Capítulo
54
My Heart is in Your Hands
Noche, Piso de Daniel.
Viernes 5 de Junio
Ashram se paseó de nuevo por la casa de Daniel. Había
ido por la tarde, pero no estaba. Tampoco había podido encontrarlo
a pesar de que era bueno con esa clase de cosas. Se sentó
en el suelo otra vez, recogiendo sus piernas con los brazos y preguntándose
si algo le habría ocurrido, o si es que no quería
estar más con él.
Pero el rubio apenas llegaba a su piso. Giró las llaves
en la cerradura, suspirando y entrando mientras sujetaba la bolsa
en la misma mano que su bastón.
–Daniel. – Ashram se levantó nervioso. –No
podía encontrarte…
– Ah... – dejó escapar aquel sonido de sorpresa
al escuchar su voz ya que no esperaba encontrar a nadie. –
Ashram...fui a... comprar algunas cosas y unos libros, café...
Creí que estarías enfadado. – le confesó.
–No estoy enfadado. Tenía que ir a ver al doctor
Hashimoto y por eso no fui a clase…– le explicó.
– Ya... Estaba preocupado, incluso le pregunté a Kiyoshi,
pero no quise explicarle. – sonrió un poco nervioso,
dejando la bolsa sobre la mesa al igual que su bastón.
–Lo siento, Aki me dijo que pensarías que estaba
enfadado y por eso vine. También quería verte. –
confesó. Estirando el brazo y tocándole la mano con
la suya. –Le he dicho a mi hermano que me escapo por las noches
para estar contigo, también se lo he dicho a mi doctor. Creo
que porque me sentía culpable, necesitaba que alguien lo
supiera.
– ¿Se molestaron? Aki tiene razón, tenía
miedo de que desaparecieras de mi vida. – le explicó,
dejándose llevar por su mano y subiendo la suya por su brazo
luego para acercarse más. – Por eso no quería
regresar aquí. Sentía tu ausencia.
–Eso no va a suceder. – suspiró levemente y
le apoyó la mano en su pecho. –El doctor nunca se molesta,
si lo hiciera nadie querría hablar con él… supongo.
Pero me dijo que no debía hacerlo. Aki sí que se molestó
un poco. Pero es porque le preocupa. – suspiró levemente,
sin querer hablar de nuevo del asunto de irse con él.
– Claro que le preocupa. Es natural, no quieren que te suceda
nada. Y yo... también me preocupo, lo sabes. Pero no quiero
perderte, Ashram. – sacudió la cabeza, aún asustado.
No sabía cómo manejar aquello.
–Aki dice que encontrará el modo de que estemos juntos.
Está bien, no tienes que ponerte triste o algo así.
Sea cómo sea, y suceda lo que suceda… Yo siempre regresaré
contigo. – le explicó, abrazándolo con suavidad.
–Yo te quiero.
– Yo también te quiero. – sonrió, abrazándolo
y temblando un poco. – No sé qué vamos a hacer...
–Tranquilo…– Ashram se puso un poco nervioso
al sentir que temblaba y lo apretó con fuerza. –Haré
lo que sea. No pasa nada. Mira…– le sujetó las
manos y se las pasó por el cabello para distraerlo. –Me
he cortado el pelo…
– Ashram... Debes verte... Ahora tendré que hacer
otra escultura. – sonrió, sintiendo la forma de su
cabello.
–Aki dijo que estaba guapo…– sonrió al
ver su sonrisa, aunque no había esperado eso por un corte
de cabello. Aproximó su rostro al suyo y lo besó de
forma bastante dubitativa. Daniel sujetando su rostro con suavidad
para devolverle el beso.
–“Te amo, te ves muy guapo, Ashram. Lo sé.”
– sonrió contra sus labios, seguro de lo que decía,
contento de tenerlo allí de nuevo.
Ashram lo miró así de cerca como estaba, pensando
que era muy guapo y recordando por un momento a Abaddon. Se preguntaba
si no debía hablarle de él a Daniel. Pero no, no podía
confiar en nadie para eso, ni siquiera en él. Lo besó
de nuevo suavemente y no dijo nada, sólo lo abrazó
más contra sí.
– ¿Estás bien? – le preguntó el
chico, sintiendo un escalofrío, pero seguramente sólo
estaba nervioso por lo que había sucedido. – Puedes
decirme lo que desees...
– ¿Puedo contarte un secreto y no se lo contarás
a nadie jamás? Jamás, en ningún caso. Si no
puedes mantener tu promesa es mejor que me lo digas. Lo comprenderé,
lo que no comprendería es que me traicionases… –
lo miró fijamente, observando su gesto preocupado.
– Ashram... Tengo miedo. Tu voz... – contestó
nervioso. No sabía qué contestarle. Por un lado, si
era algo peligroso querría protegerlo. Pero por otro lado,
si no era capaz de guardar su secreto, no se lo diría siquiera.
Y debía confiar en él. Asintió, serio. –
No te traicionaré. Puedes decírmelo.
