.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 38
The Most Important Things in Life

Mediodía, Residencia de la Universidad
Sábado 30 de mayo

Kiyoshi bajó corriendo las escaleras, sonriendo y saliendo del edificio, casi saltándole encima a Azrael que lo esperaba junto a la entrada. – ¿He tardado mucho? Hay un chico mudándose y tiene el ascensor ocupado.

–No, lo suficiente cómo para hacer una aparición glamorosa. – Azrael sonrió levemente, sujetándole la nuca y besándole la frente antes de pasarle el brazo por los hombros para caminar a su lado. – ¿Qué te apetece hacer? A mí sólo se me ocurre algo, pero seguro que ya no eres tan valiente como antes.

– ¿Qué dices? Soy más valiente ahora, ¡Azrael no baka! – le dio una ligera palmada en el pecho, riendo y mirándolo interesado. – ¿Qué es? Dime, quiero hacer algo divertido.

–Quiero ir al monasterio ahora que es por la tarde y no está oscuro, a ver si vemos quien estaba allí. Eso… y el segundo plan es… acompáñame a mirar pisos en venta. ¿Qué te seduce más?

– Mmmm... Yo sé qué haces. Me tientas para luego decirme que sí soy cobarde ¿no? – le sonrió, girándose un poco para mirarlo a los ojos. – Yo digo que haremos las dos cosas. Paseamos y luego venimos a mirar pisos. Te voy a tener ocupado todo el día. – le guiñó un ojo, volviendo a mirar al frente luego, con una sonrisa traviesa en su rostro. – Y toda la noche así que déjala libre.

–Voy a morir joven con todo lo que me cansas. – el moreno se rió, alzando una ceja y sintiéndose algo caliente por adelantado. –Entonces… ¿Qué hacemos primero? La verdad es que tengo ganas de vivir en mi propio piso, bajo mis normas, y contigo en mi cama todas las noches.

– Está decidido entonces, buscamos el piso. Aunque las reglas de Aki no son muy estrictas y es gracioso hacer enfadar a Adan. – se rió, dándole un beso en la mejilla. – ¿Dónde te gustaría vivir?

–En cualquier sitio donde tú estés… – el moreno sonrió de medio lado, besándolo y sintiéndose un poco emocionado por aquello. – ¿Sabes? Ya no tengo dudas de que todo saldrá bien. ¿Dónde te gustaría a ti?

– Pues tiene que ser cerca de la casa, pero no demasiado. Y con facilidad para llegar a la universidad, que si no llego tarde. – sonrió, meditando sobre aquello. – Pero si no lo conseguimos, también seré feliz de vivir en cualquier lado junto a ti. Para lo demás está el transporte público. Pero quiero una moto.

–Pues yo no te diré que no. Pero no creo que tu hermano te la compre. ¿Intentas que te chulee? – bromeó. Apretándole una nalga.

– ¡No! – se rió, negando enérgicamente con la cabeza. – Sólo pensaba en voz alta. Supongo que debo conseguirme un trabajo para eso. Pero Adan no quiere.

–No, si trabajas y estudias no nos veremos nunca. Prefiero chulearte entonces…– se rió. Apretándolo mientras caminaban incómodamente, soltándolo al poco rato y cogiendo un cigarro. –Tengo las pruebas médicas el lunes.

– Estás nervioso, ¿no? –lo miró, deseando poder ayudarlo. – No lo sé, yo te veo muy bien, tal vez puedas pasarlas. ¿Es posible que vaya contigo?

–Podemos intentarlo. Seguro que sea como sea tú puedes convencerlo de que te deje pasar conmigo. – le rozó la quijada con un dedo, sonriendo. –Y sí, estoy nervioso, sobre todo porque… bueno, no quiero que ellos tengan la razón. Y voy a dejar esto. – Tiró el cigarro y dejó salir el humo despacio. –Creo…– dijo después reído.

– Lo vas a dejar. Yo te ayudaré. – asintió en un tono que más bien parecía decir “Yo te obligaré”. – Ya pensaremos en algo, Azrael. Pero nos va a ir bien, a ambos. – le aseguró con ese invencible optimismo que siempre lo había caracterizado de pequeño.

