.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 41
In Blood

Madrugada, Retiro.
Domingo 31 de mayo

Dante deslizó la mano por encima de la llama de la vela, que tenía encendida en la mesita, pese a la tenue luz artificial que iluminaba la sala. Jugaba con los dedos sobre la mecha naranja como si no quemara. Su rostro se veía un tanto pensativo mientras esperaba su regreso. Se hundió un poco más en el sofá, acariciándose el pecho entre la camisa completamente abierta. Rápidamente sintiéndose inquieto en aquel descanso y levantándose. Apagó la luz de la lámpara y se limitó a observar el jardín por la ventana.

El chico rubio se detuvo justo al entrar, caminando más despacio y alzando la mirada, seguro de que lo esperaba. Sonrió, saludando con una mano, aunque no lo veía en esa oscuridad, apresurándose a entrar y abrazándolo una vez estuvo a su lado.

Dante apoyó la mano sobre su cabeza, inclinándosela hacia atrás y besándolo profundamente, casi de forma violenta. – ¿Regresó?

– Por supuesto, te dije que lo haría... – respiró agitado, separándose tan sólo para dejarse caer sobre el sofá en el que había estado el moreno unos minutos antes. – No sabes la cantidad de preguntas que me hizo. Casi tenía ganas de saltarle encima. Pero creo que lo manejé bien. – sonrió finalmente, complacido.

El moreno se rió abiertamente, apoyándose contra el marco de la ventana. –Gracias a él dejarás de arriesgarte, deberías ser más considerado… No. – torció la sonrisa y miró de lado hacia el jardín nuevamente. –Tan sólo es un harapo. – murmuró serio. –Poco queda de él…

– Se veía tan... frágil y asustado. No es como lo recordaba. – le contestó, aunque tan sólo lo había visto de lejos una vez. Y de eso hacía años ya. – Pero sus habilidades siguen allí. Ya te dije cómo me notó anoche. Si no hubiera sido por esos chicos y su estado de ánimo, me hubiese acercado en ese mismo momento. – se acostó boca abajo, observando al moreno, su silueta perfilada por la tenue luz del exterior. – No me digas que te preocupaste por mí.

–Yo siempre me preocupo por ti si es necesario. Esta noche lo era… No es que te menosprecie, pero estamos hablando de un asesino, y tú, querido, no lo eres…– lo miró de nuevo, observando sus movimientos. –Lleva mucho tiempo lejos de su mundo, es normal que los humanos lo tengan amedrentado. Nosotros le devolveremos su razón de ser y recobrará su fuerza, en cuanto la carne y los huesos se partan contra el acero de su espada… – se rió suavemente, recogiéndose el largo cabello negro en una coleta.

Damian se rió, pasándose la mano por el cabello y alzándose un poco luego sobre sus propios brazos. – Pero yo puedo convencer a los ángeles de pecar. Y no me será difícil convencerlo a él. Creo que sólo estaba esperando que se lo ofrecieran. No es fácil olvidar esa sensación. – se fue alzando más hasta tener todo el torso erguido. – Me gusta que te preocupes y me esperes...

–Se me hace difícil escuchar lo que dices mientras haces eso. – bromeó el mayor, subiendo el volumen de la música. La voz de la cantante de ópera que interpretaba La traviata de Verdi resultaba estridente. Se cubrió un poco los labios riéndose de nuevo. – ¿Qué habrás hecho esta noche?

– ¿Esta noche? Me porté bien. Sólo le dije que soy un ángel. Me quité la ropa, pero lo convencí con mis palabras. – contestó, poniéndose de rodillas y extendiendo los brazos hacia él como llamándolo. – Hice mi mejor actuación de niño bueno.

Dante se aproximó a él, pasándole la mano por el cabello y estrujándoselo un poco entre los dedos. –Un ángel… ¿Quién creería que un ángel causa estas heridas en mi cuerpo?

Damian sonrió juguetón, haciendo ademán de morderle, aún detenido por aquella mano. Lo miró al rostro. – Pero fue mi cuerpo perfectamente inmaculado el que revisó.

El moreno le sujetó el cuello con la mano, apretándolo ligeramente y alzándole la cara mientras lo besaba de forma un tanto asfixiante. –Tu cuerpo es una bendición… – deslizó la mano por su garganta y lo empujó sobre el sofá de nuevo. –Faltan siete días para la muerte de Rochel, me haría feliz que lo hubieras convencido para entonces.

– Y te haré feliz. Creo que estará convencido para mañana. Lo veré de nuevo, sólo está confundido porque sigue pensando con lógica. Pero la lógica es muy frágil cuando se quiere creer. – Se quedó en el sofá, abriendo las piernas y dejando caer su cabeza hacia atrás lentamente. – Rochel... tengo hambre... –sonrió de manera algo demoníaca, dejando escapar la risa después.

Dante sonrió levemente. –Pero no te corresponde a ti ejecutarlo. Ya sabes que no quiero que te descubran, le diré que te traiga un obsequio.

