Capítulo
52
Indispensable
Tarde, Piso de Azrael y Kiyoshi.
Viernes 5 de Junio
–Bueno… por hoy creo que ya puede valer. – Azrael
se apoyó contra la pared sudando de subir por las escaleras,
los muebles que no cabían en el ascensor. Adan había
insistido en que esperasen al fin de semana para que pudiesen ayudarlos,
pero ellos ya tenían ganas de irse llevando lo máximo
posible para allí. Le pegó un puñetacito a
Kiyoshi en un brazo. –Creía que eras más flojo…
– le dijo, jugando con él y sujetándole después
la cintura del pantalón.
– No, soy uno de esos héroes que se ven débiles,
pero luego pueden cargar tu casa... – se rió el chico,
jugando con él. – Me gusta nuestro piso. Me gusta eso,
“nuestro piso.” –repitió sonriendo contento.
– ¿Sí? ¿No te hace pensar en que somos
mayores y te acojona? - sonrió de medio lado, pegándolo
más a él y rodeándole la cintura con las manos.
– No. No tengo miedo. – sonrió de aquella manera,
rodeando su cuello. – Somos jóvenes, tú conseguiste
entrar en el cuartel de los bomberos y yo seré un artista.
–Vale, yo tendré miedo por ambos entonces. –
sujetó sus nalgas y lo cogió a horcajadas para besarlo.
Estrujándolo después contra sí. –Hum…
creo que me estoy poniendo marica.
– Siempre lo has sido. Lo que pasa es que antes eras cute
y todos te dejaban sobar. – se rió, malinterpretando
su frase deliberadamente.
–Aj… no me hagas recordar ciertas cosas, no seas chungo.
– le apretó las nalgas y lo dejó bajar. –Saca…
lárgate bien lejos antes de que me hagas estrenar algún
cuarto.
– ¿De verdad quieres que me aleje? – protestó
haciéndose el sentido. – Ah... he sudado mucho, me
daré una ducha antes de ponerme a pintar.
Azrael se rió, observándolo airearse la camiseta
y se quitó la suya, lanzándosela a la cabeza.
– ¿Te vas a duchar conmigo? Pero si me quieres lejos.
Ahora tendrás que esperar. – bromeó, sujetando
su camiseta contra su pecho como si se la fuese a secuestrar. Todavía
recordaba esos tiempos en los que un gesto suyo hacía sonrojar
a su novio.
–Es mi casa… puedo hacer lo que quiera. – sonrió,
bajando un poco la cabeza y observándolo, caminando hacia
él y subiendo las manos por su espalda mientras le sacaba
la camiseta. –Deja eso…– se rió, sacándole
las camisetas de las manos y tirándolas por el suelo mientras
lo besaba. –Ahora ya sé por qué queríamos
traer las cosas nosotros solos.
– Si no, hubiésemos estado esperando a que Adan se
fuera. Aunque yo creo que Aki lo ve sudando y se lo lleva. –
se rió porque ya conocía las reacciones del pelirrojo.
– Como tú, te ves sexy así, todo fuerte y agitado.
–Joder… qué pervertidos sois. – Azrael
se rió y le empujó la frente con un dedo. –Voy
a ver si trajimos alguna toalla.
–Vale, pero no es mi culpa. Te has puesto muy guapo, Azrael,
aunque siempre me gustaste. – lo miró irse, sintiéndose
un poco triunfal a pesar de que todo lo que había dicho era
cierto.
El moreno se puso a buscar las toallas que sabía positivamente
había metido en alguna bolsa, aunque no sabía en cual.
–Tú estás mucho más bueno ahora…
– sonrió levemente, y le mostró una toalla.
–Me preguntaba a menudo si habrías cambiado mucho,
cuando por fin te vi… bueno, renacieron todos los sentimientos
que ya tenía hacia ti. Ya lo sabes… – le dijo
mientras se distraía llevando las cosas para el baño,
incluida ropa limpia. Se fue desnudando pensativo. – ¿Qué
te dijo Adan? Cuando os quedasteis a solas…
– Sólo... está asustado. – Sonrió
con ternura, su expresión cambiando un poco. – Tiene
miedo de que deje de ser su hermano pequeño, de que ya no
lo necesite. Pero eso no tiene sentido.