–He conocido a alguien. Sabe quien soy, y ambos pertenecemos
al mismo lugar. Me comprende, piensa en las mismas cosas. Dice que
tú también eres un ángel. Cómo esos
niños… – comenzó a contarle. Comprobando
sus reacciones.
– ¿De qué estás hablando? No soy un
ángel, yo... ¿Quién es? ¿A qué
lugar pertenecéis? – le preguntó confundido,
asustado ahora.
–Al lugar donde vivía…– le contestó
Ashram, pensando que se cegaba por el miedo y no comprendía
nada. –Sí, eres un ángel. Puedes pensar lo que
quieras…
– Lo sé, lo sé. – le contestó
sin desear discutir ahora sobre eso. – El lugar donde vivías...
No puede ser. ¿Acaso esa persona tiene que ver con las muertes?
Ashram no dijo nada y luego por fin se decidió a hablar.
–No es lo que yo he dicho. He dicho que…– suspiró,
cansado de explicarse ya que jamás comprendería. –No,
él no mataría a un ángel, está buscando
su redención.
– Su redención... ¿Cómo? – le
preguntó, sintiendo su rostro con suavidad. – Es alguien...
¿como tú?
–No sé lo que habrá hecho en su vida anterior.
Pero sé que lo ha pasado mal. Lo he visto llorar, sus padres
lo maltrataban y estoy seguro de que si estaba allí…
no eran los únicos. – suspiró levemente, aliviado
de haber contado aquello a alguien, aunque no completamente.
Daniel suspiró, bajando las manos a los hombros del moreno.
– Entonces no debería estar por allí. Probablemente
necesite ayuda. Ashram no quiero que hagas nada peligroso.
–Tiene a alguien que ama, y que lo protege…–
le explicó el moreno. –Pero hay algo… no confío
en él.
– ¿Por qué no? ¿Piensas que te miente?
– se quedó serio, preguntándose por qué
alguien que tenía cariño y protección iría
a buscar a Ashram en un lugar así. Y ¿por qué
Ashram estaría allí? – Es él, ¿no
es así? Ese chico que viste esa noche.
–Sí, no creo que me mienta, es sólo que…
su mirada.
– ¿Qué tiene su mirada?– insistió,
cada vez desconfiando más del chico.
–Parece ladino…– le explicó. –Pero
es un demonio, yo tampoco parezco una buena persona. No lo soy…
– Sí lo eres. Yo lo sé, lo siento... En tu
voz, tu manera de ser. – le sujetó la mano llevándola
a su corazón. –No me gusta esto. No me gusta ese chico.
Me preocupa.
–A mí tampoco me gusta mucho. Pero necesito ayudarlo
porque… me recuerda a mí, Daniel, y necesita que lo
ayuden. Y no creo que esa persona a la que ama sea una buena persona.
– le explicó, acariciando su pecho y luego su cabello.
– ¿Por qué piensas eso? ¿Te ha dicho
algo? – se abrazó contra él más preocupado
aún. No sabía qué hacer, quería detenerlo,
pero no sabía como. – ¿Cómo piensas ayudarlo,
Ashram? ¿Te ha pedido algo, acaso?
Ashram negó con la cabeza, sin saber qué decir al
respecto. –Que lo ayude a proteger a los ángeles…
y eso haré.
– Pero Ashram, te van a matar, ¿no lo comprendes?
No puedes hacer eso. – negó con la cabeza, ahora sí
asustado por completo. Ese chico estaba loco. – Si quieres
protegerlos, habla con la policía.
– ¿La policía? Eso no tiene sentido. Ellos
creerían que estamos locos, Daniel. No lo comprendes, y no
van a matarme. No pueden matarme. No tengo miedo, y tú deberías
confiar en mí, yo estoy confiando en ti… y tal vez…
no debí hacerlo.
– No digas eso, me lastimas. Estoy preocupado por ti, asustado.
Estás planeando algo ilegal. Con ese chico que apenas conoces
y en quien ni siquiera confías. Ese detective, realmente
estaba interesado en proteger a los niños, lo sé.
Él te ayudaría.
– ¿Ilegal? No me importan las leyes, no me ayudaron
en nada. Los policías me utilizaron para coger a Arestiel.
¿Sabías? – lo miró a los ojos, aunque
Daniel no pudiera verlo. De hecho así era mejor. Que no viese
lo mucho que estaba alterándose. – Si me quieres respetarás
mi decisión.
– No me presiones, Ashram. – se separó unos
pasos de él, sin creer que le hablara así. –
¿Ahora debo probar que te amo? ¿Necesitas una prueba?
La policía también te ayudó a estar con tu
familia, ¿no es así? Si no te importan las leyes,
deberían importarte aquellos que te quieren.
–Es igual, me dijiste que podía confiar en ti. –
se alejó un poco de él. Dispuesto a huir incluso,
terriblemente dolido.
– Puedes hacerlo. Te prometí que no se lo diría
a nadie y no lo haré. No te prometí que no me preocuparía.
