Capítulo
53
Fantasies are Just Dreams you have while You’re still Awake
Tarde, Piso de Adan y Aki.
Viernes 5 de Junio
Ashram se sentó en el colchón al notar que alguien
llegaba y bajó la cabeza, tragándose su propio bostezo
y observando los mechones de cabello negro caer sobre su rostro.
No sabía donde había puesto la cinta del pelo. Se
dejó caer de nuevo en el colchón al notar que quien
había entrado era Aki. Lo sabía por el ruido de sus
pasos.
– ¡Ya llegué! ¿Hay alguien en casa? –
preguntó como si no bastase con entrar, quitándose
los zapatos y dirigiéndose a su habitación, sorprendido
de encontrar al moreno allí. Le sonrió, acostándose
a su lado y apoyándose en un brazo. – ¿Regresaste
temprano? No te sientes mal, ¿verdad?
–No…– Ashram lo miró a los ojos mientras
se giraba de cara a él. – ¿Te dijo algo Adan
de que durmiese en la cama?
–No, ya sabes como es. Siempre se le pasa. – Le aseguró,
agradecido con Adan. Sabía que le molestaba, pero también
que comprendía. – ¿Qué haces aquí
entonces? Pensé que estarías con Daniel.
–No fui a clase hoy. Así que no lo he visto. Fui
a ver a Hashimoto sensei, y estuve con él mucho tiempo. Luego
quería ir contigo, pero como estabas trabajando, regresé
aquí…– se pasó una mano por el pelo y
lo miró a los ojos de nuevo. – ¿Me cortas el
pelo?
– Ashram... ¿de verdad quieres eso? – le preguntó,
pasando sus dedos por el largo cabello negro, acariciándolo.
– Creí que te gustaba llevarlo largo. ¿Sucede
algo? No tienes que ocultármelo.
–No, algunas cosas. Nada es preocupante. Pero quiero cortarme
el pelo. Ya no quiero taparme la cara…
– Esta bien, te lo cortaré, pero piénsalo bien,
no quiero que te arrepientas luego, ¿eh? – le aconsejó,
sonriendo para que no se preocupase él, aunque desde luego,
él sí que lo estaba. Le podía preguntar al
doctor Hashimoto, pero seguramente no le diría nada. –
Iré por las tijeras...
–Vale…– lo siguió de todos modos y se
sentó en una silla de la cocina. Hacía tiempo que
no se cortaba el pelo y de cualquier modo en anteriores ocasiones
lo había hecho él mismo con la katana. No comprendía
por qué debía pensarlo tanto. Sólo era pelo.
–Aki… tan corto como el tuyo.
– ¿Seguro? Está bien... te voy a dejar guapo.
– le aseguró, sonriendo y peinándole el cabello
primero. En realidad, él lo iba a extrañar, pero si
era lo que Ashram deseaba... un cambio podía ser buena señal.
– ¿Tuviste una pesadilla anoche?
–Sí, desde hace unos días. – notó
como le cortaba un trozo de pelo y contrariamente a lo que había
razonado, se sintió un poco nervioso. –Pero no me cortes
mucho delante que… bueno, es igual, córtalo también.
– No te preocupes, puedo hacer esto. Vas a voltear cabezas.
– se rió, aclarando luego. –Bromeo, no te me
espantes. – continuó cortando, concentrado en seguir
una forma natural. – Solía cortarle el cabello a Azrael
antes, ¿sabes? Claro que lo sabes...
–Sí, lo sé, por eso te lo he dicho, y porque
no quiero que nadie más esté usando una tijera a mis
espaldas. – meditó después, seguro de que eso
no le hubiese gustado nada. –Aki, Hashimoto sensei me ha dicho
que debería decirte algo que no me apetece contarte.
– ¿El qué? – se detuvo por un momento
con la tijera en la mano, asustado, pero volviendo a cortar enseguida.
Si ya le costaba trabajo hablarle, él no se lo iba a hacer
más difícil. – Hashimoto sensei es un hombre
muy inteligente. No deberías ocultarme las cosas. Sabes que
comprenderé...
