Capitulo
36
Let My Fingers Erase your Fear
Noche. Casa de Daniel.
Viernes, 29 de mayo.
Daniel se paseó una vez más por el piso, nervioso.
Aún no sabía nada de Ashram a pesar de que Kiyoshi
había prometido llamarlo si llegaba a la casa. Había
fingido estar bien, poder quedarse solo, pero lo cierto es que seguía
asustado.
El moreno atravesó la puerta de la sala a oscuras, observándolo
y buscando el mejor modo de no darle un susto terrible. Aproximándose
un poco.
– ¿Quién está ahí? ¿Ashram,
eres tú? – el rubio se giró, al escuchar aquel
leve sonido, asustado. Tal vez estaba imaginando cosas.
–Sí…– el moreno extendió la mano
y le tocó el brazo. –Estoy bien. – le informó
ya que a eso había ido.
Daniel exhaló con fuerza, sujetando su mano y abrazándose
a él. – Me asustaste... dos veces.
–Lo siento, no quería asustarte. – lo rodeó
con los brazos, pegándolo más a él y apoyándose
contra su cabello. –No me siguió, quien quiera que
fuese, y no era un policía, estoy seguro.
– No, no creí que lo fuera... ¿Te está
siguiendo la policía? – le preguntó de pronto
alertado, sacudiendo la cabeza. – ¿De verdad había
alguien allí? ¿Por qué, Ashram?
–No lo sé, pero me sonrió…– le
explicó mirándolo, aunque no lo soltaba. –No
creo que la policía me esté siguiendo, aunque tampoco
sería tan extraño. Temía que ese detective
hubiese ido a investigar allí. No era él, era rubio
y muy guapo.
– Ashram... – bajó el rostro asustado. No podía
recordar. ¿Había escuchado él algo? Todo sonaba
tan extraño. Suspiró, tocando su mejilla. –
¿Lo habías visto antes? ¿No sabes quien era,
verdad? Tal vez no te seguía, tal vez sólo era un
chico paseando como nosotros.
–Tal vez…– Ashram lo miró, no estaba
muy seguro de eso, no podía explicarlo, pero a él
no le había parecido sólo un chico normal. Pero no
quería comenzar otra discusión con él. –Pero
no creo que me estuviese siguiendo. No creo haberlo visto antes,
lo recordaría…
– Sí, ya dijiste que era guapo... – le recordó
el chico, no muy contento con esa descripción, pero seguramente
estaba exagerando. Lo importante es que Ashram estaba bien. –
Deberías avisar a Kiyoshi, dijo que se quedaría en
casa de Adan por si regresabas.
–Bueno. – sentenció un poco confuso porque
había notado que se molestaba con él y no había
hecho absolutamente nada.
– No. Quiero decir... Sí, debes irte, pero no quiero
que lo hagas. – sonrió, confundido por sus propios
sentimientos.
–Pero te has enfadado conmigo…– le recriminó
en cierto modo.
– No, bueno, es sólo que dijiste eso de que era muy
guapo... Me pone celoso. Ya sé que es una tontería.
–Sí, tú también eres muy guapo. Más
que él, además no me interesa… ¿Llamas?
Prefiero quedarme aquí y estar contigo… – le
apoyó la mano en el pecho antes de besarlo. –Daniel,
cuando salí a avisarlos, Azrael y Kiyoshi se estaban besando…
– le explicó en lo que seguramente tenía mucha
lógica siguiendo la línea de su pensamiento.
– Sí... es normal, son novios. ¿Te ponen nervioso?
– le sonrió, pensando en la conversación que
habían tenido sobre Adan y Aki. Se apartó un poco
buscando el teléfono. – ¿Quieres hablar de eso?
–Bueno…– Ashram lo siguió con la mirada,
pensado que se lo sugería y aproximándose mientras
hacía la llamada, parándose a su espalda a escasos
centímetros.
– Kiyoshi, siento despertarte. Ashram está aquí
conmigo...
– No, no me despertaste, estaba esperando. – contestó
el chico al otro lado de la línea. – ¿Sucedió
algo?
– Dice que había alguien, un rubio, pero... ¿está
bien si se queda conmigo esta noche? ¿Crees que...?
– No, ya es tarde, yo lo cubriré, le diré a
Adan que nos fuimos temprano ambos porque... no sé, ya invento
algo. – se rió aliviado de que estuviese bien, aunque
su fe en las habilidades de Ashram no había disminuido ni
un poco desde que era pequeño. – Dile que se cuide
y que luego me tiene que contar.
– Vale, buenas noches. – Daniel colgó el teléfono
girándose hacia el moreno. – Dice que puedes quedarte
conmigo... si quieres, claro.
