.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 50
Si Quieres Algo has de Tomarlo

Madrugada. Retiro.
Viernes 5 de Junio

–Oh… ya has regresado. – el moreno lo miró desde la cama al notar que la puerta se entreabría y se incorporó un poco con la espalda contra la pared. –Te ha llevado tu tiempo parece.

– Y que lo digas. Ese chico... – exhaló con fuerza, dejándose caer a su lado a pesar de que deseaba darse un baño antes de acostarse. – Tuve que esforzarme. ¿Puedes creer que dijo que no me salvaría de nuevo? A mí...

Dante esbozó una sonrisa. –Se habrá dado cuenta de que no necesitabas defensa. ¿Tal vez?

– Claro que no. Hasta me dijo que era realmente malo. Y claro que lo fui. ¿Sabes de cuantas maneras hubiese podido matar a ese idiota? No le hubiera dado tiempo de abrir los ojos... – exhaló nuevamente, sintiendo que su enfado regresaba. Detestaba disminuir sus habilidades. – Por otro lado, es realmente impresionante. Lo mató con un solo movimiento.

–Bueno, es natural, no ha hecho otra cosa desde que era un niño sino matar…– sonrió aún más, complacido con esa información, y entrecerrando los ojos levemente. Pensativo. –No vayas a dejarte llevar por tu ego, no queremos que se vaya a enfadar contigo y te haga daño.

– No lo haré. Y tampoco soy tan débil. Puedo defenderme – contestó molesto, aunque luego de haberlo visto moverse así no estaba tan seguro. – De todas maneras, luego hablamos, tuvimos un momento muy sincero, hasta lloré un poquito... – sonrió, cubriéndose el rostro.

–Pérfido…– el moreno lo miró de soslayo, alzando un brazo y esperando a que se aproximase para rodearlo. – ¿Y por qué llorabas si puede saberse?

– Porque me odiaba... – se rió, abrazándose a él. –Pero funcionó, vino a mí, me consoló. Tuve que contarle la verdad sobre mí, acerca de mi pasado. Pero creo que volverá, así que no me arrepiento.

–De todos modos no tienes motivos para arrepentirte. El pasado no tiene importancia, y mucho menos el pasado al que nos hayan arrastrado. Sólo importan las decisiones tomadas por propia voluntad. Sólo esas dicen algo de ti…– le rozó la cara con un dedo, notando que estaba manchado de sangre. –Te has manchado.

– Debí lavarme el rostro también. Espero que nadie me haya visto. – sujetó su mano lamiendo el dedo que acababa de pasar por su rostro, succionando la sangre. – No me arrepiento de mi pasado. Pero sabes que no me gusta dar información a ciertas personas. Siempre debes mantenerte por encima.

–No te preocupes por eso. Decírselo a él es como hablar con un perro. Y de todos modos ¿Por qué debería importarte su opinión? – le sujetó el labio inferior con dos dedos, apretándoselo un poco y soltándoselo. –A veces desearía hacerte daño, marcar tu cuerpo mientras me dejo llevar por mis instintos más bajos.

Damian sonrió lujurioso, deslizando un dedo por su nariz y su cuello, hasta llegar a su pecho. – Lo sé, lo veo en tu mirada... y me gusta. Me excita. Eso te hace impresionante, ¿lo sabías?

–No…– susurró, arrastrando un poco las palabras y besándolo profundamente mientras sujetaba su cuello. Se sentía tan fino que le parecía poder partirlo con una mano. Pero no lo haría. Sabía que a veces se le iba un poco la cabeza. –Pero no lo haré… – bajó la mano por su pecho tras aflojarla y romper el beso.

– Por eso te amo... – se subió sobre el moreno, besándolo salvajemente, él sí mordiéndole el labio inferior con fuerza y lamiendo luego la sangre que surgía de su herida. – Y tú me amas así como soy... Porque comprendes. Te controlas ante mí, pero no me controlas a mí. Y sabes que nunca...

