Capítulo
48
A Little Role Play Never Hurt Anyone
Noche.
Jueves 4 de Junio
Kaigan tocó el timbre, de pie frente al piso del detective,
un poco nervioso a decir verdad. Estaba seguro de que aquello era
irracional y de que lo estaba incitando a aquel comportamiento caprichoso.
Pero deseaba verlo, no podía dejar de pensar en que se sintiera
solo, en que le echara en cara que sólo él iba a buscarlo.
Tocó el timbre de nuevo, preguntándose si estaría
dormido.
–No estoy en casa…– el hombre tras él
le besó la nuca y abrió la puerta desde detrás
de él para que entrase si quería. – ¿Me
echas de menos tan pronto?
– Adamo... Lo sabía, debí llamar. – exhaló,
entrando y sintiéndose más avergonzado aún.
– Traje comida, ¿ya has cenado?
–Aún no, estaba discutiendo con la fiscal y…
tratando de no desquiciarme. – se rascó la frente y
dejó la cazadora negra tirada por cualquier lado. –Me
alegro de que hayas venido. Estoy cansado. Tal vez mañana
podamos encerrar a ese tío.
– ¿En serio? ¿Me permitirías hablar
con él? Tal vez pueda ayudar. – dejó la bolsa
con comida caliente sobre la mesa de la sala, siguiéndolo
con la mirada. – Si estás muy cansado puedes irte a
la cama, no vine a contribuir a esa falta de sueño que parece
ser constante en tu vida.
–No, tengo hambre. Sólo deja que me quite esto. –
murmuró mientras se sacaba el arnés y la camisa para
ponerse una camiseta. Se sentó en el sofá a su lado
tras coger unos cubiertos y se quitó las gafas. Apoyándolas
en la mesa y pasándose las manos por el cabello hacia atrás.
–Esto se siente un poco… cotidiano.
– Algo de normalidad no viene mal, detective. En realidad,
creo que le agrada. – le sonrió porque lo estaba analizando
de nuevo, a la vez que sacaba la lasaña y los trozos de pan
que servían con la misma.
–Me has pillado. – se rió entre dientes. Recostándose
hacia atrás contra el respaldo y observándolo. Le
pasó la mano por los hombros para acariciarle la mejilla.
–Sobre los doctores que me pasaste, hay tres de ellos que
se encuentran dando consejo en centros de relax, reconciliación
y ese tipo de chorradas. Interesante. ¿Verdad?
– Interesante. La verdad, no es poco común que algunos
tengan dos trabajos. Pero ese tipo de filosofías... –
suspiró, meneando la cabeza. – Puede llamarme anticuado,
pero no creo en cubrir los problemas con fantasías.
Drago se rió ligeramente, cogiendo un plato y comiendo,
estaba muerto de hambre. –Soy consciente de ello. No me parece
muy profesional. Pero no sabemos como funcionan esos centros. Tal
vez sólo les dan consejos al respecto en un ambiente relajado…
– Tal vez, supongo que estoy prejuzgando... – sonrió,
realmente sintiéndose anticuado. – Le voy a preguntar
algo poco profesional. ¿Qué opina usted de mis métodos?
–Depende, creo que a la hora de por ejemplo un interrogatorio
eres demasiado flojo. No digo que tengas que atacarlo, pero…
– se levantó a coger la botella de vino que no habían
terminado y se sentó a su lado de nuevo.
– Hum... No estoy hecho para interrogar. Supongo que podría
ser más agresivo, pero las personas suelen hablar más
si se sienten cómodas, detective. – dejó escapar
una ligera risa, observándolo con curiosidad. – Creí
que se iba a quejar, pero no esperaba eso. Más bien, esperaba
que dijeras que soy demasiado insistente o algo así.
–Ya lo sabe. Soy impredecible para usted y por eso le gusto
tanto…– bebió un poco de vino que acababa de
servir en la copa y sonrió levemente. –Tal vez tienes
razón, a la gente le gusta meter la pata cuando se siente
cómoda. De todos modos, creo que hicimos un buen equipo.
No voy a criticar tu modo de hacer las cosas en las sesiones. Yo
no soy quien para juzgar la profesionalidad de un siquiatra, supongo
que eres bueno, o yo no te habría dicho nada.
– Supongo, sólo... quería saber cómo
se siente desde el punto de vista de un paciente. Sé que
a algunos no les agrada que insista tanto. Las personas no quieren
ver sus problemas. Por eso van a esos lugares, para que les digan
que todo está bien o que si meditan dos veces al día,
sus miedos desaparecerán. No lo sé, tal vez funcione.
– asintió, empezando a comer ya que lo había
olvidado por completo por estar concentrado en aquello.
–A mí me cabrea que insistas tanto, eres un coñazo.
Pero supongo que funciona, la gente no cuenta esa clase de cosas
así por así… – suspiró, dejando
el plato a un lado y cogiendo un cigarro.
