Capitulo
32
The Future is Still Bright
Medio día.
Viernes, 29 de mayo.
Azrael mordió la hamburguesa con el gesto un tanto perdido.
Sabía que no debía de haberse puesto así, pero
no podía evitar que le cabrease.
El rubio lo observaba sin comer aún, extendiendo el brazo
para robarle una de sus patatas a ver si se daba cuenta. –
Azrael, yo creo que puedes pasarlo.
–Hmph… no sé. Estoy hasta los huevos de no
servir para nada que no sea poner una piedra sobre otra. ¿Sabes?
Hasta los huevos…– repitió, bebiendo un poco
de su cerveza.
– Sirves para muchas cosas, Azrael. Y el trabajo que hacen
los obreros no es algo sin importancia, ¿sabes? Si nadie
lo hiciera, todos estaríamos viviendo en cajas de cartón.
– le aseguró, sonriendo un poco por ver si lo alegraba.
– Tal vez haya otra cosa que puedas hacer...
–Todo parece apuntar a que no. – el moreno lo miró
a los ojos y siguió comiendo. –Yo no digo que ser obrero
sea malo, sólo que yo ya estoy cansado de partirme la espalda
ahí, no quiero llegar a viejo y seguir dentro de un foso
de tierra colocando cañerías y tubos de cables…
– Lo sé, pero no te rindas así. Yo digo que
hagas el examen. Si no funciona, buscaremos algo más. –
le aseguró el chico, tocándole la mano.
–No me rindo, pero trato de ser realista. Tengo hambre aún
así. – sonrió levemente, no quería verlo
así de serio por su culpa y se pidió un perrito. –Deberíamos
vivir juntos…
– ¿Ah? – Kiyoshi parpadeó, tomado por
sorpresa y enrojeciendo de pronto. – ¿Quieres vivir
conmigo? ¿De verdad? ¡Sí! Yo digo que sí.
– asintió enérgicamente, mordiendo un trozo
de su hamburguesa luego.
–Tengo bastante pasta de estos años en África,
podría comprar un piso pequeño cerca de la universidad.
– lo miró a los ojos, observando su reacción.
–Esto va a salir bien…
– Claro que sí. ¿Lo dudabas? – le preguntó,
aunque aún recordaba aquella pequeña conversación.
–Tal vez podrías matricularte en una escuela vocacional...
si no funciona lo de los bomberos.
–No quiero ir a la escuela de nuevo, si no funciona volveré
a trabajar de albañil y punto. No soporto las escuelas, son
una mierda. Esta noche iremos con Ashram ¿No? Ya que ayer
no pudimos…
– Sí, en eso quedamos. Lo veo muy emocionado. –
sonrió, mordiendo su hamburguesa de nuevo y quedándose
callado respecto a lo demás. Ya intentaría convencerlo
de nuevo cuando no estuviera de ese humor. No es que a él
le importase mucho si Azrael era un obrero, pero si no era feliz
haciendo eso, entonces sí que era un problema.
–Sí, aunque Adan nos mataría si se entera
a donde pensamos ir… ¿Recuerdas cuando íbamos
de pequeños? Nos escapábamos con Ashram y entrábamos
en aquellas ruinas. Dios, nos moríamos de miedo. –
se rió y bebió un poco. –Pero no dejábamos
de hacerlo, porque estaba Ashram, y no iba a pasarnos nada con él.
– giró el vaso con una mano, pensativo. –Desde
que regresé lo siento extraño, supongo que es normal.
Se ha hecho mayor.
– Sí, Ashram ha cambiado bastante. Creo que es porque
se esfuerza en demostrar que está bien, para que Aki no se
ponga triste. –asintió, aunque él se daba cuenta
de la realidad. Claro que nunca se lo comentaba, no quería
hacerle pensar que su esfuerzo era en vano. – Pero ahora que
conoció a Daniel, todo parece estar mejor. Me da un poco
de miedo.
– ¿El qué?– le preguntó Ashram.
Mirándolo a los ojos sin poder contener su pregunta. –
¿Estás celoso?
– ¡Claro que no! Azrael no baka... – se rió,
sintiéndose un poco halagado aún así. Ya iban
dos veces en un día. – Miedo de que algo suceda y Ashram
salga lastimado. Las relaciones no son fáciles.
–Eso… Bueno. Yo no lo creo, no es lo mismo en su caso,
y aún y si suena cruel… es más difícil
que algo así suceda. – le pegó una patadita
por debajo de la mesa y se rió. –Déjame tranquilo.
– No te dejo, me hace feliz... – se rió el chico,
robándole otra patata, aunque tenía las suyas. –
Eres un descuidado.
–Y tú un ladrón de patatas. Si te comes mis
patatas puedes creerte que estás saliéndote con la
tuya, pero verás cuando lleguemos a casa. Me las pienso cobrar
con intereses. ¿Sabes?
– ¿Ah, sí? – sonrió, comiéndose
otra de manera traviesa, coqueteando. – Te ves sexy cuando
me riñes...
–Tengo miedo…– se rió. Negando con la
cabeza y haciéndole una seña para que se aproximase
y poder besarle los labios. –Come rápido…
– Llevemos postre... – le pidió, siguiendo con
su hamburguesa, una vez más intentando apresurarse, aunque
ya imaginaba lo que le habría dicho Adan si lo viera comer
así.
–Vale, voy a buscar algo…– le dio un beso en
la mejilla y se rió porque parecía un hámster.
–Tampoco vayas a vomitar…
– No... – se rió, cubriéndose la boca
con la servilleta porque había hablado con la boca llena
y le daban ganas de reírse además.

Continua leyendo!
|