–Claro… Pero deberías acostarte, es tarde.
– Creí que íbamos a hablar. Ni siquiera me
he cambiado. – sonrió, pensando que siempre lo mandaba
a la cama.
–Podemos hablar en la cama. Yo lo hago con Aki… Lo
hacía. – lo observó fijamente. Preguntándose
si podría correr las cortinas para verlo mejor o si lo notaría.
– No me importa si aún lo haces, es tu hermano, es
distinto. – sonrió, quitándose la camiseta y
dirigiéndose a un mueble de cajones en su cuarto para sacar
una más cómoda, antes de sacarse los jeans para poder
acostarse.
Ashram apartó la mirada cuando se hubo dado cuenta y fue
hasta la ventana para correr un poco las cortinas. Recostándose
a su lado sobre las sábanas tras descalzarse y apoyándose
en un codo. Simplemente observándolo como si fuese algo de
otro mundo.
– ¿Me estás mirando? – se rió
con suavidad, ya que estaba muy callado y había escuchado
cómo corría las cortinas. Extendió la mano
por las sábanas para tocarlo.
–Sí… – le sujetó la mano y se
la apoyó contra su pecho antes de acostarse boca arriba.
Observando el techo y pensando que cuando dormía con Daniel
no necesitaba su katana cerca. – ¿Tú quieres
que te bese como ellos?
– Sólo si tú quieres. Pero no sé cómo
se besaban ellos... – sonrió, preguntándose
si no estaba accediendo a algo extraño. Pero Kiyoshi y Azrael
eran muy agradables, no le parecían extraños.
–Esa respuesta no me vale… lo que yo quiero saber
es si tú quieres. – lo miró de soslayo, esperando
una respuesta satisfactoria.
– Pero es que no lo sé. Es como preguntarle a alguien
si quiere helado de fresa... cuando nunca ha probado el helado de
fresa. – le explicó, dejándose caer boca arriba
en el colchón. – Sí, sí quiero que me
beses así.
–A mí me gusta el helado de fresa… –
Ashram lo miró, pensando que siempre decía unas cosas
un poco raras cuando se explicaba. –Tú me dijiste que
habías tenido otro novio… ¿Os besabais?
– Sí, nos besábamos. Pero sólo nos besamos,
no hicimos... lo que viste hacer a Adan y Aki. – le aseguró
por si acaso.
–Ya… – contestó meditando y bajando un
poco la sábana para verlo.
– ¿Estás celoso? – le preguntó,
aunque no era eso lo que notaba en su voz. – ¿Vas a
besarme ahora?
–No lo sé, me estoy poniendo un poco nervioso…–
confesó sin atreverse a tocarlo pese a que su cuerpo le parecía
precioso y el propio reaccionaba sólo con observarlo. Su
piel era lisa, sin vello, sin manchas ni marcas, simplemente blanca
salvo por los pezones rosados. Nunca había visto algo así.
Dejó la sábana sobre su cintura sin atreverse a ver
más pese a que Daniel estaba vestido y él lo sabía.
– ¿Te gusto, Ashram? – preguntó el chico,
enrojeciendo un poco porque casi podía sentir su mirada sobre
su cuerpo. – No me molesta, es natural que me quieras ver
así...
Ashram alzó la vista a su rostro repentinamente. Sintiendo
calor en la cara y bajándole la camiseta de nuevo. –Me
gustas mucho, pareces muy suave…– susurró apenas.
–Gracias... puedes tocarme. Es agradable y no pasa nada malo.
– le aseguró, sujetando su mano y colocándola
sobre su propio pecho. – Es agradable cuando tocas a alguien
que amas. Y cuando eres tocado.
El moreno sintió que le temblaba un poco la mano y le alzó
la camiseta de nuevo ya que parecía permitírselo.
Se la pasó por el pecho despacio, inseguro, evitando tocar
sus pezones por algún extraño motivo. Bajó
la cara apoyándola en su abdomen y acariciándose contra
su piel, excitado.
Daniel dejó escapar un suspiro, sujetando su cabeza y acariciándolo,
bajando una mano por su espalda con cuidado de no alarmarlo. –
¿Ves? Se siente bien...
–Me siento extraño…– le dijo porque en
realidad se sentía un poco descontrolado y eso no era típico
de él. Le ardía el cuerpo. – ¿Tú
quieres tocarme? Yo no tengo la piel suave…
– No importa, me gustaría, pero no quiero hacerte
sentir incómodo. – le pidió permiso aún
acariciando su espalda. Sabía que Ashram no era un chico
cualquiera, no podía simplemente hacerlo. – Puedes
decirme cómo te sientes.