–Claro… – se rió, pensando que vivía en una nube por culpa de su hermano. Claro que eso era lo que más le gustaba de él. Bueno eso… y otras cosas. –Veamos. – se sacó un papel arrugado del bolsillo. –Tenemos este quinto piso, un tercero cerca de la universidad, y este otro que está en la plaza.

– Vayamos al primero, estoy emocionado. – dio un ligero salto al andar, demostrándolo y riendo. – Eso sí, voy a comprar una cama grande, me muevo cuando duermo.

–Y tanto que te vas a mover, no te va a hacer falta ni ir al gimnasio. Mira tú, espero que me dejen llevarme el traje de bombero para casa. – sonrió malditamente.

– Si no, te lo llevas escondido. Seguro que te queda perfecto. – se rió imaginándolo. – Además, Adan lo hace. Aki me lo ha contado.

– ¡Ah! No lo quiero saber. No quiero saber esas cosas de Aki. – el moreno se rió, pegándole una nalgadita. –Lo cual me lleva a pensar… ¿De qué demonios habláis vosotros dos?

– De muchas cosas, no me paso el rato hablando de Adan si eso crees. El obsesionado es Aki. Pero es gracioso...– se rió, pensando que seguro su hermano se pondría rojo de enterarse. – Es fácil hablar con Aki.

–Yo más bien estaba preguntándome si no le contarías cosas de nuestras intimidades también, porque eso sería horrible. Se metería conmigo hasta el infinito. ¿Qué le pasa a ese niño? ¿No ve que ya soy más alto que él y todo? Me trata como a un bebé. Aj…– se rió, en realidad divertido por eso.

–Te ve como a su hermanito. Como Adan conmigo, jamás dejan de verte así. Pero es agradable, ¿no? Yo no querría perder eso. Y más bien... le hablaba de otras cosas. Pero luego dejé de hacerlo. Ya sabes, cuando peleamos. – le recordó, enrojeciendo un poco por tener que mencionar eso. No quería arruinar el día con malos recuerdos.

Azrael le rozó la oreja con la lengua y luego se la mordió. –Prefiero que habléis de sexo. Déjame mi fantasía.

–Ahora le contaré todo lo que hagamos. – se rió maldito, cubriéndose la oreja con una mano. – Porque él sí que me decía cosas de ti, pero no sexuales, claro.

–Él no puede decir esa clase de cosas sobre mí, porque no sabe nada. – se rió, metiendo una mano en el bolsillo de sus jeans. – Ya imagino, a mí también me decía cosas de ti, creo que por misericordia. No se cómo me aguantaba.

–Porque te quiere mucho, no creo que sea necesario aguantar a las personas a las que quieres. Simplemente... las quieres. – lo miró sonriendo sincero ahora. – Yo he tenido mucha suerte. Solía sentirme muy solo cuando estudiaba en ese internado, ¿sabes? Aunque tenía amigos, no era lo mismo.

–Supongo, pero desde que nos conocimos aquel día, después estábamos siempre juntos. – le acarició la cintura por debajo de la camiseta. Llamando al timbre y esperando a ver si alguien les contestaba. –Venimos a ver el piso.

–Pasen, pasen, les estaré esperando en la puerta para que sepan cual es. – les contestó la voz a través del interfono.

– Me gusta que no puedas entrar si no te abren. En la universidad entra cualquiera todo el tiempo. Aunque hubiera seguridad seguro que la dejaban abierta.

–Qué guay…– dijo el moreno irónicamente hablando. – ¿Sabe eso tu hermano?- le preguntó, metiéndose en el ascensor con él y levantándole la camiseta. Riéndose en bajo. – ¿Y aquí que hay? – le tiró un poco de la cintura del pantalón para mirar dentro.

– No sé, ¿crees que haya cambiado desde anoche? Luego revisas. – bromeó dejándolo hacer. – Y no se lo digas a Adan, querrá que me mude a la casa de nuevo. No pasa nada.

–Sí pasa, no me fío. Tendré que colarme en tu cuarto todas las noches, ya que entra cualquiera…– sonrió de medio lado, sujetándole la mano y saliendo del ascensor. –Hola.

