.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 55
Worlds Apart

Noche, Clínica Sakura.
Viernes 5 de Junio

El albino cerró la puerta de la clínica, suspirando cansado, preguntándose por qué Adamo no le habría llamado. Lo tenía pensando en eso cada vez que se desocupaba, y a veces durante las sesiones, lo cual no lo hacía sentir muy orgulloso. Pero algunos pacientes sólo necesitaban quejarse y en ese caso, él no podía hacer mucho, sólo escuchar. Se detuvo al observar las luces del coche que acababan de encenderse.

El moreno que había estado fumándose un cigarro y bebiendo café desde hacía unos tres minutos abrió la puerta del acompañante por si quería entrar.

–Adamo... pudiste haberme dicho que estabas aquí. – suspiró nuevamente, entrando y cerrando la puerta.

–Supuse que estarías a punto de salir. Tenemos que hablar, pero que sea tranquilamente. ¿Quieres ir a mi casa?–Tamborileó con los dedos en el volante, esperando.

–Sí, voy a tener que mudarme a este ritmo. – le sonrió ligeramente, notando que estaba tenso. No era para menos. – ¿Descubristeis algo más?

–Podemos ir a tu casa si lo prefieres…– lo miró a los ojos, examinándolo.

– No, está bien. Además, creo que necesitas ir a tu casa. – lo miró, siendo sincero. Necesitaba descansar, ya podía verlo. Y seguramente era un hombre de hábitos.

–No, vayamos a tu casa…–sonrió levemente, apartándose un mechón de pelo de delante de los ojos.

– Bien, como quieras. – accedió, recostándose en el asiento y pensando que era un necio. – ¿Ya has cenado?

–Si le puedes decir a un sándwich cenar… entonces sí. – se llevó el cigarro a los labios, dirigiéndose hacia donde le había dicho que vivía, pese a que no sabía el lugar concreto. – ¿Me acompañarás mañana?

– ¿A dónde? El psiquiatra está muerto. ¿Aún irás a ese centro de relajación? – le preguntó observándolo, dejando que le comentara las cosas a su propio tiempo.

–Claro que sí… ¿Qué tiene que ver ese siquiatra? ¿Crees que iba tras él? Él sólo era un grano en mi culo. A mí sólo me importa el hijo puta que los envía. – apoyó el brazo por fuera de la ventanilla y mordió el filtro ligeramente. – ¿Es por aquí?

– Sí, un poco más adelante... – le señaló, asintiendo. – Creí que deseabas que hablase con él. Pero tal vez alguien más sepa algo. Tienen que tener otra manera de conseguir asesinos, si lo mataron a él.

–Dios, ese centro no pertenecía a él, Kaigan. No tiene nada que ver con él. No sé en que demonios estás pensando cuando te hablo. – suspiró con fuerza, deseando retorcerle el cuello de nuevo. –Estamos investigando los centros de reposo que pueden haber reunido a esa serie de personas. ¿Recuerdas? – frunció el ceño, subiéndose un poco las gafas, contrariado.

– Relájate. No intento contradecirte. – contestó calmado, notando su estado de tensión. – Sólo pensaba en que trabajaba en uno, alguien pudo notar algo. Y pensé que naturalmente querrías empezar por ese. Es todo.

–Él sólo tenía una clínica. – respiró con fuerza, deseando gritarle que no necesitaba relajarse. Aparcó el coche y se bajó delante del edificio. Cerrando en cuanto salió el albino, y llevándose una bolsa de cuero al hombro. –Vamos…– le dijo, pasándole el brazo por los hombros.

– Creí que era voluntario los fines de semana. Debo estar confundiéndolo con alguien más. – comentó, pensando en que parecía a punto de arrancarle la cabeza de un mordisco, a pesar de su gesto cariñoso. Entraron, subiendo con el ascensor hasta el quinto piso, abrió la puerta dejándolo pasar adentro del bien amueblado apartamento. Todo estaba perfectamente colocado en su lugar, los colores sutiles y elegantes, los muebles de madera negra. Los detalles que otorgaban a aquel lugar un fuerte ambiente asiático, aunque moderno.

–Es… igual que mi piso. ¿Eh? – bromeó el moreno, aunque estaba serio y además ahora no sabía donde dejar la bolsa. –Seguro que tus sábanas huelen a limpio. – torció los labios en una sonrisa y dejó la bolsa a un lado antes de sentarse en un sofá. Se sentía cansado y le dolía un poco la cabeza.

– Me gusta el orden, eso deberías saberlo ya. Te prepararé una taza de té. – decidió sin darle tiempo a protestar. –Puedes ponerte cómodo, tampoco soy un compulsivo.

–Vale… porque he traído ropa para todo el fin de semana y peso demasiado para que puedas sacarme a patadas. – murmuró casi susurrando. Quitándose las gafas y dejándolas a un lado. – ¿Tienes un cenicero?

