Capítulo
43
The Reasons Behind White and Black
Tarde.
Miércoles 3 de Junio
Ashram se detuvo a medio camino con Daniel, observando la fachada
del edificio de tiendas de moda. Casi por completo estaba cubierta
por un enorme cartel publicitario.
Sus ojos se abrieron ligeramente de más, impresionado porque
demostrase su naturaleza abiertamente de aquel modo. No había
hablado con nadie sobre él, pero no había dejado de
pensar en lo que habían conversado. Desvió la mirada
ligeramente al observar su cuerpo semidesnudo y recordar su piel
inmaculada bajo la luz de la luna. Miró a Daniel y tiró
ligeramente de su mano. –Vámonos…
– Sí, me alegra que hayas venido a buscarme. Tenía
ganas de salir a caminar un poco. – sonrió, sin pensar
nada de aquella pausa en la conversación. Después
de todo, era algo natural en Ashram. – ¿No tuviste
problemas entonces?
–No…– le contestó, aunque se había
olvidado de qué estaban hablando por culpa de la visión
del chico. –He estado teniendo pesadillas…
– ¿De nuevo? – Daniel frunció el ceño,
preocupado, apretando su mano. – ¿Cómo las anteriores?
¿Con criaturas como las de ese libro?
–No, con alguien, con un ángel de la Biblia, un ángel
caído.
– ¿Un ángel caído? ¿Uno de verdad?
– le preguntó, acariciando su mano, a sabiendas de
que Ashram tomaba eso muy seriamente. – ¿Quieres hablar
de ello? No me asustaré.
– ¿Sabes quien es Abaddon?
– ¿Abaddon? Creo haber escuchado ese nombre. Pero
¿No es un lugar? – le preguntó, ya que tampoco
se sabía la Biblia de memoria.
–Es el ángel exterminador, que atará a Satán
por mil años al fondo del foso sin fin donde sufren las almas
de los pecadores. ¿Por qué es un ángel caído
entonces?
– Tal vez porque debe estar en el infierno para cumplir su
misión. O tal vez... es un ángel caído, pero
cuando el momento llegue podrá redimirse. Todo el mundo tiene
una segunda oportunidad, ¿no lo crees? – le comentó
pensativo.
–Sí, tal vez debería estudiar sobre él
primero. – murmuró intrigado por lo que Daniel decía.
– Tal vez, pero si te asusta como para darte pesadillas...
tal vez sería mejor que dejaras de leer sobre él.
Aún no me dices qué soñaste.
–No me asusta. – Ashram lo miró –No me
da ningún miedo, yo podría acabar con él si
lo desease.
– Sí, estoy seguro. – Daniel sonrió apoyando
la cabeza contra su hombro. – Entonces, ¿qué
soñaste? ¿Por qué lo mencionas? Deja de evitarme.
–No te evito. Soñé que él mataba gente,
lo veía matar gente y cubrirse de sangre. – murmuró,
pensando de nuevo en la imagen en aquel edificio ahora. –Pero
tal vez ellos no eran buenas personas.
–Tal vez. – lo rodeó por la cintura, soltando
su mano antes, ya que necesitaba la otra para manejar su bastón.
– Es sólo un sueño. Probablemente lo conectaste
con tu pasado. No debe preocuparte. Lo cierto es que la Biblia tiene
algunas partes que dan miedo, ¿no? – Sonrió
ligeramente. – Seguramente es porque no entendemos.
–Probablemente es porque fue hecha para dar miedo. Él
lo hizo para hacernos temerosos de él y que no pecásemos.
– No. Dios no escribió la Biblia, fueron hombres los
que narraron todas esas cosas, interpretando, probablemente exagerando
a veces. – sonrió, seguro de que le refutaría
sus palabras. – No creo que Dios quiera que vivamos con miedo.
–Si no lo quisiera no habría enviado a su hijo a
enseñarles a los apóstoles a escribir aquello. Por
no hablar de que se mostraba ante ellos para que escribieran tales
cosas. Y no necesito recordarte cosas como las plagas de Egipto,
o el infierno que espera a todos los pecadores. Ten un pensamiento
impuro y arderás en el fuego del infierno….
