Capítulo
56
Something’s Cooking
Mañana, coche de Kaigan
Sábado 6 de Junio
El albino continuaba conduciendo en silencio, siguiendo las indicaciones
de Adamo. Ya habían sostenido una de aquellas extrañas
luchas antes, acerca de quien llevaba a quien, pero esto le parecía
lo más aconsejable. – ¿Lograste dormir algo
anoche?
–No mucho. – murmuró, hundiéndose un
poco más en el asiento y cruzando los brazos. –Podrías
haberte vestido un poco más informal, pareces un poli. –
le dijo, en parte para molestarlo, sonriendo ligeramente sin abrir
los ojos.
– Es mi manera de vestir. Creí que te desilusionaba
de otra manera. – sonrió ligeramente, de todas maneras
insistiendo. – Además, no llevo traje. Aún así
voy en calidad de siquiatra.
–No, vas en calidad de mi pareja y tenemos muchos problemas
en nuestra relación. – lo miró de soslayo, aún
sonriendo. –Iluso… No creerías que iba a entrar
ahí mostrando mi placa.
– Creí que era una investigación oficial. –
le contestó, enrojeciendo un poco y carraspeando, aunque
consiguiendo mantenerse en control. – Entonces no me cortaré
a la hora de enumerar nuestros problemas. Todo sea por el profesionalismo.
– bromeó luego, mirándolo de soslayo.
–Muy bien, yo haré lo mismo. Evaluaré lo mucho
que me toca los cojones cada cosa que digas y diré una equivalente.
– sonrió también y le apoyó una mano
en la pierna, cerrando los ojos de nuevo. –Me aseguraré
de decirles lo mal que me encontraba ayer mientras tú te
relajabas en la bañera ignorándome.
– A pesar de que te invité y te negaste... Necesitabas
dormir más que nada. – contestó, aparentemente
tranquilo.
–Si hubiera querido dormir solo, me habría ido a
mi casa…– alzó una ceja a pesar de que seguía
sin mirarlo. Se subió un poco las gafas por el puente de
la nariz y se golpeó el pecho con los dedos, jugando.
Kaigan se desvió a un lado del camino, deteniendo el coche
de pronto y observándolo. – ¿Hablas en serio?
¿Por qué no me dijiste nada anoche?
– ¿Qué haces? Ahg… no hagas eso…–
se tapó la cara con la mano sin mirarlo.
– ¿El qué? ¿Preocuparme por ti? ¿Preguntarte
cómo te sientes? ¿Realmente crees que voy a discutir
esto delante de un extraño al que nunca antes he visto y
que tal vez sea un asesino? – suspiró, pensando que
aquello no era justo, pero realmente lo había alterado. –
Anoche, estabas estresado, molesto, cansado. Quise darte algo de
espacio, sólo fueron unos minutos.
–Oh… vamos, no pasa nada. Bromeaba…– cruzó
los brazos de nuevo, suspirando e inclinando la cabeza hacia atrás.
–No voy a decirles nada de eso.
–No bromeabas. Puedo notar cuando estás siendo pasivo
agresivo. – suspiró, echando el coche a andar de nuevo
ya que no quería sincerarse.
–Vale, no bromeaba, quería que vinieras conmigo.
¿Y qué?... – suspiró ligeramente y lo
miró de soslayo. –No tienes que ser tan sentido.
– No tengo que serlo... –cortó la frase, conduciendo
en silencio por unos minutos. – A veces no estoy seguro de
lo que hago. No soy objetivo.
– ¿Y qué? Eres humano y las relaciones son
complicadas, deja de comerte el tarro con esto. – lo miró
y se apoyó en su asiento, mirándolo. –Hay cosas
más importantes.
– No. Creo que no estoy listo para hablar de esto aún.
– suspiró, apretando un poco el volante, sintiéndose
demasiado alterado como para ser normal. Era una estupidez, se estaba
comportando como un chiquillo.
–Kaigan, para el coche, iré yo solo.
– Es mi coche, no vas a ir caminando. – se resistió,
deseando por primera vez desde aquel día darle otro puñetazo.
Drago sólo hizo una seña con la mano, como dándolo
por imposible y se pasó la mano por el cabello, mientras
Kaigan continuaba conduciendo en silencio, intentando tranquilizarse.
El moreno observó como llegaban a un desvío en las
afueras y un gran complejo a la vista para gente adinerada estaba
edificado frente a ellos.
Desde allí ya podía verse la gran explanada de hierba
cuidada, una piscina, canchas de tenis y muchas habitaciones. Costaba
imaginarse que esas personas tuvieran problemas de algún
tipo.