– Una ofrenda... llámalo así. – se rió de nuevo, alzando la cabeza. – No me descubrirán, no te preocupes. Y con Ashram bajo nuestro poder seremos invencibles.

–Ya lo somos, di perfectos. – lo observó atentamente, escuchando su risa cantarina. Casi parecía un ángel, si no fuera por como se movía lascivamente y las palabras que salían de sus labios. Aquella mirada ladina que tan bien sabía camuflar cuando lo deseaba. Le sujetó un tobillo, descalzándolo y apoyándole el pie contra su pecho. –Me he enterado de algo molesto.

– ¿Algo molesto? – lo miró un poco serio, subiendo más el pie por su pecho, acariciándolo con el mismo. – ¿De qué te has enterado?

–Ese detective… está pensando en investigar los centros de relajación y demás. Pero no podemos pedirle a Ashram que lo mate. – le sujetó el pie un momento, acariciándoselo. –Es molesto…– frunció el ceño ligeramente.

– No, pero eso podría hacerlo yo. No me molestaría, aunque sería una lástima. Es divertido jugar con él. – se rió, moviendo los dedos del pie complacido. Pensando que en realidad haría cualquier cosa que Dante le pidiese.

– ¿Es atractivo? – preguntó, ya que él no lo había visto. Pero no se fiaba mucho de él respecto a eso. Por otra parte, tampoco le importaba mucho, siempre y cuando sólo fuera un divertimento para él.

–Algo, pero no se podría comparar contigo. Le falta... refinamiento. – sonrió, preguntándose si estaba celoso y alzándose un poco sobre sus brazos. – Puedo matar al otro, su psiquiatra. Probablemente es él quien lo está ayudando con esa parte.

–Su siquiatra. ¿Son amantes? – preguntó tramando algo. Sentándose en el sofá a un lado, observando sus ojos.

–Definitivamente. Una nueva y hermosa relación. – se burló, moviéndose para quedar más cerca de él.

–Dejémosle un regalo entonces, y esperemos que la desesperación y el horror lo hagan odiarlo. No hay nada más divertido que antes de acabar con él, humillarlo y hundirlo. Así sabe mejor. – se rió de pronto y tocó sus labios con los dedos, rozando el filo de sus dientes con la punta de uno. – ¿Sabrá mejor?

Damian cerró sus dientes alrededor del dedo, apretando, pero sin llegar a lastimarlo aún, soltándolo luego. – Sabrá mucho mejor.

– ¿Tanta hambre tienes? Que muerdes la mano que te da de comer… – torció una sonrisa, inclinándose sobre él y lamiendo su cuello, bajando contra este de pronto y mordiéndolo suavemente.

– Mucha, pero no a ti. Nunca a ti... – sonrió, dejando escapar un suave gemido y entrecerrando los ojos mientras sus brazos subían por el pecho del moreno.

Dante se subió sobre su cuerpo, partiéndole la camiseta con ambas manos y bajando por su pecho. –Lascivo…

– Pero soy un ángel... – protestó el chico, poniendo cara de inocente, inclusive sonrojándose un poco y observándolo.

–Entonces tendré que matarte…– Dante lo miró a los ojos, recordando el momento en el que lo había ido a buscar al centro de adopción.


.........

Le habían dicho que no era el chico más adecuado, que era problemático. Aún así él había esperado pacientemente en el cuarto de reuniones para conocerlo.

El chico abrió la puerta, seguido de uno de los cuidadores que procedió a presentarle con tanta amabilidad como le era posible. – Señor Hamon, este es Damian Cohen, el chico...

Damian se apartó casi de manera brusca del hombre, acercándose al desconocido, mirándolo desafiante y finalmente sonriendo un poco.

–El chico parece encantador, nos gustaría hablar a solas…– el moreno miró al cuidador con una sonrisa encantadora, aunque sus ojos parecían mandarlo a perderse.

–Estaré aquí mismo, Damian…– le dijo por si acaso, saliendo al lado de la puerta.

–No creo que necesites su ayuda. ¿Verdad, Damian? Te he estado buscando…

– ¿Buscándome a mí? ¿Quieres ser mi papi? – le preguntó burlón, relamiéndose luego.

Dante esbozó una sonrisa. Cruzando las manos y observándolo fijamente, jugando con sus propios dedos y girando los anillos en los mismos. Todos de piedras grandes y brillantes. Se sacó uno, aunque era realmente grande al igual que sus manos. Se lo mostró al niño, un rubí enorme lo coronaba. – ¿Eso te gustaría?

– Hum... – Damian se inclinó mirando el anillo, interesado, y tocándolo luego, acercándose a aquel hombre moreno. No lo trataba como los demás, no lo trataba como un chiquillo estúpido. – ¿Qué significa eso de que me estabas buscando? – preguntó, deslizando su mano ahora por la pierna del desconocido.

El mayor lo notó, pero decidió no darle importancia a aquello, y se puso el anillo de nuevo. –Tus padres fallecieron, los buscaba a ellos, y me dijeron que tú, su hijo, estabas aquí. Sabía que serías justo lo que esperaba de ti. Abaddon… me han dicho que eres un chico muy malo. – sonrió, mirando su rostro infantil. – ¿Tan malo cómo yo deseo?