– No vas a arder en el infierno por un pensamiento, Ashram...
– continuó sonriendo. – Jesús vino a enseñarnos
acerca del amor y el perdón. No tienes que tener miedo si
haces el bien. Y aún si no, siempre tendrás una segunda
oportunidad, ¿no es así?
–Aún esa segunda oportunidad es horrible, deberías
leer las escrituras. El purgatorio es un lugar horrible de grandes
padecimientos…
– Pero tienes varias oportunidades en vida antes de llegar
allí. Además, imagino que el purgatorio es como estar
en la cárcel, al final saldrás e irás el paraíso.
– Daniel se detuvo serio y pensativo por un momento. –
¿Tienes miedo, Ashram?
– ¿De qué? – preguntó ya que
sí tenia miedo a algunas cosas.
– De Dios... de qué sucederá cuando mueras...
– contestó en el mismo tono serio.
–Ya estuve muerto. No tengo miedo, pero no quiero perderte,
y no quiero volver a tener miedo. Pero sólo hay unas cuantas
cosas que provoquen esa sensación.
– No vas a perderme. Nunca. – sonrió un poco,
girándose hacia su voz y subiendo las manos hasta que tocó
su rostro. – Dime qué te asusta. Quiero protegerte.
–Qué Aki y tú os decepcionéis de mí.
– miró a un lado. –Arestiel, los sitios cerrados,
y los insectos…
– Lo primero no va a suceder. Aki te quiere mucho y yo te
amo, más de lo que he amado jamás. – sonrió,
acariciándolo con suavidad. – Ese hombre está
muerto. Y en cuanto a lo demás... tendré que limpiar
muy bien mi piso y dejar las ventanas abiertas a la vez.
–Eso no es un lugar cerrado, debería ser más
pequeño para que me diese miedo. – empezó a
explicar, notando luego su gesto. –Era una broma…–
dedujo. –Si dejas las ventanas abiertas entran los insectos,
no me dan miedo si puedo matarlos.
Daniel se echó a reír, asintiendo. – Las dejaré
cerradas pues. Eres gracioso, Ashram. No te metas en mi armario
y todo estará bien.
–Vale, no iba a hacerlo de todos modos. – le rodeó
la cintura. –Me gustaría que te vistieras de blanco
algún día.
– ¿De blanco? Creo que tengo algunas camisetas pero...
¿quieres que me vista todo de blanco? – sonrió,
preguntándose si aquello se vería bien.
–No haría falta que salieses a la calle así,
sólo quiero verte. Quiero pintar la pared de mi cuarto. Pero
no quiero que estés desnudo, o todos te verían.
– No me importa salir a la calle así. No me va a dar
vergüenza que me miren. – se rió, alejándose
un poco del chico para poder seguir caminando. – Me hace feliz,
¿seguro que quieres ponerme en la pared de tu cuarto? ¿No
te cansarás de verme?
–Claro que no, te dibujo continuamente cuando no estamos
juntos. Y eres demasiado guapo para que pueda cansarme…–
lo sujetó de nuevo como si cupiera la posibilidad de que
fuese a escaparse.
Daniel se sonrojó, sonriendo sin poder evitarlo. –
Nunca me habían hecho sentir así. Vamos, necesito
comprar unos pantalones blancos. –Asintió, sin poder
dejar de sonreír aún. Se sentía como si estuviera
flotando.
–Vale… – Ashram lo observó tan feliz
y sintió deseos de abrazarlo, sin embargo no pudo hacerlo
en presencia de tantas personas y se limitó a observarlo.
– Luego quiero enseñarte mi escultura. He estado trabajando
en ella todas las noches. – sonrió, seguro de que no
era muy buena, pero él se la había pedido y quería
que se mantuviese así. Podía sentir ese brillo en
su voz.
–Seguro que es buena, una obra es más que sus formas
o los colores. Es lo que expresa. Estoy seguro… o nadie compraría
arte abstracto. Aunque yo no lo haría de todos modos…
– musitó.
– Vale, pero no tengas muchas esperanzas. Aunque he intentado
ser fiel a tus rasgos. Me los sé de memoria. – Sonrió,
enrojeciendo un poco de nuevo.