Se bajó el coche, suspirando y cogiendo un cigarro, echando
un vistazo a la gente que pasaba por el jardín, incluso había
caras conocidas de la prensa amarillista.
Kaigan también se bajó, suspirando a su vez. Por
lo menos serían auténticos. Ahora se sentía
mucho más calmado de todas maneras. – ¿Pediste
alguna cita? ¿O sólo nos presentamos? – le preguntó,
haciendo el esfuerzo de romper el silencio.
–Nos presentamos…– le dio otra calada al cigarro
y lo dejó caer, pisándolo en el suelo antes de dirigirse
a la puerta. Estaba cerrada por dos guardias de seguridad, pero
eso no le extrañaba tanto teniendo en cuenta que aquello
estaba lleno de gente de dinero.
– ¿Tienen una cita? – preguntó uno de
ellos, muy educado, cogiendo una libreta para comprobarlo.
–No, hemos venido a verlo primero, para saber si nos gusta.
–Deben tener… disculpen. – el hombre se interrumpió
un momento al recibir una comunicación por el aparato que
llevaba en la oreja.
–Pueden pasar, esperen un momento aquí y ahora los
recibirán. – abrió la puerta, dándoles
paso a la entrada y la cerró de nuevo.
–Gracias…– contestó el moreno, fijándose
en las cámaras y preguntándose si eso era habitual
con toda la gente que se acercaba de ese modo.
Kaigan lo observó, sintiéndose incómodo.
Él no era ningún detective, pero eso le parecía
extraño. – “¿Nos veremos tan necesitados
de terapia?”– le preguntó, dándoselo a
entender.
– ¡Bienvenidos! – los saludó una mujer
que claramente era una anfitriona contratada, haciéndoles
señas para que se acercasen. – Tienen que firmar en
recepción antes de cualquier cosa.
–Claro…– el moreno suspiró levemente,
firmando con otro nombre y pasándole el papel al albino,
señalándole donde debía firmar sólo
para que se fijase en como se llamaba.
.............
–Baja. ¿Quieres? – le preguntó el moreno
en su cuarto al chico que estaba con él. Acabando el diseño
de un abrigo sin prestar en realidad mucha atención a lo
que ocurría allí abajo. Lo miró un momento
y sujetó su mano. – Sé muy amable.
– Lo haré. Lástima que no tenga uniforme médico.
– sonrió, inclinándose para besarlo apasionadamente,
antes de apartarse de él para bajar.
.......
Kaigan firmó bajo aquel nombre falso, sintiéndose
un poco nervioso. Alzó la vista, sorprendiéndose al
ver al chico que se acercaba. No comprendía el significado
de aquello.
–Buenos días…– el moreno le ofreció
su mano, notando que desde luego aquello era extraño. O tal
vez no y estaba dejándose llevar. El caso es que podía
reconocer a ese chico del anuncio frente a la clínica. Era
un modelo.
– Buenos días. – saludó el albino también,
por no verse descortés, inclinándose ligeramente sin
darse cuenta.
– Buenos días a ustedes y bienvenidos... – sonrió
amablemente el rubio, extendiendo su mano para estrechar las de
ambos hombres. – Me llamo Damian y formo parte del equipo
aquí. Me dijeron que les interesaba observar las instalaciones.
Estoy seguro de que serán de su agrado.
–Claro…– el moreno lo siguió sin poder
evitar pensar que ya le gustaba el recibimiento. Cosa que se calló
para sí. –Hemos notado que hay bastante gente de nombre
por aquí. ¿Es usted el dueño?
– No... –se rió como muestra de humildad, negando
con la cabeza. – Sólo soy la imagen por así
decirlo. Pero me agrada ayudar. Soy un creyente en la salud mental,
la paz, el bienestar... – miró a Kaigan de soslayo,
sonriendo, el albino permaneció en silencio, estudiándolo.
– las personas famosas vienen aquí porque les ofrecemos
privacidad. Por cierto, disculpen por lo de antes. Tenemos que asegurarnos
de que no sean reporteros. Ya hemos tenido algún problema
antes.
– ¿Y bien? Han sabido que no lo éramos sólo
con mirarnos por una cámara de vigilancia… eso sí
que es loable…– el moreno le sonrió, subiéndose
un poco las gafas.
Damian sonrió, aunque no era una sonrisa que viniera desde
su interior. – Supongo que usted no lo comprende. Cuando se
vive en este ambiente... se llegan a reconocer ciertas cosas. Creo
que conozco a casi todos los reporteros de este país. Y hay
ciertas actitudes que tienen, además. – se giró,
deteniéndose de pronto. – No se preocupe, si es reportero,
llamaré a seguridad. Tampoco es buena publicidad rechazar
a los clientes.