–Yo creo que sí…– el moreno se sentó
en el borde de la bañera en calzoncillos y abrió el
agua para llenarla ya que estaba un poco cansado de cargar con las
cosas.
– ¿Por qué dices eso? Yo tampoco quiero dejar
de ser su hermano pequeño. – Le confesó, un
tanto entristecido, acercándose al moreno y empezando a bajarse
los pantalones.
–Todos solemos ser dependientes de una persona. Sí,
queremos, necesitamos a varias personas, pero siempre hay alguien
que para nosotros es indispensable. Al principio es nuestra madre,
generalmente… o quien sea que nos eduque, luego… el
rol pasa a otro. Y por eso vas a vivirte con otra persona, porque
se ha convertido en tu indispensable, y mamá ha dejado de
serlo. Por más que aún la necesites… –
lo miró a los ojos un momento y cerró el agua. Bajando
la vista a la bañera de nuevo.
–Pero aún así... No significa que debamos separarnos.
Quiero decir, no es como que tú vas a dejar de visitar a
Aki porque vivas conmigo. Y tenemos la suerte de que ambas personas
viven juntas también. – le sujetó el rostro,
mirándolo y sonriendo un poco. – O son ellos los que
tienen la suerte.
–No… soy yo quien la tiene. – torció la
sonrisa ligeramente y se levantó para sacarse la ropa interior
y meterse en la bañera con el rubio en brazos. Hundiéndose
un poco y rodeándolo desde atrás. Besándole
una mejilla. –Y no tiene nada que ver con visitarlo o no.
No lo comprendes… nunca has tenido a nadie a tu cargo, se
trata de algo así… Cómo ser tu héroe.
– se rió y le pasó la mano por el cabello.
– ¿Has tenido a alguien a tu cargo, Azrael? ¿O
te refieres a mí? – se deslizó un poco contra
su pecho, alzando una mano para dejar caer el agua desde la misma.
– Yo seguiré admirando a Adan. Me puse muy orgulloso
cuando dejó la política.
–No, nunca he tenido a nadie a mi cargo, pero sé
lo que es ser una carga mejor que… bueno, no mejor que Ashram,
pero mejor que mucha gente sí…– suspiró
levemente, jugando con sus hombros y enjabonándolo un poco.
–Tú nunca has estado a mi cargo… Adan siempre
ha estado ahí.
– ¿Estás celoso? – sonrió, girándose
entre sus brazos para verle el rostro. – Yo no creo que hayas
sido una carga para nadie. Si te refieres a Aki, le gustaba tenerte
allí. Te extrañó casi tanto como yo.
–No estoy celoso…– sonrió levemente.
–Me asusta un poco… tener que cuidar de alguien.
– Pero esto es diferente. No soy tu hermano pequeño,
ni un niño indefenso. Soy tu pareja y eso significa... que
yo también cuidaré de ti. – Colocó un
dedo sobre sus labios, jugando. – No protestes, ya sé
que eres el hombre fuerte y grande, pero hay otras maneras.
–Ya… pero es que… Que tú me cuides no
me asusta. – se rió y lo hundió un poco en el
agua. –Ya lo hacías…
– Y siempre lo haré. Porque tú no te sabes
cuidar. Aki tiene razón en eso... – le sonrió
tiernamente, acariciando su mejilla y besando sus labios con suavidad.
–Aki siempre tiene la razón en todo…–
susurró, dejándose besar y entrecerrando los ojos
un poco, girándolo boca abajo sobre él y jugando con
sus nalgas mojadas. Sonrió un poco y lo besó ahora
él. –Aki es mi héroe…
– Oh, ¿y yo no? – le hizo cosquillas, riéndose.
– Díselo, seguro que lo haces feliz.
–No… no se lo pienso decir, lo diría de modo
que pensaría que estoy de coña. – se rió
y le pegó una nalgada. –Tú no… tú
eres mi amorcito.
– Pues ahí tienes. Adan no tiene por qué temer...
amorcito mío. – se rió, salpicándole
agua en el rostro como si fuera un niño pequeño.
–Baka…– le escupió el agua y se tapó
con el brazo. –Para, odio que me salpiquen la cara, a la próxima
te hago una ahogadilla.
– Te reto... – se rió, echándose hacia
atrás, con aquella sonrisa divertida en los labios.

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