.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capitulo 35
The Past is Relevant to the Present

Media Noche.
Viernes, 29 de mayo.

Drago se pasó la mano por el pelo mientras leía el periódico, a pesar de que no eran horas para estar enterándose de las noticias recientes. Se llevó el cigarro a los labios, pasándose la mano por el pecho ya que desde luego no se había puesto una corbata, a pesar de haberse puesto un traje oscuro para hacer feliz al siquiatra. Tiró el diario a la papelera al lado del banco del parque, el cigarro colgando de sus labios mientras se devanaba los sesos tratando de encontrar una pista.

A ratos le hacía sentirse culpable. Estar pensando en él cuando aquellas cosas estaban sucediendo. Pero nunca había sido bueno conteniendo sus deseos.

El coche plateado se detuvo junto a la acera, el albino observándose de soslayo en el espejo a pesar de que no solía ser vanidoso. Se sentía extraño, descontrolado. Se bajó del coche, observando al detective y sonriendo. – ¿Cuánto tiempo llevas aquí?

–No mucho…– suspiró, levantándose y observando su sonrisa. – ¿Has decidido tratarme ya de tú o se te ha escapado?

–Lo decidí cuando bebíamos ese café. Ya te dije que es difícil acostumbrarme. – Lo miró de arriba abajo disimuladamente, pensando que se veía muy atractivo de traje. – ¿Dormiste en algún momento?

–Después de ducharme. – sonrió levemente, guardándose las manos en los bolsillos y pensando que realmente debía de ir en serio eso de que le daban tentaciones de cuidar de él. –Te ves muy bien…– le pasó la mano por la espalda, acompañándolo de vuelta hacia el coche. – ¿Está cerca o vamos a ir en coche?

– Vayamos caminando, hace una noche agradable. – Cerró la puerta de su coche, ya que le había propuesto aquello. – Usted también se ve muy atractivo así. – sonrió, notando su propia tendencia a regresar al usted. Seguramente intentaba poner distancia, eso estaba mal.

– ¿Te molesta que te lleve por la cintura?– le preguntó intrigado. Tal vez le estaba molestando. De hecho, nunca antes había tenido una relación con un hombre y no estaba muy seguro de qué debía y qué no debía hacer públicamente.

– No. Me pone nervioso, pero es agradable. – le aseguró, aclarando luego. – No soy bueno para estas cosas, creo que deberías saberlo desde el principio.

–Lo sé, incluso creo que debe ser una de esas personas con miedo al compromiso. Que salen corriendo cuando ven que la cosa se pone seria y le ponen trabas a todo…– torció una sonrisa y encendió un cigarro.

– Tal vez, ya se enterará si no sale corriendo usted primero. – sonrió, observando el cigarro en sus labios. – Si te hago una pregunta, ¿te enfadarás?

–Depende de qué pregunta me hagas. No, no me enfadaré, pero si insistes, probablemente sí…– tomó aire y exhaló lentamente.

– Sólo quería saber por qué empezaste a fumar. La verdad sencilla, sin ir más allá. – sonrió de nuevo, comentando luego. – Creo que se está engañando conmigo.

–En algunas cosas, es probable y natural, aún no nos conocemos bien. – se apartó un poco el cabello de la cara, pensativo. –Mi padre me dijo que me ayudaría a ser un hombre. – torció la boca un poco en una sonrisa. –Era un hombre rudo, y bastante anticuado.

– Ya veo. No lo necesita... Me refiero a fumar. – aclaró, notando su gesto al hablar de su padre. No quería presionarlo esta noche. Sería como sabotearse a sí mismo y ya sabía que tenía esa tendencia.

–Lo sé, pero una vez que te acostumbras es difícil dejarlo y mucho más cuando estás estresado…– suspiró con fuerza y lo miró de soslayo. –He llegado a fumarme colillas, así que… supongo que no tengo mucha fuerza de voluntad.

– No fume colillas por lo menos... – se rió el médico, negando con la cabeza. – Ya había notado que siempre enciendes uno cuando te pones nervioso.

–Sí. No tenía dinero para gastármelo en tabaco. No es que vaya fumando colillas ahora…– se rió ligeramente, dándole una calada al cigarro. – ¿Qué pasa? ¿Te molesta que fume?