–Hola, pasad. Mirad lo que queráis, los muebles que veis, los dejaré aquí, no quiero llevármelos, son muy viejos.

–Vale, gracias. – saludó Kiyoshi, sonriendo y observando el lugar, era pequeño, pero no más que su dormitorio en la residencia. Y tener muebles ya le parecía una ventaja. Se metió en la habitación para revisar mientras Azrael miraba por las ventanas.

Se paseó por la casa para mirar el cuarto de baño ya que era un tanto quisquilloso con eso y revisó la cocina también. Acercándose a Kiyoshi por detrás después. –No está mal.

– No, no lo está. Y el baño es grande. – sonrió porque le agradaba aquel lugar. – ¿Quieres ir a ver los otros?

–Desde luego. Para conformistas no está hecho el mundo. – salió afuera y habló con la mujer. –El baño necesita una reforma, yo creo que debería bajar un poco el precio, de todos modos vamos a ver otros pisos ahora. Pero nos ha gustado bastante.

.............

Poco después salían del piso, Kiyoshi sujeto del brazo del moreno, sonriendo. – Ahora estoy emocionado, ¿sabes? Se ve más real todo.

–Sí. – le pasó la mano por el pelo, mirándolo de soslayo. –Me siento un imbécil por haberme escapado así. Como si hubiera estado perdiendo el tiempo.

–No, yo debí ir a buscarte. Fue mi culpa después de todo. Pero tenía miedo de mirarte a los ojos y confirmar mis temores. – sonrió bajando un poco la cabeza.

–No te pongas así sólo de recordarlo. Ahora estamos juntos de nuevo. Y no volverá a suceder. Ni siquiera tengo miedo de que suceda, Kiyoshi. – le apretó la cintura y se paró un momento para besarlo profundamente.

Kiyoshi le devolvió el beso, sonriendo en cuanto se rompió. – No, no volverá a suceder. Pero soy un emotivo. ¿Qué quieres que te diga?

–Arráncame la ropa y fóllame, pero cualquier otra proposición de ese tipo estaría bien. – se rió, llevándolo hacia otro de los pisos que quería visitar.

– Pero no te lo voy a decir hasta la noche, tenemos cosas que hacer. – se rió, dejándose llevar y esperando mientras tocaban el timbre nuevamente, esta vez una voz masculina contestando.

– ¿Sí?

– Venimos por el piso. – anunció el rubio, empujando la puerta al escuchar el zumbido.

Azrael y Kiyoshi saludaron al hombre antes de entrar, eran uno de esos ancianos pelmas que jamás se callan y te siguen a todos lados provocando que desees huir del maldito piso con olor a rancio cuanto antes.

– Azrael...– Kiyoshi casi ni pudo terminar de decir su nombre, cuando el señor se reapareció por detrás empezando a comentar.

– Esos goznes me los trajo mi hermano de Noruega, son de los mejores que hay en el mercado.

–Oh… sí, me encantan los goznes. – Azrael lo miró, alzando una ceja ligeramente y apretando a Kiyoshi contra su pecho para liberarlo de la peste, aunque ya le estaba haciendo reír aquello. –Pero lo siento, no nos interesa.

–Pues estáis perdiendo una gran oportunidad, porque además las vistas son muy buenas.

–Ah, sí, gracias. – le dijo el moreno, caminando en retroceso para huir. Partiéndose de risa al salir y tomando aire. –OK… esta no. Deberíamos desinfectarla antes.

El rubio se echó a reír, cubriéndose la boca. – Yo creo que no se muda. A lo mejor sólo pone el anuncio para poder hablar sobre los goznes.

Azrael se rió y lo llevó con él. –Bueno pues sólo nos queda uno, esperemos que este al menos use ambientador o ventile la casa. – le acarició la espalda y suspiró con fuerza. –Debería comprarme un coche también, pero ya pueden darme trabajo en el cuartel de bomberos o luego de gastarme todo lo que gané voy a tener que hacer de mi culo una hucha en cualquier esquina. Me pintaré “insert coin and join” en una nalga.

– Tendré que gastarme todas mis monedas pues. –alzó una ceja, metiéndole un codazo. – Nadie toca ese culo.