–Cierto. – Adamo le sonrió. –Tampoco
es necesario ponerse desagradable. – el moreno le tocó
la cintura con una mano. –Sólo quería estar
seguro de que realmente se tomaban la seguridad en serio. Y dígame…
¿Hay mucha gente aquí instalada?
– Disculpe, no quise sonar desagradable. Sólo quería
que me comprendiera. – negó con la cabeza, sonriendo.
– Y sí, tenemos muchos clientes. Pero no se preocupen,
hay mucha tranquilidad también. Y privacidad. ¿Son
una pareja, o me equivoco?
– No, no se equivoca... – contestó Kaigan, abriendo
la boca por fin, preguntándose si realmente era necesario
que Adamo lo sujetara por la cintura. Lastimosamente, allí
no bastaba con cerrar la persiana.
– No quiero inmiscuirme. Lo pregunté porque tenemos
varias actividades para parejas. Sauna privado, jacuzzi… Para
afianzar la unión. Puedo mostrarles los jardines. Son muy
relajantes. –le sonrió a Adamo, tocando ligeramente
su brazo.
–Claro, porque sobre todo necesitamos relajarnos. –
miró al albino de soslayo, tratando de pedirle que se tranquilizase.
Y luego siguió al rubio mientras les mostraba la zona exterior.
– ¿Me disculpáis un momento? Quédate
con él. Que te enseñe el jacuzzi…– le
pidió al albino. –Los baños están dentro,
¿Verdad?
– Sí... – Kaigan lo miró suspirando,
aunque suponía que por algo se lo pedía.
– Hay unos a la derecha de la recepción. – le
indicó el rubio, sospechando. –Pero... tenemos otros
baños.
– No lo conoce cuando se le mete algo en la cabeza. –
Kaigan lo sujetó del brazo con suavidad, pero de manera firme.
– Muéstreme el camino por favor.
............
Adamo se apresuró a entrar en el interior del edificio,
pasando por delante de los baños y atravesando la primera
puerta que encontró con el nombre de privado. Parecía
un archivo, comenzó a abrir cajones, buscando los nombres
de los anteriores asesinos allí. Nada, no había nada.
Cerró el cajón y lo abrió de nuevo, meneando
ligeramente la cabeza. Sí, de hecho había una carpeta
con el nombre del siquiatra allí dentro. Pero estaba vacía.
De los demás no había ni siquiera eso.
Se escondió al notar que alguien entraba, escuchó
el ruido de los cajones y cómo salía de nuevo. Se
levantó y abrió la puerta sólo para toparse
de frente con el pecho de un hombre.
– ¿Se ha perdido? – preguntó este con
una voz amable, aunque bastante ladina.
–Eso parece…– el moreno alzó la vista,
apartándose ligeramente y dirigiéndose a los baños,
girándose de soslayo y mirándolo de nuevo. Coincidiendo
con aquella mirada negra de nuevo y recibiendo otra sonrisa mientras
cerraba la puerta con llave.
..........
– Como verá tenemos muchos, y cada uno separado de
los demás. – le explicó el rubio, sonriendo,
preguntándose en dónde estaría ese detective,
pero decidiendo aprovechar. – ¿Llevan mucho tiempo
juntos? Hacen una pareja agradable.
– Algo... – lo miró el albino, sonriendo un
poco, notando lo que intentaba hacer. Pero le hacía falta
mucho para engañarlo así.
– Lo siento, sólo era curiosidad. No parecen tener
problemas en realidad.
– ¿Me he perdido mucho? – preguntó Drago,
que aún estaba un poco remecido por el susto que se había
dado con aquel encontronazo. –Me temo que me han llamado y
vamos a tener que irnos.
– ¿Tan pronto? Esperaba que pudiesen ver todo el
lugar... – protestó el rubio con cara de desilusión,
aunque sin perder la sonrisa. – Es una lástima... –
Le pasó la mano por la cintura al albino, aunque en realidad
mirada a Adamo, Kaigan apartándose de él.
– Es una lástima, pero esto es lo que sucede. Siempre
está tan ocupado... – se quejó, en realidad
encontrando aquello ligeramente divertido.
–Sí, lo siento. – Adamo le sonrió. Preguntándose
si esos dos estaban haciendo volar puñales o él se
los imaginaba. –Ha sido un placer. Estoy seguro de que volveremos
a vernos…
– No duden en volver. Les conseguiré la mejor habitación.
– entrelazó las manos, sonriendo, seguro de que a él
sí lo verían por lo menos.
– Vamos, estoy cansado. – Kaigan se abrazó al
detective, aunque algo en su cerebro le estaba diciendo que era
una actitud infantil, pero no podía evitarlo.