– No, me preocupa tu salud. – contestó, negando suavemente con la cabeza y entrando al restaurante, saludando con una reverencia a las mujeres vestidas de forma tradicional que los recibieron, aunque estaba claro que no eran ni asiáticas. Lo cierto es que había mentido un poco. El lugar era fino, sí, pero también había personas vestidas de manera casual. Suponía que sólo tenía deseos de ver al detective vestido de aquella manera.

Drago lo siguió por el local, acompañándolo a su mesa y observando aquellos trajes bordados. – ¿Alguna vez te has puesto algo así? – preguntó curioso. Él no se pondría una falda de esas jamás.

– ¿Un kimono? Por supuesto. Pero uno de chico... – se rió, sentándose y observando la cara que tenía. – Me pregunto cómo se vería en uno.

–Terrible… Estoy seguro, creo que las faldas no me sientan bien. – Observó la carta, pensando “pescado, pescado…” –Aunque seguramente tú te verías bien. Sí te vistieras así te dejaría sicoanalizarme…

– No es una falda y se supone que me dejes sicoanalizarte sin necesidad de vestimentas especiales. – lo miró como desaprobando y volviendo a revisar la carta, decidiéndose finalmente por un plato variado.

–Te deje o no, lo harás igual…– alzó una ceja serio, mirando la carta y mostrándole lo que quería. –Me niego a decir eso en alto. ¿Ves? Algo que me da vergüenza…Gyu Cheese… – se rió en bajo, apagando el cigarro.

– Vale... yo haré el pedido. – se rió, llamando a la camarera y pidiendo lo que ambos deseaban. – ¿Te molesta que te analice? Es algo que no puedo evitar.

–Sólo cuando me tratas como si fuera un ratón de laboratorio. Ya te he dicho que tengo debilidad por los siquiatras. Sois personas muy comprensivas. Aunque en tu caso… Me pegaste un puñetazo. – se lo reprochó, pensando que ambos estaban muy relajados y era agradable. Por no hablar de que le atraía mucho más tras estarlo viendo desde esa perspectiva.

– Ya me disculpé. Supongo que fue una reacción natural después de todo. – aseguró un poco serio, como justificando aquello. – Y espero que no le atraiga sólo mi profesión.

–No creo que realmente pienses que soy tan simple…– giró el encendedor en su mano, deseando fumarse otro cigarro y conteniéndose. –Me sentía un poco culpable por tomarme la noche libre… me siento…

– Lo sé, es algo que hace, culparse constantemente. No es el único detective de la policía y no puede detener lo que no puede detener. – lo miró a los ojos, serio nuevamente.

–Lo sé… No es cómo que por estar en la oficina mesándome el cabello vaya a llegar a una conclusión… Sólo a la calvicie. – se rió, negando con la cabeza y apartándose un poco mientras les servían lo que habían pedido. – ¿Vive en un piso?

– Sí y me empezaba a preguntar por qué lo tuve que buscar en un parque. ¿Tiene miedo de que sepa en dónde vive? – le sonrió, apoyándose un poco en la mesa.

–Muchísimo… me atemoriza que pueda venir y violarme por la noche. – alzó una ceja y suspiró. –No, es sólo que no quería estar ahí devanándome los sesos, prefería que me diese el aire. Tengo un apartamento, justo detrás del parque, y si quiere puedo mostrárselo. – se burló después.

– En otra ocasión tal vez. Son demasiados cambios para un mismo día. – le contestó, poniéndose recto de nuevo. – ¿Alguna vez ha estado en una relación antes?

–Más o menos… – suspiró, pensando que no quería entrar en aguas profundas en ese momento.

–Cierto... creo que mencionaste algo. Bueno, no es como que me ponga celoso. – le aseguró, notando su incomodidad y empezando a comer.

–Se trataba de mi madre adoptiva…– decidió contarle finalmente. Prefiriendo ser sincero.

– Ya veo. Supongo que era una relación complicada entonces. – lo miró sorprendido de que le dijese eso, pero agradecido de que confiase en él.

–Sí… se encaprichó de mí cuando me ingresaron en la clínica siquiátrica, y yo me refugié en ella. Buscaba una madre, pero ella no buscaba un hijo. Así que me aferré a un clavo ardiendo… y acabé acostándome con ella a cambio de una vida más o menos normal. – se rascó entre las cejas, colocándose las gafas después y hablando de ello relajadamente.

– Sí, puedo comprenderlo. A ningún chico le gustaría vivir en un lugar así... – asintió, asumiendo que aquello había ocurrido luego de la muerte de su padre, pero era lo suficientemente inteligente como para no mencionar eso ahora. Por hoy estaba haciendo un esfuerzo. – No sé qué pensar, supongo que dadas las circunstancias no puedo criticarla... – sonrió un poco, preocupándose por un momento.

