Capítulo
51
In Plain Sight
Mañana, Piso del Psiquiatra Arrian Craner
Viernes 5 de Junio
– Según las enfermeras de la clínica, es extraño
que se tome el fin de semana libre. Es cuando los clientes más
adinerados tienen tiempo. – le explicó el siquiatra
que había estado encargado de llamar antes para no alertarlo.
–Ese hijo de puta… como se haya escapado por culpa
de esos gilipollas. – el moreno se pasó la mano por
el cabello, conduciendo hacia la casa del siquiatra. –Una
de dos, o se ha escapado, o ellos se han hecho cargo como siempre.
Así que o bien vamos a encontrarnos con un piso vacío,
o con un cadáver.
Kaigan exhaló, realmente deseando no encontrarse con un
cadáver. Podía ser bastante fuerte si se lo proponía,
pero nunca era algo agradable. Aún así, ya podía
imaginarlo. – Tal vez sólo está enfermo. Incluso
los siquiatras nos resfriamos. Claro... supongo que hubiese llamado
para avisar.
Drago lo miró, haciéndole una seña que venía
a decir “Obviamente.” –No vamos a tener tanta
suerte. O más bien él no va a tenerla…–
Aparcó el coche y se bajó junto con el albino. Aprovechando
que entraba una mujer y subiendo con ella en el ascensor. Golpeó
la puerta dos veces. –Señor Craner, abra, es la policía.
Pero desde el interior del piso, sólo se escuchaba el silencio.
El albino alzó la voz entonces por si aquello ayudaba. –
Señor Craner, soy el doctor Hashimoto de la clínica
Sakura. ¿Podemos hablar?
–Aquí no va a abrir nadie. – el moreno lo apartó
de delante de la puerta de cualquier modo. Y la golpeó con
el hombro para entrar. Por suerte no estaba cerrada con llave y
cedió fácilmente. –Huele a sangre… ¡¿Señor
Craner?! Deberías esperar fuera, Kaigan…
– Sí... – asintió el médico, preocupado,
pero a la vez obedeciendo. Después de todo, Adamo era el
policía allí y tampoco creía que fuese a haber
alguien aparte del posible cadáver.
El moreno revisó el piso. Entrando por fin en el dormitorio
del doctor. La escena era horrenda. Esta vez no había sido
lo mismo. Eso por no hablar de que se había defendido. Aún
sujetaba una pistola en la mano, aunque al parecer no le había
dado tiempo de abrir fuego. Dio unos pasos atrás para no
pisar la sangre seca y llamó a la oficina y al forense.
Salió de nuevo al poco rato y observó al albino.
–Lo han cortado en dos…
– ¿En dos? – El albino lo miró entre
sorprendido y horrorizado. – Lo han matado. No dejaron lugar
a duda esta vez.
–Sí, con un arma blanca, un arma grande. Cómo
una espada…– el moreno se apoyó contra la pared.
–Y al parecer se defendió, tenía un arma en
la mano, aunque no llegó a dispararla… – cogió
un cigarro del bolsillo de la cazadora y suspiró con fuerza.
–Maldita sea, si me hubieran dejado hacer mi trabajo…
– Detective... –Kaigan suspiró, pensando por
un momento que no tenía sentido decirlo, pero tal vez necesitase
escucharlo. – Esto no es su culpa. Lo que me sorprende es
el método. En las ocasiones anteriores, ha sido la misma
víctima...
–Creo que el doctor era demasiado inteligente para querer
suicidarse y necesitaron eliminarlo de otro modo. Pero sinceramente…
¿Una espada? Esto no me gusta nada. – le dio una calada
con fuerza al cigarro y se levantó de la pared en la que
estaba apoyado al ver llegar a los otros agentes y al médico
forense. Les dirigió unas palabras y se volteó hacia
Kaigan de nuevo.
–Has venido para nada… – le dio las llaves de
su coche y le pegó una palmadita en la espalda. –Debo
volver ahí. Ya… te contaré.