– Extrañamente... sí. Al lado del sofá. Fue un regalo. – le aclaró, ya que jamás en su vida había fumado y no solía llevar visitas allí. Colocó la tetera sobre el fogón, regresando a la sala. – No te sacaré a patadas, pero no subestimes el poder de la mente. ¿Ya tenías pensado quedarte aquí?

–No, cogí los efectos personales de otro y pensé que me serían útiles… Sí, lo tenía pensado. – entreabrió un ojo para mirarlo.

– Así que todo eso de si quería ir a tu casa... – le sonrió, mirándolo a los ojos. – ¿Le gusta tender trampas, detective?

–Soy detective… debería usted saberlo. Me encantan, sobre todo cuando caen en ellas. – dio unos golpecitos en el sofá, esperando que fuese con él.
– Si me lo hubiera preguntado directamente habría accedido. Los viejos hábitos complican las cosas. – se sentó a su lado, aún sonriendo un poco. – ¿Todavía quiere matarme?

–Comienzo a pensar que eso no sería muy productivo para nadie…– suspiró con fuerza, y se sacó la cazadora antes de pasarle el brazo por los hombros de nuevo. –No sé cómo me aguantas…

– Llevo años de entrenamiento. No eres el primero que llega a mí con un problema de agresividad. Sólo eres el primero que me importa personalmente. – le contestó, desviando un poco la mirada al decir la última frase. – Lo mejor es que me mantenga neutral.

–Lo mejor es que te mantengas cerca…– le acarició el hombro. Soltándolo y girándose un poco antes de recostarse en sus piernas. –He bebido demasiado café. Me va a reventar la cabeza…

– El té te ayudará, es de tila, necesitas dormir. También has estado fumando más de lo normal, ¿no es así?

– ¿Y eso qué importa?... – se echó el cabello hacia atrás con ambas manos y lo miró desde sus piernas. –Odio este caso.

–Importa para medir tu nivel de tensión. ¿Sucedió algo más hoy? O ¿es el estrés acumulado? Puedes decírmelo, aunque no sirva para detective. – lo animó, esperando que tomase la decisión por sí mismo.

–Cortaron a ese hombre en dos. De un solo golpe. Cómo si fuera mantequilla. El arma fue una espada. – cruzó las manos sobre su propio pecho y lo siguió mirando a los ojos. –Atravesó esta zona, le cortó el corazón y zas… a la mitad. Sólo puedo pensar en alguien… Lo siento.

– Ya sé en quien estás pensando. – Lo miró a los ojos nuevamente. No era ningún tonto como para que no se le hubiese pasado por la cabeza. No existían muchas personas que pudiesen manejar una espada así. Lo peor es que seguía pensando en ese chico misterioso del que le había hablado. Incluso se preguntaba si realmente existía. Pero Ashram no tenía motivos para hacer aquello.

–Si quieres decirme algo…

– Sabes que no podría. Ashram es mi paciente. – negó con la cabeza, preguntándose si se iba a enfadar de nuevo, añadiendo aún así. – Es un buen chico, se esfuerza.

Drago se incorporó, sentándose y mirándolo fijamente. – ¿Sabes algo?

– No, no me ha dicho nada de este caso si eso piensas. Claro que no podría decírtelo si así fuera, pero estoy siendo sincero. – le contestó, negando con la cabeza y cuidándose de ser muy específico en su respuesta.

–Voy a tener que hablar con él de nuevo. – lo miró a los ojos. Sabía algo que no quería decirle.

– Asumo que yo estaré presente. – lo miró serio, como diciéndole que no pensaba permitirlo de ninguna otra manera. Si lo presionaba o lo agredía, aquello podía tener consecuencias negativas en el tratamiento del chico.

–Asumo que lo proteges.

– Lo protejo, como lo protegería a usted. Es mi paciente, ha depositado su confianza en mí. Su familia también.

– ¿Crees que ha sido él?

– ¿Estoy siendo interrogado, detective?

–Es el siquiatra de la policía y estoy pidiéndole su opinión profesional, doctor.

– Sobre uno de mis pacientes. – suspiró, sintiéndose acorralado y alejándose un poco. – Ashram no tiene motivos para hacer algo así. Está progresando muy bien, incluso empezando a formar relaciones saludables con personas ajenas a su entorno. ¿Por qué haría esto ahora, luego de tantos años de buen comportamiento?

–No lo sé. Tal vez esto ha despertado algo en él, tal vez ha estado esperando algo en concreto. – lo miró a los ojos, acosándolo en cierto modo.
– Entonces eso sería su responsabilidad por involucrarlo. – contestó sin ceder, escuchando el sonido de la tetera desde la cocina. – No, eso no es cierto... Los dos estamos tensos.

Drago se quedó mirando a donde estaba como si le hubiera metido una puñalada en el costado y se apoyó contra el respaldo de nuevo.

– Adamo... discúlpame. Sabes que no quise decir eso. – el albino le acarició el brazo, preocupado. Por eso no le gustaba involucrarse personalmente. No podía pensar con claridad.