–Ahora no soy un niño pequeño. Sé muy bien lo que hago y no me interesa porque no tenga a donde ir… o porque esté solo. Aunque lo estoy, pero eso no me afecta. – se llevó la carne a los labios con cierta desconfianza. Pero sabía bien. –Pero no me malinterprete, no le guardo rencor.

– Admito que me preocupa... que esté repitiendo un patrón. Es algo que hacemos sin darnos cuenta, no necesariamente porque sea algo que necesitamos. – suspiró sin apartar su mirada del moreno.

Drago lo miró a los ojos y suspiró, bebiendo un poco de vino. –No estoy repitiendo un patrón. Tú me gustas, no hago esto por desesperación. Pero puedes seguir tratando de alejarme… hasta que al final lo consigas si es lo que quieres.

– No intentaba alejarte, pero yo también tengo mis patrones. Te advertí que no era bueno en esto. – exhaló bebiendo un poco de vino él también y desviando la mirada.

–No me interesa que tan bueno seas. Está claro, los dos somos unos negados para relacionarnos con los demás… – alzó una ceja y siguió comiendo. – ¿Con cuantos años te marchaste de Japón?

– A los veinte. Hice casi todos mis estudios aquí y luego conseguí que Oshitari sensei me tomase como alumno. – le contestó, observándolo antes de continuar con su comida.

–Lo echarás de menos…

– A veces, pero no todo el tiempo. Supongo que tendré que regresar en algún momento. – miró al techo, sonriendo un poco. – Usted... ¿nació aquí?

–No, soy italiano… se lo dije esta mañana. – sonrió levemente. Pensando de nuevo que era poco observador o tenía mala memoria. Encendió un cigarro y se recostó un poco contra la silla. – ¿Y tú… has tenido alguna relación seria?

– No, pero nunca lo he intentado tampoco. No me gusta ponerme emocional... – sonrió, mirándolo de nuevo y pensando en la realidad. Seguía teniendo miedo. – ¿Extraña Italia?

–No, ahí pasé lo peor de mi vida. No pienso volver nunca. – apoyó un codo en la mesa y lo miró a los ojos, bajando la mano para tocar la suya y finalmente girando el cenicero como si aquella hubiera sido su primera intención.

Kaigan notó su gesto, suspirando, decidiendo que debía ceder en algo. – Sabe... no es el único con problemas familiares. No ha habido ninguna muerte en mi familia inmediata, pero no ha sido por falta de intentos...

–Lo escucho…– lo miró a los ojos, bebiendo un poco y preguntándose a qué se refería exactamente.

– Mi hermano menor... es maníaco depresivo. Siempre ha habido un historial de ese tipo de problemas en mi familia, pero nunca le presté mucha atención hasta que sucedió eso. – lo miró, sintiéndose analizado, pero forzándose a continuar. – Cuando éramos pequeños, solía inventar estas historias, hacer las cosas más alocadas, pero en ese entonces yo pensaba que era original, ingenioso. Pero cada vez se fue poniendo peor. Los llantos sin sentido... la paranoia, esos días en los que parecía que todo iba a estar bien... Y entonces al día siguiente, me lo encontraba lastimándose y diciendo que no valía la pena.

–Suena terrible…– se tapó los labios ligeramente con la mano que sujetaba el cigarro. – ¿Dices que es hereditario o algo así?

– Es... Según los estudios, suele haber más posibilidades en las familias que tienen varios casos. Posibilidades de que sea algo genético, aunque no está del todo comprobado. Es por eso que empecé a estudiar psiquiatría. – le contestó, pensando que estaba hablando más acerca de sí mismo de lo que había hablado en años. – Siempre que me mantenga pensando lógicamente puedo controlarlo. No me sucederá a mí.

–Parece muy seguro de ello…– dejó caer la ceniza en el cenicero y lo observó fijamente. –Existen muchas cosas impensables que podrías acabar haciendo sólo con el estímulo necesario.

– ¿Crees que no lo sé? No olvides con quien estás hablando. – sonrió ligeramente. – ¿Sabes? Sólo pensé en ceder un poco. Esto no es una consulta después de todo. No puedo esperar que confíes en mí si yo no soy sincero.