– Estaré esperando tu visita. O tu llamada. –
corrigió, ya que no quería que se sintiese obligado.
Iba a ser un día ocupado para él, eso estaba claro.
.............
– Gracias. No... Cambie la cita para mañana. –
le indicó el médico apoyado contra el escritorio en
recepción, observando cómo la enfermera escribía
los datos. Lo cierto es que agradecía aquello, le estaba
resultando difícil concentrarse esa mañana. Perdía
profesionalismo. – Sí, justo acaba de llamar.
Ashram entró en el edificio y se quedó parado al
observar al doctor fuera de su despacho dudando sobre si acercarse
o no. Finalmente haciéndolo, aunque por algún motivo
no quería que le hablase directamente a él si no podía
atenderlo hoy.
– Ashram... – el albino se giró saludándolo,
tomado por sorpresa, pero aún así sonriendo para no
incomodarlo. – ¿Quieres pasar a mi oficina? No espero
a ningún paciente hasta dentro de una hora.
–Vale…– el moreno lo siguió hasta la
oficina y se sentó en el diván, no sin pasar por alto
la imagen en el edificio que se veía frente a la clínica.
Era incómodo.
– ¿Te incomoda? Puedo cerrar la persiana. –
le ofreció, notando su mirada, así como su manera
de sentarse. Probablemente lo ponía nervioso su desnudez,
por no contar con aquellas enormes alas.
–No, no lo voy a mirar de todos modos…– le dijo
el moreno, que estaba de espaldas a la ventana. De cualquier modo,
no podía evitar imaginarse por momentos que salía
de aquella pintura sangrienta y acababa con todo. Bajó la
vista como siempre y cruzó las piernas sobre el diván
sin saber muy bien por qué había ido.
–Está bien entonces. – Kaigan se sentó
frente a él, decidiendo que era mejor dejarlo así.
Si la cerraba, de todas maneras sería como tomar la decisión
por él. – ¿Cómo te has sentido, Ashram?
Ashram se encogió de hombros. –No lo sé, a
veces Daniel pierde la paciencia conmigo…– le explicó,
ya que ahora eso le preocupaba aún más. –Y lo
hice llorar… – miró a un lado y se apartó
un poco el pelo de delante de la cara.
– Eso es normal. En todas las relaciones hay dificultades.
Las personas pelean, se enfadan, se ponen tristes... – le
explicó a pesar de que suponía que sabía esas
cosas. Tal vez simplemente no sabía manejarlas en una situación
real. – ¿Por qué lo hiciste llorar? Quiero decir,
¿por qué piensas que fue tu culpa?
–Le dije que me gustaría que me viese. Y creyó
que no lo aceptaba. Pero yo no quería que me viese por mí,
de todos modos siempre piensa que todo es por lo mismo, y entonces
se enfada.
– Ya veo... – lo observó, pensativo por un momento.
– Si siempre se enfada por lo mismo, lo más seguro
es que tenga un problema con su situación. Sentimientos no
resueltos. Las personas a menudo suelen pretender que algo no les
molesta cuando en realidad...es lo que más les molesta en
el mundo.
– ¿Y qué puedo hacer? Si insisto porque lo
noto… se pone a llorar y dice que yo no lo acepto. Pero no
es verdad. A mí no me importa. – Ashram lo miró
fijamente. Era consciente de que no había ido allí
por eso, pero sin embargo no podía hablar de lo que realmente
le preocupaba con nadie. De todas formas eso también había
deseado comprenderlo. No había querido volver desde que el
siquiatra se presentase con aquel detective en su casa. ¿Por
qué? Tal vez siempre había sabido que iba a volver
a hacerlo. Siempre había sentido que él era el responsable
de aquellos asesinatos, aunque no lo hubiera sido realmente. Suponía
que ya habrían encontrado el cuerpo o que pronto lo harían.
Sin duda el siquiatra debía de saberlo.