Adamo sonrió levemente y alzó una ceja estrechando
la mano del rubio. –Voy a creer que realmente son muy efectivos…–
le dijo, saliendo con el albino y pasándole la mano por los
hombros. Susurrando después. –El siquiatra estuvo aquí…
– ¿Cómo voluntario? ¿O como paciente?
– le susurró de vuelta, ya que no quería admitir
nada, lo único que sabía era que le había perdido
cualquier respeto a ese lugar de todas maneras.
–No lo sé, la carpeta estaba vacía y me encontré
con un tipo al salir del archivo…– se metió en
el coche y lo miró de soslayo mientras se ponía el
cinto en el asiento del conductor. –Ja.
– No sea infantil, detective. – le advirtió,
sentándose en el asiento del pasajero y sonriendo levemente.
No tenía caso. – ¿Alguien sospechoso?
– ¿Eso lo dice el que estaba marcando territorio
hace un momento? Muy maduro, sí…– le devolvió.
Desaparcando el coche y dirigiéndose a la casa de nuevo.
–No sé que decir, pero me trató cómo
si fuera un niño o algo así. – cogió
un cigarro con cara de mal genio. –Hay que joderse…
– Oh... así que no tiene que ver con el caso. –se
rió, liberándose un poco de la tensión anterior.
– Si mal no recuerdo fuiste tú quien empezó,
sujetando la cintura de ese chico sin motivo alguno. ¿O es
que suele tratar a todos los extraños de ese modo?
–Sólo a los que quiero que me hablen, estaba trabajando…
no seas…– se rió recordando el incidente con
la persiana. –Sólo porque sea guapo no cambia nada…
– No, claro, pero no te vi sujetar a Ashram así...
Claro que es un caso distinto. – suspiró, apartándose
el flequillo y deseando estar conduciendo él. – Ese
lugar no se sentía bien. ¿No lo crees?
–A mí no me disgustaba tanto. Pero ese tío
sí…– meneó un poco la cabeza. –Nunca
había visto a un hombre tan… grande. – dijo,
aunque la palabra era impresionante, pero no quería verse
extraño.
– ¿Un gigante? – el albino lo observó,
preguntándose por qué lo incomodaba tanto ese hombre.
– No eres psiquiatra, no lo comprendes. Esto... es como una
burla hacia mi profesión. Los problemas no se arreglan sentándose
en un jacuzzi.
Drago se rió. –Bien, pero tal vez eso sólo
sea una parte del tratamiento, probablemente ese chico trataba de
venderte lo más interesante antes de decirte. Oh sí,
y tendrá una tediosa hora de terapia diaria con uno de nuestros
apasionantes doctores.
– No hay nada de malo en la terapia. Por cierto, aún
no ha ido a su cita. No crea que no lo recuerdo. – exhaló,
mirando por la ventana. – No estoy muy seguro de que sea así.
Además, ese chico era demasiado amistoso como para que alguien
lo tomase en serio. Le garantizo que parte de la supuesta terapia
es entonar cánticos y mirar piedras de colores.
–Oh Dios…– el moreno se rió con el cigarro
entre los dientes. –Yo lo estaba tomando en serio, y creo
que tu problema no es con esa clínica, si no con ese chico.
Lo demonizas… Y no saques mi cita ahora para tener algo que
echarme en cara.
–No te lo echo en cara, es cierto. Ese fue el trato, detective.
– le sonrió, pensando que no comprendía nada.
Realmente detestaba ese tipo de lugares, que le llenasen el cerebro
a las personas con fantasías. Luego regresaban a casa y sus
problemas se multiplicaban. – Yo creo que estás pensando
demasiado en ese chico. ¿De verdad no te parece extraño
que un famoso modelo haya sido nuestro guía? Parece más
bien el tipo de persona que entraría allí como cliente.
–Puede que sea la imagen de la empresa tal y cómo
él mismo ha dicho, tampoco es tan extraño. Y no hemos
tenido el tiempo suficiente para evaluarla cómo para hacer
un juicio de la misma, Doctor.– el moreno lo miró de
soslayo y detuvo el coche en una arboleda. –Te diré
lo que creo, creo que ese lugar es… El lugar…–
lo miró a los ojos, serio. –Creo que nos vieron por
las cámaras de vigilancia y supieron perfectamente quienes
somos. Ellos jugaron y nosotros jugamos. Es lo justo, y creo que
en el archivo había una cámara, por eso me encontré
con ese hombre de frente al salir. Y puedo decirte algo más,
ese tipo, no era de seguridad. Me fijé en como cerraba con
llave la puerta, sus dedos estaban llenos de anillos enormes, que
seguramente juntos pueden comprar mi casa, mi coche y hasta mi culo…
– le explicó, incluso entusiasmado.