–Sé que no lo harás, nunca comprendes, y siempre
te enfadas cuando te digo que no lo haces. Y eso es molesto. Ya
sé que yo soy mucho más molesto…– lo miró
de soslayo y suspiró. –Le he dicho a Daniel que me
gustaría que estuviera aquí conmigo, pero no quiere…
y si él no quiere estar conmigo aquí… nunca
vamos a estar juntos. Porque yo estoy aquí encerrado.
– Ashram... deja de discutir conmigo por tu cuenta. –
le advirtió sorprendido, sujetando su cabeza con las manos
y echándola hacia atrás para mirarlo a los ojos. –
No has roto con él, ¿verdad? ¿Por qué
no quiere estar contigo?
– ¿Roto? No…– lo miró a los ojos,
incómodo. Mirando delante de nuevo y sacudiendo la cabeza.
–No quiere porque… vivir con una persona ciega es algo
difícil, no lo sé… Creo que sólo son
excusas.
– No lo sé, tiene razón. Es difícil.
Pero tal vez podríamos hacer algo... Tengo que hablar con
Adan. Ese chico te quiere, Ashram, soy bueno para estas cosas. –
continuó cortándole el cabello, notando que lo estaba
poniendo nervioso. – Puede que esté asustado. Los compromisos
asustan. La primera vez que besé a Adan salí corriendo,
y si él no hubiese ido a buscarme, creo que me habría
quedado escondido en mi piso por meses.
– ¿Y si eres bueno con esas cosas, cómo es
que saliste corriendo? – sonrió levemente y bajó
la cabeza. –Es una broma. – le aclaró después
serio. –Creo…
– Porque soy bueno para los demás, no para mí
mismo. – se rió sacudiéndole un poco la cabeza.
– Te está quedando muy bien.
–Es igual, de todos modos no me miro al espejo y Daniel
no va a verme. Tampoco creo que le importase, si pudiera hacerlo.
– se tocó un poco el cabello como comprobando. –Tal
vez se haya enfadado, porque no he ido a clase y no le he dicho
nada…
– No creo que esté enfadado. Seguramente estará
preocupado de que tú estés enfadado porque te dijo
que no. Yo lo estaría.
–Iré a verlo después, cuando me escape por
la noche. Cómo todas las noches, Aki. – lo miró
de soslayo para ver su reacción, seguramente demasiado exagerada
para su lógica.
– ¡Ashram! ¿Desde cuando haces eso? ¿Sabes
lo que pasará si alguien se entera? – Le dio la vuelta
a la silla para mirarlo a los ojos. – Demonios, Ashram...
–Desde que me llevaron a casa de Sven. Todas las noches salía
e iba a verte. Y no dejado de salir cada noche, nunca. – lo
miró a los ojos, serio. –Nadie va a enterarse. Sólo
hay algo que sé hacer bien, y puedo hacerlo. No soy un muñeco,
no puedo vivir encerrado ni controlado todo el tiempo. Ponte en
mi lugar… no, no puedes. – desvió la mirada enfadado
y a la vez pensado que sólo alguien podía y seguramente
ni siquiera él.
– Ashram... – le sostuvo el rostro para que lo mirase
de nuevo, sintiéndose culpable. – Supongo que no está
bien que te riña ahora, si antes aceptaba tus visitas. No
sé qué hacer. Quería estar contigo y aún
lo deseo. No quiero perderte. ¿Puedes comprender tú
eso?
–Lo comprendo. Pero eso es egoísta, tú has
elegido cómo y con quien vivir tu vida. Yo no puedo, nunca
he podido, y nadie va a prohibirme la poca libertad que tenga. –
desvió la mirada. –Es cómo tener un pájaro
en una jaula, puedes tenerlo encerrado toda su vida y protegerlo
del frío, pero morirá en esa jaula, sólo. Después
de no haber vivido.
– Eso no va a sucederte a ti. – lo abrazó contra
su pecho por más que tuviese ese gesto de enfado. No le importaba,
él lo quería y se iba a tener que joder y aguantarlo.
– ¿Prefieres acaso que no me importe? Voy a hablar
con Adan... y tú habla con Daniel luego. Ya pensaremos en
algo.
–Está bien, pero no voy a dejar de escaparme por
las noches, y Adan no tiene que saberlo, porque si no… tendré
que dejar de confiar en ti.
