco una ceja. Deseaba hablar con él, explicarle sus conjeturas.

– ¿Qué quieres decir? – giró su rostro en la dirección de su voz. – Ten cuidado, Ashram.

–Creo que… – renegó, reacio a pensar eso. – ¿Cómo sabe él quien los mató? Y si lo sabe… ¿Por qué no los detiene antes de que lo hagan? Él sabe, sabe quienes son los ángeles… – su corazón retumbó en el pecho. No porque no lo hubiera pensado por la noche, si no porque al decirlo se sentía mucho más real.

– Ashram, no me gusta. ¿Por qué tienes que verlo de nuevo? ¿Estás seguro de que no puedes hablar con la policía?

–Sí, lo haré cuando sepa lo que está pasando, y tú… No puedo dejarte sólo. – dijo agobiado. –Necesito ver a su compañero. – murmuró. Seguro de que él lo enviaba. No tenía sentido de otro modo.

–No lo harás, regresarás conmigo. – se enderezó de pronto, poniéndose serio. – Quisiera ir contigo. Dios.

–No puedes, nadie puede ir conmigo. – lo miró a los ojos, observando su seriedad. –E iré, tengo que ir.

Daniel negó con su cabeza. – Tengo miedo. – suspiró, bajando la cabeza de nuevo. – Te has vuelto parte de mi vida. Ni siquiera conoces a mi familia aún.

–La conoceré cuando tú quieras. – le aseguró, acariciando su mano suavemente. –Y no diré nada extraño. – le aseguró.

– No me importa eso. Mi madre dirá algo extraño, eso es seguro. – se rió, apretando su mano. – Pero quiero poder presentártela y quiero mudarme contigo. Por eso debes tener cuidado. – le pidió, sintiendo que le dolía el pecho.

–Daniel…– Ashram bajó la cara ligeramente. –Lo tendré, todo era más fácil cuando no me importaba nada. Quería estar muerto…

–Pero no lo estás, ahora estás conmigo. Y no quiero escuchar algo así nunca. Todos te quieren tanto, Ashram... No sólo yo. – sonrió, extendiendo sus manos para sentir su rostro. – Quiero darte algo.

–Ya te tengo a ti. – le rozó los brazos con las manos, acercándose un poco más a él.

–Algo que te proteja. Yo no soy suficiente. – sonrió, acariciándolo.

–Tú me proteges. Sin ti no querría estar vivo.

– Te quiero. No hables así. Yo no te dejaré jamás.

– No…– Ashram sintió que le dolía sólo de imaginárselo, y lo abrazó de nuevo. – ¿Cuándo veremos a tu familia? ¿Son muchos?

–No. – negó con la cabeza. – Sólo mi padre y mi madre, no tengo hermanos. Aunque siempre quise.

–Pero tienes a los míos…– le consoló, aunque no estaba seguro de que fuese comparable.

– Está bien. No me pongo triste... – sonrió, amándolo completamente en ese momento. – Tus hermanos son increíbles. Nunca había conocido a personas así.

–No me dices cuando veremos a tu familia…

– Hagámoslo el próximo fin de semana. Los invitaré y les explicaré todo. No, mejor se lo explico por teléfono. – sonrió, pensando en realidad, que no quería que su madre se exaltase frente a Ashram. Era mejor manejar eso en privado primero.

– ¿Tienes miedo de que tu madre se enfade? – preguntó, aunque estaba seguro de ello. Es más, probablemente su madre estaría en desacuerdo. –Si a tu madre no le gusto… No me dejes…

–No pienso hacerlo. Mi madre se enfada por todo. –sonrió, negando con la cabeza. – No soy así, Ashram, ya deberías saberlo. Sé que es natural que se asuste, pero mis decisiones las tomo yo.

–Lo sé, pero también es natural que yo me preocupe. – le dijo en su defensa, sujetando su mano y acariciándosela un poco. –Ya no te dibujaré en la pared de mi cuarto. Mejor en nuestra nueva casa.

El rubio sonrió un poco más. – Está bien. Y yo me esforzaré aún más en el ángel. Así podrá estar junto a la flor que me regalaste.

–Sí. – Ashram le besó la mano y se acarició los labios con sus dedos. –Tendremos que llevarnos el rosal… o morirá.

– No morirá, crecerá hermoso. Dios, me siento como si me fuera a casar o algo... – se rió, enrojeciendo un poco con tantos planes. – Me va a llevar algo de tiempo acostumbrarme a la nueva casa. Espero que tengas paciencia.

–Tengo mucha paciencia. – le aseguró, sonriendo levemente. –Yo no quiero ser la novia…

Daniel parpadeó confundido, echándose a reír luego. – Claro que no... Lo decía por los planes, nadie va a ser la novia.

–Era una broma…– le dio unas palmaditas en la mano, sonriendo aún y olvidándose de lo demás.

– Te amo. – contestó con una voz llena de alegría, llevándose su mano a su pecho. – No sé cómo se lo voy a agradecer.

–Quedándote a mi lado. – le aseguró, sonriendo aún levemente. –Sólo eso.


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