– Detective... – el albino se giró en su asiento,
asombrado, sonriendo luego. – Por supuesto que tendría
esas capacidades de observación. Es usted sorprendente...
– suspiró. – Creo que tienes razón, y
sé que me dirás que estoy obsesionado, pero aún
así, ese chico me pareció demasiado amistoso. Y tuve
la impresión de que intentaba sacarme información
acerca de nosotros.
–Creo que intentaba ponerte de los nervios. Y al chaval
se le daba bien, todo hay que decirlo.
– No lo consiguió, así que... no. – exhaló
un poco exasperado a pesar de todo. – Regresando al tema,
¿qué piensas hacer? Ahora que saben que los investigas,
tal vez cambien de método, ¿no?
–Tal vez, no lo sé. Pero sin pruebas y sólo
por mis corazonadas no puedo pedir una orden de registro. Mucho
menos aportar una prueba que conseguí de manera ilegal. De
momento trataré de averiguar más sobre ellos. No puedo
hacer mucho más. – suspiró con fuerza y cogió
un cigarro. –Mañana es el día…
– ¿Qué día? –preguntó intrigado,
recordando entonces. – Otro niño morirá... No
sé qué podemos hacer. Aún si los vigilase a
ellos, el asesino probablemente no estará allí en
estos momentos. – empezó a plantearse, deseando poder
ayudarlo. Ahora comprendía por qué había estado
tan tenso la noche anterior. De nuevo se le acababa el tiempo.
–Pasaré la noche en el coche, buscaré un lugar
apartado desde donde pueda ver el movimiento del lugar. –
le explicó. –Pero eso no servirá de mucho si
el asesino ya lo tiene pactado. Puede que no parta de allí.
Lo más probable es que no. Pero no puedo hacer nada más.
– lo miró a los ojos, sintiéndose inútil
e incompetente de nuevo. Apartó la mirada y se hundió
un poco en el asiento, mirando hacia los árboles.
Kaigan extendió su mano, tocando el hombro del moreno con
suavidad. – Haces lo que puedes. Lo humanamente posible. ¿Deseas
que me quede contigo? Porque estoy dispuesto a hacerlo, pero nada
de juegos, detective. Si es lo que deseas, dilo.
–Quiero que te quedes. – lo miró de soslayo
y suspiró. –Pero mejor será que no lo hagas,
es demasiada paliza, te lo aseguro…
– No, si eso quieres, lo haré. Puedo prescindir de
mi cómoda vida por una noche. Así no me lo reclamarás
luego. – le sonrió, medio en broma para que se relajara.
– Pero debemos buscar algo de comer y una jarra de café.
–Sí. – suspiró con fuerza, frotándose
los ojos ligeramente por debajo de las gafas. –O dos jarras.
– lo miró a los ojos y le tocó una pierna con
la mano. –Ya sabes… – sonrió levemente
y observó su propia mano.
– Lo sé. – le sonrió de vuelta, colocando
la suya sobre la del moreno y apretándola cariñosamente.
Quería que comprendiese que no estaba solo.
–Eres un buen chico…– lo miró a los ojos
sonriente, y le besó los labios con suavidad, poniéndose
serio y besándolo profundamente. – ¿Por qué
discutimos tanto, eh?
– Porque tú eres un chico malo, por eso... –
le sonrió, atreviéndose a tocar su rostro, ya que
se sentía un tanto vulnerable al verlo así. –
Creo que en el fondo nos parecemos. Los dos somos nuevos en esto
y ninguno quiere dar su brazo a torcer. Es mucho más fácil
analizar una relación desde afuera que estar dentro de ella.
–Tengo suerte de que seas tan comprensivo. Si yo fuera tú,
ya me habría golpeado. – torció una sonrisa
y le tocó la quijada con la mano. –Odio reconocer que…
te necesito. Quiero que lo sepas, para que cuando esté siendo
un imbécil, no me mandes a la mierda. – se apartó
un poco, sentándose bien de nuevo en su asiento y rascándose
la nuca.
– No lo haré. Aunque tengo que reconocer que quise
golpearte, en el camino hasta aquí. – sonrió
confesando también. – El que sea un psiquiatra no me
hace inmune a los sentimientos, a veces es una cruz. No quiero dejarme
llevar, como anoche por ejemplo.
–Dios, eres un violento. – lo miró y se rió.
–Después dices de mí. – encendió
el coche para regresar a casa, aunque se sentía bien en aquella
arboleda. Pero no tenían comida. –Te daré tu
sesión esta noche, nos servirá de entretenimiento.