–Lo sé…– murmuró excitado. Le sacó la camiseta y la tiró a un lado, deshaciéndose del resto de su ropa y sujetando sus nalgas. Lo besó profundamente, separando mejor sus piernas a los lados de sus caderas, tanto como era posible. Dejando sus nalgas abiertas y su ano expuesto en el reflejo del espejo tras él. De hecho los espejos estaban por todas partes en el cuarto, con el único objetivo de satisfacer sus ansias de observarlo de todos los modos posibles. Así era su obsesión por la belleza terrible de aquel chico al que jamás había podido negarse.

– “Te amo.” – susurró jadeante en su oído, lamiendo su oreja luego, consciente de que lo estaba observando. Dante era el único que podría comprenderlo, amarlo verdaderamente y el único al que él amaría. El único que le importaba aparte de su propia persona.

El moreno bajó las manos por sus nalgas y las apretó justo debajo de estas, besándolo profundamente y alzando las caderas para hundir su sexo contra aquel abdomen cálido.

............

No pudo evitar recordar, recordar de nuevo como en la oscuridad de la noche su puerta se abría y el rubio entraba. Silencioso. Él ya sabía lo terrible que era a pesar de hermoso, pero aún así se hacía el dormido sin temer por su vida.

Damian se acercó a la cama, observándolo dormir, rozando el borde del colchón con los dedos. Se preguntaba si realmente estaba dormido. Lo miró más de cerca, subiendo a la cama con ligereza, sujetándose las rodillas, aún observándolo de la misma manera atenta.

El moreno siguió como si nada, preguntándose el motivo de su comportamiento. Tal vez pasaba demasiado tiempo fuera de casa mientras trabajaba y se sentía sólo sin él. Pero aún no era lo suficientemente adecuado para llevarlo consigo. Sintió la tentación de preguntarle qué hacía, pero finalmente lo dejó tranquilo, sin revelarle que no dormía.

Damian suspiró, sonriendo de manera traviesa luego y apartando las sábanas. Se arrodilló entre sus piernas, bajándole los pantalones del pijama, mirándole a la cara por ver si reaccionaba. ¿Acaso era de piedra?

–No recuerdo que tuviera tanto calor como para tener que sacarme los pantalones…– Dante lo observó por fin y se enderezó ligeramente contra el cabecero.

–Sabía que estabas despierto. – se rió el chico, mirándolo aún con aquel gesto travieso en el rostro. – ¿Por qué te haces el dormido? – le preguntó, sujetando ahora su ropa interior con claras intenciones.

El moreno le sujetó la mano con la suya delicadamente. –No creí necesario tener que despertarme…

– ¿No? Pero te despertaste ahora, sólo para detenerme... – se miró la mano y luego a los ojos del moreno. Lo intrigaba más que nadie en el mundo.

–No creo que necesite una revisión a estas horas de la noche…– lo miró a los ojos y sonrió.

– No iba a revisarte, iba a hacerte sonreír. ¿No quieres? – Le sonrió él, subiendo un poco sobre el moreno.

–Ya estoy sonriendo…– Dante le pasó la mano por la cara y suspiró levemente. –No tienes que hacer esa clase de cosas para tenerme contento. Lo que quiero es que hagas lo que te dije, que estudies y aprendas a comportarte adecuadamente. Eso es todo.

– Y ¿qué sucede si no quiero comportarme así? ¿No te agrada esto? Eres extraño... – protestó el chico, quitándose de encima y cruzándose de brazos como si lo hubiera ofendido.

Dante se rió para sí y lo siguió con la mirada. –Eso no se debe hacer como compensación a nada. Tú debes ser orgulloso y no traficar con esa clase de cosas, tu cuerpo no ha de ser algo que se obtenga fácilmente. Debe ser imposible… ¿No suena mejor eso?

– Imposible... pero esto me gusta. A mis padres no les molestaba. – lo acusó, mirándolo ahora de soslayo como intrigado por lo que decía.

–A tus padres… – murmuró el moreno, un tanto serio, mirando hacia delante. –No, sólo debes entregarte a una persona y no por motivos bajos. Sólo cuando creas que esa persona es merecedora de ti. Lo gratuito se desecha rápidamente.

– Yo creo que no te gusto... Ese tío de la institución también me rechazó, salió huyendo en realidad. – se acostó a su lado, dándole la espalda y acurrucándose inconscientemente. – Aunque sólo lo hice por molestar...