– Adan tiene que saber lo de Daniel. – se arrodilló
frente a él, mirándolo a los ojos. – A mí
no me importa que venga a vivir con nosotros. Ya me las arreglaré,
pero no creo que baste con decirle a Adan: “Buenos días,
por cierto, Daniel vive con nosotros ahora.” Sobre todo cuando
Kiyoshi acaba de mudarse con Azrael.
–No tiene que saber que salgo por las noches…–
le repitió, suspirando y pensando que no comprendía
nunca nada. –De todos modos no hagas muchos planes, Daniel
no va a venir conmigo, lo sé. Pero va a presentarme a su
madre.
– Eso es algo, ¿no? Y no le voy a decir eso, pero
ten cuidado, Ashram. ¿Por mí? – le pidió,
casi rogándole. Sabía que no había manera de
sacarle algo de la cabeza una vez que se convencía de ello.
–Ya lo tengo por mí. No quiero que me encierren,
Aki. Sé lo que hago, no soy un niño. – le apoyó
la mano en la cabeza y se arrodilló en el suelo también.
Abrazándolo con suavidad por cuenta propia y acariciándole
la cara.
– Ya sé que no lo eres. Pero eres mi hermano y me
preocupo, no puedes evitarlo. – sonrió porque lo abrazase
así. – Quiero verte feliz, por eso hago planes...
–Estoy bien…– lo miró a los ojos y luego
sujetó sus manos con las suyas, cubriéndolas.
– ¿Todo va bien? – les preguntó Adan
al verlos en el suelo, aunque ya nada le sorprendía cuando
se trataba de Ashram. Se fijo en el montón de cabello en
el suelo y lo miró extrañado. Pero para su punto de
vista se veía mucho mejor. –Has hecho bien en cortarte
el cabello, Ashram.
–Ya…– contestó el moreno, que no sabía
por qué, pero imaginaba que eso le gustaría. –Voy
a ver a Daniel…
–Espera... – Aki se levantó de nuevo, cortándole
un poco el flequillo. – Ahora sí... – sonrió,
peinándoselo un poco. Se veía muy cambiado, por supuesto.
– Saluda a Daniel de mi parte.
–Sí…– Ashram pasó por al lado
de Adan, que tuvo que contenerse para no decirle algo sobre barrer
el cabello.
Adan miró al pelirrojo y cogió la escoba. –
¿Y eso?
– Ashram me lo pidió. – le aclaró, sonriendo
y observándolo. Era justo algo que haría Adan, no
soportaba dejar algo sucio. – Creo que se siente algo inseguro.
Bueno, no es que lo crea.
– ¿Te lo ha dicho él? Estar inseguro y cortarse
el cabello. ¿No es un poco ilógico? Creí que
lo usaba para ocultarse la cara.
– No lo sé, supongo que quiere un cambio, tomar sus
propias decisiones. – el pelirrojo se sentó, apoyándose
en la mesa. – Fue a ver al doctor Hashimoto. Es acerca de
Daniel. – le empezó a comentar con algo de nerviosismo.
– ¿Han roto? – preguntó el moreno preocupado,
mirándolo mientras abría la nevera.
– No... – sonrió un poco al ver que tenían
la misma reacción. – Quiere... vivir con él.
–Oh…Bueno, lo comprendo, pero no puede…–
se sirvió un poco de agua en un vaso y suspiró. –Ya
lo sabes.
– Sí, pero ¿no crees que es triste? Imagina
no poder vivir juntos... – intentó ablandarlo, acercándose
para apoyarse en sus hombros.
–Sí, es muy triste. – sintió un escalofrío
al notar que estaba tratando de convencerlo de algo, aunque aún
no sabía ni de qué. – ¿Pero qué
quieres que yo le haga? Podría pedir que revisasen su sentencia
y comprobasen que realmente sólo hacía esas cosas
porque lo obligaban, y que ahora es una persona completamente adaptada.
Pero no sé si es lo mejor para él…
– ¿Podrías? – Le preguntó emocionado,
aunque por otra parte, no le emocionaba mucho el separarse de Ashram,
pero era un pensamiento egoísta, tal y como le había
echado en cara su hermano. – No es justo... que tenga que
vivir así. Aunque en realidad, le pidió a Daniel que
viviese con él.