–Estoy bien. No es cómo que yo le descubriera ese caso. Él ya lo sabía antes de que hablásemos, así que no me… bueno… Dejémoslo. Yo haré mi trabajo y tú haz el tuyo.

– Sí... Es sólo que no deseo que esté involucrado, ¿lo comprendes? Ha progresado tanto... – negó con la cabeza, poniéndose de pie. – Traeré tu té.

–Y yo no quiero que maten a más personas… a más niños… – frunció el ceño y cogió otro cigarro del bolsillo de su camisa. No necesitaba un maldito té…

– ¿Y crees que yo sí? No es tan sencillo. – sirvió el té en una taza, llevándolo consigo a la sala y depositándolo en la mesita frente a él. – No encubro a un asesino, Adamo, protejo a un paciente.

–Bien… eso ya lo veremos. – miró la taza y sintió unas terribles ganas de lanzarla al otro hemisferio. Se apretó una mano con la otra, tenía las venas de las sienes hinchadas y las notaba palpitar todo el tiempo. Tal vez se estaba cegando al pensar en Ashram.

Kaigan colocó una mano sobre la suya, arriesgándose a pesar de su gesto. –Sé que quieres atrapar al asesino. Pero no saltes a conclusiones, Ashram existe... tal vez hayan más como él. No tiene por qué ser el único.

–No, ya lo sé. Seguramente esté pensando que soy tan inútil que iré a darle por el culo de nuevo, porque no se me ocurre nadie más a quien colgarle el muerto. Mierda…– se apretó los labios con los puños, golpeándoselos ligeramente.

– No creo que seas inútil. Creo que es un caso difícil. Incluso para alguien tan inteligente como tú. Eso sólo indica que las personas detrás de esto también son personas con cierto grado de inteligencia, cuidadosos al ejecutar sus planes. – pasó su mano por la espalda del moreno. – Aún si Ashram estuviese involucrado, y no estoy diciendo que lo esté, sabes que él no será la mente maestra por así decirlo.

–Sé que no. Pero con eso sólo me motivas aún más a hablar con él y sonsacarle lo que sea…– lo miró de soslayo y luego se bebió el té, sólo por no dejarlo ahí, aunque lo odiaba. –No sé qué hacer…

– Relájate, descansa y mañana podrás pensar con más claridad. Si necesitas hablar con Ashram, daré mi permiso siempre y cuando no le agredas ni lo acuses injustamente de algo. – le aconsejó con aquella voz suave, tranquila. – Ashram no responderá de ese modo, de todas maneras.

–Podría hablar con Sven, pero eso sería caer bajo. – se levantó y cogió la bolsa de nuevo. –Debí haberme quedado en mi casa, será mejor que me vaya. Hoy no soy buena compañía.

– No, quédate. Por el contrario, no creo que sea buena idea que estés solo. Y yo no podría dormir. – se puso de pie, sujetando su bolsa como insistiendo. – Las relaciones no funcionan si sólo nos apoyamos en los buenos momentos.

–Pareces un consejero matrimonial…– soltó la bolsa sin hacerse de rogar. Estaba cansado. –Me iré a la cama…

– ¿Qué te hace pensar que no he aconsejado a parejas también? No todos los psiquiatras les envían a asesinar, ¿sabes? – asintió, un poco cansado también. – Te sigo en unos minutos.

– ¿Y a qué clase de siquiatras envían a cometer asesinatos?- preguntó, percatándose después de a qué se refería. –Ya… – alzó una ceja, paseándose por la casa para buscar el dormitorio. Aliviado de ver que al menos no era una cosa en el suelo. Simplemente una de esas camas bajas de estilo oriental, tan modernas. Siempre se había preguntado si no era incómodo sentarse allí. La respuesta era sí.

– Duerme. Voy a darme un baño y estaré contigo pronto. No quiero salir y encontrarte fumando nuevamente. – le advirtió, como si se tratase de un niño pequeño, a la vez que entraba en la habitación para tomar una toalla en su camino al baño.

Drago lo observó mientras se quitaba la ropa, dejándola en una silla por no tirarla en aquel suelo tan limpio. – Yo me ducho por las mañanas, como todo el mundo. – le dijo, sutilmente llamándolo extraño.

– Entonces diré... que tiene un extraño gusto en hombres. – le sonrió, captando su indirecta. – Me relaja, tomar un baño caliente cuando vuelvo cansado. Debería intentarlo alguna vez.

–Puedo intentarlo ahora y estropearte tu momento de relax…– sonrió levemente.

– O puedes dormir como deberías... – negó con la cabeza, introduciéndose en el baño. –Pero quedas invitado si quieres acompañarme.

–Dormiré…– separó las sábanas y se metió entre estas sólo con la ropa interior. Jugando con el rosario en su pecho. Miró al techo. No podía dormir a pesar de que estaba muy cansado.

Poco después se escuchaba el sonido del grifo, dejando el agua correr. El albino se metió en la bañera a pesar de que aún no se llenaba por completo, suspirando. Intuía que no estaba durmiendo. A veces se preguntaba si realmente lo estaría ayudando.


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