–Por supuesto que me gustas…– deslizó un dedo por su columna hasta llegar al nacimiento de sus nalgas y tiró ligeramente de la goma de su pantalón, esbozando una sonrisa. –Pero no quiero ser tu pasatiempo. Debo ser lo más importante para ti o no me interesa… ¿Te frustra eso? Pues aprende de ello.

– ¿Yo soy lo más importante para ti? No lo comprendo. Si te importa algo, lo demuestras, ¿o no? Además es agradable, es sólo... agradable. – se alejó de él, finalmente bajando de la cama, sin querer mirarlo. – Me voy a mi cuarto.

–Preferirías quedarte aquí…– extendió el brazo y le ofreció su mano. –Yo te daré algo mucho más que agradable si sabes esperarlo. Desde luego que eres lo más importante. Creí que te lo demostraba cada día. Tienes todo lo que deseas y más…

– Pero estoy solo todo el tiempo. Luego vienes y te haces el dormido. No me gusta. – se quejó, observando su mano como indeciso. Se sentía lastimado, pero no quería demostrarlo. Sujetó su mano, regresando a su lado, sentándose. – Me aburro.

Dante se rió sin poder evitarlo y lo aproximó a él, girándolo para poder observar su rostro. –Pues te llevaré conmigo. Creí que encontrarías con quien divertirte aquí. Está lleno de gente, no digas que estas sólo. ¿O es que estás sólo si yo no estoy?

– Me gusta estar contigo. Los demás sólo me alaban, no me hablan normalmente. – suspiró, aunque tampoco le desagradaba eso del todo. – Siempre hablan de cosas que no me interesan... Y tú eres mi padre ahora, ¿no es así?

–Soy mucho más que eso… – Dante observó sus ojos y después aquellos labios rojizos. –De ahora en adelante te llevaré conmigo siempre a donde quiera que vaya… y no volverás a sentirte solo. – Llevó dos dedos a sus labios y se los acarició suavemente, el tacto haciéndose más brusco hasta separar sus dientes. Empujó los dedos en su boca, contra su lengua adentro y afuera. Rozándose con sus dientes. – ¿Sabes, mi amor? – le preguntó mientras veía su devoción al acto. –Aún conservo la cicatriz de tu mordisco en mi hombro. Y a veces quema, me arde por dentro…

Damian agrandó los ojos, aún mientras succionaba sus dedos, sin llegar a morderlos, esperando a que los sacase para poder hablar. – ¿Por qué? ¿Por qué la conservas? – le preguntó, empezando a abrirle la camisa por ver si era cierto.

–Es la señal de nuestra unión… ¿No crees? – el moreno lo observó mientras le abría la camisa. –Pero también has de saber que me fascina la sangre… y apenas siento dolor, es algo hereditario… muy útil, si te acostumbras. De hecho, no me importan tus hábitos destructivos…

– ¿No? ¿No te importa si te muerdo de nuevo? ¿No me tienes miedo? – le preguntó, aquella sonrisa traviesa en sus labios otra vez. Pasó los dedos por aquella cicatriz, dibujándola. Realmente la conservaba, no le había mentido.

– ¿Miedo? – el moreno dejó escapar una carcajada. –Yo nunca he sentido miedo. Siempre he sabido aceptar el destino… y moldearlo.
– Me agradas... – se abrazó a él de pronto, lanzándose encima sin ningún cuidado, apretándolo. – ¿Soy lo que esperabas?

–No, has superado mis expectativas…– le apoyó la mano en la espalda y lo apretó contra él con demasiada fuerza. –Deberías aprender a moverte con más cuidado.

– ¿Por qué? Yo no te tengo miedo. Soy un demonio. No sentimos esas cosas, ¿verdad? – permaneció allí sin importar cómo de fuerte lo apretase. – Te pusiste serio... cuando mencioné a mis padres.

–En realidad mi seriedad se debía a enterarme de que tus padres utilizaban tu cuerpo. ¿Quiénes creían que eran? Simples mortales, utilizándote… Eso me molesta. Hubiera sido diferente de haberlos utilizado tú a ellos. – le explicó, pasando ambas manos por su cabello ahora y echándoselo hacia atrás para verle bien el rostro.