–Yo creí que simplemente estabas hablando conmigo porque era agradable. Pero como es obvio, no era así…– desvió la mirada al cenicero. Apagando el cigarro y aplastando la ceniza.

–Para mí nunca es agradable hablar de eso. Yo también tengo mis culpas, detective. – frunció el ceño, apretando su copa sin querer, más descontrolado de lo que le gustaría.

–No quería decir eso. Me refería a que pensaba que habías deseado contármelo porque el ambiente entre ambos era agradable y confiabas en mí. No que el mensaje lo fuera… Es igual. – observó como apretaba la copa y se la quitó de la mano.

– No le contaría eso a alguien en quien no confiase. – se apartó el flequillo del rostro, incómodo por haber reaccionado así y colocando sus manos sobre sus piernas. – Está bien, sólo me pongo un pongo emocional.

–Es comprensible. – suspiró, dejando la copa a un lado. –Tal vez deberíamos habernos citado en un sitio algo más íntimo. Por más que tenga miedo a acercarse a mí.

– No, soy capaz de comportarme en un lugar público. – suspiró, sonriendo un poco de nuevo. – No se preocupe, no voy a empezar a llorar.

–Tranquilo, soldado, que no estamos en guerra… – el moreno alzó una ceja. Creía que tenía mucho auto control, pero la verdad es que él no lo veía tan controlado para nada. –En realidad lo decía porque así no hay quien se aproxime. A no ser que suba por encima de la mesa, pero mis dotes de striper son muy limitadas…

– Pero fue usted quien retiró su mano hace un momento, ¿no es así? Y así no hay quien se aproxime tampoco. – le recordó, mucho más tranquilo ahora, recuperando su copa para beber.

–Creí haber sido discreto… parece que no. – sonrió malditamente y extendió la mano en la mesa. Tenía un sello grande y plateado en un dedo y bastantes cicatrices pequeñas sobre la piel morena surcada de venas.

– No lo suficiente para mí. – sonrió el albino, colocando su mano pálida y desprovista de adornos sobre la del moreno, no sin que se le pasasen por alto aquellas cicatrices.

Drago giró la mano y sujetó la suya, observando sus dedos delicados y la piel suave, acariciándola. –Seguro que eras un niño muy tranquilo, con estas manos tan delicadas. No son de jugar duro…

– No, no jugaba duro, pero tú sí, ¿verdad? Seguro te metías en muchas peleas... – Observó cómo lo acariciaba, pensando que aquello se sentía bien.

–Era el típico mamoncete que se mete con todo el mundo. Un imbécil, pero gracias a Dios la gente madura. – se calló sus motivos para ser de ese modo y le apretó un poco la mano. Llevándosela a sus labios para besársela, entrelazando los dedos con los suyos después.

– O eso piensan... – se rió ligeramente, comprendiendo, aunque sintiendo un escalofrío por el contacto con sus labios. – Yo creo que eres un hombre muy inteligente. Es la verdad.

–Mientes, tú crees que soy un adolescente muy inteligente…– se burló, jugando con él y observándolo. –Vamos a dar una vuelta… esta música es horrible…

Kaigan se rió, meneando la cabeza. – Acepto. Pero no sé qué hago paseando con un adolescente. No tendremos mucho de qué hablar.

–Pues nadie lo diría… – suspiró, esbozando una sonrisa. Reticente a soltar el agarre de su mano. Era cálida y se sentía bien. – ¿Quieres volver a casa ya o prefieres dar un rodeo?

– Quedamos en que daríamos un paseo. Qué poca memoria... – le recordó, soltándolo con suavidad antes de ponerse de pie. – ¿Está listo?

–Sí, pero no estaba seguro si era un paseo de… cuando llegue al coche te despacho o de… espero que el coche esté muy lejos…– alzó una ceja serio. –Vamos…– le soltó la mano y se guardó ambas en los bolsillos.

Ambos salieron del restaurante, el psiquiatra en realidad aliviado de sentir el aire fresco de la noche en su rostro. – Hace mucho que no doy un paseo. Solía hacerlo con frecuencia cuando vine aquí.

–Tal vez era antes de saber la cantidad de maníacos que hay en este país…– Drago lo observó de soslayo. –Japón es un lugar mucho más tranquilo. ¿Su padre es doctor también?

– No, trabaja en bienes raíces. – sonrió, negando con la cabeza mientras metía sus manos en los bolsillos. – Yo me interesé por el tema, empecé a investigar por mi cuenta. ¿Qué me dice de usted? ¿Por qué policía?