–Yo estoy seguro de que me gustará…–
el moreno suspiró levemente. –Deberías confiar
más en tu modo de modelar, es tu forma de expresarte…–
murmuró, mirando al suelo y siguiendo las rayas de la calzada
con la mirada.
– Bueno, es que nunca pensé que fuera el gran artista,
lo hago porque me gusta. Me relaja... darle forma a algo. –
sonrió explicándole. – Tendrás que ayudarme
en la tienda. Confío más en ti que en los vendedores.
–Vale, de todos modos yo no quería que te estuviesen
revisando. – le aseguró, ya que le había preocupado
un poco eso luego de que le explicase cómo compraba.
– No te preocupes. Puedo escuchar si alguien entra en el
vestidor. Y no soy tan irresistible para los demás, Ashram.
– se rió, aclarándole luego. – Lo cierto
es que siempre intento que vaya alguien conmigo. No es que sean
malas personas, pero los vendedores quieren vender. Nunca sabes
con qué vas a terminar.
–Lo sé, yo siempre voy con Aki y de todos modos nunca
quiero ir. – le explicó innecesariamente. –Tú
no sabes si eres irresistible, yo creo que le gustas a mucha gente.
A veces los escucho hablar de ti en clase y de que no comprenden
como puedes estar conmigo con lo guapo que eres…
– Pues no los escuches. – frunció el ceño,
apretando su mano. – Tú eres muy guapo e inteligente.
Eres mejor que ellos de todas maneras.
Ashram suspiró suavemente, mirándolo de soslayo
y pensando que un asesino nunca era mejor que una persona inocente,
por más desagradable que esa persona fuese. –No les
presto atención de todos modos. Es envidia…
– Sí, es envidia. Pero estoy seguro de que a mí
me envidian también. – sonrió, convencido de
aquello y dejándose guiar un poco por Ashram.
–Algunas personas raras…– murmuró Ashram.
Seguro de que él no era objeto de envidias.
– Raras como yo, será... – se rió, sujetándose
de su brazo de pronto, contento.
–Tú no eres raro, eres único… y me refiero
a esa gente que se viste de negro y se tatúa cosas ridículas.
– No seas malo, Ashram... – sonrió el chico,
suspirando. Para cualquiera esto podía parecer algo de lo
más cotidiano, pero él se estaba divirtiendo mucho.
– ¿De qué color vistes tú?
–De negro, pero… yo no lo hago porque crea que si
me visto así soy especial, hijo de Satán o un vampiro…
– Ashram suspiró levemente. –Pero así
me vestía siempre.
– No tiene nada de malo vestirse de negro. Yo creo que debes
verte muy atractivo. – sonrió nuevamente, intentando
imaginarlo. – Y no tienes que explicarme nada.
–Ya… ¿Y si lo hago?
– Si lo haces... lo haces. – se rió, preguntándose
si se había molestado. – No me molesta que expliques,
es sólo que no quiero que pienses que te tienes que justificar.
Yo te amo como eres.
–Sí, lo sé… vale. Lo hacía porque
sólo salía de noche y de ese modo era mas difícil
ser visto cuando tenía que hacer alguna misión. Pero
la verdad es que me agrada, no me gusta llamar la atención
de todos modos. – se quedó pensando en como se vestía
Azrael o Aki.
– Mejor para mí, así nadie te robará.
Es... una broma. –Le aclaró por si lo confundía,
sonriendo. Aunque seguía convencido de que Ashram atrapaba
miradas se diese cuenta o no. – ¿Ya llegamos a la tienda?
–Faltan unos pasos…– le aclaró el moreno,
que se ponía un poco nervioso de tener que entrar. Tenía
miedo de que fueran a hablarle a él en algún momento.
–Ya está…– le dijo, abriéndole la
puerta para que pasase.
– Gracias... – el chico se separó apenas un
poco para poder entrar, escuchando los pasos y la voz de la vendedora.
– Bienvenidos, ¿en qué puedo ayudarles?
– Busco ropa blanca. Pantalones más que nada. –
intervino Daniel, que ya había notado el nerviosismo en la
voz del moreno.

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