Damian se rió con suavidad, susurrando. – “Creí que estabas celoso...” Eres impresionante, Adramelek. Pero tampoco me dejas utilizarte... – se rió de nuevo, acurrucándose, casi enroscándose en él como si se tratase de una serpiente.

–Pero yo no soy mortal, mi amor… y tú… aún no puedes seducirme. – le acarició la espalda de nuevo y subió la mano bajo su camiseta. Su piel era extremadamente suave. Se notaba que no era humano.

– ¿Seguro que no puedo? Todos me encuentran irresistible. Estoy seguro de que podría seducirlos... – comentó, pensando más bien en las personas que lo cuidaban de día, había notado algunas miradas. Pero claro, estaba mucho más interesado en el moreno en esos momentos. Deslizó su lengua por la herida que él mismo había creado.

–No, no puedes…– sonrió levemente y torció los labios. Lo giró sobre él, boca arriba, mirando al techo, apoyó los labios contra su cuello desde atrás. Su mano sujetándolo por el pecho con fuerza para que no se girase. –Y no quieres… te destrozaría. Llorarías y te retorcerías. Y cuando ya no pudieses casi respirar me rogarías que acabase ya…

– Pero eso me hace desearlo... Eres malo. – sonrió observando el techo, excitado por la respiración contra su cuello. – No te creo. Yo te mordería de nuevo.

Dante se rió contra su piel. –Siempre tienes una respuesta… ¿Verdad? – le subió la camiseta hasta sacársela por la cabeza y pasó las manos por su torso, acariciando sus pezones especialmente y sujetándolos después. Estrujándolos y tirando de ellos para nada amablemente. – ¿Crees que deseas estas manos? No son tan gentiles como cuando te acarician…

– Ah... No necesito... que seas gentil. – jadeó el chico, arqueando un poco la espalda aún así, sintiéndose caliente y sujetando su propio sexo. – No soy un ángel...

–No… o ya te habría matado, cariño. – subió la mano por su cuello y se lo apretó ligeramente. Bajó las manos de nuevo por él y le sacó toda la ropa. Sujetó sus tobillos y le levantó las piernas, separándoselas hasta notar que la tensión de sus tendones dolía. Entonces se las abrió más aún.

El rubio dejó escapar un gemido, su sexo irguiéndose más. Le gustaba aquella amenaza en la que se sentía tan seguro, esa pasión. Soltó su sexo y se sujetó a las caderas de Dante con las manos, clavándole un poco sus uñas.

–Ni siquiera lo noto… – se quejó el moreno. –Hazlo… haz lo que deseas, no te detengas ante nada, no existen esas barreras de moral, son humanas y no tienen sentido en nuestra casa. – el moreno tiró de sus tobillos hacia arriba ahora. Los pulgares del rubio rozando sus labios, deslizó la lengua por ellos y entre sus dedos, notando cómo temblaban sus piernas tensas por el esfuerzo.

–No... No existen... – jadeó, clavando sus uñas ahora con fuerza para impulsarse un poco hacia arriba. Le costaba esfuerzo, pero no iba a dejarse vencer fácilmente. No quería que lo viese como alguien débil. Y de todas maneras, aquel juego lo excitaba aún más.

Dante sintió cómo la sangre resbalaba caliente en hilillos finos por sus caderas y sonrió levemente. Se giró en la cama y lo dejó boca abajo sobre la misma. Acarició su espalda con suavidad, tornándose más brusco a medida que la frotaba. Le golpeó las nalgas con la mano, la misma restallando cada vez con más fuerza en su piel. –No te preocupes… mañana seguirá tu piel tan perfecta como era. – le aseguró, observándolo acostado.

– No me preocupo. – giró su rostro sobre la almohada, sonriendo a pesar de que estaba rojo. Y una vez más, bajó su mano para acariciarse a sí mismo, frotándose con fuerza, mientras gemía sin ningún control.

El moreno le alzó las nalgas, separando sus rodillas tanto como el chico daba de sí. Rozó sus tendones, se marcaban con fuerza en aquellas piernas delgadas por lo tensos que estaban. Sujetó sus testículos, eran pequeños y suaves, rosados por la excitación. Los acarició, masajeándolos y tirando de ellos, pellizcándoselos y retorciendo su piel fina.