– Lo mejor que puedes hacer, Ashram, es ser consciente de
su situación. Hazle saber que estás allí para
él, que no te importará si le duele o le asusta...
Que no te parecerá mal. – le aconsejó pacientemente.
– Lo importante no es su ceguera, es su capacidad de aceptarlo
realmente. De aceptar que esto influye en las personas, ya sea correcto
o no.
–Kiyoshi se va a ir a vivir con Azrael, yo no podré
irme nunca con Daniel, y el no parece querer venir conmigo. Dice
que… creo que son excusas…– el moreno miró
a un lado y luego se recostó como quien no quiere la cosa
en el diván con las piernas recogidas contra sí.
– ¿Por qué crees eso? – Le preguntó
simplemente el médico, tomando nota de su actitud.
–Porque… quiero pensar que no es imposible supongo,
y que es porque él no quiere. Si yo no estuviera condenado
de este modo, no habría ningún problema.
– No, no voy a mentirte. Tú situación... es
diferente. No es la situación ideal para una relación.
– lo miró a los ojos, ya que creía que mentir
no ayudaba a nadie. – Pero no es imposible. Los seres humanos
somos bastante creativos. Siempre y cuando logren llegar a un compromiso,
es posible que pueda funcionar.
–El no puede venir a mi casa, yo no puedo vivir sólo,
y nadie puede vivir con una persona ciega si no lo desea realmente.
Supongo que puede ser insoportable, no poder mover nada de lugar.
Mi hermano es bueno, pero no es un santo… Tampoco puedo imponerles
un sacrificio así a los demás, sólo porque
yo quiera estar con él. – Ashram entrecerró
los ojos y miró al albino. –Por las noches me escapo
y duermo con él. No puedes decir nada… es la ley.
– Conozco la ley, Ashram. De todas maneras, no diría
nada. Sin ley o con ella, creo en el privilegio de las personas
que depositan su confianza en mis manos. – lo miró
para que se relajase. – Aún así, es peligroso.
Si le quitasen la custodia a tu hermano, perderías el grado
de libertad que tienes. – le recordó aún serio,
pensando en cómo ayudarle. – ¿Has hablado de
esto con tu familia?
–No, o probablemente no podría volver a escaparme
y eso no me ayudaría en nada. No me van a descubrir. Me he
estado escapando por las noches desde el primer día, en casa
de Sven, en casa de los Adler, en casa de mi hermano… ¿Quién
podría notarme?
– El peligro, Ashram, en esta clase de actos, es que llegues
a creer precisamente eso. Si piensas que eres infalible, en algún
momento te descuidarás. – se inclinó hacia delante,
intentando hacérselo comprender. No era una cuestión
para tomar a la ligera. – Me refería a si les has hablado
de Daniel, de tus deseos de vivir juntos.
–No, ellos me conocen, si les hablo de ello, sabrán
que salgo para estar con él. Además… no quiero
poner triste a Aki. Y no me gusta hablar con ellos…
– ¿Por qué no? ¿Acaso te hacen sentir
mal? –le preguntó intrigado.
–Azrael no se toma nada en serio, Adan… nunca me gustó
hablar con Adan. Kiyoshi no tiene tiempo para mí ahora y
Aki se preocupa por todo y se esfuerza demasiado en consolarme cuando
cree que estoy triste. Todo eso me incomoda. Es más fácil
hablar contigo, porque a ti te da igual…
Kaigan permaneció observándolo en silencio por un
momento. Se veía terriblemente solo. – Yo me preocupo
por mis pacientes. Pero considerando lo que me acabas de decir,
tal vez debería mentirte... – le sonrió ligeramente
para que no se fuera a poner tenso. – Ellos son tu familia,
las familias no son perfectas. Pero por lo que he visto, me parece
que te quieren y eso es importante. Probablemente esa sea la razón
del comportamiento de Aki. Creo que los demás también
estarían dispuestos a escucharte... Pero el verdadero asunto,
es que vives con ellos. No puedes pedirle a alguien que se mude
contigo sin hablar con ellos. Tal vez te sorprendan.