– No y tampoco me he rendido contigo. Pienso continuar hasta
que hagas las paces con tu pasado. – le advirtió, sonriendo
un poco. – Pero no esta noche. Esta noche no vine en calidad
profesional. Al menos eso intento, mi propia terapia.
–Cada vez que me examines tendría que aplicarte un
correctivo entonces… – torció una sonrisa levemente.
– ¿Qué me dices, no te apetece relajarte? Jugar
a polis… Seguro que lo estas echando de menos, he estado pensando
en ello y no sé si puedo resistirme. Aunque no me han autorizado.
– Detective Adamo Drago, no se le ocurra meterse en problemas.
Y no delante de mí. – lo miró, advirtiéndole
nuevamente. – No es un juego...
– ¿Qué no me meta en problemas? Soy detective.
¿Qué cree que hacemos? Si no hubiera querido meterme
en problemas habría escogido un trabajo más seguro.
– se apoyó con un codo en el respaldo. – ¿Vas
a venir conmigo, sí o no?
– Eres detective, pero no se supone que hagas las cosas que
haces. – el albino suspiró, pensando en que realmente
tenía tendencia a la autodestrucción. Aunque se preguntaba
si se le habría ocurrido aquello de no haber estado él
allí. – Si te digo que no, ¿Te irás a
la cama como buen chico?
–Doctor, no pensaba ir ahora. Pensaba ir el fin de semana,
fuera del horario de trabajo y como los buenos chicos. – sonrió
levemente y lo miró a los ojos. –Así que…
Podemos ir ahora si quieres. – sonrió malditamente
y se pasó la mano por el cabello. –O irnos a la cama
como los niños malos.
– Creo que debería irme a mi cama y dejarlo a usted
en la suya. Está claro que no se sabe comportar... –
negó con la cabeza, aunque sonriendo un poco. – Adelántate,
guardaré lo que quedó para que no te coman los insectos.
–Hay una chica que viene aquí y limpia la casa cuando
yo no estoy. – sonrió levemente y le quitó los
platos de la mano, subiendo la suya por uno de sus brazos y besándole
la mejilla mientras le acariciaba el pecho. –Entonces…
¿Vendrás conmigo este fin de semana?
– Iré contigo. Es interesante, y sigo siendo tu psiquiatra
además. – sonrió levemente mientras sujetaba
la mano del detective contra su pecho.
–Así también podrás evaluar a los demás
profesionales, seguro que te encanta…– le besó
al lado del lóbulo de la oreja y luego se la mordió
mientras le soltaba la corbata aún bajo su mano.
–Nunca has visto a dos psiquiatras conversando. Es lo más
tedioso del mundo. – sonrió echando la cabeza un poco
hacia atrás y sacándose la camisa del pantalón,
preguntándose si no debería detenerlo, pero sin encontrar
ninguna razón lógica para hacerlo.
–Los he visto, y parecen estar manteniendo la conversación
mentalmente o mediante miradas y sonrisas extrañas. Me pareció
interesante…– Drago le abrió la camisa y acarició
su pecho con la mano abierta sobre él. –He estado pensando
que quiero verte en kimono…– se rió y le bajó
la camisa por el hombro, besándoselo.
– Kimono... Podría complacerte. – suspiró,
pensando que no tenía remedio, aunque no era un buen pensamiento
desde el punto de vista médico. De todos modos, eso no era
algo que quisiese curar. Se giró, colocando las manos sobre
los hombros de Adamo y mirándolo a los ojos. – Pero
no somos psíquicos, sólo pensamos demasiado.
–Lo sé, aunque a veces creéis serlo. –
apoyó la espalda contra el respaldo del sillón y lo
miró a los ojos también, bajando la mirada después.
–Tienes un cuerpo bonito…
– Bonito, interesante elección de palabras. –
sonrió, en realidad jugando un poco con él mientras
deslizaba su mano por si pecho.
– ¿Estás buscando el correctivo? – le
preguntó enseriándose, aunque no lo decía en
serio. Se quitó la camiseta y continuó observándolo.
–Desnúdate…
– Yo no accedí a eso, detective. – sonrió
un poco más, pensando que se veía muy atractivo con
ese gesto tan serio. Se quitó la camisa, dejándola
caer al suelo.
–Pero lo haces…– se echó un poco más
atrás en el asiento, sujetándole la mano para que
se levantase. –No te detengas…
– Está disfrutando esto, ¿no es así?
– contestó, poniéndose de pie y desabrochándose
los pantalones, bajándolos por sus caderas. Era extraño,
comportarse así. Pero le agradaba.
–Mucho… Ya se nota… – pasó la mano
sobre su propio sexo erguido bajo los jeans, abriéndoselos
sin dejar de mirar al albino. –Sigue…
Kaigan se quitó los pantalones por completo observando la
entrepierna de Adamo, sintiendo un golpe de calor en la suya. Metió
los dedos bajo el elástico de su ropa interior, bajándola,
sin dejar de observarlo.