– Me sorprendes, pero te tomo la palabra. – suspiró,
relajándose. –No soy violento, si lo fuese, te habría
golpeado. Pero sabía que no era tu culpa.
–Siempre que discutimos me dan unas ganas terribles de…
reconciliarnos. – se rió entre dientes, sujetando el
cigarro en los labios y tocándole el muslo.
– Y yo creo que usas el sexo como muletilla. – contestó,
peligrosamente sincero. – Pero también creo que le
tengo miedo a la intimidad.
–No sé a qué te refieres con muletilla…
Sólo sé lo que es una muletilla al hablar…–
lo miró de soslayo y suspiró. –Yo no uso al
sexo, el sexo me usa a mí.
– A eso me refiero, a solucionar las cosas con sexo. Por eso
las parejas tienen sexo de reconciliación, para evitar el
verdadero problema. – lo miró a los ojos, esperando
a que se molestase. – A pesar de todo, creo que esta vez no
hay peligro.
–Joder… – el moreno alzó una ceja. –Lo
nuestro no tiene arreglo, ni con un polvo ni con nada. Creí
que era obvio.
– ¿No tiene arreglo? Detective... el trabajo de psiquiatra
me lo deja a mí, por favor. – sonrió, sujetándole
la quijada para besarlo, a la vez intentando detener su propia mente.
–Vas a hacer que tengamos un accidente…– se
burló, aunque ya estaba aparcando y se giró para besarlo
profundamente. –Kimono, quiero verte. No me olvido. –
le dijo, separándose y saliendo del coche.
– Bien, mañana por la noche. – le aseguró,
cerrando la puerta del coche. – Es una cita.
–Una cita…– lo sujetó por la cintura,
pensando que mañana por la noche seguramente no iba a estar
de humor, pero no quiso arruinarle el momento. – ¿A
dónde quieres ir?
– ¿Vamos a salir? Me veré un poco extraño
de kimono... – lo observó, notando el cambio en su
expresión. – Podemos dejarlo para el próximo
fin de semana. No me molestaré. Eres tú quien quiere
verme así.
–No, me levantará el ánimo. – lo miró
a los ojos y se apoyó en la pared del ascensor. – ¿Te
da vergüenza ponerte un kimono en público? Recuerdo
que Oshitari los usaba siempre, pensé que era raro de todos
modos, y mejor no hablemos de cuando le asomaban las piernas al
sentarse. – hizo una mueca de horror y se tapó los
ojos mientras salía del ascensor.
– Yo creo que Oshitari sensei siempre se veía muy
elegante. Es un hombre sumamente tradicional. – comentó,
recordando con un gesto de admiración en el rostro. –Pero
hay que tener cierto porte. En Japón no es extraño
ver un hombre con kimono, o una mujer... pero supongo que aquí
está un poco fuera de lugar.
–Sí, seguramente te mirarían sin parar, ya
lo hacen de todos modos…– esperó a que abriese
la puerta y lo siguió adentro. –Bien, quedémonos
en casa y resérvame la visión, hazme un pase privado.
– Así será, compraré algo de sake para
que te sientas en ambiente. ¿Lo has probado? – le preguntó,
pasándose la mano por el cabello y sentándose en el
sofá un tanto pensativo.
–No. – lo miró de pie frente a él. –
¿Sucede algo?
– No. Estaba preguntándome si tendremos tiempo para
corregir lo de anoche.
– ¿El qué?– alzó una ceja y se
sentó en el sofá individual que estaba a su lado.
– Detective... ¿Quiere tomar un baño conmigo?
– le sonrió, preguntándose si de verdad no lo
comprendía, o sólo quería que se lo preguntara
directamente.
– ¿No comemos? – preguntó sonriendo
y mirando al suelo con las manos cruzadas entre las piernas. –
¿Te apetezco?... – bromeó, mirándolo
de soslayo.
– Bien detective, ya que se va a portar así, vamos
a comer. Luego no se queje. –se puso de pie dirigiéndose
a la cocina por molestarlo un poco. Lo cierto es que se le había
cruzado por la mente simplemente ceder, pero eso no tenía
gracia.
–Maldito seas, no juegues con mi mente. – se levantó
y lo siguió a la cocina, rodeándolo por detrás.
– ¿Y qué vas a hacer? – le besó
un hombro y sonrió un poco.
– Spaghetti... aunque seguramente a ti te queda mucho mejor.
Eso haré. – sonrió a sabiendas que eso no era
lo que preguntaba. – Y unos sándwiches para esta noche.