–Sí, tú… siempre me lo estas masajeando. – se rió. Pasándole la mano por el pelo y suspirando levemente. –Aún me pregunto si tu pad… hermano, te dejará.

– Mientras no le digas padre. – se rió de nuevo, imaginando la cara de Adan. –Claro que sí, yo soy mayor ya y Aki me apoyará, estoy seguro.

–Sí, yo también, Aki siempre se pone de nuestro lado, sabe que Adan es un carca…– se rió, sacando un poco la lengua. –Ah… quiero un cigarrito.

– ¡No hables así de mi hermano! – le dio un empujoncito, riéndose y negando luego. – Y no, no vas a fumar más. Por lo menos espera a que pasen las pruebas médicas.

–Pesado…– respiró con fuerza. – ¿Sabes? Es que no poder fumar me está poniendo hiperactivo, ¿Vale?

–Pues mejor, no quiero que te duermas cuando tenemos tanto por hacer. – Bromeó pegándose a él. – Todavía nos queda uno por visitar, ¿no?

–El último. – le apretó una nalga y guardó la mano en el bolsillo de sus jeans de nuevo. –Creo que es ese. – le señaló un edificio. Llamando al timbre y repitiendo el mismo proceso. En la puerta los recibía una chica joven para explicarles que lo habían estado alquilando a estudiantes. – ¿Podemos echar un vistazo?

–Claro, bueno, hay una cama, la cocina, y a parte de eso… no hay más muebles.

–Bueno, con eso nos llega. – Azrael se rió, sin preguntarse si eso resultaba maleducado o no, pero la chica sólo sonrió dejándolos pasar.

Kiyoshi de todas maneras se separó de Azrael para revisar el baño, no le apetecía bañarse en una residencia de gérmenes. Pero todo se veía en buen estado.

Azrael le echó un vistazo a la cocina. Sí que tenía menos muebles que el primer piso, pero de todos modos eran feos y aquel piso era más nuevo. Fue al dormitorio para echarle un vistazo y abrió la ventana.

Kiyoshi saltó detrás de él, abrazándolo. – “Me gusta este. Y está más alto que los otros...”

–Sí, a mí también. Y es verdad que es más alto. Buen motivo para que no me saltes encima cuando estoy asomado a la ventana. – se rió y salió a hablar con la chica para preguntarle acerca de cuando podría entregarles las llaves, pagar y demás, mientras el rubio se asomaba mejor por la ventana, observando la vista.

Se apartó por fin, acercándose a los dos chicos mientras terminaban de hablar, aunque tenía cara de estar pensando en algo.

– ¿Vamos? – le preguntó al rubio al ver su cara. – Vamos, muchas gracias. – se despidió de la joven, haciendo una ligera reverencia y saliendo luego junto a Azrael. – Quiero ayudar. Me vas a dejar hacerlo, ¿no?

– ¿Cómo piensas ayudar? ¿Pidiéndole dinero a tu hermano? Pero si no tienes trabajo ni lo has tenido en tu vida. No seas baka…

– Pero Adan me da una mensualidad, puedo utilizar eso. Es que no me parece justo que cargues con todos los gastos. – le insistió, serio.

–Usa eso para otras cosas, es poco dinero. No haría una diferencia, y a ti te sirve para comprarte cosas. Ya me ayudarás cuando tengas trabajo. ¿Cuántos años te quedan de universidad?

– Tres. – le contestó, asintiendo. – Supongo que tienes razón, es que siempre me apoyo en ti.

–Mira, iba a comprarme un piso igual, no puedo estar viviendo en la casa de Aki para siempre. ¿Sabes? Sólo por comer tú también no va a ser la gran diferencia. Tú ayúdame decorando la casa con tu presencia. – dijo reído.

– Vale, pero entonces tendré que comprarme ropa nueva. – se rió, abrazándose a su cuello y besándole una mejilla.

–Vale, baka. ¿Y por qué no vamos a que te pruebes cosas?

– ¿Y qué ha pasado con el paseo? ¿Es más importante verme desnudo? – se rió, tocándolo con un dedo.

Azrael movió ligeramente la cabeza. –Definitivamente.


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