El detective respiró profundamente, llamándolo con
una mano y sujetándole la nuca cuando se acercó. Lo
besó profundamente mientras con su mano acariciaba sus testículos.
–Arrodíllate…– le habló contra los
labios, observando sus ojos y soltándolo para recostarse
hacia atrás de nuevo.
– Le gusta dar órdenes, detective... – se arrodilló
frente a él, esperando no malacostumbrarlo, a pesar de que
no lo estaba pasando mal. Extendió las manos bajando el pantalón
del moreno, acariciándolo un poco.
–Le gusta sicoanalizarme, doctor…– le pasó
la mano por el cabello, apartándoselo del rostro y excitándose
más, previniendo. –Sólo disfruta… no lo
pienses más. Es un juego, mañana todo seguirá
igual. – casi susurró, sujetando su cabello y jugando
con él.
– Esperemos que no... – le contestó un poco
confundido él mismo mientras liberaba el sexo de Adamo, masajeándolo
excitado. Finalmente introduciéndolo en su boca.
El moreno entrecerró los ojos mientras apretaba las mandíbulas,
pensando en lo que acababa de contestar el albino y riéndose
ligeramente para sí. Pasó ambas manos por su cabello
ahora, estrujándoselo y levantándose. Poniéndose
de pie y penetrando su boca con fuerza, aunque cuidadosamente, apoyando
una mano bajo su mandíbula para inclinarle la cabeza y poder
ver su rostro.
Los ojos aqua del albino, entreabiertos, observando al moreno de
manera nublada. Se veía impresionante desde allí,
lo excitaba como no tenía idea. Succionó con más
ímpetu, una de sus manos masajeando su propio sexo ahora,
mientras, la otra se sujetaba de la pierna de Adamo.
–Arriba…– susurró, ayudándolo
con una mano y aproximándolo, entreabriendo los labios para
besarlo y girándolo de espaldas a él de golpe. Lo
pegó contra la pared, apretándose contra él
y acariciando sus nalgas con una mano mientras con la otra le sujetaba
un brazo a la espalda. Le dio un golpecito y se las apretó.
–Separa las piernas…
El albino hizo lo que le pedía, jadeando. – Detective...
qué brusco. – giró el rostro a un lado para
mirarlo de soslayo, temblando al sentir su sexo rozarle las nalgas,
su ano contrayéndose deseoso.
Drago lo miró mientras rozaba su ano con los dedos, deslizando
dos en el apretado esfínter y moviéndolos dentro de
él, haciéndolo temblar ligeramente. Los deslizó
hacia fuera lentamente y empujó contrariamente su propio
sexo con ímpetu antes de sacarlos. Resoplando con fuerza
y tomando sus caderas con las manos, moviéndolo ávidamente
contra él y bajando la cabeza para observar como aquellas
nalgas tersas y pálidas restallaban contra sus propias caderas.
– Oh, Adamo... – jadeó el albino de manera privada,
apoyando la cabeza contra uno de sus brazos, el otro empujando contra
la pared a medida que el moreno lo movía, penetrándolo.
Se sentía ardiendo por dentro, lo llenaba por completo.
Adamo frunció un poco el ceño por el placer, deslizando
ambas manos desde sus caderas hacia delante, sujetando sus testículos
con una y su sexo con la otra. Lo apretó con fuerza, masajeándolo
y empapándose en sus fluidos. Su lengua recorriendo la parte
superior de la espalda del albino, lamiendo su sudor. Finalmente
le mordió la nuca al llegar a esta. Golpeándose con
fuerza dentro de él y corriéndose violentamente dentro
de su cuerpo.
– Nhah... –el albino gimió, apretando los dientes
por la fuerza de las sensaciones, estremeciéndose por completo
mientras sentía el semen de Adamo llenarlo, mojándolo
por dentro, su mano moviéndose cada vez más prisa.
Bajó la cabeza, el cabello cubriéndole los ojos, sin
poder contener más aquel orgasmo, manchando la pared sin
siquiera pensarlo.
Drago lo rodeó con sus brazos fuertemente, besándole
el cuello donde le había mordido y oliendo su piel caliente.
Aún estaba jadeando agitado. Sujetó los brazos del
moreno, apretándolos contra sí, necesitándolo.
Adamo lo alzó en brazos, llevándolo con él
al dormitorio sin mediar palabra y acostándolo en la cama
a su lado. Se giró hacia él, apartándole el
cabello húmedo del rostro y besándolo profundamente
ya que se había quedado deseándolo.
El albino le devolvió el beso, cerrando los ojos, sintiéndose
tranquilo como siempre que lo tocaba de aquella manera. Le pasó
las manos por el cabello, pegando sus frentes luego, mientras Adamo
apagaba la luz y lo besaba con suavidad de nuevo antes de abrazarlo
contra su pecho.

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