–Vale. Yo creo que voy a poner a calentar el horno. –
bajó las manos a su entrepierna y le besó el cuello
mientras lo acariciaba. – ¿Tienes nata?
–Estás siendo un mal chico... ¿Vas a ayudarme
o estás jugando? – sonrió, sintiéndose
acalorado. – Porque tengo nata, en la nevera.
–Podría hacer cualquiera de las dos cosas…–
de nuevo le abrió la camisa hábilmente y la bajó
de golpe por su cuerpo, observando los músculos suavemente
marcados en su espalda y oliéndole la nuca. – ¿Qué
prefieres?...
– ¡Detective! – Se giró con el ceño
fruncido como si lo fuera a reñir, abrazándose a su
cuello luego y besándolo apasionado. – Tomemos ese
baño y encarguemos algo de comer. No quiero ser un chico
bueno hoy.
–Olvídate del baño... ¿Quién
quiere relajarse ahora? – jadeó contra sus labios y
le sujetó las nalgas, cogiéndolo a horcajadas y apretando
sus nalgas con fuerza mientras lo besaba.
El albino se sujetó mejor de su cuello, devolviéndole
el beso sin poder resistirse. Siempre lo vencía de aquella
manera, no podía controlarse con él. Bajó las
manos por su pecho, tirándole de la camiseta.
Adamo apartó algunas cosas de la mesa con una mano mientras
lo besaba y lo dejó sobre la misma. Se llevó una mano
a la espalda para sacarse la camiseta y le dejó a un lado
junto a sus gafas. Sujetó la cintura del pantalón
y le quitó toda la ropa, rozándose el labio inferior
con la lengua. –Cada vez me gusta más la comida japonesa.
– Eso encargaré... detective. – jadeó,
enrojecido por el deseo y la excitación, procurando no pensar
demasiado. Se alzó un poco para atraerlo sobre sí,
apretando sus nalgas y rozándose con su cuerpo. – No
me puedo resistir...
–Así me gusta… – susurró el moreno,
sus manos recorriendo el costado del albino hacia arriba. Le alzó
los brazos tras la cabeza con una mano y lo besó profundamente,
apoyando una rodilla en la mesa y bajando por su cuerpo. Su lengua
se arrastró por el pecho pálido del doctor. Lo soltó
de nuevo, y sujetó sus piernas bajo las rodillas, alzando
sus nalgas de la mesa y exponiéndolo ante él. Separando
sus piernas para verlo bien.
– Te gusta mirar... – sonrió sin poder evitarlo,
claramente agitado, su ano pulsando ante la mirada del moreno. Arqueó
la espalda, estirándose como un gato y dejando escapar un
gemido.
–Y a ti que te mire…– apoyó sus pies
en la mesa y comenzó a jugar con su sexo, mirándolo
a los ojos fijamente. –En realidad creo que te gusta mucho
este chico malo. Enséñame más… vamos…–
lo soltó, guardándose las manos en los bolsillos de
los jeans. – ¿Dónde la quieres?
– Detective... en realidad, es muy malo. – se rió
jadeantemente, deslizando una mano por su cuerpo desnudo, dejando
las inhibiciones de lado. – ¿Dónde la quiero...?
– murmuró, acariciando su propio sexo y luego bajando
hasta su ano. – ¿Dónde crees que la quiero?
Adamo separó sus nalgas con los pulgares, observando su
ano y el interior rosado. – No lo veo bien, seguro que puedes
hacerlo mejor. – lo retó. Rozando su entrada con la
punta de los dedos, jugando a despertar su piel.
– Ahm... Puedo... – se separó la piel con los
dedos, mostrándose, sintiendo un golpe de calor sólo
de saber que lo estaba observando, incluso deslizó un dedo
dentro del mismo, moviéndolo y gimiendo quedamente.
El moreno lo observo excitado y cogió el cartón
de nata liquida. La vertió fría por la línea
de su abdomen y sobre su sexo, haciendo que resbalase por su mano.
Sujetó la mano del doctor y lo hizo empujar un dedo más,
moverlos con fuerza dentro de él. Respiró por las
fosas nasales, su propio sexo estaba humedeciendo los jeans al ver
cómo aquel líquido blanco entraba en su cuerpo. –Dilo,
te sentirás bien…
– ¿Dilo? – lo miró sin comprender, estremeciéndose,
jadeando cada vez más deprisa, su sexo irguiéndose
empapado de nata, sus dedos resbalando con facilidad dentro de sí.
– Yo... te quiero... te quiero dentro. ¿Es eso? Te
quiero dentro, Adamoh...