No puedes pedirme eso. – se quedó en silencio, esperando,
y añadiendo luego atemorizado. – Ashram, no te vayas...
–Pues no me traiciones, no puedo ser sincero con nadie. Todos
quieren decirme lo que debo o no debo hacer. Pero esta es mi decisión.
Quiero ayudarlo. Te prometo que nada me ocurrirá… También
lo hago por ti, vendrán a por ti, Daniel, y la policía
no podrá salvarte.
– No vendrán por mí, Ashram. Están matando
niños... –extendió sus manos hacia él,
buscándolo de nuevo. – No te traicionaré. Pero
si algo te sucede. Quiero que sepas que llevas mi corazón
contigo. – casi susurró por lo afectado que se sentía.
Tal vez no fuese justo, pero no podía evitarlo. Deseaba que
lo comprendiera. Tal vez era su decisión, pero no era el
único que se arriesgaba.
–No me sucederá nada…– se aproximó
a él para que lo abrazara. –Daniel… – cerró
los ojos y sintió que le bajaban unas lágrimas porque
se había asustado. –No me hagas quedarme sólo
de nuevo.
– No, nunca. – lo abrazó contra sí, sintiendo
el temblor en su voz, apretándolo sin poder retener sus propias
lágrimas. – Lo mismo te pido. Me asustas, todo el tiempo.
–Te lo advertí, pero yo pensé que tú
no tenías miedo de amarme. Te necesito…– murmuró
al final, apretando las mandíbulas para no hacer ni un ruidito.
– No tengo miedo de amarte, tengo miedo de perderte. Dices
cosas, Ashram... Y tiemblo por dentro. – le aclaró
sin soltarlo. – Pero es porque te amo. Porque me duele si
no estás.
Ashram negó con la cabeza sin poder hablar. Nunca nadie
le había hecho sentir como Daniel lo hacía. –No
me vas a perder, te lo juro, haré lo que sea…
– Hay más de una manera de perder a alguien, Ashram.
Por favor... siempre que vayas a tomar una decisión... siénteme.
Por favor. – le pidió, sabiendo que no desistiría
de ver a ese chico. Deseaba tanto protegerlo.
–Si tú no me abandonas… No hay más.
– No lo haré. Pase lo que pase, no te abandonaré.
– le aseguró, poniéndose serio luego, deseando
que luchase contra aquellos instintos. Pero aún así
añadiendo. – Y hayas hecho lo que hayas hecho, siempre
puedes regresar aquí.
–Ojalá pudieras creerme. – Ashram se arrodilló
porque estaba cansado de aquel miedo y apoyó la cara en sus
piernas. –Eres un ángel…
– Seré tu ángel si eso es lo que quieres. –
susurró, acariciando su rostro con suavidad, pensando que
ojalá lo fuera de verdad. Evitaría todo aquel dolor,
lo protegería, haría lo que fuera por él.
–Pero algún día te darás cuenta de que
no estoy loco. Entonces tendrás que ayudarme para que Dios
perdone todo lo que he hecho, y sabrás que eres un ángel.
– alzó las manos para sujetar las suyas y se las llevó
a la cara para ocultarse en ellas.
– Y te protegeré ante Dios, ante el diablo, ante quien
sea. Nadie volverá a hacerte daño. Pero estoy seguro
de que Dios lo comprendería... – sonrió un poco,
siguiéndole el juego al notar que eso lo tranquilizaba.
Ashram entrecerró los ojos y le besó las manos. –Quiero
quedarme aquí esta noche…
–Quiero que te quedes aquí. Iba a pedírtelo.
–Lo haré. Me quedaré contigo. – se abrazó
contra su vientre y apartó un poco su camiseta para refugiarse
contra su piel y el aroma de esta. –Estoy cansado.
– Duerme. Yo cuidaré de ti esta noche, ¿está
bien? – le acarició el cabello, sonriendo un poco,
de manera dolorosa, inclinándose ligeramente sobre él.
–Está bien…– se levantó para irse
a la cama y lo sujetó de la mano, llevándolo con él.
– Ashram. Empecé a hacer esa escultura, la del ángel,
¿recuerdas? Para ti.
Ashram asintió con la cabeza. –Sí… –
contestó después, ya que Daniel no se enteraría
si no. Se acurrucó a su lado en la cama y le sujetó
la mano para apoyarla en su cara. – ¿Se parece a ti?
– No lo creo, es... mi idea de un ángel. Pero puedo
intentarlo si eso quieres. Después de todo, es un regalo.
–No, haz tu idea de un ángel. Está bien, quiero
ver cómo crees que son… – observó sus
labios y los dibujó con un dedo. Apretándolos un poco,
algo ensimismado con ello.
El chico sonrió sin poder evitarlo, relajándose en
aquella paz temporal. – Lo haré... por ti.
Ashram le besó los labios y cerró los ojos sin dejar
de besarlo. Abrazándolo después y suspirando ligeramente.
Hubiera seguido besándolo.

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