–Tengo la carrera de teología pero… finalmente acabé estudiando criminología… Pensé…– se quedó callado un momento. –Pensé que…– respiró con fuerza, pensando en como decir aquello. –Sería un buen modo de expiarme.

– Ya veo, por lo que sucedió cuando era pequeño, ¿no es así? – lo miró intrigado, pero conteniéndose. Le interesaba ese hombre, precisamente por eso debía aprender a comportarse. – Supongo que los dos buscamos nuestros caminos...

Drago se sacó las manos de los bolsillos para encender un cigarro. –Supongo que debería contártelo, después de lo que hice, mi madre comenzó a no soportar mi presencia. De hecho ni siquiera venía a verme. Lo maté para protegerla…

– ¿Protegerla? ¿Era tu padre un hombre violento? – le preguntó, con aquella voz suave, tranquila, mirándolo.

–Sí, era un borracho. Le pegaba continuamente y yo no era menos afortunado. – le explicó serio. Subiéndose un poco las gafas después. –Cogí su pistola… y le pegué un tiro mientras violaba a mi madre. – no pudo evitar recordar sus manos temblorosas y como se había desplomado tras el disparo. Lo miró de soslayo y se llevó el cigarro a los labios. –No me siento orgulloso, está claro.

–Sí, alguien que estuviese orgulloso no intentaría redimirse. – lo miró pensativo, atreviéndose a colocar la mano sobre su hombro por fin. – Debió ser difícil para un chico de esa edad. Las reacciones violentas son... No son poco comunes.

–Era violento para todo, la primera vez que disparé un arma tenía diez años y era bastante más joven cuando empecé a tener un vaso de vino en la mesa mientras comía. – observó su gesto y respiró con fuerza. –Estoy bien, ya te he dicho que estoy acostumbrado a hablar de esto. No soy inmune al tema, pero tampoco me afecta apenas ya.

–Ha afectado toda tu vida. Y te alterabas cada vez que te preguntaba sobre eso. – le recordó, bajando la mano por si lo incomodaba. – Creo que es algo importante, de la misma manera en la que mi pasado es importante para mí. – le aclaró para que no pensara que lo trataba como a un paciente de nuevo.

–Claro que me altero. No me gusta hablar de mi vida privada con alguien a quien apenas conozco. No es algo para poner en tu tarjeta de presentación. – frunció el ceño ligeramente y se subió las gafas.

– No, supongo que no, pero sólo lo intentaba ayudar, ¿sabe? No puedo repetir nada de lo que diga en mi consultorio. Y tampoco repetiré nada de lo que me digas ahora... – sonrió, pensando que no tenían remedio.

–Pero tal vez no quería que tú lo supieras. Independientemente de si se lo dirías a alguien o no. No puedo llegar acusado de ser violento y confesar que he matado a mi padre. Sólo para después argumentar que puedo controlarme… ¿Es qué no lo comprende? Mi trabajo es lo único que tengo.

– Eso no es cierto. No debe ser así aunque no sea el más indicado para decirlo. Y la verdad... es que mi opinión profesional es... – lo miró a los ojos un poco serio. – Nadie se beneficiaría si no puedes hacer tu trabajo. Pero aún creo que necesitas relajarte. Por eso insistí con la terapia. Y por eso firmé aquel papel.

–Y te lo agradezco. Aunque creo que no necesito ayuda siquiátrica. Lo cierto es que sólo he seguido yendo a la clínica para que me ayudases con el caso… bueno, y para verte…– se rió, alzando una ceja.

– Entonces déjame ayudarte como un amigo, como un... eso. – sonrió, desviando la mirada y sintiéndose un poco torpe. – Pero estoy mintiendo, continuaremos con las sesiones. No son tan malas, ¿o sí?

Drago se rascó una ceja, riéndose entre dientes. –Eres cómo una tortura…

–Y tú eres exasperante... – se rió el médico también, volviendo a mirarlo.

–Pues todavía no has visto nada…– lo amenazó, bromeando con una sonrisa en los labios. Sujetándolo por los cuellos de la chaqueta del traje y aproximándose ligeramente. Besándolo superficialmente pero cargado de pasión. Lo miró a los ojos antes de entrar en su boca, sujetándole la nuca.

Kaigan apenas dudó por un momento, preguntándose si alguien los vería, pero no tenía ganas de pensar por esta vez. Cerró los ojos, dejándose llevar y devolviéndole el beso. Drago le succionó suavemente el labio inferior mientras rompía el beso. –Por ejemplo… seguro que también te ha exasperado que hiciera eso en la calle…– le dijo serio.