– ¿Aquí? – Adan suspiró y miró
a Aki. –Y supongo que lógicamente el chico se negó.
Es muy pronto y además él es ciego, está acostumbrado
a su casa y no creo que quiera mudarse. Eso por no hablar de que
somos muchas personas aquí y no vamos a estar realmente pendientes
de cumplir ciertas normas.
–Supongo que tienes razón, ¿pero no crees que
podríamos hacer algo? Si lo hubieras visto, ni siquiera fue
a clases hoy. – Lo miró a los ojos, implorante. Realmente
no soportaba ver a Ashram así y no poder hacer nada.
–Podríamos… mudarnos de nuevo, a una casa más
grande. Algo tipo… adosado. Así viviríamos en
la misma casa, pero ellos estarían en intimidad. Es lo único
que se me ocurre, Aki. – se sentó en una silla y sonrió
levemente. Pensando que nunca le dejaban tranquilidad.
El pelirrojo sonrió, sentándose sobre sus rodillas
y rodeando su cuello. – Te amo tanto, Adan... – Lo besó
profundamente, sin poder creerse que fuera tan maravilloso.
–Ya. – el moreno suspiró con fuerza, apoyándose
con un codo en la mesa y pasándole la otra mano por la espalda.
–No hacéis más que darme la lata… los
cinco.
– ¿Los cinco? No me digas que estás contando
a Daniel, el pobre no ha hecho nada. – se rió, alborotándole
más el cabello. – Sólo quiero que toda mi familia
sea feliz. ¿Es eso mucho pedir?
–No, y sí. – se rió con suavidad, peinándose
un poco de vuelta y levantándose para sacárselo de
encima, ya que sabía que si no, iba a despeinarlo de nuevo.
–Lo bueno es que supongo que no habrá más visitas
a la cama.
–Creo que lo extrañaré... – comentó
por ver cómo reaccionaba, riéndose un poco. –Aún
hay que ver qué dice Daniel, le presentará a su madre,
¿sabes? Hum... tal vez por eso quería cortarse el
cabello.
Adan asintió con la cabeza. –Pues es normal, para variar…–
suspiró y le apretó el pecho al pelirrojo. –Falta
le hacía, que vaya pelo llevaba.
– Yo siempre creí que le quedaba muy bien, misterioso.
¿No te dejas crecer el cabello, Adan? – sonrió,
alzándole un mechón, aunque sólo bromeaba.
– No, a mí me gustas así, tradicional.
–Los bomberos no podemos llevar el cabello largo, y de todos
modos no, desde luego que no voy a ir por ahí todo descuidado.
– suspiró y le sopló el cabello a él.
–Y no le hace falta parecer misterioso, ya lo es de por sí.
Mejor que parezca normal, y esperemos que esa mujer tenga tacto.
Porque desde ya… te advierto que probablemente sea el comienzo
de un problema.
– No seas negativo. Ashram tiene su encanto también.
– le aseguró, poniendo un gesto grave, ya que le preocupaba.
– Supongo que todo depende de Daniel ahora. Me siento un poco
inútil.
– ¿Qué más quieres hacer? No puedes
luchar sus batallas, déjalo, diga lo que diga esa mujer,
la decisión final es de Daniel. Sinceramente no me pareció
una persona débil y si fuera dependiente de las opiniones
de su madre, seguramente no estaría viviendo sólo.
– le sujetó los hombros y lo llevó con él
al sofá del salón.
– Ya, pero nunca puedo hacer nada... ¿Comprendes lo
que digo? Sé que tiene lógica, pero me gustaría
ayudarlo. – se quejó aún así, recostándose
contra el moreno y deslizándose hasta quedar en su regazo.
– ¿Cómo puedes decir eso? No has estado dejando
de hacer cosas por él desde que te enteraste de que era tu
hermano. Incluso antes. Tiene mucho que agradecerte y no quiero
volver a escuchar eso…– frunció el ceño
ligeramente y le acarició el pecho.
– No quiero que me lo agradezca, quiero verlo sonreír.
¿Crees que es imposible? – sonrió ligeramente
él al verlo así, alzando una mano para tocar su ceño.