–Descontrolado, pero no voy a hacer nada raro. – respiró
con fuerza, quitándose la camiseta por primera vez en años
delante de alguien que no fuera Aki o un doctor. Se acostó
en el colchón porque no sabía muy bien que hacer.
– Lo sé, yo confío en ti, Ashram. – el
rubio se alzó un poco sobre uno de sus brazos, extendiendo
la mano para tocar su pecho, recorriendo su piel con delicadeza,
acariciándolo. – ¿Te gusta?
–Sí…– observó su rostro y el cabello
rubio que caía sobre él. Bajándole la mano
un poco para que no tocase su cicatriz. Y alzando una mano después,
tocándole el pecho de nuevo, dejando que su mano bajase sobre
el pezón del rubio. Era suave y blando. Lo apretó
con un dedo sin percatarse.
– Mhm... – el chico gimió, sonriendo luego sin
dejar de acariciarlo. – No estés nervioso... Bueno...
no tengas miedo.
– ¿Tú tienes miedo? – le preguntó
Ashram. Mirando sus ojos.
– No... Pero sí estoy nervioso, porque me gustas mucho.
– le confesó, sin dejar de sonreír de aquella
manera.
–Tú me gustas mucho…– se alzó
un poco con un brazo y lo tumbó de nuevo. Con suavidad, inclinándose
hacia él y decidiendo atreverse a besar sus pezones como
había visto hacer a Azrael. Eran muy suaves y comenzaban
a ponerse duros en su boca a medida que los lamía y succionaba.
Daniel gimió, abrazándolo y acariciando su espalda
nuevamente, sintiéndose agitado. – Ashram... se siente
bien...
El moreno alzó la cara al escucharlo gemir, tocándoselos
ahora con la mano, jugando con ellos entre sus dedos y buscando
aún más aquella expresión en su rostro. Le
había recorrido un escalofrío por la espina dorsal
al observar su gesto. Le besó los labios, cerrando los ojos
y acariciándole el cabello con la otra mano. Se sentía
muy excitado y sentía que su respiración se escuchaba
demasiado.
Pero el chico continuó gimiendo con suavidad contra sus
labios, cerrando los ojos, sintiendo que se excitaba, quisiese o
no. Dobló una pierna, permitiendo que Ashram se colocase
mejor sobre él, acariciando su nuca, su cuello.
El pecho del moreno subía y bajaba rápidamente y
sus manos comenzaban a aventurarse por los costados del rubio. No,
nunca había sentido algo tan agradable. Su sexo erguido rozó
el de Daniel accidentalmente y se quedó quieto como una estatua,
notando una quemazón y besándole el cuello sin atreverse
a moverse un mínimo para no dejar de sentir aquello.
– “Te amo, Ashram...” – susurró
el rubio, deseaba mostrarle que podía ser algo hermoso. Claro
que no era el gran experto, pero siempre lo había visto así.
Bajó las manos por su pecho nuevamente, con suavidad y sin
detenerse a pesar de sentir el borde de aquella cicatriz.
Ashram sintió un escalofrío al notar que la rozaba
con los dedos. Observó sus ojos, buscando un esperado gesto
de repugnancia, pero aquello no sucedió. Lo acariciaba tan
delicadamente como siempre, su rodilla resbaló por las sábanas
y no pudo contener un suave jadeo al sentir su sexo presionado contra
el del rubio. Se apretó para nada de forma deliberada contra
su sexo, sintiendo placer y rozándose contra él casi
como instinto. Sus labios de nuevo buscando aquella zona rosa en
su pecho. –Daniel…– lo llamó, observando
su rostro y besándolo de nuevo, escondiendo luego la cara
contra su cuello porque los gemidos se agolpaban en su garganta.Su
sexo no dejaba de pujar por más y sus manos se sujetaron
a los hombros del rubio. Antes de que pudiese detenerlo, sintió
el semen salir caliente contra su ropa.
– Ashram... – el rubio lo apretó contra sí
al sentir la humedad, deseando tocarlo, acariciarlo, pero sin atreverse
aún. – Te amo tanto... – sonrió inseguro.
– ¿Cómo... te sientes?
El moreno se quedó donde estaba sin ser capaz de hablar
por el momento, sentía como si la voz fuese a salirle extraña
o poco firme. –Avergonzado…
– No tienes que estarlo. – negó, notando el
tono en su voz. – Es natural, me deseas, y se siente bien.
Es algo hermoso.
–A ti no te ha pasado, y me he manchado la ropa. –
alzó la mirada para observar sus ojos. Le besó los
labios suavemente, sintiéndose extrañamente necesitado
y pegándose más a él.