–Pero Daniel no quiere… – le repitió
de nuevo. –Entonces… ¿Para qué hablar
con ellos? Ayer dormí con mi hermano. Me subí a la
cama…– le explicó, ya que siempre se quedaba
en el suelo. –Y me abracé a él, creo que Adan
se molestó, porque se acostó de espaldas a Aki. Yo
sé que soy una molestia para ellos…
– Ellos decidieron obtener tu custodia. Se esforzaron por
poder cuidar de ti, Ashram. ¿Qué crees que indica
eso? – le preguntó, mirándolo a los ojos, pensando
en su propio hermano de pronto.
–A veces a las personas se les mete algo en la cabeza y
lo quieren y luego cuando lo tienen se dan cuenta de que todo habría
sido más fácil de no tenerlo… – suspiró
con fuerza y entrecerró los ojos bajando la vista. –Tengo
frío… he conocido a alguien que me hace ver cosas.
– Si eso fuera cierto, estarías de vuelta con el detective
Sven, ¿no es así? –le preguntó, seguro
de que tendría una respuesta para aquello. – ¿A
alguien? No estás hablando de Daniel, ¿verdad? ¿Qué
clase de cosas te hace ver?
–No, Aki nunca me cedería a nadie. Pero yo no hablo
nunca de Aki cuando digo que molesto…– le aclaró.
–Yo sé que Aki me quiere tanto como yo a él.
– suspiró levemente y apoyó la mano en el cuero
del diván. –No es Daniel, es otro chico, cosas desagradables.
De cualquier modo también las veía antes de conocerlo.
Pero tal vez no sucedía tan a menudo.
– ¿Te ha dicho algo, acaso? ¿Puedes hablarme
de él? – le pidió preocupado, dejando el otro
asunto a un lado por el momento. Ya regresaría a él
antes de que se fuera.
–No, no me fío de él… – sintió
cómo un frío terrible de nuevo en el estómago.
– No te fías de él. ¿Por qué?
– se puso de pie al ver su gesto, colocando su chaqueta sobre
los hombros del chico, aunque dudaba que fuese ese tipo de frío.
– ¿Acaso te recuerda a alguien?
–A mí…– susurró apenas. Dejando
que lo tapase sin moverse de cómo estaba.
– A ti. – el albino se sentó a su lado, esperando
que no le molestase. – ¿Por qué?
–Por las cosas que me cuenta… él cree que lo
tiene todo bajo control, pero no es verdad. No lo creo. –
No pudo evitar recordarlo de nuevo, como se había agachado
en el suelo y había llorado. No sabía por qué,
no dejaba de imaginárselo rajándose la cara con las
uñas antes de alzarla. –No quiero hablar más
de él. Quiero irme. – le dijo sentándose de
pronto.
– Ashram... No tiene nada de malo admitir esas cosas. El
hecho de que te veas reflejado en él y eso te asuste, implica
que hay cosas dentro de ti que te asustan aún. – le
explicó, seguro de que iba a huir en cualquier momento. –
Aún así, no te obligaré a hablar de algo que
no deseas.
–Yo ya sé lo que me asusta de mí…–
le dijo con un gesto de dolor en la mirada. Sujetando la chaqueta
con cuidado para devolvérsela. –Quiero ir con Aki…
pero está trabajando.
– Aún puedes quedarte aquí, no me molestará.
Pero supongo que prefieres regresar a casa. – sonrió,
observándolo. – No quiero ser insistente, pero creo
que debes hablar con Aki o con alguien de tu familia acerca de Daniel
y lo que deseas. Tal vez sólo tenga miedo de perder su independencia.
–Bueno…– lo miró a los ojos. –Yo
siempre hago caso de lo que me dices. – le aclaró.
–Pero voy a casa igual…
– Está bien. Cuídate, Ashram. Y no dudes en
volver si necesitas hablar. – le sonrió, aunque seguía
preocupado por aquello del chico misterioso.

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