El chico se quedó serio, mirándolo sorprendido. – ¿Sabes quien soy? Sabes mi nombre. – asintió, sonriendo un poco luego. – No, soy un ángel, pero los otros chicos me tienen miedo. Mordí a uno ayer.

–No debiste hacerlo, podría estar enfermo. – el moreno frunció el ceño ligeramente y le alzó la cara un poco, acariciándole el cuello. –Puedes morderme a mí si quieres.

– No lo estaba. –negó con la cabeza, riendo un poco, divertido. – ¿En serio? ¿No te importa? – se puso serio de pronto, observando sus ojos. – ¿Quién eres?

–Adramelek… el enemigo de Dios. Ven conmigo, te doy a elegir hacerlo o no. Pero conmigo alcanzarás tu verdadero ser. – Sonrió levemente, inclinándose ligeramente hacia él –Y sí, lo he dicho en serio.

La sonrisa del chico se extendió por su rostro, mientras sujetaba su brazo, mordiéndolo de manera salvaje, hasta sacarle sangre, soltándolo luego. – Quiero ir contigo, si aún quieres... – lo tentó, lamiendo la sangre de su piel luego como si ahora quisiera curarlo.

Dante se miró el brazo sin hacer gesto alguno al sentir el dolor. Bastante agudo por cierto, pero compensado por la suavidad de aquella lengua enrojecida por el líquido que le fascinaba. –Lástima que haya humanos cerca, hubiera limpiado tu lengua con la mía hasta cortarte la respiración. – se levantó, torciendo una sonrisa en los labios. –No puedo llevarte conmigo hoy… Supongo que sabrás eso.

– Ya lo sé. –Damian suspiró, aunque se notaba la desilusión en su rostro. No estaba seguro de que fuese a regresar. Lo cierto es que si no regresaba, se escaparía. Ya no los soportaba más, todos eran unos imbéciles.

El moreno observó la desilusión en su rostro y mientras se bajaba la manga de la camisa para ocultar la marca se aproximó a él. Se quitó aquel anillo rubí de nuevo y se lo entregó. –Guárdamelo. Si alguien te lo quita dejaré de confiar en ti. Regresaré a buscarte…– se inclinó hacia él y le besó los labios suavemente. Pasándole la mano por el cabello después y dirigiéndose hacia fuera de la sala.

El chico sonrió contento, guardando el anillo, ya que sabía que si se lo colocaba seguramente lo molestarían los cuidadores. – Te estaré esperando... “Adramelek” – susurró su nombre, entusiasmado, limpiándose un poco la sangre de los labios.


........

–Ah… me has dejado cansado…– el moreno, con el chico aún sobre él, se rió suavemente, deslizando una mano por su pecho, notando cómo palpitaba acelerado su corazón.

– Pero contento, ¿no? – sonrió el rubio, relamiéndose y recostándose sobre él luego. – Siempre me siento mejor después de esto.

–Hmmm…– le acarició la espalda, sintiéndola mojada por el sudor. – ¿Recuerdas que mañana tienes que posar para esa marca de relojes? No te habrás hecho nada. ¿No?

– No, soy cuidadoso Menos mal que tú no tienes que posar. – se rió, deslizando un dedo a lo largo de su cadera, dibujándola. – ¿Vas a acompañarme?

–Sí, sabes que me gusta comprobar que todo sale a la perfección. – acarició su rostro, observando sus ojos y sus labios. –Haremos algo divertido. ¿Quieres?

– Por supuesto. ¿Me lo vas a decir? – se emocionó, alzando un poco el torso para mirarlo mejor a los ojos, su sexo volviendo a rozar el aún sensible sexo del moreno.

–Sí, creo que sí…– sujetó sus nalgas y lo aproximó por completo contra él. Dejando escapar un suave sonido de placer y susurrándole al oído. –Había pensado en publicitar un poco más la marca, en realidad… estaba pensando en si te gustaría bañarte en sangre. Pero tal vez sea algo demasiado estrepitoso.

– No, me encantaría. Y funcionará. Hablarán de eso ya sea bien o mal. Todos querrán verlo. – se rió de aquella manera alegre nuevamente, besándolo. – Siempre sabes como hacerme feliz.

– ¿Quieres alas? – preguntó sonriendo levemente. –Seguro que a nuestro amigo le encantará…

– Alas, sí. Unas alas enormes... – se rió travieso. – Blancas...

–Blancas…– el moreno se volteó sobre él, sepultándolo bajo aquel cuerpo fuerte de casi dos metros. –Tampoco me siento tan cansado, pensándolo bien…

– Ah... Lo sabía. Un demonio no se cansa tan fácilmente. – se rió, tocando su rostro y bajando las uñas por su cuello. – Me gustaría... que lo hiciéramos en sangre.

–Lo haremos en cuanto se vayan, tantas veces como lo desees. – movió el cuello para rasgarse la piel con sus uñas y lo penetró abruptamente, alzando sus piernas a los costados y besándolo de forma apasionada.


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