– Pero me hubiera sucedido si hubiésemos seguido un
poco más. Si me tocas... – sonrió, acariciándolo.
– No te preocupes. Puedes darte una ducha si deseas, tomar
mi bata prestada...
–Vale… – Ashram lo miró, preguntándose
si le estaba pidiendo que lo tocase y bajando los dedos por su abdomen,
pasándolos por encima de la tela. El calor se hacía
patente aún bajo esta.
–Ah... – el chico gimió, sintiendo su sexo reaccionar
al contacto, irguiéndose un poco más. –Puedes
tocarme directamente si quieres.
–Bueno…– el chico se arrodilló en el colchón,
bajándole la ropa despacio y tragando saliva. –Eres…
precioso. – susurró casi sin palabras, atreviéndose
a tocarlo y aferrando su sexo con firmeza. Estaba muy duro, caliente
y suave, Daniel se movía ligeramente en el colchón
y le hacía desear saber cómo hacerlo sentir aún
más.
– Te amo... – Daniel sonrió, gimiendo, moviéndose
de manera deseosa, su sexo pulsando bajo la mano del moreno. Bajó
su propia mano para colocarla sobre la suya, ayudándolo a
masajearlo, mostrándole cómo hacerlo, respirando de
manera agitada.
Ashram se dejó llevar, estrujándolo dentro de su
mano y observando su sexo sin poder apartar la mirada de allí
y de cómo su abdomen se movía completamente pálido.
–Te amo…– susurró volviendo a besar sus
pezones. Lamiéndoselos y respirando contra su piel.
– Lo haces bien. Eres maravillosoo... – dejó
escapar el chico, arqueando la espalda, sintiendo toda su entrepierna
caliente, temblando por la excitación. –Voy... voy
a correrme, Ashram... – le avisó por si acaso, sin
poder contenerse mucho más.
El chico bajo la cara y observó como el semen salía
de su sexo sobre su abdomen, manchándole la mano y salpicando
su rostro. Pero no le daba asco, en realidad sentía que aquello
era increíble. Deslizó la mano por su sexo y sus testículos,
empapándolos mientras se acostaba a su lado, buscando su
calor.
Daniel se estremeció por la sensación en su aún
sensible sexo, sonriendo. – ¿Te... gustó? Me
gustan tus manos.
–Sí…– le pasó la mano por el abdomen
y el pecho. Respirando calmado ahora y manteniendo los ojos cerrados.
–Eres muy bueno conmigo.
– ¿Sí? Soy bueno contigo porque te amo. Tú
también eres bueno conmigo. – sonrió tocándole
el pecho de nuevo al girarse de lado. – Me alegra que hayamos
compartido esto.
–A mí también…– susurró
por poco tocándole la cara y deteniéndose para no
mancharlo. Rodeándolo con un brazo. –Me quiero quitar
esto.
– Hay una bata en el baño. Ya te dije que te podías
duchar si querías... – le recordó, apartando
las sábanas, para ir a limpiarse también. –
¿Vienes?
–Bueno, pero no me da asco. – le advirtió,
hablando de su semen más que del propio.
–No importa, es normal querer limpiarse. Luego se seca y
no es tan agradable. – se rió, más bien por
su experiencia solitaria.
–Te ayudo. – Ashram mojó una toalla para limpiarlo,
observando su cuerpo desnudo y pensando que era hermoso, le hacía
sentir bien. No era para nada similar a lo que había sentido
jamás hasta ahora. Se limpió con la misma toalla,
acercándose para rodearlo entre sus brazos. –Te amo,
Daniel…
– Y yo te amo, Ashram. – sonrió contento, dejándose
abrazar. – No te enfades si no logro comprenderte a veces.
No soy muy observador. – se rió, bromeando.
–Yo nunca me enfado…– mintió, a pesar
de que él estaba bastante seguro de que no se le notaba en
la cara. Claro que Daniel no lo decía por la cara que pudiera
poner. Lo cogió en brazos para que no siguiera pisando el
suelo frío y lo regresó a la cama. Metiéndose
con él y susurrando. –No tengo miedo cuando duermo
contigo.
– No... No tienes que volver a tener miedo. Yo estaré
a tu lado. Y tú estarás a mi lado, ¿verdad?
– se giró, acurrucándose. No era alguien que
sintiese miedo constantemente, pero lo cierto es que se sentía
mucho más seguro con Ashram.
–Sí…– respiró con fuerza, abrazándolo
contra sí. Sintiéndose extraño, pero a gusto
contra su piel desnuda. Todo estaba cambiando, jamás había
pensado que podría llegar a sentirse así.

Continua leyendo!
|