–Deja…– le riñó, sonriendo levemente.
–Creo que es muy posible, pero Ashram es Ashram y es una persona
depresiva, tiene motivos para serlo y nunca va a ser jovial. Tal
vez él sea feliz así.
– No lo es, me lo ha dicho, que nunca es feliz... Y luego
pasa a decirme lo que le diré y me pide que no le grite.
O algo así. – suspiró resignado. – Supongo
que tienes razón. Tendré que confiar en ese chico
aunque me cele. Ahora te comprendo.
Adan asintió ligeramente con la cabeza. –Tú
me haces feliz a mí.
– Y tú me haces feliz a mí. Estaba pensando.
¿Aún guardas uno de esos trajes todos serios que usabas?
–Claro, todos. Nunca sabes cuando puedes necesitar uno.
¿Por qué? Te quedan grandes.
– No lo quiero para mí. Es que... tengo una fantasía...
– jugueteó con él, moviendo un dedo por su pecho.
–Aki…– el moreno lo miró serio, aunque
había enrojecido levemente. – ¿Y ahora qué
es?
– Bueno, es que antes cuando los usabas todo el tiempo, solo
quería verte sin ellos. Y ahora... quiero verte salir de
uno. Tal vez deberíamos comprar un traje de policía
también. – añadió, molestándolo
ahora.
–No vamos a hacer eso…– le aplastó la
cabeza contra su pecho para que no lo mirase. Sabía que estaba
molestándolo. –Y está bien, me pondré
un traje, pero más vale que no venga Kiyoshi o verás.
– No vendrá, no planeo compartirte ni con tu hermano.
Eres mío... – se rió, besándole el pecho
de todas maneras. – Oye, Adan, ¿tú no tienes
alguna fantasía así? Porque si quieres que me vista
de alguna manera, lo haré. No me molesta.
–No, ya sabes que yo soy muy aburrido…– “Normal”,
pensó para sí sin poder evitarlo. –Bueno, en
realidad…
–No eres aburrido. Dime... –alzó el rostro interesado.
– Prometo que no se lo diré a nadie.
–Ni siquiera había pensado que podrías decírselo
a alguien… – le dijo, mirándolo a los ojos. –
¿Crees que podíamos hacerlo en el jardín esta
noche? Podrías…– le pasó un dedo por el
pelo, deslizando un mechón tras su oreja. –Ponerte
unos shorts, abrir los aspersores… y mojarte un poco…
– Sí... –se rió, mordiéndose la
lengua para no delatar a Ashram. – De todas maneras a mí
me parece muy sexy hacerlo al aire libre.
Adan ni siquiera se percató de que encubría a su
hermano y lo apretó un poco contra sí para que sintiese
que se había excitado.
–Bueno… llevaré el traje y me lo pondré
cuando salga del trabajo, si me preguntan alguna tontería,
diré que debo ir a algún lado.
– Vale, entonces, esta noche te esperaré en shorts...
– sonrió divertido, aunque se estaba excitando también.
Además de que encontraba su sonrisa irresistible.
–Pero ponte una camiseta también, me gusta quitarte
la ropa…– lo besó, sintiéndose feliz de
tenerlo y estrujándole la cintura con los brazos. –Te
amo. Me vas a tener pensando en esto todo el tiempo.
– Así es mejor. Ya verás... – Lo atrajo
hacia sí con suavidad, mirando sus ojos. –Estoy tan
enamorado de ti como el primer día. No... Más.
–Yo también… ya lo sabes, se me nota. –
sonrió, sujetando sus nalgas y besándolo de nuevo.
Mirando el reloj de soslayo y rompiendo el beso. –Pero tengo
que regresar al trabajo, y tú también, y mejor será
porque si no…
–Si no... No vamos a poder esperar – se rió,
poniéndose de pie con pereza. No tenía ganas de regresar
al trabajo ahora.
Adan lo miró de soslayo y le sujetó una pierna,
irguiéndose un poco en el sofá y mordiendo su sexo
sobre la ropa antes de levantarse y besarlo de nuevo. –Sé
bueno…– le pidió mientras subía a por
el traje.
– Pues así no se puede... – suspiró el
chico, sonriendo y agachándose para calzarse.

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