– Sólo un poco... – le contestó, ligeramente agitado, mirándolo a los ojos. – Pero es tarde.

El moreno dejó escapar una risa acallada y miró a un lado. –Un beso y ya tienes prisa por irte. ¿Y eso por qué? No puede haber sido tan malo.

– Me refería a que no hay mucha gente en la calle. Y además, debo llevarte a tu piso, no me puedo ir corriendo. – le contestó, notando que siempre tenía una respuesta para todo.

–Si no me llevas tampoco me pierdo…– sonrió levemente. – ¿Por qué te pones tan serio cuando trato de acercarme?

–Es la costumbre supongo, me pongo... me pongo nervioso. – le confesó con cara de pesadumbre por un momento. No le gustaba confesar esas cosas.

–Ya lo veo… – lo sujetó por la cintura de nuevo. Llevándolo con él hacia el coche. Tocándose el pecho con una mano y dejándola resbalar hasta su abdomen con la mirada perdida.

– De nuevo ese silencio... – comentó el psiquiatra, quitando la alarma del coche antes de abrir las puertas. – ¿Está planeando una estrategia?

–No, me estaba culpando de nuevo. – sonrió levemente, confesándole aquello. – ¿Ha sido agradable?

Kaigan asintió, sonriendo, su mirada observándolo atentamente. – Mucho, hacía tiempo que no me relajaba así. ¿Y para ti?

–También…– apoyó la mano en el techo del coche. –Vivo aquí detrás, así que no hace falta que me lleves a casa…

– No, me... gustaría llevarte a casa. No te cobraré el combustible. – bromeó, preocupado por si lo estaba incomodando. Seguro que no iba a dormir, se sentía como un chiquillo de nuevo.

–Bueno…– abrió la puerta del coche y esperó a que el albino entrase para bajar la ventanilla. –Es aquí, en el edificio que está al lado de la tabacalera…– le explicó, pasándose la mano por el cabello y observándolo de soslayo.

– ¿La tabacalera? – se rió sin poder evitarlo. Era poético. – No me extraña que no pueda deshacerse del hábito.

–Cierto, huele bien cuando pasas por ahí. – respiró con fuerza, observándolo de nuevo y desviando la mirada al escaso tráfico que había a esas horas. –Seguro que mañana nos vemos con motivo de algo muy diferente.

– Sí, ya envié un fax a los psicólogos que conozco para ver si saben algo. – le avisó pensativo, sintiendo que regresaban a la realidad. Aunque seguramente era lo mejor. – Descanse esta noche, no le servirá de nada quedarse en vela.

–No lo haré, tengo sueño… para no variar. Tal vez debí pedir un café después de la carne. – sonrió, aunque hablaba en serio.

– No, duerma. No quiero que se enferme. – casi le ordenó, serio, aunque no era su intención sonar así.

–Te tomas muy en serio eso de cuidarme, papá… E incluso me tratas de usted de nuevo…– frunció el ceño ligeramente, observándolo y apartando la mirada después, negando con la cabeza.

– Es natural preocuparse por ti, no tomas en serio tu salud. Y además, soy tu médico. – le aseguró, a pesar de no ser su médico general. Aparcó el coche frente al edificio, girándose para mirarlo. – Tu trabajo es lo más importante para ti. No podrás hacerlo bien si te enfermas o estás agotado.

Drago lo miró a los ojos y se apoyó con un brazo en el respaldo del asiento. –Creía que mi médico se llamaba Barral y era calvo y feo, tal vez me esté confundiendo…

– No sea cruel, seguro que se preocupa por usted. – sonrió dándolo por imposible. – Pero me alivia saber que no lo ha invitado a cenar.

–Buf… por favor. – le apoyó una mano en la pierna, apretándole el muslo ligeramente. – ¿No va a besarme antes de que me acueste, doctor?

– Sólo un beso... – colocó su mano sobre la del moreno, como deteniéndolo mientras sonreía, inclinándose para besarlo.

–O dos…– se echó un poco más hacia él para continuar el beso, apretando la mano en su pierna bajo la del albino. –Hasta mañana…– susurró casi antes de salir del coche.

– Hasta mañana, detective. “Dulces sueños.” – susurró, sonriendo mientras salía del estacionamiento, dando la vuelta.


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