– Aahhhh... – gimió el chico con fuerza, apretando más su sexo, soltándolo por fin. Se alzó un poco sobre la cama, rozándose contra las sábanas como si careciese de autocontrol. – ¿No vas... a ponerlo dentro?

–Te he dicho que no…– le llamó la atención, bajándolo de nuevo y manteniéndolo ahora aún más estirado en la cama. Sujetó sus piernas al fin y le dejó estirarlas. Sujetando sus genitales y echándolos hacia atrás, apretándolos entre sus muslos y evitando que se rozase contra las sábanas.

– Dante... – se quejó el chico, deseando que lo hiciera, podía sentir su ano pulsando, esperándolo, su sexo estaba completamente erguido contra sus muslos, deseando liberarse.

–No. – insistió el moreno, observando su sexo apretado por la incómoda postura y rozándolo entre dos de sus dedos.

– Haa... Dante... – el rubio se estremeció, alzándose un poco sobre sus propios brazos, intentando rozarse como fuera. Jamás se había sentido así. Deseaba correrse más que ninguna otra cosa en el mundo.

– ¿Qué quieres?- le preguntó el moreno, alzando un poco la voz y frunciendo el ceño. Golpeó su sexo inflamado con la mano. –Si quieres algo has de tomarlo. ¿Quién te lo regalará? Nada vendrá de por sí a tu mano por su propio pie. Te dije que no te detuvieras… ante nada. – le dijo. Severo, sujetando su cabeza con la mano y apretándole la cara contra las sábanas, asfixiándolo.

Damian luchó contra las sábanas sintiendo que se ahogaba, a pesar de que podía escuchar las palabras del moreno perfectamente bien, se sentía mareado, pero también... sentía que se entregaba nuevamente a la furia. Se movió con brusquedad, aún luchando, comprendiendo que no podría levantarse de esa manera, finalmente utilizando sus piernas, pateando a lo salvaje sin importarle qué golpeaba.

El moreno lo soltó, girando un poco la cara tras recibir una patada del rubio en los labios. La sangre bajó por su mandíbula y lo volteó en el colchón boca arriba. Sujetando sus tobillos para que no se moviese. – ¿Vas a llorar ya?

– No voy... a llorar... – le aseguró con el ceño fruncido a más no poder, su rostro rojo y contorsionado en un gesto de furia. Aún se movía en la cama como si fuese una criatura infernal, luchando con el moreno.

Dante lo observaba sin dejarle oportunidad, sujetándolo y desviando sus intentos una y otra vez. – Llorar no sirve de nada… ¿Verdad? ¿Qué es lo que quieres, Abaddon? – Lo cierto es que su sexo había comenzado a palpitar grande y caliente contra una de sus piernas. Levantándose despacio hacia su abdomen. – ¿Sufrir te ha hecho dejar de desearlo?

– No... ¡No! – Le gritó con fuerza, alzándose un poco como si estuviera poseído, aún intentando liberarse. Sabía que podía lograrlo, podía hacerlo si sólo se esforzaba un poco más.

El moreno le sujetó las muñecas y se inclinó hacia su boca, su lengua entrando entre los labios del rubio todo lo profundamente que podía, arrastrándose contra la del chico y lamiendo su paladar, sus dientes. Lo soltó por fin, dejándolo libre mientras lo besaba de aquel modo asfixiante, pero el chico le mordió la lengua de manera salvaje, sintiendo su sangre entrar en su boca, soltándolo luego, con una gota de sangre aún deslizándose por la comisura de sus labios.

El rubio sonreía exaltado, a la vez que se masajeaba su sexo con fuerza, observando al moreno, jadeando y corriéndose finalmente, haciéndolo gemir sin control una vez más.

Dante le besó el cuello, succionándoselo mientras su mano bajaba a ayudarlo a acabar. Manchando su piel con su propia sangre y respirando con fuerza el olor de su sudor –Muy bien, cariño… así es como se consiguen las cosas.

– Asíh... – jadeó el chico aún terriblemente agitado, sin dejar de sonreír de aquella manera salvaje. – Padre...

El moreno le apartó el cabello empapado del rostro y sonrió suavemente. –Estás cansado, duerme, mañana te llevaré conmigo.


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