–No…– empujó dos de sus dedos dentro
de él, buscando en su interior y moviendo entonces la mano
con fuerza, dilatándolo y moviendo su cuerpo entero por la
intensidad. Su mano sujetando su sexo a la vez, la nata salpicando
desde este. Se lamió el labio y lo miró a los ojos.
–Di lo que está en tu mente, dime que te la meta por
el culo, que te folle hasta el fondo… vamos…
– Adamo... Te voy a golpear... – le advirtió
el hombre, enrojeciendo, aunque no se notaba con tanta excitación.
– Hazlo... No te hagas de rogar...
–Golpéame, pero dilo. – se subió a la
mesa de nuevo sobre él y se abrió los jeans para dejar
salir su sexo terriblemente inflamado de observarlo. Lo besó
abruptamente, sintiendo el cabello delante de la cara sin molestarse
en apartárselo.
Kaigan lo sujetó por los hombros, apretando los dientes,
sintiéndose como nunca. – Maldito detective... –
jadeó, moviéndose contra él, sintiendo su sexo
caliente, deseándolo. – Hazlo... Hazlo entonces, penétrame,
fóllame hasta que no pueda más. Te quiero adentro,
Adamo... Ahora…
El moreno se empujó dentro de él. También
ansioso, jadeando con fuerza y haciéndoselo con la misma
intensidad, la mesa moviéndose con ellos. Lo besó
profundamente y bajó por su cuello, mordiéndolo y
besándolo a la vez. –Venga doctor, quiero tener tus
huellas en mi espalda.
– Adamo, eres... – jadeó el albino, dejándolo
allí, ya que no se creía capaz de concretar el pensamiento.
Se sujetó a su espalda, encrespando las manos, sus piernas
apretándolo contra sí, ayudándolo a moverse
con fuerza. Se sentía como si fuese a explotar.
Drago lo sujetó con fuerza, empujando la mesa con una pierna
y levantándose con el albino en brazos. Sujetó sus
nalgas, apretándolas, moviéndolo sobre él y
alzando la cara. Su rostro estaba teñido por el esfuerzo
y la excitación, pero sobre todo por el deseo que aquel hombre
le hacía sentir.
Los ojos de Kaigan observaban el rostro del moreno, jadeando y
sudando por el esfuerzo. Sentía la entrepierna ardiendo,
mientras Adamo lo penetraba sin detenerse, los músculos marcándose
en sus hombros. – “Te...amoh...” – jadeó
sin pensarlo, tensando las manos contra la piel del detective, gimiendo.
El moreno le besó el pecho, mordiéndole los pezones
y apretando más los dedos en sus nalgas, estaban empapadas
por los fluidos de ambos y la nata. Resbalaban y lo hacían
sujetarlo con más fuerza. Le apoyó la espalda contra
la pared para poder hacérselo con más fuerza, una
de sus manos soltándolo para tomar su sexo y masajearlo urgentemente
mientras el propio palpitaba sin soportarlo más.
– ¡Ah! ¡Nhhj! – el albino alzó el
rostro hacia el techo, apretando aún más su agarre,
su cuerpo entero estremeciéndose como si lo estuviese recorriendo
la electricidad. Era increíble, los extremos a los que le
llevaba. Dejó escapar otro gemido, bajando la cabeza con
violencia, el cabello golpeando contra su rostro, mientras el orgasmo
se apoderaba de él, su semen salpicando un poco contra su
pecho y por encima de la mano del moreno, que lo besó, devorando
sus labios y dejándolo bajar de sus brazos lentamente.
–Te amo…– susurró, sujetándole
la cara y besándolo de forma más suave entonces. Abrazándolo
después con fuerza.
El albino le acarició el cabello, aún respirando
con fuerza, cerrando los ojos. – Yo también te amo.
Ahora sí, necesitamos un baño... – se rió
con suavidad, sintiéndose absolutamente relajado en realidad.
–Si…– sonrió, observando su sonrisa y
acariciándole la mandíbula, mirándolo a los
ojos y besándole la mejilla después.
– Me gusta esa mirada, detective... – el albino le
acarició los labios, sintiéndose enternecido por aquellos
ojos. En lo que a él concernía, ese era el verdadero
Adamo.
–No me espíes cuando tengo la guardia bajada, y vamos
a bañarnos, estás pringoso. – se burló.
– Es tu culpa, no creí que fueras a utilizar la nata
realmente. – se rió, enrojeciendo un poco a su pesar
y empujándolo con suavidad hacia el baño. –
Luego pediremos pizza. Tendré que limpiar la cocina...
–Te ayudaré… – torció una sonrisa
y entró en el baño con él. –Te veías
muy bien… creo que sí podía estarlo más…
– confesó a medias antes de cerrar la puerta.

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